A ciegas

Side View Of Sensuous Woman With Ribbons Against Black Background

Yo muchas noches sentía,
cercano y al día,
tus pasos en la casa,

Gracias a Dios que has llegao ,
que no te ha pasao,
ninguna cosa mala,

En tus manos, un aroma,
que trasminaba como el clavel,

Pero yo, lo echaba broma,
porque era esclavo de tu querer,

Que me he entretenío,
las cosas del juego,
y yo te decia,
cerrando los ojos,
lo mismo que a un ciego.

No tienes que darme cuentas,
a ciegas yo te he creío,
yo voy por el mundo a tientas ,
desde que te he conocío,

Llevo una venda en los ojos,
como pintan a la fe,
no hoy dolor como esta gloria,
de estar queriendo sin ver,

Mi corazón no me engaña,
y a tu caridad se entrega ,
duerme tranquilo s’entraña,
que te estoy queriendo a ciegas.”

No sé si conocéis esta copla. A mí me vuelve loca cuando la canta Miguel Poveda. Creo que ilustra perfectamente ese tipo de relación que todas (y todos) hemos vivido, algunos más de una vez.

Para estar con alguien hay que sentirse así, confiada, o no vale la pena. He sufrido tanto, pero tanto, por comerme la cabeza pensando que me la estaban pegando por ahí (la mayoría de las veces, desgraciadamente, era verdad), que ahora elijo no sufrir por ese motivo. Pienso que lo que tiene que pasar, pasará, y no por fiscalizar al otro va a pasar menos. Si alguien me es fiel solo porque mantengo un férreo control sobre sus idas y venidas, menuda mierda de fidelidad: eso es miedo, no fidelidad. Si tengo que darme cuenta de golpe y porrazo quién es esa persona a la que quiero, casi lo prefiero a estar penando por intuir y no saber. Doler duele lo mismo, pero no vives en la angustia.

Esta reflexión viene a cuento por el jaleo que hay montado sobre el caso Torbe, la implicación de un futbolista con novia famosa y cantante, y la podredumbre de comentarios que se han publicado en los medios. Que si nos tiene que importar que el sujeto en cuestión “rinda” en el campo, y no “lo que hace en la cama”, y machiruladas por el estilo. Yo leo esas cosas y pienso en esa muchacha, su novia, tan guapa, tan perfecta, viendo cómo salen a la luz todas las mierdas que hay escondidas. ¿Qué pensará?

Todos, sí TODOS, tenemos un lado oscuro, una parte que no querríamos que jamás conociera nadie. Para algunos es un detalle, algo que pasó en la juventud, un vicio que no queremos que trascienda. Para otros es toda una forma de vida, que llevan en paralelo a la que todo el mundo ve.

La noticia y lo que implica, las prácticas sexuales “impropias” para alguien con un poder adquisitivo que ya quisiéramos todos (que nos deslomamos años para conseguir lo que ellos en un rato), el por qué alguien de “ese nivel” se relaciona con un tipejo repugnante como Torbe, es el argumento que esgrimen muchos en defensa del futbolista. ¿Por qué iba a hacer algo así cuando puede pagar servicios de alto standing? Porque nadie sabe cómo es realmente una persona hasta que descubre cuáles son sus preferencias sexuales, las de verdad, no las “oficiales”. Y estas preferencias es probable que vayan mucho más allá de los tríos o el bondage, y es posible que incluyan gang bang, bukaque y muchas otras en las que la mujer es un objeto y se la degrada. Y casi con toda seguridad son cosas que no le puedes pedir a tu perfecta y guapísima novia, porque te manda a la mierda. ¿Qué pensará ella?

“No sé qué mano cristiana,
abrió una mañana,
mi puerta de repente,
luz que cortó en mil pedazos ,
como un navajazo ,
la venda de mi frente.

Me quitaron la ceguera,
con un cuhillo de compasión,
yo iba solo por la acera,
sin lazarillo mi corazón.

To eso mentira ,
lo firmo y lo pruebo,
y yo te decía ,
queriendo ponerme,
la venda de nuevo.

No tienes que darme cuentas,
que no te las ha pedío,
quien va por el mundo a tientas,
lleva los rumbos perdíos,

Dios me clavará en los ojos,
alfileres de cristal,
pa no verme cara a cara,
contigo y con tu verdad,

Miente de noche y de día,
y a jurarme en falso llega,
sigue mintiendo, alma mía,
que te estoy queriendo a ciegas”

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Hasta el…

beauty

Hace un par de días una amiga publicó en FB un enlace a este artículo  que Tania Llasera escribió en esta misma revista sobre el body shaming.

La mayoría de comentarios fueron positivos, excepto uno en el que (y cito textualmente) la que comentaba decía “Hasta el coño de las gordas”. Así, tal cual.

Hay gente que habla sin filtros, a pesar de que ya tiene edad para pensar qué pone y dónde lo pone. Algunas no se libran nunca de la bruja de catorce años que fueron.

No voy a ser corporativista, porque no es mi estilo, ni voy a defender porque sí el artículo de Tania, pero lo que seguía a semejante exabrupto evidenciaba que de comprensión lectora poco o nada. Ni Tania dice en él que las delgadas sean infelices ni nada por el estilo.

Me molesta la gente que ridiculiza o critica a alguien conocido (a menudo se da en el propio núcleo familiar o de amistad) porque ha ganado unos kilos. Creo que hasta les jode que al sujeto en cuestión se la traiga al pairo. Se les ataca con saña “hay que ver cómo te estás poniendo, cuídate un poquito, que te estás dejando”. ¿Os suena? A mí sí.

Del mismo modo, me molesta la gente que se queja constantemente de su cuerpo, pero no hace nada por sentirse mejor en él, y lo mismo no tiene que ver con dietas, sino con un psicólogo. O aceptas cómo eres o lo haces algo para cambiarlo. No todas podemos ser Giselle (¡qué aburrimiento!). Pero ese “hasta el coño de las gordas”… hombre, por favor, cuánta hostilidad.

Yo he estado gordita. Soy pequeña y con curvas, ya lo he dicho alguna vez, y a veces he dejado de cuidarme y he aumentado de peso.

En mi embarazo me puse que era Godzilla (casi 20 kilos), y me costó quitarme los 4 kilos de más que aún me sobraban casi un año después. Y me los quité. Pero lo que de verdad me quité después de ser madre no fueron los kilos, fue la tontería. Si hay algo que hace desaparecer de un plumazo las preocupaciones por gilipolleces sobre si gorda o delgada es eso, ser madre.

Quizá por eso entiendo bien a Tania, y que se rebelara contra el escarnio y acoso que sufrió en redes por aumentar de peso. Fue más evidente porque ella es un personaje publico, pero nos pasa a muchas, cualquier día de la semana, en cualquier parte, y sí, también en Tinder o en Badoo o en cualquiera del montón de aplicaciones para ligar.

La pregunta que más me hacían cuando la usaba era si mis fotos eran actuales y si era cierto que era así, y no más gorda. De hecho, uno de mis primeros tonteos por el chat era un chico al que le confesé que había adelgazado mucho en poco tiempo, y que me preocupaba bajar de los 50 kilos, porque no me parecía sano, y él me dijo que mejor 48 que 54, que menos siempre es mejor. Dejé de comunicarme, claro. A mí los enfermos de la delgadez no me molan un pelo. Y los hay, lamentablemente cada día más.

Desde aquí le digo a la del exabrupto que tan hasta el coño nos tienen las gordas quejosas porque los torreznos les engordan, como las canijas rabiosas porque todo el mundo les dice que coman más, como las blogueras que se justifican, como las envidiosas de la suerte de otras a las que las marcas les pagan más, como de esa que me cruzo que lleva el peazobolso que yo no tendré jamás, como de la vecina antipática que jamás te saluda aunque le abras la puerta, como de la innecesaria propaganda electoral en los buzones, como del calendario escolar incompatible con la vida, como de… como de… como de… ¡BASTA!

No hagamos sangre entre nosotras y vamos a relajarnos un poquito, ¿vale? porque si empezamos con los “hasta el coño”, lo vamos a dejar al pobre inutilizado, y lo necesitamos para cosas más gozosas.

Pd (por cierto, y hablando de coños, que sepáis que hay liposucciones de parrús… Estamos enfermos… no hay duda)

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Lo sabes

si tienes que forzarlo

Lo tienes claro, desde el minuto uno. Os lleváis estupendamente en la cama, y fuera de ella todo parece fluir con naturalidad, pero sabes que no hay nada más.

Si no te apetece despertarte por la mañana y que esté ahí al otro lado del colchón, créeme, será un gran amante, un amigo, pero no pasará de ahí.

No hay ningún método para saber si este sí y este no. Es una cuestión de química.

Hace años, cuando era mucho más joven, y comenzaba una historia con alguien que veía que no terminaba de cuajar, me empeñaba en continuar. Me decía a mí misma que era cuestión de tiempo que encajáramos. Trabajo inútil y pérdida de tiempo por ambas partes.

Ahora, cuando veo que algo no funciona (que vale, sí, hemos echado un gran polvo, pero ya está) actúo en consecuencia. No es cuestión de ser desagradable ni descortés, es dejar claro que no se va a repetir. Y os aseguro que el 99% de las veces ha habido objecciones por parte de él: que qué ha pasado, qué ha hecho mal, por qué me he acostado con él si no me gusta… Hay que hacer todo un ejercicio de psicología para explicar el “sí, hemos follado, y me lo he pasado muy bien, pero no quiero repetir”.

A mí también me ha pasado (¿a quién no?), y me he quedado con la cosa de pensar que algo he hecho mal, y por eso no ha querido más.

En todo caso (y este es un consejo de esos que digo que no doy, y que luego doy todo el rato) cuando te vas a la cama con alguien procura dar lo mejor de ti, pero no por él, por dejarle impresionado, sino por ti. Folla como si fuera la última vez que le ves. Pásatelo lo mejor que puedas. Yo prefiero que, aunque solo sea una vez, cuando me recuerde lo haga con una sonrisa, con un “ay, qué mujer”. Es mejor dejar un recuerdo breve pero intenso y excitante, que una sucesión de encuentros mediocres, que al final terminan en nada.

Huye de las zonas grises, de las historias grises y de las personas grises. Y busca al que, aunque sea solo una vez, te deje con una sonrisa y un recuerdo de “ay, qué hombre”.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Homofobia

Two women an two men kissing in the rain

“Es raro… y yo no juego en ese equipo”. Solo tiene 7 años, y copia los comentarios de sus compañeros de clase. Lo hace porque él es el “raro”, el que no los entiende demasiado, el que es solitario e introspectivo, y así siente que es como ellos. Este comentario salió de su boca al presentarle a una pareja de amigos que están casados. Sí, hombre y hombre.

No es algo que le hayamos enseñado en casa. Puedo afirmar que de mis amigos al menos el 75% son gays o lesbianas. En mi familia hay lesbianas, gays y transgénero, y siempre hemos aceptado la orientación sexual de los demás. A veces con mucho trabajo y grandes dosis de paciencia, porque no es sencillo explicar a una mujer de 80 años y una educación machista y opresiva, que su nieta está enamorada de otra mujer. Pero con paciencia y sin ocultar ni avergonzarse de nada todo se consigue.

Antes iba cada año al desfile del Orgullo Gay, hasta que se convirtió en un parque de atracciones masificado. De hecho, hasta fui estando embarazadísima y luego al año siguiente con mi hijo. Era mi cita anual con algunos amigos que de otro modo no veía nunca. Siempre vi familias hetero con sus hijos, como una manera de demostrar que todos somos iguales. Porque todos somos iguales.

Cuando salía de fiesta, he ido infinidad de veces a locales en los que la mayoría de la clientela era gay, a veces la única mujer era yo, y siempre fui una más.

La homofobia se instala desde la infancia, con la educación, con el entorno. Yo voy a evitar por todos los medios que mi hijo interiorice esos comentarios de sus amigos, comentarios que esos niños escuchan en casa. Esos niños van todos a catequesis y van a hacer la comunión. Mi hijo es el único de su clase que no va a hacerla, porque tanto su padre como yo somos ateos. No quiero decir que mi hijo sea mejor ni peor que los otros por el hecho de no practicar una religión. Solo digo que la religión, hoy en día, es causa de más odio, dolor e intolerancia que el ateísmo.

Y sí, este año volveré al desfile del Orgullo, y mi hijo vendrá conmigo, porque el racismo se cura viajando y la homofobia conociendo y respetando a tu prójimo. Y eso sí me parece un precepto adecuado para educar a un hijo, independientemente de cualquier religión.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Egoísta

The Breakfast

Hace un par de días, leyendo un artículo de mi amiga Deo Aguilar sobre los “soloístas”, me puse a pensar en la auténtica razón por la que sigo viviendo sola (bueno, a semanas alternas con mi hijo). Y llegué a la conclusión de que si no me he planteado siquiera compartir techo y hogar con Amante no es por desapego, falta de afecto ni mucho menos por temor: es por puro y simple egoísmo.

Sí, ya sé que esa palabra tiene una connotación muy fea, pero voy a intentar explicarme mejor. No me lo planteo porque quiero mantener la relación viva el mayor tiempo posible. Quiero ofrecer siempre que pueda la mejor imagen de mí. No es que esconda ni oculte mis malos momentos ni mis problemas. Nos pasamos el día hablando el uno con el otro, y si le necesito o me necesita, ahí estamos. No, no es eso. Él sabe cuando estoy mal o enfadada o agobiada, porque se lo cuento, pero en esos momentos tampoco es tan necesario que “me vea” así. A lo mejor quiero llorar, o cagarme en todo, o ponerme una peli, servirme una copa de vino e ignorar lo que tengo alrededor. ¿Cuántas veces, viviendo en pareja, desearíamos poder decir (sin que ello acarreara consecuencias) “déjame tranquila, no quiero hablar, solo quiero estar a lo mío, no quiero que me preguntes, no quiero estar pendiente de ti”?. Si actúas así estando en pareja es normal que piense que le ignoras, que no le quieres, que no confías en él. Vivir en pareja es tan complicado que no te deja opción de estar solo, nunca.

Cuando vives con alguien (o al menos yo así lo entiendo), adquieres un compromiso. Ya he contado que nunca me he casado legalmente, porque para mí el matrimonio es realmente la promesa de cuidar, apoyar y proteger a la persona con la que decides vivir, más allá de cualquier contrato legal. No sé vivir al lado de alguien sin asumir ese compromiso. Y sé, ahora sí que lo sé, que soy incapaz de vivir en paz con alguien que no piense y actúe como yo.

Porque quiero que dure mucho (y es en ese sentido que digo que soy egoísta), porque ya he probado bastantes veces la otra opción, porque así estamos bien, me quedo como estoy: esperando con ilusión cuándo verle otra vez, en vez de pensar con ilusión cuando podré estar un rato a solas.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Una propuesta imposible (o no) de rechazar

Stereotypical macho, sleazy man talking on a mobile phone

Sábado, 22:00 h. Interior, noche. Estoy en la cama, tomándome una infusión antes de dormir. Salta el messenger de FB.
– Pepa ¿estás despierta?
– Sí, a punto de dormir.

Es una amiga también divorciada, con un crío de la misma edad del mío, tinderiana.

AMIGA: Mira lo que me acaba de pasar. Un tío me acaba de proponer tener una cita para tener sexo directamente. Me ha aparecido en el whats y no consigo recordar de dónde ha salido. Total, que me dice “piensatelo”, y le digo “vale, me lo pienso”, y me suelta “pero te aviso que mi propuesta caduca pronto, date prisa”, y le digo “pues la declino, muchas gracias. Paso del sexo deportivo, que no estoy en ese rollo ahora” y me dice “YO TAMPOCO”. jaajajajajjajajajaj
PEPA: ¿Pero sin foto ni nada?
AMIGA: La del whatsapp
PEPA: Jajajajajajajajajajajajajajajaja, un venga, hastaluego… en toda regla
AMIGA: Total, que le digo que no necesito pensarlo mucho, que no
PEPA: No te ha entendido, obviamente
AMIGA: Sí sí. Se lo he explicado, que no quedo por quedar y mucho menos follo por follar
PEPA: Dile “mira, que no lo has pillado: que paso de follar contigo”
AMIGA: Y me dice “ya, si es que no tiene sentido…”. Vamos, si me tiro a un tio porque se ha equivocado por el whatsapp, es que he tocado fondo pero fondo ¿eh?. Un sobrao, nena.
PEPA: Lo que no tiene sentido es que le estés dando conversación cuando no sabes quién coño es.
AMIGA: Es que alucina. Se ve que lo conozco del Tinder. Yo ni idea de quién es. Si le di el teléfono sería hace meses, y no dió más señales de vida, ni le conocí, ni hablé nunca con él.
PEPA: Eres la 364 con la que lo intenta esta noche… Qué afortunada…
AMIGA: Bueno, que colecciono frikis tía. El otro día me escribe uno por FB. Que si trabajo con las manos debo de ser muy hábil con ellas. BLOCKED. Ya ni les discuto. Estaría cabreada media vida.
PEPA: A mí uno me dijo que qué tal la chupaba, y le dije que apretando mucho los dientes
AMIGA: Ajjajaajajajajajajajajajaja ¿en serio?. ajjaajjaajjaajajjajajjajaja. ¿Perooooooo de qué coño van?
PEPA: Se les va, mucho…
AMIGA: Siguiendo con el donjuán, no me suena de nada. Pero es que espera…. le digo (pensandome que era un amigo) “oye, quien es este de la foto”?, y me suelta “soy yo, y no me extraña que te guste”. Y luego me manda una foto con este pie “Te envio una foto para ayudarte a decidir”, y justo después “pero te digo que no voy a esperar mucho tu respuesta, estas cosas o se hacen a lo loco o no se hacen”
PEPA: Jajajajajajajaja, vaya ego…
AMIGA: Me ha soltado que es ejecutivo, con un cargo súper importante o algo así
PEPA: Pffffttttt… Ligar con el curro es el nuevo ligar con el descapotable…
AMIGA: Ay, espera, espera que ya sé quién es, que me sale en FB… Te mando foto
[CLICK]
PEPA: … más bien feíllo ¿eh?
AMIGA: Me dice “no he ido al Primavera aunque tenía entrada VIP, porque tengo un proyecto importante el lunes”… Y yo “¡ahhhh…!”. Es un hipster de esos que odias.
PEPA: No los odio, me dan puto asco, que no es lo mismo.
AMIGA: Pues de esos ¿no? ¿Cómo es tan fantasma la gente?????
PEPA: Pues no sé si es el jefe, porque tiene aspecto de ser el que trae los cafés. ¿Pero ya sabes quién es? ¿Y de dónde ha sacado tu móvil?
AMIGA: Ahora recuerdo que es uno que me entró un día, me dio el telefono y me lo grabé. Pero nunca más hablé con él.
PEPA: No ha tenido tiempo, claro… tantos proyectos importantes… Pffffftttt. Haberle dicho que se vaya al PS. Que en la puerta con el pase VIP seguro que pilla. Si lo que quiere es follar, ahí lo tiene más fácil.
AMIGA: Ajajajjajajaja… Espera espera, que ahora viene lo mejor: pues no que es él quien me dice de vernos y me suelta luego “bueno, te dejo que he quedado para cenar”
PEPA: Jajajajajajajajajajajaja ¡NOOOOOOOO! Jajajajajajajajajajajaja
AMIGA: Sí sí. Tal cual.
PEPA: Tía, tienes que dejarme sacar esto en un post. Es tan surrealista que no hay quien se lo crea.

Ay, querido ejecutivo agresivo, con ínfulas de Follarín de los Bosques: no sé si alguna vez el numerito te habrá dado resultado (la naturaleza humana puede sorprendernos a menudo, muchas veces para mal), pero hasta para hacer de Casanova se requiere un mínimo de talento, de galantería y de clase. Tu polla NO es tan interesante, chéri. Cúrratelo un poco más, anda. Aunque solo sea por no avengonzar a los de tu mismo género.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Titulares desafortunados

beyonce

“Athina Onassis es víctima de una infidelidad”. Como si Athina Onassis hubiera perdido una pierna, le hubieran robado en la mansión o algo así. “Víctima” qué palabra más chunga.

“Víctima de una infidelidad”. Sí, a mí me han puesto los cuernos, seguramente bastantes más veces de las que me he enterado. ¿Soy una víctima? No. De hecho, probablemente me hayan hecho más daño cuando me ignoraban, o incluso las traiciones de amigos, que unos cuernos. Yo también he sido infiel, no soy una santa, poco, pero los he puesto.

Con el asunto de las infidelidades solo hay dos opciones: o perdonas y sigues adelante (y en un altísimo porcentaje, os lo aseguro, se vuelven a producir), o terminas la relación. Pero ¿víctima? Víctima una mierda, chaval. Vas a cambiar solomillo por hamburguesa, pero en el pecado llevas la penitencia.

Me pone de los nervios, lo confieso, el numerito de Beyoncé y su “te has triscao todo lo que se te ha puesto a tiro-no me mientas motherfucker-anda y llama a la zorra esa(*)-pero no esto es una familia-vamos a superarlo-tú eres mi hombre”. Vas vender discos a costa de exponerlo delante de todo el mundo (era un secreto a voces, total…), pero el que la hace una la hace veinte, Beyoncé, tía, espabila.

* (echarle la culpa a LA OTRA, qué gran error)

NO, escúchame bien, NO necesitas a ese tipo feo (porque Jay Z es feo de cojones), humillándote delante de toda la Humanidad con cualquiera que se le ponga delante. Un respeto. ¿No dices que eres feminista? Pues respétate, joder.

Beyoncé ¿sabes cuantos miles de hombres (sin contar a los gays) veneran a la diosa que eres? Entonces ¿por qué? (**)

** (si alguien encuentra la explicación de por qué las tías aguantamos carros y carretas antes de mandar a la mierda una historia, que me la cuente, que nos vamos a forrar)

Lemonade, lemonade… A mí me dan limones y me hago un gintonic.

Queen Bee: tráete los hielos.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Qué bonito es el tiempo de…

Couple sleeping in bed after party

… de pendón. La sin par Mari Paz Sayago (enorme actriz) en una de las escenas finales de El mundo es nuestro, exclamaba “¡qué bonito es el tiempo de novios!”. Qué bonito, sí. Y qué bonito es el tiempo “de pendón de entre novios”.

Yo no sé por qué hay quien piensa que a) pretendo sentar cátedra de nada y b) se me ocurre utilizar la palabra pendón o el verbo zorrear para insultar.

¿He sido (o soy) un pendón? ¡Por supuesto! ¿He zorreao? Si a nadie hacía daño, todo lo que he podido y más. No creo que haya nada de malo. Es más, creo que es absolutamente necesario después de haber roto una relación. Las rupturas dejan siempre grietas que hay que llenar (me he levantado poeta hoy… ja).

Me dan bastante cosica los que terminan una historia y se quedan ahí, en stand by, esperando que la siguiente relación les llueva del cielo, el siguiente novio o novia. ¿Por qué? ¿A quién esperan ahí quietos? Es tiempo de salir, de divertirse, de zorrear, de que te roneen, de tindear...

Es como salir al recreo a jugar, un poco de diversión intrascendente. NO TIENE NADA DE MALO si eres honesto y vas a las claras. Yo seré muy pendón pero tengo tres o cuatro normas en la vida, y no me las salto. Entre ellas está la de no engatusar a nadie con promesas de amor (de A-M-O-R, no de sexo), no siendo cierto.

Esa amiga que te llega al día siguiente, después de una noche de farra en la que le perdiste la pista mientras un yogurín de 20 años la secuestraba, contándote que virgensantalamadrededios, que la ha dejao desabrochá el muchacho, que ella estaba acostumbrada a su ex (que era uno y rapidito), y eso de no dormir en toda la noche (20 años y todo el ímpetu), como que ha perdío la forma y está muerta. Esas risas, ese pasarle nombres de cremas, ejercicios y recetas caseras para recuperar… hombre, eso es divertidísimo.

Pendón. Pendón desorejao. Pendón verbenero. Pendón a mucha honra. Dejemos de disfrazar de AMOR (o de POLIAMOR) lo que es solo SEXO para que parezca más válido a los ojos de los demás. El SEXO no debe darnos vergüenza. Enmascararlo sí.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Cómo se estropean los cuerpos

Senior man sitting on motorcycle

Nacer mujer y estar siempre batallando con la idea estética que la sociedad demanda de ti (bueno, la sociedad, la publicidad más bien), es algo a lo que nos enfrentamos todos los días las mujeres: tienes que estar siempre en forma, joven, guapa, aparentar siempre menos años de los que tienes. Pero ¿es igual la presión para los hombres? Yo diría que mucho menos, al menos para los de mi generación.

Hace unos días me topé en Facebook con el perfil de un rollete de juventud, uno de esos de entre-novios, que me duró un par de vueltas a la noria. Él era muy intenso (músico, ahí lo dejo), yo apenas acababa de terminar con ese primer noviazgo tormentoso, y como no apuntaba maneras de ser mucho mejor que el anterior, lo dejamos en un par de escarceos y cada uno por su lado.

Era del tipo “síndrome de Bécquer”: el día que te conoce se muere de amor por ti y al siguiente casi no sabe ni quién eres. Modo ON/modo OFF. Montaña rusa. Intensito de los cojones.

Cuando estaba en modo OFF (ahora no te quiero) tenía la insana costumbre de compararme con su novia anterior, una suerte de Kelly LeBrock o Kim Bassinger meridional… o al menos así la describía él.

Para fastidiarme (el propósito aún se me escapa) me decía que debería hacer gimnasia pasiva o algo así (soy pequeña y con curvas, pero a los 20 años tenía un culazo que ya lo hubiera querido para ella la Beyoncé, ni un gramo de celulitis), todo siempre comparándome con esa Venus surgiendo de las aguas que al parecer era su ex novia. Si me lo dice ahora me descojono en su cara, pero a los 20 años estas cosas hacen pupa. Él era alto, delgado, moreno, con mucha personalidad. Un tipo muy atractivo, que no guapo, si le sumas que era camarero y músico, era el top de tío que te podías ligar en aquella época. Pero supe verle a tiempo las orejas al lobo y le dije adiós muy buenas.

Hemos coincidido un par de veces en los últimos años. La última en la boda de una amiga común. Seguía siendo alto (obvio), delgado, moreno y atractivo.

Pero de repente, me he topado en FB con un SEÑOR con el pelo blanco y pinta de haberse bebido las existencias completas de Jack Daniel’s, con un look de roquero trasnochado (camiseta negra de vete-a-saber-qué-grupo), chaleco vaquero, coleta (¡oh, dios, COLETA!), y que usa gafas de sol para tocar. Porque sigue tocando (rock, claro, no iba a ser tecno). No recuerdo bien si tenía mi edad o por ahí, pero le ves y no le echas menos de 60… si me lo encuentro en la calle no me saldría otra cosa que “¿pero qué te ha pasao, Paco? ¡has mutao!”

Lo veo mucho a mi alrededor, en amigos de juventud: de repente se les cae la edad encima, de golpe. Vale que no han sido nunca de cuidarse (ni yo tampoco, si me apuras), pero, hijo, hay que mantener un poquito la dignidad ¿no?.

Quizá es que lo da un poco mi tierra, que te quedas anclado en el tiempo. Cuando “bajo” en verano o en Navidad, me doy cuenta de que todo sigue igual, pero más viejo. El chulito de la moto sigue siendo el chulito de la moto (aunque la panza le caiga ahora encima del depósito), la camarera que te odiaba te sigue odiando (y tú sigues sin saber por qué), el roquero es el roquero (las mismas pintas, pero con 3 o 4 tallas más), y si a nosotras nos van saliendo arrugas y alguna lorza desmadrada, a ellos el pelo hace mucho que les dijo adiós.

Pero lo de que a algunos la edad les ha caído encima toa junta es una verdad como un templo. Qué lástima, cómo se estropean los cuerpos.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

No me quieras tanto, y cuídame más

thelma y louise

Hace 25 años que se estrenó la película “Thelma y Louise”, y recuerdo perfectamente el día y la hora en que fui a verla.

Estaba cañeando un domingo con unos amigos, justo acababa de dejar a mi primer novio (sí ese que me regalaba consoladores, que me quería mucho, pero me daba muy mala vida), y una amiga, que ya había visto la película, me dijo que era justo lo que necesitaba ver en ese momento. Comentaba que era tan buena que no le importaría volver a verla conmigo, y eso hicimos.

Yo tenía 22 años, y esa relación me había dejado una marca: la sensación de fracaso cuando lo intentas todo para sacar adelante una historia con alguien problemático. Me vino fenomenal que me pusieran delante de los ojos a dos mujeres que se atreven a enfrentarse a todo a pesar de que les pasa una cosa detrás de otra.

Ví muy claro que a pesar del amor, hay personas que nunca serán buenas para ti, que te arrastran irremediablemente al sufrimiento, a una puta montaña rusa emocional. También que hay personas que lo único que pueden ofrecerte es un amor mediocre y descafeinado, de compromiso. No hay que conformarse ni con lo uno ni con lo otro.

Pero para eso primero tienes que mirar dentro de ti, y saber qué es lo que quieres. Y a veces para eso hay que estar sola, y enfadarse, y ponerse triste, y encerrarse como en una crisálida, para romperla y que salga alguien diferente, no nuevo, diferente. Se le llama madurar.

Cuando yo salí de aquella sala de cine, después de ver esa peli, me di cuenta de algo que ni siquiera me había planteado antes: siempre me había referido a mí misma como una “chica”, pero ya no lo era, y comencé a pensar en mí como en una “mujer”. Y esa mujer tenía una idea muy clara: si quieres estar conmigo, no me quieras tanto y cuídame más.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest