Un fantasma del pasado ataca de nuevo

Caucasian woman with pink hair and tattoos using cell phone on urban rooftop

A veces me cuesta mucho encontrar algo que contaros que no haya dicho antes. Pero la vida misma me salta a la cara para darme carrete sin fin. Cuando creo que no me va a pasar nada novedoso, ZASCA.

Llevo una temporada en modo #flipo, pero es que me pasa cada cosa… que lo cuento y os creéis que me lo estoy inventando.

Hace algo menos de un año os confesé que empecé a escribir este blog un poco por hacer terapia, por contar las cosas que me pasaban en Tinder, y con las que tanto alucinaba.

Os fui contando mis historias, una detrás de otra. No sé si sois seguidoras desde el principio o recientes, pero ya os adelanto que ha aparecido un fantasma del pasado: el Amante Interruptus.

De hecho iba a titular este post “El Pajillero siempre llama dos veces”, pero me ha parecido un poquito fuerte para el bienestar de mi jefe (un besito, Mario).

Si sois nuevas os resumo: cuando empecé con Tinder (dos años, cómo pasa el tiempo), ligué con un tipo bastante normalito (las razones las expuse AQUÍ), que me salió MUY RANA. No porque el hombre lo pareciera en un principio, sino porque (sospecho) o estaba a por todas o se hizo caquita encima cuando al fin tuvo la oportunidad de consumar conmigo. El caso es que me estuvo mareando para nada. Pero bueno, de todo se aprende, y yo soy muy lista.

Verano. Vacaciones escolares. Divorcio. El niño un mes con cada padre, y yo estoy en MI mes de madre divorciada y sin obligaciones. Mi hijo está con sus abuelos paternos, así que para poder hablar con él y verle la cara, he instalado Skype en el móvil. Todo bien hasta que hoy veo una solicitud de contacto. “¿Quién es este?” ¡BINGO! El Pajillero.

Estupor. Incredulidad. ¿Por qué?

En su día le borré de Tinder y su número de teléfono de mi móvil. No quería saber más de él. Obviamente, no he aceptado la solicitud. Porque, a ver, sopesemos los muy previsibles motivos de semejante despropósito:
A) le ha saltado el nombre de una tía y le ha dado a añadir sin pensar,
B) creo recordar que normalmente en agosto viene a ver a la familia por vacaciones, me ha visto y ha pensado “el NO ya lo tengo”,
C) quiere disculparse por la GRAN CAGADA después de dos años (DOS AÑOS) porque claro, no le ha aparecido como sugerencia mi perfil en Facebook las mismas doscientas veces que el suyo a mí. Se ve que no ha tenido tiempo ni ganas, hasta hoy.

Nunca lo tuve por muy listo, de hecho siempre le encontré justito de inteligencia, pero que de verdad, de verdad, se piense que soy tonta del culo… eso me jode un montón. Hay que tener los huevos muy gordos o no conocerme el carácter en absoluto.

En la bronca que le eché por guasap hace dos años le dije que no sabía con qué clase de mujeres se relacionaba, pero que desde luego a mí no se me trataba así. Esto me lo confirma. Este rollo pasivo-agresivo de llegar con las orejas gachas, pero que en realidad te está diciendo: no eres nada, creo que eres un coño nada más, sin capacidad de reacción, autoestima o dignidad, que te digo “holi” después de dos años y tú saltas con las bragas en la mano. Mira, cari, no eres tan guapo para ser tan tonto. De hecho NO eres guapo. Tonto sí ¿eh? eso no te lo discuto.

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Cómo afrontar el primer viaje con tu impresentable

Portrait of bearded brunette man gesturing horn sign

Puede que tú no, pero seguro que tienes una hermana, una prima, una amiga, cuyo novio es un jorge cremades, un heteruzo, un cuñado en toda regla.

Que síiii… que es cosa de la edad. Que cuando eres muy joven a veces caes en las redes de ese que es tan chistoso, tan majete, tan divertido… y que es motivo de vergüenza ajena constante.

Ese tipo que se pasa el día contando chistes sobre gays, rubias o negros. Que llama a las lesbianas, “tortilleras”. Al que te avergüenza llevar a las comidas y bodas familiares, porque raro será que no suelte en voz alta que qué tetas se le están poniendo a tu prima de catorce años.

Ese imbécil que no para de mirar descaradamente a las chicas en top less de la toalla de al lado (¡joder, que se tapen si no quieren que las miren ¿no?). Que en el restaurante japonés en el que habéis quedado todos los de la pandilla, no se cortará en comentar que qué puta mierda de comida, con el buen producto que hay aquí en España. Si lo llevas al cumpleaños de tu amigo Luis, que es gay, te dirá que vale, pero que él estará con el culo pegado a la pared por si acaso.

Esos que hablan a voces, los de las risotadas fuertes, los de llegar a un sitio y buscar el bar donde tengan canal plus para ver el partido. Los que cuando la vecina les dice por la ventana que son las tres de la mañana, y que dejen de hablar a gritos, la mandan a fregar los platos… Los fans de “La que se avecina”. Sí, esos.

Te voy a dar el mejor consejo que se puede dar para afrontar un viaje con un tipo así: NO VAYAS. DÉJALE. HUYE, INSENSATA.

“No es para tanto” siempre oigo que lo del Cremades no es para tanto, que es tontaco y ya, pero tiene muchos seguidores, muy jóvenes, que copian su actitud. Y es una actitud de mierda, no solo ante las mujeres, ante la vida, en general.

“Afrontar”. Es que ya en el verbo te está avisando de lo que te vas a encontrar: un señor del siglo XIX, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte, Chivas, misoginia, café copa y puro. Huele a rancio este muchacho. Huele a rancio que apesta.

Por cierto, que sepáis que Jorge Cremades tiene Tinder.

tontaco

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El beso de Singapur

Couple sleeping together

Flipo.
Me considero una mujer con bastante experiencia en el sexo. Los años y la práctica me han enseñado. Habré cometido mil errores cuando era joven e inexperta, pero siempre he mostrado interés por hacerlo cada vez mejor, por mi compañero de cama, pero principalmente por mí misma. Soy de la opinión de que la práctica lleva a la maestría.

Desde el instante en que  Amante y yo estuvimos sincronizados, la cosa no ha hecho más que mejorar. Pero ahora estoy flipando mucho. Con esto de hacer ejercicio (y sobre todo con los abdominales hipopresivos) me pasa una cosa muy curiosa: será que se han reforzado los músculos de la zona del perineo y la vagina (el músculo pubocoxígeo), pero estoy teniendo unos orgasmos espectaculares.

Se lo dije a mi amiga Deo (Deo Aguilar), y va y me suelta:
Al final vas a aprender a hacer el beso de Singapur, verás…
¡¿Qué coño es el beso de Singapur?!
– Pues eso mismo: que desarrollas tanto la musculatura del coño que puedes hacer con él lo que quieras. Hasta el punto de no necesitar ni moverte mientras follas, ni tú ni él. Todo lo haces con el chirri.

QUÉ FUERTE

No es que no crea a Deo, pero ya me picó la curiosidad, y he estado buscando documentación sobre el tema. Me he enterado de muchas cosas, como que cierta dama de la alta sociedad española, de origen asiático, y que colecciona maridos (ninguno pobre) es famosa por cautivarlos usando estas artes. O eso dice la rumorología.

Se le llama beso de Singapur por una prostituta de esta ciudad, de la que cuenta la leyenda que tenía tan desarrollada la técnica, que era capaz de sacar e introducir el pene de su amante solo contrayendo y soltando el músculo.

Si se hace adecuadamente, dicen que es similar al sexo oral, y por eso se le llama también “pompoir”, que puede traducirse como “chupadora” en francés.

No sé yo si llegaré a semejante maestría, pero le estoy encontrando ciertas virtudes añadidas a esto de hacer ejercicio, más de las que pensaba…

Pd (un enlace por si os pica la curiosidad también)

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Cazando pokemons

Pokeemon-Go-1

Qué pesada la gente con Instagram… Qué pesada la gente con Snapchat… Qué pesada la gente con Tinder... Oye, que bajo al chino, y me llevo el móvil, a ver si encuentro algún pokemon de camino…

Éramos pocos y parió la abuela.

La gente se aburre, y en verano mil veces más. Trabajar, trabajamos lo mismo, pero parece que tenemos ahí un come-come, de echarnos a la calle a tener nuevas experiencias, ya sea ligar o cazar pokemons.

tinder y pokemon go

Lo reconozco, fue leerlo y me apresuré a ponerlo en Twitter. El personal es tremendamente ingenioso. Y hay mucha gente que utiliza Tinder como ahora los locos de Pokemon Go: para coleccionar.

Tengo una amiga que tiene una historia con un muchacho, que no se sabe si es su mejor amigo, su confidente o su amor platónico, del que me cuenta que no ha sido capaz de llegar a nada porque sabe que no es una opción. Siendo un tipo culto, divertido, atento, amable, que físicamente no está mal… ¿Qué defecto tiene? Os preguntaréis. Pues yo no sé si llamarle defecto, pero hace un año tenía 800 match en Tinder, y subiendo… Un cazador de pokemons de carne y hueso.

Amante trabaja con una panda de personajazos importantes. Uno de ellos, que según él es muy salao, es un profesional en esto del ligoteo vía Badoo, Tinder y lo que le pongan por delante. De los de cada día una distinta. Según relata, solo sale con pibones (ya será menos, porque él no estará mal, pero me parece que no da mucho de sí), y ninguna le dura más de dos o tres semanas. El ciclo es siempre el mismo: me cuenta que se ha echado una nueva novia, que está muy buena, que se ha enamorao, que ella está loquita por él, que está todo el día diciéndole cosas por teléfono, que no paran de follar… Segunda semana: que le está agobiando un poco, que va muy deprisa… Tercera semana: que le tiene hasta la polla, que es muy absorbente, que le controla. Cuarta semana: que la ha dejado y está con otra, que está buenísima, que está loquita por él… Vuelta a empezar. Ya hemos perdido la cuenta.

Cazadores de pokemons, adictos al Tinder… Lo mismo es que yo soy un poco marciana, pero estas cosas me hacen gracia un rato nada más. No sé si hay que tener una personalidad adictiva para engancharse a estas cosas.

Será el calor, que nos deja dormir poco. O quizá que nos gustan estas tonterías una cosa mala. O puede ser que todas estas chuminás nos evaden de la realidad, que está bastante fea.

Ay, si tuvierais el mismo afán por ir a votar que por salir a cazar pokemons…

tinder y pokemon go

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El mejor día del verano

Mother and son (8-10) walking on beach, rear view, close-up

Decía el otro día la gran Marta Cámara: “extraoficialmente, el mejor día del verano es el que dejas a tus hijos en el autobús del campamento”. Cuánta razón…

Estoy rodeada de madres. En el trabajo, en mi familia, en mis amigas. Madres recientes, futuras madres, madres repetidoras. Madres casadas, madres divorciadas, madres en proceso de separación. Etapas distintas en un universo común.

No hay día más duro que el primero en el que dejas a tu hijo en manos de una cuidadora, o en la guardería. Más tarde sales con congoja del patio del cole donde has dejado ahí, solo ante el peligro, a tu cachorrillo. Y así vas pasando etapas, una tras otra, hasta ese inevitable día en el que te pedirá que no le acompañes al cole, y que las vacaciones a ver si pueden ser en algún sitio distinto, que los abuelos son un rollo. No querrá estar tanto contigo, y así tiene que ser.

Poco a poco vas bajando el nivel de angustia que te produce separarte de tus hijos. Porque no hay más remedio. Es ley de vida, tienen que crecer y aprender a defenderse solos. Pero siempre hay un momentito, unos segundos, en que la congoja vuelve cuando les tienes que decir adiós.

No es nada fácil la primera vez que, tras separarte o divorciarte, tienes que despedirte para no verle en un mes. ¡Un mes! Probablemente esa noche llores como una tonta. No pasa nada, la angustia tienes que soltarla de algún modo. Llora lo que necesites, te sentará bien. Pero luego lávate la cara y empieza a planear tu tiempo.

Los primeros días te encontrarás rara, como si estuvieras sorda. Con tu tiempo pasará algo similar: ahora te sobra, y es posible que no sepas muy bien qué hacer con él. Aprovéchalo, y no solo para exfoliarte y echarte cremas como si no hubiera un mañana. Siéntate en una terraza a tomarte una caña, porque te da la gana. Vete al cine, a la piscina, a ver esa exposición que nunca podrías ver con calma si estuvieras ejerciendo de madre. Liga un poco, brujulea por Tinder. Date el placer de tener la nevera vacía, tan solo llena de gazpacho y cervezas. Paséate desnuda por la casa. Reencuéntrate un poco. Piensa que el cachorro va a volver justo cuando le empiezas a coger el gusto a “estar soltera y sin hijos”.

Y llegará el momento en que entiendas que, en cierto modo, tus vacaciones comienzan cuando te quedas a solas. Aunque tengas que ir a trabajar; eso te parecerá un mal menor.

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Como la teniente O’Neil

Woman doing push-ups in a street

Me reclamáis que os hable de Amante, y no os he hablado de cómo van mis progresos en eso de ponerme en forma, que en cierto modo está relacionado.

Reconozco que aunque no sea un bellezón, tengo una cierta ventaja respecto a otras mujeres: una constitución física agradecida. Nunca he hecho deporte porque me aburre soberanamente y además no dispongo de mucho tiempo. Siempre he estado con tipos bastante normalitos (bueno, exceptuando a ligues de una noche, y algún niñato quizá, en los tiempos en que andaba de chocholoco asaltacunas), y alguno incluso tirando a francamente obeso. Pero hete aquí que a mis 45 años conozco, me enamoro y empiezo una relación con un hombre que, joder, es que tiene cuerpazo, y ahí una no es que se sienta achaparrada, pero se pica, más que nada por el aguante que tiene el muchacho.

Harta de tener agujetas cada vez que hacíamos maratón (es lo que tiene no estar todo el día juntos, que te pillas con ganas), me propuse hacer ALGO para ponerme más en forma, estar más durita, sentirme mejor, bla bla, y le pedí consejo, ya que él hace deporte desde niño, y me dijo que empezara por lo más básico y que cubría más zonas: las flexiones. Venga, va… me diréis, haciendo de teniente O’Neill. Pero mira, sí. Porque tenía una ventaja fundamental para mí: las podía hacer en cualquier momento del día, y alternarlo con otros quehaceres. Así era “pongo una lavadora, me hago una serie de 10”, “recojo la cocina, me hago otra serie”. Cuando ya tuve suficiente fondo como para no llamar al 112 pidiendo oxígeno, me puso más “tareas”, otro tipo de ejercicios, y además de las pesas de 1kg para los brazos y espalda, añadí series de abdominales hipopresivos (son la caña y mucho más agradables de hacer que los clásicos), sentadillas de varios tipos…

Total, cuando me he puesto a hacerlo en serio, son entre 40 y 50 minutos diarios, con ejercicios que voy entreverando entre el resto de obligaciones. Sin tener que ir al gimnasio y sin pasarlo mal. No he perdido ni un gramo (tampoco tengo mucho que perder, la verdad), porque no me he puesto nunca a dieta, pero se nota, hasta en la postura al sentarme, y ya no me fastidia la eterna contractura que tenemos los que trabajamos delante de una pantalla de ordenador.

Él me dice que si “estoy mutando”, porque raramente me salto ni un día la rutina, pero no es eso, es que me hace sentir bien. Que ese muffin bajo el ombligo que prácticamente tenemos todas, al ponerte el biquini sobresale, el maldito, y oye, como que parece que está más recogidito ahora. Esto es como lo de usar cremas anticelulíticas: milagros no hay, pero la constancia es fundamental.

Ay, “constancia” qué palabra tan bonita…

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“Yo no salgo con tíos majos…

Germany, North Rhine-Westphalia, BMW Oldtimer, Old motorbike

… yo salgo con tíos estupendos” (Victoria, Cámera Café)

Ojalá yo pudiera decir eso, Victoria, hija mía, pero reconozco que soy omnívora, he comido de todo. Los ha habido majos y los ha habido cabrones (en mayor o menor medida), pero no me voy a hacer la guay, porque he cometido no pocos errores en la vida con los hombres.

Pero la vida se trata de aprender y asumir, e intentar en la medida de lo posible no cometerlos de nuevo. Otros, sí; los mismos, no.

Así va una aprendiendo a distinguir lo que le gusta y lo que no de un hombre, e incluso a adivinar por un par de comentarios o situaciones si es compatible o no con las propias taras, porque insisto en que todos tenemos taras.

Cuando conocí a Amante (hablo de él a petición popular), al principio me dediqué a observar cómo era, cómo reaccionaba, cómo me trataba. Porque estaba muy bueno, pero si no había nada más que una fachada, yo era consciente de que me iba a aburrir enseguida: siempre había sido así, la belleza sin nada dentro me daba mucha pereza. El típico guapo que estaba pendiente de su cuerpo, de quien le miraba y quien no, no duraba más que un asalto. Pobres, siempre me preguntaban qué habían hecho mal, por qué no quería verles más, y tenía que inventarme alguna excusa para no hacerles daño. ¿Qué queríais que les dijera: hijo, estás muy bueno pero eres más soso que una nevera vacía? No. Les contaba que no había superado una ruptura, que no quería embarcarme en una relación, que me tenía que mudar de ciudad y no quería empezar nada… yo qué sé, improvisaba. No hay que ser desagradable ni maleducada, siempre os digo esto, que la vida da muchas vueltas y si eres una chunga con alguien tarde o temprano lo serán contigo.

Bueno, pues eso, que el muchacho estaba como un Montgomery Cheddar, pero es que además follaba bien (y tenía mucho interés en aprender cosas nuevas, MUY IMPORTANTE), fuimos descubriendo que teníamos en común bastantes cosas (como que nos gustaba ver Cámera Café o monólogos de Goyo Jiménez -aunque esto me lo descubrió él), y lo pasábamos bien juntos.

No es de museos, aunque tiene interés por la fotografía (le descubrí a Lillian Bassman y le encanta), y en cuestión de películas él es más de Independence Day y yo de películas más introspectivas (no “cine de autor” ni nouvelle vague, no os flipéis), pero hemos llegado a puntos comunes: a veces Warcraft a veces Kiki el amor se hace. Nunca he tenido esa sensación de “a ver cuándo se va a su casa y me deja tranquilita”, que tanto, pero tanto, me ha pasado.

Cierto es que, aunque de vez en cuando nos juntamos con algunos amigos (unas cañas, una cena), en general cuando nos vemos estamos los dos solos, porque ya que nos vemos más bien poco (cuando podemos), no vamos encima a estar haciendo vida social. Tampoco es que nos pasemos el día encerrados en casa, follando como mandriles, pero el tiempo que tenemos lo dedicamos el uno al otro.

Seguimos sin mezclar demasiado su mundo y el mío. Él a mis amigos les encanta, les encanta de veras, y yo conozco apenas a un par de amigos suyos (es un tipo tranquilo, no es un juergas), pero bien. No es que hayamos hecho un pacto de tú tus cosas yo las mías, sino que en realidad hemos construido una zona común, y en ella nos movemos.

¿La prueba de fuego? Este verano nos vamos de vacaciones él, mi hijo y yo a un hotel a la playa, una semana… Para irte de vacaciones con un niño hay que echarle un par de pelotas ¿no os parece? Al final le tendré que dar la razón a Victoria, y estoy con un tío estupendo.

pd (¿por qué he puesto una foto de una moto? porque ya le he dicho que iba a hablar de él, y fotos suyas no pienso poner, pero como le encantan las motos, pues por darle un capricho al muchacho)

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No te autoboicotees

Frightened Woman's Face

Llega el verano y parece que se abre la veda para perder la dignidad. Lo sé lo sé… hace un calor del copón y todo lo que llevas encima sobra, pero no hay ninguna necesidad de atentar a la estética, que hay días que voy en el metro y se me caen las pupilas del disgusto.

Y no lo digo ya por esa fiebre de ponerse de repente todos los colores encima, cual extra de luces del Circo del Sol (cuánto daño han hecho esos estampados imposibles de la vida es chula… y daltónica), sino por el despliegue de zapatos feos, uñas de gárgola de Notre Dame, pantalones pirata, shorts dos tallas menos de lo que te sentaría bien, looks playeros en la ciudad (*), camisetas imposibles, etc.

(* de esto hablamos en un momentito)

miranda

Empecemos por lo más básico: la higiene. Ropa barata y ajustada significa que al primer sofoco sudas. El olor se pega a esa ropa como la gomilla de un biquini de una talla inadecuada a tu culo, de manera dolorosa (y olorosa). Si no puedes invertir en ropa de buena calidad, al menos hazlo en un buen desodorante, y cómprate una talla adecuada. Ese olor a hamburguesa de fast food le bajaría la libido a un marinero que llevara 8 meses embarcado. No hay mejor truco de belleza que la limpieza. En ese pedazo de bolso veraniego que llevas seguro que cabe un neceser con lo básico para recuperar la frescura. Antes de salir del trabajo practica la buenísima costumbre de asearte un poco. Llevar una camiseta de recambio (por si acaso) tampoco está de más. El chulazo de tu vida puede aparecer entre Callao y Puerta de Toledo.

[Hago un llamamiento a todos los usuarios del transporte público: es PERFECTAMENTE POSIBLE ducharse antes de acostarse y cuando te levantas por la mañana otra vez. No te mandan a la cárcel por ello. Y sienta fenomenal, en serio. Haznos un favor a los demás y practícalo: la limpieza es el principio de la santidad. Sobre todo si anoche te chuzaste en una terraza y además del olor a sudorina tenemos que aguantar el olor a resaca.]

Sigamos con la manía de perder la compostura al vestirnos cuando hace calor, lo que antes llamé “look playero en la ciudad”:

  • chanclas (para ir a currar),
  • pantalones pirata (solo le quedaban bien a Audrey Hepburn, no te hagas daño a ti misma),
  • camisetas con slogans playeros (Miami, Beach, bien de flamencos, etc)
  • sombrerito, caftán/kimono de flecos, shorts (sí, igual que la niña del anuncio ese de cerveza; pero ella tiene veinte años y está en la playa, no en un polígono de oficinas de Alcobendas)

que es que a algunas les falta ir en pareo. Deja esos estilismos para cuando estés en la playa o en la piscina de la urba, en un entorno de daños controlados.

Continuemos con el autobronceador. No lo intentes. De verdad. No queda bien. Por más que te exfolies, sigas los consejos de las revistas, te pases 2 horas en bolas por la casa esperando a que se seque, andando como un robot para no rozar nada… hagas lo que hagas, en alguna parte, saldrá el manchurrón, el churrete o el rayajo antiestético. No pasa nada por estar blanca, de verdad. Si no puedes soportarlo, que te duchen con autobronceador en algún centro especializado, pero no hagas locuras.

Lo que he contado antes va en parte para los chicos, pero esto que digo ahora es específico para ellos: si tenéis una cita con alguien de Tinder (de Badoo lo mismo cuela; ahí puede pasar cualquier cosa), NO SE OS OCURRA aparecer en bermudas y camiseta, con el bolsito-mariconera-guardatodo ese que me lleváis alguno cruzadito de lado a lado (¿vendes cupones o lotería? pues entonces). Es UNA CITA. No sois David Gandy, y ese NO ES un look casual, no juguéis con fuego. Se supone que queréis causar buena impresión, con la sana finalidad de echar un polvo. ¡Ah! y aunque vuestro amigo el gañán os haya dicho que esa camiseta que comprasteis en Ibiza (sí esa de F**K ME I’M FAMOUS) la hará reir, no le hagáis caso. Por algo le llamáis “el gañán”. No os autoboicoteéis, en serio.

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Simplificar la vida

brunette woman with hair sweeping over her face

La gurú del orden Marie Kondo recomienda deshacernos de todo lo que no utilizamos, de lo feo, de lo inservible, y afirma que esa limpieza nos encamina a rodearnos solo de personas y objetos que nos hacen felices, olvidándonos de lo demás.

Es una filosofía de vida que se da de bofetadas con la sociedad de consumo exacerbado en la que vivimos. Yo suelo donar todo lo que hace dos años que no me pongo, pero conservo algunas cosas que ya no me pondré jamás, por apego, porque las cosió mi madre, porque perteneció a alguien que ya no está… por lo que todos guardamos recuerdos.

Dice Marie que una clienta suya comenzó por limpiar y ordenar su armario y terminó dejando a su marido. Es un tanto radical, pero no me sorprende.

Hay momentos de la vida en que empieza una cortándose el pelo, perdiendo esos 5 kilos que se le fueron acumulando con los años (y que tan mal le hacían sentir), cambiando de trabajo, luego de hábitos alimenticios, y al final descubre que la persona que tiene al lado ya no la hace feliz. No por cortarte el pelo vas a terminar dejando a tu novio, pero hay veces que una chispita de nada provoca un incendio.

(Disertaciones de las 6 de la mañana, que escribo -una vez más- con el tiempo justo antes de publicar, tal y como salen de mi cabeza -de ahí algunos lapsus ortográficos, perdón, Javier-, y agarrándome a una frase escrita a lo loco justo antes de cerrar los ojos y dormir)

A esta filosofía de vida de Marie Kondo se le llama life hacking, y bueno, lo de ordenar las camisetas y tirar todo lo que no uso no es que lo lleve muy a rajatabla, pero lo de no dejar que permanezcan en mi vida las personas y las relaciones que me lastran, hace un tiempo que empecé a practicarlo.

Es algo que le llevo repitiendo a mi amiga Laura una temporada: los amigos, como los amores, van y vienen en el tiempo. Y hay amistades que, como el amor, se desgastan o se rompen, y ya no es posible recuperarlas tal y como eran. Y hay que dejarlas ir, como dice Marie, dando las gracias por el tiempo compartido, pero hay que aprender a decir adiós. Nos hará sentir mejor y más libres.

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Nosotras también los tenemos

naked woman on mirror

Ay, la sinceridad, tan sobrevalorada en la vida diaria… y tan fundamental en los asuntos del sexo. Como buena encantadora de serpientes que soy, os aseguro que con palabras puedo convencer a cualquiera de lo que sea. Pero hay cosas que no se pueden fingir, y que no hay manera de controlarlas ni disimularlas.

La excitación, la base de cualquier relación sexual. Tú puedes querer a tu chico muchísimo, pero si no te pone, no te pone. Podrás “ayudarte” con inventos, con lubricantes, con mil historias… pero, seamos sinceras, si te pone perra, te pone, y todos los artilugios sobran.

Se habla mucho del gatillazo masculino, pero nosotras también lo tenemos. No es tan “evidente”, y podemos buscarnos excusas a cascoporro (el principio o final de la regla, he ido a nadar a la piscina y el cloro me irrita, he tenido un día de mierda en el curro…), y por no dejar al otro con las ganas, vas, le pones un poco de teatro y un mucho de lubricante, y allá vamos. Pero, si hiciéramos estadística ¿en qué porcentaje superaríamos a los tíos en “gatillazo”? Yo hablo siempre desde mi propia experiencia, y os aseguro que yo he superado con mucho las veces que han tenido un gatillazo conmigo.

Pero es que a ver quién es la guapa que se sienta delante de su novio, de su rollo, del ligue de esa noche, y le dice “no sé qué pasa, pero es que no me excito”. Dile a un tío aquello de “no sos vos, soy yo”, y tienes el drama asegurado. Si es tu novio, te soltará aquello de “ya no me quieres”. Si es un rollo “¿qué quieres que haga? ¿Me pongo encima, me pongo debajo? ¿Lo hacemos en el coche? ¿Qué hago?” y se pondrá en la misma actitud que tu perro para que le tires la pelota. Si es un ligue de una noche no dirá nada, pero pensará “tendría que haber ido a por la morena… mierda de obsesión con las rubias”.

Reconozcámoslo, nenas, nosotras también tenemos gatillazos. Y es MUY NORMAL.

Si os pasa de vez en cuando, no pasa nada. Nos empieza a preocupar si aquello se repite. Es probable que vayamos al ginecólogo, que nos dará una receta para comprar un lubricante (Mucus Cumlaude o alguno similar), pero el “viagra” femenino aún está en fase esperimental (y me fío poco o nada de los efectos secundarios que traiga), y no os podrá ayudar mucho más.

Hace ya mucho tiempo que escribí un post en el que os recomendaba qué hacer si se os pasaban las ganas, y como me preguntáis muy a menudo si hay algo, algún suplemento, algún alimento que ayude a combatir esa apatía, os lo repito: yo empecé a tomar Maca Andina (y sigo sin acordarme si por recomendación de alguna amiga o porque lo leí) al final de mi matrimonio, por ver si me volvían las ganas, y nada. Pero en el momento en que me recuperé mi libertad (y por eso os digo que no hay “viagra femenina” que valga, que todo está en nuestra cabeza), aquello funcionó, vaya si funcionó. La sigo tomando, porque me sienta bien, porque sí que es verdad que hay momentos durante el ciclo menstrual en que se producen ciertos altibajos y puede existir cierta sequedad, que la maca ayuda a regular.

Esos “gatillazos” nuestros se producen porque es que llevamos muchas cosas para adelante, y se nos olvida que para cuidar de los demás primero tenemos que cuidarnos nosotras. No penséis que es egoísmo: si estáis bien podéis con todo. Y tener una vida sexual satisfactoria hace milagros: con tu piel, con tu estado de ánimo, con tus relaciones con los demás… No lo dejes pasar, que terminas por ponerte mustia, como una planta sin regar.

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