Pregúntale a Pepa (II)

Woman writing her dairy.

Si llego a saber que teníais tanta necesidad de contarle a alguien vuestros problemas, os prometo que hubiera abierto mucho antes este espacio.

Por ahí me han llamado “gurú” y la verdad es que me importa bastante poco (vamos, no me importa nada), que me digan que no soy NADIE para dar consejos, porque tienen toda la razón, no soy NADIE, pero si depositáis tanta confianza en mí como para contarme vuestros problemas, lo mínimo que puedo hacer es responderos cómo lo veo yo. Que me hagáis caso o no es cosa vuestra. Yo soy solo el espejo donde veros, el Pepito Grillo que el 99% por ciento de las veces os ratifica TODO lo que os está diciendo vuestro entorno (haced caso a vuestra amiga de toda la vida, a vuestro hermano, a vuestra madre…), y a veces lo que vosotras mismas pensáis.

Repetida una vez más esta declaración de principios, vamos con el consultorio (me siento un poco Elena Francis):

  • [Ana] Hola, Pepa. Mi novio dice que el día que nos vayamos a vivir juntos quiere que sea inolvidable. Me lo repite una y otra vez, porque dice que ese día mi culo va a dejar de ser virgen. Yo estoy asustada. No sé si quiero. ¿Tú qué harías?. Gracias.
    Hola, Ana, que novio “tan majete” tienes (nótese la ironía). No sé por qué me suena de algo esta película, jajajaja. Sinceramente, no sé qué obsesión tienen algunos con el sexo anal. Ojo, que no estoy en contra EN ABSOLUTO, pero creo que tiene que ser una cosa consensuada, como TODO en el sexo.
    El sexo anal es algo complicado, no a todo el mundo le gusta, y si no se hace bien el que “recibe” siente de todo menos placer. Y te digo una cosa, aguantar solo por darle el capricho a tu novio, a la larga os traerá problemas.
    Podríais empezar por caricias y juegos. Hay juguetes eróticos específicos para esta zona, más pequeños y estrechos que un consolador “normal” (si tu novio la tiene muy grande, yo me lo pensaría mucho). Pero si no estás cómoda, si no estás relajada, si no estás segura, va a ser doloroso, eso te lo puedo prometer.
    Y si no te sientes bien con ello, no lo hagas. Si él te quiere de veras, lo va a entender.
  • [ROSAG] …podrías recomendar libros eróticos?. Creo que me vendrían muy bien, y a muchos también. Saludos grandes Pepa.
    Querida Rosa. No soy especialmente aficionada a la novela erótica, bueno, miento, fui muy aficionada en mi juventud a la novela erótica gráfica, “El click” de Milo Manara formó parte de mi educación sexual.
    Si no has leído “El Amante”, de Marguerite Duras, deberías hacerlo, es un clásico excelente. Otro clásico es “Delta de Venus”, de Anaïs Nin. También tenemos “Mi tío Oswald”, un cuento de Roald Dahl. Más reciente tenemos “Las lecciones peligrosas”, de Alissa Nutting, aunque este en concreto trata un tema controvertido, digamos que el argumento es un poco la “Lolita” de Nabokov, pero a la inversa (tampoco te lo quiero destripar).
    El erotismo es algo muy personal, y a mí, la verdad, no muchas novelas eróticas me parecen realmente eróticas. NI SE TE OCURRA leerte “50 sombras de Grey”, porque es una auténtica bazofia.
    Pero mira, para reirte (la risa y el sexo liberan endorfinas), te recomiendo que leas “Cómo ser mujer”, de Caitlin Moran. Ahí la risa está asegurada.
  • [Sara] Hola. No sé cómo contarlo sin que resulte ordinario, pero a ver… mi novio lo come fatal. Tuvo una novia antes de mí que le decía que lo hacía estupendamente, pero yo creo que mentía como una perra. He estado con otros chicos, y algunos mejor que otros, pero es que él lo hace mal muy mal, a veces hasta me hace daño. Alguna vez se lo he insinuado y se ha puesto como loco. ¿Qué hago?.
    ¡Menudo problemón tienes, amiga! No sólo te enfrentas a una “mala ejecución”, también al “fantasma de la novia pasada”. Ufff, es que no sé qué decirte, excepto que se lo cuentes, con delicadeza, pero no te lo calles. Dile que no todos somos iguales, ni nos gustan las mismas cosas. Ofrécete a guiarle en lo que te gusta y lo que no, que verá que así disfrutaréis los dos, que encajar no es fácil. Y si no te hace caso, tienes dos opciones: o cambias de novio o que no te lo haga más. Pero más vale una colorá que cien amarillas. No te cortes y díselo.

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Realidad vs expectativas

Car Packed for Family Vacation

Soy (intento ser) una persona realista. No soy de las que espera grandes gestos, sino de las que prefiere los detalles de cada día, simples, pequeños pero grandiosos en su conjunto. No suelo esperar nada de antemano, aunque me tomo las cosas tan al pie de la letra que si me prometes algo y no lo cumples, mi decepción es muy profunda. Quizá por eso no prometo nada que no pueda cumplir, porque soy de las de “no hagas nada que no quieras que te hagan a ti”.

Mientras leéis esto, estoy en un coche camino al Sur, con Amante y mi hijo, y no soy de expectativas, pero estoy sinceramente acojonada. Puede ser estupendo o puede ser un desastre, por el estrés de un viaje, y por juntar a dos de las personas que más me importan. Mis expectativas son realistas: virgensita de Guadalupe, que no haya conflictos.

A lo mejor es que me he acostumbrado a tener dos vidas, una de madre y otra de mujer, y raramente las mezclo. A lo mejor es que odio hacer viajes y, sobre todo, hacer las dichosas maletas. A lo mejor es que se me da estupendamente la organización, pero no sé si me apetece que Amante me vea en mi faceta de “sargento de la Legión” con mi hijo. A lo mejor es que nunca hemos estado tantos días seguidos juntos Amante y yo… Yo qué sé, esta cabecita mía, que no para de darle vueltas a las cosas.

No me cae especialmente bien la gente que va por la vida en plan “me la funga y media todo”, que dice que “no se preocupan, que solo son felices” (que en realidad lo que te están diciendo es “todo me la funga, menos YO”, “tus movidas me la traen al pairo, te estoy hablando de las MÍAS”), porque en estos momentos me gustaría ser un poco como ellos, y relajarme, y disfrutar del viaje (a pesar de mi miedo a los coches), y pensar que tengo una semana a la vista de playa, piscina, hotel, y todo por delante, sin preocuparme de recoger, ni cocinar, ni limpiar, ni levantarme temprano. Una semana de dejar el móvil guardado, de no pensar en temas para escribir, de dejar la mente en off.

Pero ¿sabéis qué? que siendo como soy, pretender que mi cerebro se relaje y trabaje lo mínimo, eso sí que es crear una expectativa poco o nada realista. Más bien nada.

Creo que le voy a pedir a Amante que me esconda el móvil, el iPad, el mando de la tele… todo lo que me pueda distraer de NO HACER NADA. A ver si puedo…

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Tenemos que hablar de LinkedIn

Silhouette of woman looking away to cityscape

Dos mujeres, una en España y otra en Venezuela. Una misma red de contactos profesionales y de negocios, LinkedIn. A las dos les entra un tipo por privado y lo rechazan recordándoles que ese es un espacio de trabajo, y que para ligar ya existe Tinder, etc. A las dos se les echan los leones encima: “tampoco es para tanto, chica. Ha querido ligar, pero ha sido educado”.

La mujer de Venezuela lo publicó en abierto en la red, como aviso a navegantes, como recordatorio a los donjuanes que campan en esa red de que no es lugar para ello. Se hizo viral. Miles de opiniones, a favor y en contra. Los que se manifestaban en contra del bochorno público de este tipo esgrimían el argumento de que no la había insultado, que había sido educado, y que por un fallo estaba viendo arruinado su perfil profesional. Que aún debía estar agradecida porque le gustara a un tipo. La tildaban de loca, exagerada, rencorosa, etc. He conocido esta historia por una amiga, que se enzarzó en una discusión bizantina con otro tipo por defenderla. Lo dejó por imposible cuando empezó a llamarla “feminista trasnochada de 2014” (*).
(* ¿por qué 2014 y no 2015 o 2002? a mí también se me escapa al entendimiento, tranquilas)

Todos los datos que vuelcas en una red social son material sensible. En Facebook hasta te recuerdan que determinados nombres no corresponden con una identidad real, y te obligan a cambiarlos. Insisten e insisten en que mantengas los datos más personales solo accesibles a tu entorno cercano, familia, etc.

En LinkedIn se trata de que se vea tu trayectoria profesional, tus estudios, dónde puede verse o leerse tu trabajo. Cualquier zumbado con unos mínimos conocimientos de búsqueda en Google puede localizarte. Por tanto, si aceptas a alguien como contacto profesional, esa persona tiene acceso a esos datos. Se entiende que es un ámbito profesional, que no se van a utilizar para otros medios, pero hay tipos (desconozco si tipas también, porque hasta ahora solo me han llegado historias de mujeres), que aprovechan para ligar con mensajes privados. Es, como dice mi amiga Pat “ahora vas a hablar conmigo porque a mí me sale de los huevos, o no haberme aceptado como contacto”. Tiene fácil solución, diréis, lo bloqueas y lo denuncias a los administradores, y ya está. Pero el pájaro en cuestión ya sabe dónde trabajas o dónde has trabajado. Además, nunca emplean un lenguaje obsceno u ofensivo, se cuidan muy mucho de hacer algo así en un entorno de negocios, pero es igual de escalofriante.

A la mujer en España le entró un muchacho por privado. Ella le recordó que era una red profesional, que para ligar ya estaba Tinder, y el tipo encima se ofendió. Siempre es la misma reacción: qué te has creído, quién te ha dicho que quería ligar contigo, eres una engreída, etc. Si no quieres ligar conmigo, entonces háblame de trabajo, pero si me mandas un privado solo para decirme que soy muy guapa o muy interesante, lo mismo es que sí que estás ligando y te jode que, primero, te rechace, y segundo, te recuerde que eres un desubicado, porque estos acercamientos en esa red son poco éticos.

Pero, como dice mi amiga M. (la de la discusión absurda): “ojo, que después de todo, las locas, histéricas y desubicadas somos nosotras. Ellos no, pobrecitos, ellos no pueden resistirse a nuestros encantos. Pobres… pobres hijos de XXta”.

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La vida está llena de nuevos comienzos

Young woman with suitcase on platform

Vale, nadie aprende por consejo ajeno, pero muchas veces reconforta contarle tus problemas a alguien completamente desconocido. Alguien que no tiene una idea prefijada de cómo es tu vida. Alguien que no conoce a esa persona que te trae por la calle de la amargura (en el buen o el mal sentido).

Ya van varias mujeres jóvenes (muy jóvenes) estupendas, que me cuentan exactamente la misma situación: sospechan que sus parejas tienen una historia por ahí, casi siempre con una compañera de trabajo. Es un cliché que se repite constantemente. Lo novedoso de las revelaciones de mis últimas confidentes, es que llevan muy poco con sus parejas, y algunas apenas empiezan a convivir con ellos cuando lo descubren.

No saben qué hacer, a quién contárselo, y me lo cuentan a mí, porque yo no sé cómo es ese tipo, y no tengo ideas prefijadas. He de decir que lo que tampoco tengo es piedad.

Me explico. No tengo piedad, ni pongo paños calientes, porque lo que siempre intento es que sean ellas mismas las que vean la situación desde fuera, ya que ellas son las únicas que pueden tomar una decisión respecto a su vida.

¿Te hace sentir mal? A la mierda.
¿Te critica, insulta, menosprecia, en público o en privado? A la mierda.
¿Le has pillado chateando con otra en términos sexuales? ¿Te miente descaradamente diciendo que son cosas del trabajo? Lo has leído ¿qué necesitas, un notario? A la mierda.

¿Que soy muy radical? Sin duda, pero estas niñas vienen a mí con la autoestima por los suelos, porque hay alguien que les ha hecho daño, que las ha engañado, o que las vacila, o que las hace sentirse como un objeto sexual, como un polvo nada más, y la única solución en estos casos, el único consejo que les puedo dar, es que eliminen de su vida el elemento que la envenena.

Hablo desde la experiencia. Yo he aguantado a quien me menospreciaba y me hacía sentir cada vez peor, y hasta que no dejé a esa persona no volví a ser yo misma. He perdonado y dado nuevas oportunidades a quien me ha mentido y sido infiel, y volvió a pasar. No sirve de nada empeñarse en mantener la relación con alguien así.

Tenemos arraigada la creencia absurda de que hay que defender la pareja pase lo que pase, para no estar sola, y sola se está fenomenal. La vida está llena de nuevos comienzos, pero para ello hay que eliminar el lastre, lo que nos hace infelices. Simplificar.

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PREGÚNTALE A PEPA
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Malos hábitos

Man sitting on couch alone watching TVEl porno ha hecho mucho daño a los hábitos sexuales. Sí, lo he dicho en varias ocasiones anteriormente. También he confesado que he visto porno, como todos (o casi), y es una mala idea, y un mal hábito para unos cuantos.

Las estadísticas dicen que por cada tres hombres que ven porno, solo una mujer lo hace (en torno al 26%), y el tipo de porno que ven es diferente al de consumo habitual de los hombres, con más interacción entre mujeres, masajes, etc. Bastante alejado del hardcore que impera en páginas como PornHub o Youporn o similares.

En estos sitios, rara es la grabación (llamarlas película es elevarlas a un status que no tienen) donde no se escupa, se someta, y se eyacule en la cara de la mujer. El asco suele ir parejo a la excitación al ver una. El sexo NO es lo que aparece en estas grabaciones, pero está tan asumido que el porno es una manifestación de la libertad sexual, que nos lo hemos tragado hasta el fondo (como las pobres actrices de estas pelis).

A mí, que aparentemente soy una adulta formada y con una vida sexual satisfactoria, no me cuesta diferenciar lo que es sexo de lo que es porno, pero hay mucha gente que no sabe cuales son los límites. Y me preocupan los chavales, sí, con la facilidad que tienen ahora de acceder a ello, pero también muchos adultos que están cambiando su comportamiento en la cama por su culpa.

Lo sé porque me he topado con individuos que creían que escupirte era excitante (para ellos, puede; para mí motivo de destrempe y asco infinito). Con otros que enseguida te la querían meter por el culo (no, chico, no, la posibilidad de que eso ocurra es igual a cero). Para otros, su idea de crear un ambiente adecuado era poner una peli porno de fondo mientras follábais en el sofá. En todos los casos, si no accedía era irremediablemente una reprimida y una estrecha. En su imaginario, una mujer libre que disfruta de su sexualidad es como la prota de una peli porno, ergo puedes hacerle todo lo que has visto en esas pelis, y en esas pelis, y con lo que les hacen a las mujeres, dudo mucho que ninguna esté realmente disfrutando.

Escondidos bajo la excusa de la supuesta libertad sexual, está toda una industria oscura, fea, degradante, profundamente machista y en ocasiones extremadamente violenta. Allí habitan infraseres como Torbe o Max Hardcore, firmes candidatos a ser encerrados en una celda y que se perdiera la llave.

El problema del porno es que “lo normal” cansa, y el consumidor habitual pide cada vez cosas más bestias, más extremas: sexo en grupo, dobles penetraciones, bukkakes, asfixia, insultos, violencia…

Es habitual entre hombres jóvenes que van de putas, que exijan sexo duro cuando recurren a ellas. “Si yo pago a una puta es para metérsela por el culo”, he llegado a oír. Es como si ese papel de dominador, de reafirmación de su supuesta virilidad, tuviera que ir acompañado de un acto de sometimiento de la mujer. Llamadme loca, pero creo que en realidad es la manifestación de su frustración por no conseguir una pareja sexual por sus propios medios, que tiene que pagarla, y al tener que pagar por algo que otros tienen de forma natural, tiene que humillarla de algún modo. Ella tiene que obedecer sin rechistar, porque le paga. El porno es la sublimación de esa idea, solo que en este caso, el “ejecutor” es el actor, y el consumidor se proyecta en él.

¿Hay porno no agresivo? Lo hay, pero no es el de consumo masivo. La directora Erika Lust es una pionera en el movimiento de la pornografía feminista. Desgraciadamente, es un movimiento muy minoritario aún, y el porno, el que puedes encontrar por todas partes, está en una espiral hardcore y de violencia muy peligrosa, y profundamente dañina.

¿Cuál es la solución? Ojalá lo supiera. Creo que el principal problema, antes que el porno, es la ausencia de educación sexual.

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Pregúntale a Pepa

Woman writing her dairy.

Es increíble la cantidad de privados y correos que me mandáis para contarme historias, hacerme preguntas, pedirme consejo…

Consejo… criaturitas. Para dar consejos ya están los que me cogen una frase o una palabra de un post y hacen un mundo de ello… Yo estoy únicamente para decir lo que pienso, o lo que haría yo, o para poner de ejemplo una situación por la que haya pasado. Lo dice el refrán: más sabe el Diablo por viejo que por diablo. Y yo ya estoy talludita.

El caso es que, ya que este espacio es fuente de debate (el debate siempre es positivo), he pensado que por qué no hacer una especie de consultorio, en el que podéis participar TODOS, preguntando y contestando, y he reunido (para abrir boca y previa autorización) algunas de las preguntas que hacéis:

  • [Loren] Hola, Pepa. Hace tiempo te leí un post sobre los tamaños de los preservativos, y quería hacerte una pregunta: ¿cómo pides un tamaño especial en la farmacia? Vivo en una ciudad muy pequeña, aquí se conoce todo el mundo, y son bastante cotillas. No quiero que se entere hasta mi abuela.
    Hola, Loren. La primera vez que compré condones despúes de divorciarme (antes incluso de haber tenido sexo con nadie), intenté comprar normales y XL en la farmacia de al lado de casa, y solo los había normales, y de una sola marca (la miradita de la farmacéutica venía de regalo, que a mí a estas alturas, me la refanfinfla mucho).
    Mi consejo es que vayas a un sex-shop. No sé cómo es de grande tu ciudad, si tienes localizada alguna tienda de juguetes sexuales… pero si no, hay algunas tiendas online que te pueden servir discretamente.
    Si leíste con atención el post, ya sabes que hay bastante variedad, tanto por arriba como por abajo de lo que se considera “normal”. Así que mejor toma medidas antes.
    Aquí van algunas direcciones para comprar con discrección:
    Durex, Lelo, Los placeres de Lola
    Y recuerda SIEMPRE CONDÓN, SIEMPRE.
  • [ANÓNIMO] Hola. Te sigo desde que empezaste con el blog. Y te he seguido con varias cuentas en Twitter. Sí, sé que suena bastante a acosador, pero ahora me explico. Soy un poco especial con el sexo. Tengo un fetichismo con la ropa interior de mujer, y cada vez que tengo una pareja más o menos estable, y le confieso mi fetichismo, al principio muy bien, pero al poco tiempo me empiezan a controlar la cuenta de Twitter, a quién sigo y a quién no. Y claro, sigo a blogueras de sexo, y más pronto que tarde termino borrando la cuenta de twitter, y así voy teniendo varias diferentes.
    Quería preguntarte si te escribe más gente como yo, o soy más raro aún de lo que creo.
    Hola, Anónimo. No, no me escribe más gente como tú, no te voy a mentir. Pero te voy a decir que tu fetichismo ni me parece fuera de lo común ni tampoco dañino. A lo mejor si fueras más de frente con esas parejas que tienes, y no le ocultaras esto como si fuese un pecado terrible, no te andarían fiscalizando. O quizá encontrarías a alguien que se acoplara a tus gustos y tú a los suyos. En todo caso, tus redes sociales son tuyas, no dejes que nadie te las controle.
  • [Juan] Hola. En la cópula ¿cuánto tiempo consideras que hay que aguantar para conseguir el orgasmo de la mujer? Gracias.
    Hola, Juan. Me encanta que tengáis vocabulario, de veras. Alguna vez me tienta lo de decir pene en vez de polla, pero es que entonces parecería que hablo de urología y no de sexo.
    Vamos con tu pregunta. Hay quien es capaz de conseguir el orgasmo casi enseguida, aunque normalmente hay una estimulación previa (caricias, cunnilingus, etc), y pese a que los expertos afirman que se puede llegar al orgasmo en unos 4 o 5 minutos, mi experiencia (y la de las mujeres a mi alrededor) me dice que hay que aguantar un poquito más, entre 10 o 15 minutos, y a un ritmo constante (si quieres que se corra, las florituras déjalas para cuando os tengáis bien pillado el punto).
    Siempre puede haber un despiste, un día que por nervios o lo que sea te vayas antes, pero si pasa eso, compénsalo de otra manera. El orgasmo no solo se consigue con la penetración.
  • [Marta] Hola, Pepa. ¿Hay alguna app para ligar en la que las mujeres tengamos el poder? Vamos, que seamos nosotras las que escojamos.
    Hola, Marta. Creo que sí. Hace unos meses me presentaron una aplicación del estilo que se llamaba Muapp, y estuve testeando otra que se llama Bumble. En esta última NO HABÍA NADIE, jajajajaja. De esto hace un par de años, así que supongo que habrá ampliado el círculo.
    No conozco ninguna más, porque en principio creo que todos deberíamos tener las mismas opciones de decir sí o no, independientemente del sexo al que pertenezcas. Pero tú misma.

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Anonimato garantizado.

 

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Mi peor enemigo

Woman wearing lingerie

Mi peor enemigo cuando estoy ociosa es el espejo. Y no me refiero al espejo de aumento y las pinzas, sino a esa tonta habilidad que tenemos todos de empezar a sacarnos defectos a poco que tengamos tiempo libre.

Siempre digo que si algo me quitó la tontería, pero del todo, fue tener un hijo.  Pero si un mes ya no tengo esa preocupación, y le añades que tengo jornada intensiva, tendrás una acomplejada neurótica (*).

* (SIEMPRE cuento estas cosas en tono de humor; que os lo tomáis todo muy a pecho).

Y es que me entra la bajona y ya empiezo: que si joder los años no perdonan, que si me aprieta el biquini, que si el tono de la piel, que si la tersura Bueno, a ver, que vivir no es gratis, y tampoco es que esté para el desguace. ¿Acaso tenías esta seguridad de lo que hacía y por qué a los 20 años? No ¿verdad? Pues no se puede tener todo hija mía. Esto me lo digo yo sola, que tengo unas peleas conmigo misma bastante importantes.

Así y todo hay momentos en el día, en esa hora absurda entre el salir del trabajo y el anochecer, en que me como la cabeza por una sarta de gilipolleces por las que no lo hago el resto del año. Que si el futuro, que si a dónde estoy encaminando mi vida, que si tengo que limpiar las persianas por fuera, que si lo mismo me he pasao comiendo pero mañana sin falta me paso el día a fruta y agua (ja), que a este paso la operación biquini va a ser la operación foca monje… Es increíble la capacidad que tengo de perder el tiempo pensando en tontás… y preocupándome por ellas, que es peor.

Me paso el día en bolas por esa casa con las persianas bajadas para que no entre el calor. Me siento libre, genial, liberada… hasta que me miro en el espejo. Y, lo confieso: rara vez me miro para ver quién soy, sino para encontrar cosas que querría cambiar.

Sé que a ti te pasa lo mismo, confiésalo también: ¿cuántas veces te miras para sacarte defectos? ¿Y cuántas veces lo haces para encontrar tus virtudes? Me da igual la edad que tengas, porque sé lo que piensas y cómo te sientes: somos nuestras peores enemigas.

Te voy a proponer un ejercicio: ponte delante del espejo y mírate con detenimiento. Y ahora dime cinco cosas de tu cuerpo (cuerpo, cara, cualquier parte) que creas que son hermosas. Si eres capaz de elegir cinco cosas, ya hemos ganado.

El día que estés tontaca, que veas de refilón el reflejo de tu cuerpo en el pasillo y no te guste, vuelve a hacerlo.

Con la tontería y la falta de autoestima hay que hacer lo mismo que con el deporte: ser constante, y no sucumbir al desánimo. Constancia (mira que me gusta esta palabra ¿eh?)

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No es piropo, es acoso

The night is coming after you

Enero de 1986. Mi amiga Margarita y yo cruzábamos por un camino de tierra que unía el barrio en el que vivíamos (ahora le llamarían PAU) con las primeras casas del pueblo más cercano, uno de esos pueblos-ciudad dormitorio de los ochenta. No eran más allá de las seis de la tarde, pero era noche cerrada, y el camino no estaba iluminado. Unos metros atrás caminaban unos chicos, de los mismos quince o dieciséis años que teníamos nosotras. Empezaron a llamarnos guapas, princesas, a preguntarnos dónde íbamos tan solitas… Como no les hacíamos caso, uno de ellos, que iba de valiente, se abalanzó sobre nosotras por detrás y me agarró el culo. Me giré, fue instintivo, y le calcé un puñetazo en todo el mentón que no sé si le haría daño o no, pero al menos lo asusté, el tiempo justo para salir corriendo mientras sus amigos se descojonaban y decían “vaya hostia le ha dao…” Margarita no daba crédito, y me preguntaba de dónde había sacado el valor. No sé, lo hice y ya está. No iba a dejar que me amedrentara así como así sin llevarse su merecido.

Un poco más tarde, en 1988, salía del pub donde trabajaba de camarera. Eran las tres de la mañana y junto a mi compañera nos dirigimos a una parada de taxis, porque habitualmente compartíamos uno para regresar a casa. Nos subimos en el primero que había en la parada, le indicamos que íbamos a dos direcciones, primero dejaría a una y luego a la otra, y empezamos a charlar en el asiento de atrás. Al minuto el taxista intentó meterse en la conversación “Y dónde habéis estado las dos tan guapas ¿eh?”. No le hicimos caso. Seguimos hablando “Y, con esas faldas tan cortitas ¿cómo es que no tenéis novio que os acompañe?”. Ahí ví la luz, sopesé las futuras circunstancias (una de las dos habría de quedarse a solas con él tras dejar a la primera en casa) y le pedí que parara, que habíamos cambiado de opinión. Mi compi estaba entre asustada y estupefacta. Le pagué la bajada de bandera, y como me preguntó de muy malas maneras que por qué nos bajábamos le dije: “porque no me gustan tus comentarios”. Ahí empezó a insultarnos, a llamarnos guarras, que si no queríamos que nos dijeran nada que no nos pusiéramos esas minifaldas de putas… hasta nos pitó y sacó la cabeza por la ventanilla para ofrecernos el desagradable espectáculo de su lengua gesticulando de manera obscena cuando salió derrapando de vuelta a su parada. Tampoco sé de dónde saqué el instinto esta vez, pero creo que nos salvó de nuevo.

Estamos en 2016. Tengo 46 años, y aún pienso cada día qué ponerme por la mañana cuando voy a trabajar. Pero no por indecisión o estética. Pienso si voy a enseñar dos centímetros de piel entre la cintura y el borde de la camiseta, si el escote se mueve, si voy ceñida, si llevo un sujetador en el que se notan los pezones o uno de esos forrados con foam, si puedo o no puedo ponerme un pantalón corto aunque estemos a 38 a la sombra. Pienso en lo que me encuentro cada día en el metro, las miradas y los conflictos. A las siete de la mañana. Sí, en serio.

La enorme Beatriz Serrano lanzó hace unos días una encuesta para cuestionarnos a las mujeres sobre el piropo-acoso en la calle. Yo participé, y mi historia salió reflejada en el artículo, pero no voy a decir cuál es. Una aprende a defenderse, pero cuesta.

Cuando en este post os animaba a piropear a vuestras parejas, era eso, a VUESTRAS PAREJAS. Cualquier comentario de un desconocido es una invasión y muchas muchas veces, una agresión. Y en Tinder, en Badoo, en Facebook, y en casi cualquier red, tienes la opción de bloquear a esa persona. Pero cuando vas por la calle, vas en el metro, estás en el supermercado, en cualquier parte, que un desconocido (o una desconocida) te diga qué buena estás, que si quieres una copa, que si le das tu teléfono, que dónde vas tan sola que te acompaña… ¡¿cómo cojones le bloqueas?! No hay botón, ni tick, ni nada similar. Tienes que echar mano de tu instinto de supervivencia, bajar del taxi o, en el peor de los casos, soltar la hostia que yo solté.

Estamos en el siglo XXI y aún tenemos que tener cuidado de por dónde vamos o de qué ropa llevamos puesta para evitar situaciones peligrosas. Estamos involucionando, en todos los sentidos.

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Un fantasma del pasado ataca de nuevo

Caucasian woman with pink hair and tattoos using cell phone on urban rooftop

A veces me cuesta mucho encontrar algo que contaros que no haya dicho antes. Pero la vida misma me salta a la cara para darme carrete sin fin. Cuando creo que no me va a pasar nada novedoso, ZASCA.

Llevo una temporada en modo #flipo, pero es que me pasa cada cosa… que lo cuento y os creéis que me lo estoy inventando.

Hace algo menos de un año os confesé que empecé a escribir este blog un poco por hacer terapia, por contar las cosas que me pasaban en Tinder, y con las que tanto alucinaba.

Os fui contando mis historias, una detrás de otra. No sé si sois seguidoras desde el principio o recientes, pero ya os adelanto que ha aparecido un fantasma del pasado: el Amante Interruptus.

De hecho iba a titular este post “El Pajillero siempre llama dos veces”, pero me ha parecido un poquito fuerte para el bienestar de mi jefe (un besito, Mario).

Si sois nuevas os resumo: cuando empecé con Tinder (dos años, cómo pasa el tiempo), ligué con un tipo bastante normalito (las razones las expuse AQUÍ), que me salió MUY RANA. No porque el hombre lo pareciera en un principio, sino porque (sospecho) o estaba a por todas o se hizo caquita encima cuando al fin tuvo la oportunidad de consumar conmigo. El caso es que me estuvo mareando para nada. Pero bueno, de todo se aprende, y yo soy muy lista.

Verano. Vacaciones escolares. Divorcio. El niño un mes con cada padre, y yo estoy en MI mes de madre divorciada y sin obligaciones. Mi hijo está con sus abuelos paternos, así que para poder hablar con él y verle la cara, he instalado Skype en el móvil. Todo bien hasta que hoy veo una solicitud de contacto. “¿Quién es este?” ¡BINGO! El Pajillero.

Estupor. Incredulidad. ¿Por qué?

En su día le borré de Tinder y su número de teléfono de mi móvil. No quería saber más de él. Obviamente, no he aceptado la solicitud. Porque, a ver, sopesemos los muy previsibles motivos de semejante despropósito:
A) le ha saltado el nombre de una tía y le ha dado a añadir sin pensar,
B) creo recordar que normalmente en agosto viene a ver a la familia por vacaciones, me ha visto y ha pensado “el NO ya lo tengo”,
C) quiere disculparse por la GRAN CAGADA después de dos años (DOS AÑOS) porque claro, no le ha aparecido como sugerencia mi perfil en Facebook las mismas doscientas veces que el suyo a mí. Se ve que no ha tenido tiempo ni ganas, hasta hoy.

Nunca lo tuve por muy listo, de hecho siempre le encontré justito de inteligencia, pero que de verdad, de verdad, se piense que soy tonta del culo… eso me jode un montón. Hay que tener los huevos muy gordos o no conocerme el carácter en absoluto.

En la bronca que le eché por guasap hace dos años le dije que no sabía con qué clase de mujeres se relacionaba, pero que desde luego a mí no se me trataba así. Esto me lo confirma. Este rollo pasivo-agresivo de llegar con las orejas gachas, pero que en realidad te está diciendo: no eres nada, creo que eres un coño nada más, sin capacidad de reacción, autoestima o dignidad, que te digo “holi” después de dos años y tú saltas con las bragas en la mano. Mira, cari, no eres tan guapo para ser tan tonto. De hecho NO eres guapo. Tonto sí ¿eh? eso no te lo discuto.

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Cómo afrontar el primer viaje con tu impresentable

Portrait of bearded brunette man gesturing horn sign

Puede que tú no, pero seguro que tienes una hermana, una prima, una amiga, cuyo novio es un jorge cremades, un heteruzo, un cuñado en toda regla.

Que síiii… que es cosa de la edad. Que cuando eres muy joven a veces caes en las redes de ese que es tan chistoso, tan majete, tan divertido… y que es motivo de vergüenza ajena constante.

Ese tipo que se pasa el día contando chistes sobre gays, rubias o negros. Que llama a las lesbianas, “tortilleras”. Al que te avergüenza llevar a las comidas y bodas familiares, porque raro será que no suelte en voz alta que qué tetas se le están poniendo a tu prima de catorce años.

Ese imbécil que no para de mirar descaradamente a las chicas en top less de la toalla de al lado (¡joder, que se tapen si no quieren que las miren ¿no?). Que en el restaurante japonés en el que habéis quedado todos los de la pandilla, no se cortará en comentar que qué puta mierda de comida, con el buen producto que hay aquí en España. Si lo llevas al cumpleaños de tu amigo Luis, que es gay, te dirá que vale, pero que él estará con el culo pegado a la pared por si acaso.

Esos que hablan a voces, los de las risotadas fuertes, los de llegar a un sitio y buscar el bar donde tengan canal plus para ver el partido. Los que cuando la vecina les dice por la ventana que son las tres de la mañana, y que dejen de hablar a gritos, la mandan a fregar los platos… Los fans de “La que se avecina”. Sí, esos.

Te voy a dar el mejor consejo que se puede dar para afrontar un viaje con un tipo así: NO VAYAS. DÉJALE. HUYE, INSENSATA.

“No es para tanto” siempre oigo que lo del Cremades no es para tanto, que es tontaco y ya, pero tiene muchos seguidores, muy jóvenes, que copian su actitud. Y es una actitud de mierda, no solo ante las mujeres, ante la vida, en general.

“Afrontar”. Es que ya en el verbo te está avisando de lo que te vas a encontrar: un señor del siglo XIX, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte, Chivas, misoginia, café copa y puro. Huele a rancio este muchacho. Huele a rancio que apesta.

Por cierto, que sepáis que Jorge Cremades tiene Tinder.

tontaco

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