Cómo se estropean los cuerpos

Senior man sitting on motorcycle

Nacer mujer y estar siempre batallando con la idea estética que la sociedad demanda de ti (bueno, la sociedad, la publicidad más bien), es algo a lo que nos enfrentamos todos los días las mujeres: tienes que estar siempre en forma, joven, guapa, aparentar siempre menos años de los que tienes. Pero ¿es igual la presión para los hombres? Yo diría que mucho menos, al menos para los de mi generación.

Hace unos días me topé en Facebook con el perfil de un rollete de juventud, uno de esos de entre-novios, que me duró un par de vueltas a la noria. Él era muy intenso (músico, ahí lo dejo), yo apenas acababa de terminar con ese primer noviazgo tormentoso, y como no apuntaba maneras de ser mucho mejor que el anterior, lo dejamos en un par de escarceos y cada uno por su lado.

Era del tipo “síndrome de Bécquer”: el día que te conoce se muere de amor por ti y al siguiente casi no sabe ni quién eres. Modo ON/modo OFF. Montaña rusa. Intensito de los cojones.

Cuando estaba en modo OFF (ahora no te quiero) tenía la insana costumbre de compararme con su novia anterior, una suerte de Kelly LeBrock o Kim Bassinger meridional… o al menos así la describía él.

Para fastidiarme (el propósito aún se me escapa) me decía que debería hacer gimnasia pasiva o algo así (soy pequeña y con curvas, pero a los 20 años tenía un culazo que ya lo hubiera querido para ella la Beyoncé, ni un gramo de celulitis), todo siempre comparándome con esa Venus surgiendo de las aguas que al parecer era su ex novia. Si me lo dice ahora me descojono en su cara, pero a los 20 años estas cosas hacen pupa. Él era alto, delgado, moreno, con mucha personalidad. Un tipo muy atractivo, que no guapo, si le sumas que era camarero y músico, era el top de tío que te podías ligar en aquella época. Pero supe verle a tiempo las orejas al lobo y le dije adiós muy buenas.

Hemos coincidido un par de veces en los últimos años. La última en la boda de una amiga común. Seguía siendo alto (obvio), delgado, moreno y atractivo.

Pero de repente, me he topado en FB con un SEÑOR con el pelo blanco y pinta de haberse bebido las existencias completas de Jack Daniel’s, con un look de roquero trasnochado (camiseta negra de vete-a-saber-qué-grupo), chaleco vaquero, coleta (¡oh, dios, COLETA!), y que usa gafas de sol para tocar. Porque sigue tocando (rock, claro, no iba a ser tecno). No recuerdo bien si tenía mi edad o por ahí, pero le ves y no le echas menos de 60… si me lo encuentro en la calle no me saldría otra cosa que “¿pero qué te ha pasao, Paco? ¡has mutao!”

Lo veo mucho a mi alrededor, en amigos de juventud: de repente se les cae la edad encima, de golpe. Vale que no han sido nunca de cuidarse (ni yo tampoco, si me apuras), pero, hijo, hay que mantener un poquito la dignidad ¿no?.

Quizá es que lo da un poco mi tierra, que te quedas anclado en el tiempo. Cuando “bajo” en verano o en Navidad, me doy cuenta de que todo sigue igual, pero más viejo. El chulito de la moto sigue siendo el chulito de la moto (aunque la panza le caiga ahora encima del depósito), la camarera que te odiaba te sigue odiando (y tú sigues sin saber por qué), el roquero es el roquero (las mismas pintas, pero con 3 o 4 tallas más), y si a nosotras nos van saliendo arrugas y alguna lorza desmadrada, a ellos el pelo hace mucho que les dijo adiós.

Pero lo de que a algunos la edad les ha caído encima toa junta es una verdad como un templo. Qué lástima, cómo se estropean los cuerpos.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

No me quieras tanto, y cuídame más

thelma y louise

Hace 25 años que se estrenó la película “Thelma y Louise”, y recuerdo perfectamente el día y la hora en que fui a verla.

Estaba cañeando un domingo con unos amigos, justo acababa de dejar a mi primer novio (sí ese que me regalaba consoladores, que me quería mucho, pero me daba muy mala vida), y una amiga, que ya había visto la película, me dijo que era justo lo que necesitaba ver en ese momento. Comentaba que era tan buena que no le importaría volver a verla conmigo, y eso hicimos.

Yo tenía 22 años, y esa relación me había dejado una marca: la sensación de fracaso cuando lo intentas todo para sacar adelante una historia con alguien problemático. Me vino fenomenal que me pusieran delante de los ojos a dos mujeres que se atreven a enfrentarse a todo a pesar de que les pasa una cosa detrás de otra.

Ví muy claro que a pesar del amor, hay personas que nunca serán buenas para ti, que te arrastran irremediablemente al sufrimiento, a una puta montaña rusa emocional. También que hay personas que lo único que pueden ofrecerte es un amor mediocre y descafeinado, de compromiso. No hay que conformarse ni con lo uno ni con lo otro.

Pero para eso primero tienes que mirar dentro de ti, y saber qué es lo que quieres. Y a veces para eso hay que estar sola, y enfadarse, y ponerse triste, y encerrarse como en una crisálida, para romperla y que salga alguien diferente, no nuevo, diferente. Se le llama madurar.

Cuando yo salí de aquella sala de cine, después de ver esa peli, me di cuenta de algo que ni siquiera me había planteado antes: siempre me había referido a mí misma como una “chica”, pero ya no lo era, y comencé a pensar en mí como en una “mujer”. Y esa mujer tenía una idea muy clara: si quieres estar conmigo, no me quieras tanto y cuídame más.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

El poliamor es el nuevo veganismo

promiscuidad

No, no es (espero) por la divertidísima película de Paco León, Kiki el amor se hace, pero es tendencia decir que una es poliamorosa. A mí me parece una (otra) excusa para tener sexo con todo el que se te ponga a tiro, pero manteniendo en el otro la ilusión de que estáis juntos. Como lo de las parejas abiertas pero con “amor”.

Este tema surgió ayer, en una conversación con mi compi Blanca, que a lo tonto lo tonto me saca temas (creedme si os digo que por mucho pasado que tenga, después de tanto tiempo se le agotan a una las historias). Y luego lo comento por guasap con otro amigo y, curiosamente, cuenta que él ha tenido una historia con una poliamorosa, y aunque le conozco y sé que es muy abierto (de mente y de piernas, y hasta aquí puedo contar…), hay cosas que son como el alga del sushi del Japotalego: cuanto más comes, más bola se te hace, y al final lo tienes que tirar, porque no hay quien se lo trague. Después de ver que solo era una cuestión de ser su novio por turnos, desistió. En sus propias palabras “tu amor puede ser elástico e infinito… pero tu tiempo y recursos NO“.

Llamadme rara, antigua o lo que os de la gana, pero me parece un estrés innecesario. Mira, cariño, para esto hay que servir, como para los tríos, el cuero, el sadomaso… son elecciones.

Porque dejemos muy clara una cosa: esta mierdecita (como diría mi idolatrada Isa Calderón) del poliamor que tan de moda está, no es una condición sexual, como el lesbianismo, la homosexualidad, la heterosexualidad o la bisexualidad. No, caris, no, es una elección. Tú no naces con la opción del poliamor, no lo uses como excusa para follarte todo lo que se te ponga por delante.

Porque el poliAMOR (y subrayo lo de AMOR porque si de verdad lo entiendes comprendes TODO lo que implica), es amar a dos o más personas, con su fidelidad y sus cositas… No follarte todo lo que se mueve mientras tu novio se queda en casa, o cambiar de novio (los días pares Paco, los impares Ernesto) como quien se pone abrigo o chaqueta de entretiempo, según vaya haciendo más o menos calor. Eso es ser un pendón desorejao, que a mí me parece estupendo y ole tu coño moreno, pero no le pongas nombres absurdos y, sobre todo, no engañes, maja, no engañes… Por más que les llames muffins, son magdalenas. No cuela, bonita.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

La Lujuria, Úrsula Corberó, y la Santa Inquisición

Group of friends dancing and having fun together

Leo en Twitter (y posteriormente en tooooodos los medios digitales y redes de este país) que en una entrevista (y unas declaraciones probablemente sacadas de contexto), Úrsula Corberó contaba que en la época de FOQ había mucha eclosión hormonal y todos follaban con todos y nadie se enfadaba. Una pandilla de jóvenes con las hormonas a tope manteniendo relaciones sexuales. Qué escandalo. Rasgamiento de vestiduras. Y que además lo diga una chica… Pero dónde vamos a ir a parar…

No sé si les parecería mejor a los guardianes de la moral y las buenas costumbres, que se hubieran reunido para agarrarse pedos de los de coma etílico, drogarse como en una rave de los 90, o hacer sacrificios rituales…

S-E-X-O. Una necesidad fisiológica, como comer, e igualmente placentera.

Puedo llegar a entender (aunque ni comprenda ni comparta la actitud) que alguno de los relacionados haya saltado para puntualizar que “oye mira yo no”, porque cada uno es libre de proyectar la imagen que quiera, pero insisto en que FOLLAR NO ES MALO NI INMORAL NI ALGO QUE HAYA QUE OCULTAR.

Me jode que las de la puntualización hayan sido chicas, porque ya estamos otra vez con el temita del que está mal visto que las mujeres disfruten (sí, “disfruten”) de su sexualidad con total libertad, sin que nadie las juzgue por ello.

Muchas veces los insultos y los comentarios más bestias vienen de mujeres, y eso es tremendo. Hasta que no enseñemos a nuestras hijas que llamar guarra a X porque ha tenido varios novios es machismo, es acoso, y va en contra de ella misma y de su libertad, hasta que no les enseñemos que no deben tolerar que ninguna de sus amigas lo haga, seguiremos con la Inquisición y con la falta de libertad.

¿Sabéis lo que echo en falta en ese emotivo anuncio de pavo que compartís todas? Un “plato” que llevara por nombre “me acuesto con quien me da la gana y a mi madre y mis amigas les parece estupendo”. Pero claro… es mucho pedir, visto lo visto.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Consejos vendo… que pa mí no tengo

Group of men around a woman at a bar

Si hay algo que me fascina de esta experiencia que es escribir mis historias en primera persona, es la cantidad de veces que alguien me pide opinión o consejo… a mí, pobres. Si leyéndome, lo único que acierto a pensar es que:
a) no tengo mucha puntería a la hora de encontrar pareja y
b) soy muy inestable.

Vale, eso es una exageración. No creo ser más inestable ni estar más errada que la mayoría, pero yo lo cuento, eso es lo que creo que hace la diferencia.

Así y todo, dentro de mi propio desequilibrio, hay cosas que me mantienen con los pies en la tierra, ciertas convicciones (producto nada más que de la experiencia, no de la educación) que para mí son inamovibles, y me han librado de una vida mucho más descontrolada.

Creo, por ejemplo, que si un amor del pasado (platónico o no) se vuelve a presentar en tu vida, quemar ese cartucho que no quemaste en su día es un error, porque en el recuerdo todos somos jóvenes, guapos e intrépidos, pero la realidad decepciona mucho. Si además resulta que se te presenta estando tú en otra relación, casada, y te estás pensando SERIAMENTE si darle una oportunidad a esa historia inconclusa… te voy a decir una cosa: LA VAS A CAGAR, y mucho.

No sé a quién se le ha ocurrido la idea de que las aventuras extramatrimoniales refuerzan a la pareja. Sería psicólogo por correspondencia, cura o tu suegra, pero no alguien realista, os lo aseguro.

Si has dejado de querer a tu pareja, liarte con un antiguo novio o un compi de curro no te va a dar la chispa de vida que necesitas. Te va a crear una casi ilimitada serie de problemas, porque esto es como una bola de nieve, que crece y crece y crece, arrastrando todo a su paso: tu pareja, tu vida, tu autoestima… Porque sí, ese brillo en los ojos y esas cosquillas en el estómago pronto se convertirán en sentimiento de culpa, y te sentirás como una perra.

Así que mi “consejo del día” es: si ya no quieres a tu pareja, siéntale y díselo, échale valor, pero no le engañes con otro (al que has idealizado, créeme, no es tan estupendo como tu piensas), y una vez libre entonces sí, tríscate a quien te tengas que triscar, pero haz las cosas bien.

Pd (¡ah! Y si caes en la tentación y le engañas con otro, no se lo cuentes, porque eso solo es un alivio para ti, para él es una putada muy gorda. La sinceridad en este caso está sobrevalorada)

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

A veces un solo momento vale lo que un día entero

Child dressed up like a super hero with sidekick french bulldog puppy

Hay algo que me conmueve de los niños y de los animales: la tremenda tristeza que sienten cuando se va un amigo (y no hablemos de cuando quien se va es papi o mami, eso es capítulo aparte).

He tenido historias en las que, pese a que estaba muy a gusto el rato que he estado con ese hombre, que yo o él nos marcháramos cada uno a nuestra casa no me causaba ninguna desazón. La separación era como poner punto y final a una buena cena, o a quedar para ver una peli en el cine con amigos, y regresar a tu nido una vez terminó. Momentos que disfrutas, pero que no dilatas en el tiempo, porque tampoco es necesario.

Hace un par de días, una compañera de trabajo me confesó que mis relatos le parecían un poco cortos, que a veces se quedaba con ganas de más. No es intencionado. Algunos son más largos, otros apenas unos simples apuntes. Unos tocan la fibra sensible, otros pasan desapercibidos. Voy contando según va apareciendo en mi vida o me asalta el recuerdo. A veces los he escrito apenas una hora antes de que se publiquen.

No es que mi vida sea exactamente una improvisación, pero he aprendido a vivir con la idea de que planear demasiado es un absurdo, porque no sabes qué maravilla o qué putada te espera a la vuelta de la esquina.

Y dentro de toda esta improvisación, entre comillas, he aprendido también a valorar a las personas que hacen juegos malabares por estar aunque solo sea un rato contigo. Que cuando se despiden de ti lo hacen con la desazón de un niño. Que cuando por una urgencia se tienen que marchar te dicen “bueno, al menos he podido verte”.

He aprendido a valorar (porque tiene mucho más valor del que le damos) que alguien cruce la ciudad por verme la cara, hacerme sonreír y darme un abrazo y un beso. Porque, queridas mías, para echarte un polvo cualquiera sirve, pero para quererte no.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Parejas abiertas. Otro mito

1930s TWO MEN ONE WOMAN...

Voy a abrir otro melón, y este seguro que le sabe a pepino a más de una y de uno: las parejas abiertas. Como diría mi amigo Otto “¿’Pareja abierta’? Venga, que te pires…”.

Nunca he estado en una relación de este tipo, porque de entrada no me lo parece. O estoy con alguien o no lo estoy. Yo no le digo a nadie “somos pareja, pero que sepas que me trisco a otros por ahí”, eso es como dejar la chaqueta en el asiento para que no te quiten el sitio, mientras tú andas de putivuelta por ahí. Es hacer trampas.

Lo he visto montones de veces a mi alrededor: dos empiezan a acostarse; uno de los dos se cuelga más y, al darse cuenta, el menos pillado le dice al otro que sí, que están juntos, pero que ella (o él) necesita su libertad, y acostarse con otros forma parte de eso, que no lo va buscando, pero que si surge espera que lo tenga claro, porque cree en las “relaciones abiertas”; el pillado acepta, porque está pillado, y comulga con ruedas de molino, porque molarle, no le mola.

Conozco alguna pareja que practica esta modalidad de relación desde el principio de su historia. Porque el sexo es muy importante para ellos, y poniendo las cartas sobre la mesa, respetando que sus relaciones extra-maritales son aparte, puntuales, no interfieren en su relación, y que además los dos tienen relaciones sexuales fuera de la pareja (para que funcione es importante que sean AMBOS, no uno solo), y les va bien. No tengo nada que decir, porque creo que cada uno gestiona su sexualidad como quiere y puede, y lo respeto.

Melones apepinados me parecen los que esgrimen el argumento de la relación abierta para tener “una reserva”, el banquillo, quien sabes que va a estar ahí para cuidarte si tienes un gripazo, el polvo seguro. Porque además suelen ser de los y de las que encima le cuentan al otro que se han chuscao a tal o cual, más por asegurarse de que lo saben (y aún así, tragan), que por fantasmeo.

Que no estoy hablando de ser follamigos (ya hemos pasado por eso), hablo de los que ni contigo ni sin ti, que no sueltan el hueso por no quedarse sin comida en la despensa, de los que no te dicen claramente “estoy contigo hasta que aparezca algo mejor”.

Y por eso pongo los ojos en blanco cada vez que alguien me cuenta que con Fulanito o Menganito tiene una relación abierta. Abierta los cojones…

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Los días que son cuesta arriba

woman sad

Hay días (últimamente demasiados) en que la vida pesa una tonelada. Me he acostumbrado a ponerme la coraza para según qué situaciones. Ya no me hacen (tanto) daño las decepciones de amigos. Ya no creo que el amor tenga que ser único, constante e intenso (en una y en otra dirección). Pero de veras que hay días que me cagoenmimanto.

La armadura que visto solo tiene una grieta mortal: mi hijo. Cualquier comentario suyo es un estilete que se clava en lo más hondo, no me mata, pero me rompe.

Es muy difícil criar a un hijo. No era suficiente que cuando le tuviste el padre desapareciera todo el día y tú estuvieras sola para enfrentarte a todo. Que no te quisiera contratar nadie porque tu hijo aún era un bebé (y, por lo tanto, tú poco “fiable”). Que el padre de tu hijo te echara en cara que lo único que hacías “era estar en casa todo el día sin hacer nada”.

Eres culpable de todo. Desde la elección del padre hasta de no haberte hecho millonaria antes de los treinta, hacer yoga y mantenerte happy como la maternidad requiere.

Todas estas mierdas te las echas a la espalda. Decides que no te puede importar nada más que tu hijo y seguir adelante. Que quien no da la talla (como amigo, como pareja, hasta como compañero de trabajo), se va fuera… Pero algunos días sientes que es simplemente sobrevivir, sin más.

Y entonces tu hijo te dice que su padre (del que por fin conseguiste separarte) le da más cosas, le lleva a más sitios, le compra más caprichos. Que lo que tú le das está bien. Pero lo que le da él es mejor. Así te lo suelta, como lo sueltan los niños, sin maldad, pero sin filtros.

De repente no eres nada, no eres nadie. Te tienes que morder la lengua. Sabes que eso que supuestamente le da el padre es una migaja, que si a él le da una es porque se ha quedado veinte. Que no le puedes decir que tú haces lo posible y lo imposible porque no le falte nada. Y piensas que qué equivocado está, pobre niño.

Te callas todas las veces que sabes que le ha dejado tirado, porque no hay ninguna necesidad de romper un mito, de que conozca antes de tiempo cuán de barro tiene los pies su ídolo.

Siempre te han dicho que el tiempo pone a todo el mundo en su lugar, y que los hijos más pronto que tarde descubren y ponen en su sitio a sus padres.

Pero qué largo y qué duro se hace a veces el camino, coño.

(Un saludo a todas esas MADRES que luchamos en todos los frentes: nosotras podemos con todo)

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Como los perros

YOUNG COUPLE IN METRO IN PARIS, FRANCE

“Como los perros”, diría mi madre. A dos chavales les da el calentón, se les va la cabeza, y se ponen a follar en el asiento de un andén del metro, y la gente se escandaliza. Y lo hacen como lo haría ella, echándose las manos a la cabeza (y con un titular bien grande), pero ella tiene 85 años, y el sexo oral le parece una cochinada.

Hace tiempo hice un recuento de los sitios que me resultaron más incómodos para echar un polvo. En estos tiempos a la incomodidad del espacio habría que añadir la molestia de los que lo documentan todo. No sabe una si es por su espíritu de fotoperiodista o por tocar los huevos.

Porque vamos a ver, esa persona que grabó a los chavales con el móvil, ¿qué necesidad había?  ¿Y, por encima de todo, ¿te sientes bien contigo misma por haberlo hecho público? ¿es un acto cívico? No, te voy a decir lo que es: una mierda, chafarderismo puro, la vieja del visillo con móvil.

En vez de grabar algo así (*), te acercas y les dices que dejen de hacerlo, porque van pedo (la chica parece medio inconsciente, ojocuidao, que lo mismo es otra cosa y tú estás grabando en vez de intervenir) y se van a buscar una ruina muy grande. Pero no, es mucho más interesante la mofa, la burla y el escarnio público, porque claro, tú no has echado nunca un polvo furtivo en una playa o un parque o un portal ¿no?…

Jodidos voyeurs tocapelotas…

A esa pareja la andan buscando para aplicarles una sanción administrativa, porque han incumplido la Ley ferroviaria y el reglamento de viajeros del Metro de Barcelona, no porque hayan cometido un delito (eso sería si hubiera habido menores delante, y si a las 23:55 hay menores en el metro, me parece que a los que habría que sancionar es a los padres, porque no son horas).

(*) los vídeos NUNCA se graban en vertical, por cierto.

 

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Fórmulas matemáticas

Couple kissing in urban park

Conversaciones con amigas que, con una copa de vino en la mano, se presentan llenitas de fórmulas y sentencias lapidarias para “arreglar” (para cuestionar sobre todo) los asuntos del amor. Helas aquí: el secreto de una relación sana y duradera consiste en…

– no trabajar juntos, nunca
– verse poco = follar mucho
– no controlar la vida del otro, ni dónde va, ni con quién, ni a qué hora entra ni a qué hora sale
– evitar las suspicacias: si está contigo es porque quiere. Si no está contigo es PORQUE NO QUIERE. Si no te coge el teléfono o te contesta al guasap es porque a) no puede o b) no le da la gana. No hay más
– no hacer planes a largo plazo
– respetar sus aficiones, su manera de vestir, sus amigos, AUNQUE TE ESPANTEN
– no inmiscuirse JAMÁS en sus asuntos familiares; no permitir que se inmiscuya en los tuyos
– sorprenderle de vez en cuando

nota: “sorpresa” no significa vivir en una puta montaña rusa emocional todo el tiempo, sino algo más mundano, una cena, un regalo, etc

Hace unos días le pusieron en el muro de FB a un amigo una cita de Jeff Foster en la que (resumiendo) venía a decir que en realidad nos enamoramos y nos decepcionamos no de una persona, sino del reflejo de nosotros mismos que creemos ver en ellos.

Anaïs Nin decía “no vemos las cosas como son, las vemos como somos nosotros”.

Creo que la madurez consiste en saber que hay cosas que nos gustan y otras que no nos gustan de nuestra pareja, y no intentar cambiarle ni perfeccionarle ni pulirle, porque no hay nada que cambiar ni perfeccionar ni pulir. Si es un patán lo va a ser siempre, así que si no te gusta esa actitud, no sigas con él. Pero si lo único que te molesta es que lleva una cadenita en el cuello que le regaló su tía abuela Maricarmen, nena, entonces el problema es tuyo, no suyo.

 

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest