Los ojos de Charlotte

 

charlotte rampling¿Sabéis qué hago muchas veces antes de irme a dormir? Sé que os va a resultar un tanto anacrónico en alguien tan… tan como yo, pero miro Pinterest.

Cuando necesito aire, no interactuar en ninguna red, no contestar menciones… me meto en otro mundo. Obviamente, no navego buscando un lazo dorado para un vestido, ni una receta de pastel de zanahoria que jamás haya leído. Yo busco realidades paralelas: casas en las que nunca viviré, invernaderos que nunca serán mi escondite… fantasías en foto.

Amante y yo tenemos un pasatiempo, un pasatiempo bastante común, por lo que sé: buscar casas que nos gusten a los dos. Tenemos ideas distintas sobre cómo sería la casa perfecta, pero en lo que NO nos gusta, solemos estar bastante de acuerdo. Yo sería feliz si al mirar por la ventana viera plantas. No necesito un jardinaco, con un par de metros cuajados de macetas me conformo. Él sería feliz viviendo cerca del mar. Las plantas, bueno, no creo que le molestaran, pero sin exagerar. Digamos que nuestros anhelos, sin ser los mismos, son compatibles.

Sin embargo, cuando buceamos por esa red, coincidimos en que ambos disfrutamos bastante observando retratos, de famosos o de gente anónima. Confieso que me fascina el rostro, la mirada de algunas personas, y me flipan los ojos de Charlotte Rampling. Siempre me ha parecido el epítome de la elegancia y la clase, pero sus ojos… sus ojos te miran y parece que lo hacen desde la sabiduría de cientos de años.

charlotte rampling

Charlotte Rampling, imagen de la campaña del 20 aniversario de la firma de belleza NARS, en 2014

Tengo la manía de mirar a los ojos de la gente. No de mirar cuando me hablan, que es lo correcto y educado, sino cuando no son conscientes de que les observo. Estamos acostumbrados a “posar” en las fotos, todos, sin ser modelos ni personajes públicos. Adoptamos una pose (“hija, sonríe un poco, que no es un entierro”) hasta para las fotos de familia. Podemos llegar a engañar con una mueca semejante a una sonrisa. Con los ojos es prácticamente imposible. Por eso me fascina observar los ojos de la gente,  en las fotos más. Los ojos no engañan, nunca.

Escondidas en una carpeta, protegidas por siete llaves (claves y encriptaciones varias) guardo las fotos que me manda Amante. Las tengo todas, desde las primeras que vi en su perfil de Tinder hasta las últimas que me ha mandado. A veces, cuando le echo mucho de menos (que suele ser por la noche, cuando ya no me da la vida para más, y mataría por tenerle acurrucado a mi lado), las miro (me pongo perraca perdida), y contemplo la progresión en su mirada. Al principio de conocerle tenía una mirada de profunda tristeza; más tarde, de andar un poco desorientado… Pero después fue cambiando. En las últimas fotos que tengo guardadas se le ve relajado, tranquilo y (sé que es aventurar mucho) feliz.

No me lo tengo tan creído como para pensar que alguien pueda ser feliz simplemente por estar conmigo o haberme conocido (puedo ser muchas cosas, pero soberbia no), pero al ver cómo ha cambiado la expresión de sus ojos en estos dos años, soy yo la que es feliz.

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Pavor

Close-up Of Man's And Woman's Legs

Solo recuerdo dos momentos en mi vida en que mi cuerpo fuera presa del MIEDO, así, con mayúsculas: tumbada en un quirófano, inerte de tronco a piernas, cuando me hicieron una cesárea para que mi hijo pudiera nacer, y la primera vez que me hice la prueba del VIH. En ambas ocasiones temblaba de pies a cabeza, de manera incontrolada. Hasta los dientes me castañeteaban, como tantas veces vimos en los dibujos animados.

Ninguna de las dos ocasiones eran motivo de risa, como pasaba en los dibujos. La una por la gravedad de la operación; la otra por las consecuencias que podría tener en mi vida futura.

Cuando me hice la prueba del VIH (la prueba del SIDA la llamábamos entonces) lo hice animada por el sin par Pepín, que tenía una vida sexual bastante movidita y lo hacía de manera rutinaria. Yo tenía 22 años, y no es que hubiera tenido muchas parejas sexuales, pero Pepín me hizo ver que no era porque fueran muchas o fueran pocas, sino porque con una, solo con UNA relación sexual sin protección, podías contagiarte. Y no solo contagiarte, sino transmitirlo a otra persona sin saberlo.

Estaba acojonada, lo confieso. Te sacan sangre, y te dicen que dentro de un mes puedes ir a recoger el resultado. Yo fui muy tranquila, pero luego me puse a pensar en las chicas con las que supe que me la había pegado mi ex novio. Y luego empecé a hilar de este y el otro, que quizá llevaban muy mala vida (y vete a saber tú), y lo imprudente que había sido. Tuve un mes de espera de auténtico PAVOR.

El problema por aquel entonces es que no había mucha información. A principios de los 90’s apenas se había hecho público el problema del SIDA, y porque se habían muerto algunos famosos, porque sin esa desgracia estaríamos aún en la Edad Media sobre el tema.

El SIDA. La Bestia Negra. El GRAN ESTIGMA de la comunidad homosexual (oh, sí, pensábamos que solo los gays podrían infectarse), y de los yonkis, claro.

Han pasado como 25 años desde la primera vez que me hice la prueba. Luego me la he hecho alguna vez más, porque he tenido una relación sexual de riesgo, porque he sabido que mi pareja me era infiel… Entiendo (y tengo la esperanza) que debe ser algo rutinario en personas con diversas parejas sexuales, pero me da miedo que haya todavía, en pleno siglo XXI, quien piense que es algo ajeno a su vida, porque piense que su pareja nunca le va a engañar, que los heterosexuales “lo pillan menos”… o que “a mí eso no me pasa”… hasta que te pasa.

Tenemos hoy en día muchos medios para evitar contraer la enfermedad (condones, medicación preventiva), pero ¿qué tal si nos concienciamos de que incluir este tipo de pruebas en nuestras rutinas de prevención de la salud no es ni un estigma ni de GENTE RARA? Evitaríamos que esta enfermedad se extendiera un poco más.

Si no visteis en su día Kids (1995), os recomiendo que lo hagáis. Toooooodoooo el mundo ha visto Philadelphia, y ha pensado que “pobrecito Tom Hanks” y lo que le ha pasado, pero que está fuera de su vida, de su mundo, de su entorno. Pero los chavales no tienen ni idea de esto, se diría que no va con ellos. La ignorancia es el mayor problema.

“Las mujeres jóvenes tienen un riesgo ligeramente mayor de infección por el VIH. El cuello uterino no ha adquirido madurez y grosor suficiente para actuar como barrera. No podemos olvidar tampoco que el aparato genital femenino está más expuesto que el masculino, lo cual nos hace más vulnerables a infecciones. Además, también inciden factores sociales y culturales. Las mujeres todavía vivimos nuestra sexualidad en muchas ocasiones con miedo y vergüenza. Esto, muy ligado a la desigualdad entre hombres y mujeres que dificulta nuestro empoderamiento en materia sexual. La falta de empoderamiento de las mujeres en materia sexual dificulta e incluso impide el uso del preservativo, así como su negociación. Insisto, la salud sexual no se negocia, pero todavía somos muchas las que tenemos que negociar su uso cuando mantenemos sexo (también oral) con un hombre.” (Loola Pérez- Facebook)

No quiero que nadie tenga que pasar el miedo que pasé yo en su día por ignorante, y por eso os machaco tanto con el tema de los condones y la prevención bla bla bla… Porque no es ninguna broma, y le puede pasar a cualquiera. Por eso os pido que os cuidéis. Que NUNCA, pero NUNCA, el alcohol o las drogas o la presión os haga cometer una imprudencia. Cuidaos.

Nota bene: para desestigmatizar todo lo que rodea al VIH, os recomiendo ENCARECIDAMENTE que sigáis, veáis y leáis a Miguel Caballero.

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Diferencias de edad

Tough guy

“Pepa ¿tendrías un novio que fuera 10 o 15 años más joven que tú?”. En este momento de mi vida, ni de coña, pero lo he tenido, 11 años menos para ser exactos, aunque en el fondo ambos sabíamos que eso no iba a llegar a ninguna parte, y de hecho me rompió el corazón.

Madonna, JLo, Demi Moore… todas han tenido novietes (o maridos) de esos que no sabes si ponerles en el taka-taka o en la cuna. Y la que más y la que menos nos hemos hecho la loca una noche especialmente desfasada, ignorando la edad (la real, no la que nos vendía) de un yogurín que iba a por nosotras sí o sí. ¡¿A quién le amarga un dulce?! Pero ya sabéis lo que dicen de los dulces: “un momento en tu boca y una eternidad en tus caderas”.

Hay que ser realistas, amiguis: estas cosas no funcionan más allá de la chispa, que puede durar una noche, un fin de semana, una semana entera o, como mucho, un mes.

Después de eso llega LA REALIDAD, esa hijadeputa.

Y LA REALIDAD nos dice que esas bobadas que suelta esa criaturita tan guapa, al que si miras entornando los ojos, podrías confundir con un niño Jesús en el portal (si no fuera por ese rabo esos tatuajes que luce), te hacen gracia las dos primeras horas… porque luego quieres ahogarle en una palangana (mentalmente, por supuesto; di NO a la violencia).

LA REALIDAD nos dice que follarse a una de cuarenta es para él una marca de clase, de prestigio. Una de esos must have que aparecen en las listas de “cosas que tienes que hacer antes de cumplir los 30” de las revistas-cuñao de este país, al mismo nivel de “haz tu propia cerveza artesana”.

LA REALIDAD nos dice que es muy cansado explicarle que sí, que le conocimos una noche de farra, pero que salir un miércoles hasta las cuatro nos deja muertas y enterradas hasta el sábado, y que nos parece estupendo el plan, pero nos apetece una mierda. Sí, somos unas aburridas, venga, hasta luego, pásatelo bien, cari (y no me llames más, a ser posible).

LA REALIDAD nos dice que eso, que la nuestra y la suya son dos realidades paralelas.

Yo he pasado por lo de la diferencia de edad tanto por encima como por debajo. Es decir, he sido tanto la niñata de 17 que se lía con uno de 37, como la de 32 que se lía con uno de 21. Solo he salido escaldada en el segundo caso, como he explicado al principio (fue culpa mía, por imbécil). Pero en el primero ambos sabíamos perfectamente qué era y hasta dónde iba a llegar.

¿Qué quiero deciros con esta nueva edición de “la abuela Cebolleta contando sus batallitas”? Que viváis las historias con los pies en el suelo. ¿Te quieres comer un yogur? Adelante, pero ojo, que caducan.

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Stalkear

Two women

¿Sabéis lo que significa stalkear? ¿Sí? ¿No? Bueno, para la que no lo sepa diré que es cotillear en los perfiles en redes sociales de otra persona, sin que ella lo sepa.

Stalkeos que considero, hasta cierto punto, normales:
– el perfil de un tío que te gusta
– el perfil de alguien con quien has hecho match en Tinder (por seguridad)
– el perfil de un tío que te gusta, con el que has tenido sexo, y te gustaría tener algo más
– el perfil de tu ex. No es SANO ni RECOMENDABLE, pero es hasta cierto punto normal. Pero no lo hagas mucho, o será ya manía de loca. Pasa página.

Stalkeos que NO considero ni normales ni sanos:
– la familia de tu novio (???!!!!!)
– la nueva novia de tu ex (autolesionarte)
– la ex novia de tu nuevo novio (las comparaciones son odiosas)

Todos somos un poco (o muy) cotillas, pero hay límites que no hay que rebasar, por salud mental.

Pongo un ejemplo práctico (y en primera persona): como tenemos conocidos comunes, me salta constantemente en sugerencias la nueva novia de mi ex marido. ¿He mirado? Coño, pues claro, la tentación era demasiado fuerte, pero ella me conoce a mí y yo a ella, pedirle “amistad” o hacerle un follow hubiera sido too much creepy.

Pero imaginaos que yo no la conozco, y de repente me empieza a seguir alguien que no sé quién es, pero tenemos amigos comunes. Y resulta que al cabo del tiempo averiguo que es la novia de mi ex. ¿Qué pensaríais? Que está mal de la azotea, claro, o se quiere hacer daño inútilmente (porque yo soy mucho más guapa, obviamente). Entonces ¿qué absurdo resorte del inconsciente puede llevar a alguien a hacer una tontería así? ¿Algún psicólogo en la sala? Es para una amiga…

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Realidad distorsionada

Photographs Of Young Woman On Table

Dices que te ves fea. Antes pensabas que eras inteligente, pero ahora no hay día en el que no pienses que estás por debajo de su nivel. Has pasado de ser una mujer segura de sí misma a una persona que ya no sabe tomar una decisión sin dudar, sin temer no acertar. ¿Cómo has llegado a esta situación? Ni tú misma lo sabes…

Creo que en parte es porque has dejado que tu autoestima dependa de la atención que te preste esa persona. No te ves si no es en el reflejo que él proyecta de ti. Si te valora, si ves que te admira, si sientes que le gustas, que eres importante a sus ojos, resplandeces, eres feliz. Pero basta con que no veas ese reflejo, para que nada de lo que eres te parezca suficientemente bueno.

Esa necesidad de reconocimiento y admiración nos acompaña a todos, desde la infancia, siendo casi una cuestión de vida o muerte en la adolescencia(*). Pero en la edad adulta la autoestima no puede estar basada en lo que los demás opinen de nosotros, o estamos perdidos.

Asociarlo además a una relación sentimental resulta peligroso, porque le das al otro un poder que no debe tener. No puedes depender de cuántas veces te diga qué guapa, o qué buena estás, o qué pedazo de profesional eres, porque cuando deje de hacerlo (porque sí, porque ese ritmo de peloteo no lo aguanta ni el más enamorado del mundo), te sentirás fatal, y empezarás a comerte la cabeza, a verte fea, a creer que eres idiota. Empezarás a verle por encima de ti, que cada vez te sentirás peor, más pequeña, siempre mirándole desde abajo. Se convierte en algo enfermizo. Pero nena, eres tú la que les has dado ese poder, y por tanto la única que puede quitárselo.

En este momento, tu sentido de la realidad está distorsionado. Es como si estuvieras pasando “el mono” de los halagos: necesitas esa droga para volver a sentirte bien. Pero las drogas son malas y hay que desengancharse de ellas cuanto antes.

Con suerte, esa persona a la que le diste el poder más pronto que tarde andará corriendo detrás de otra, y en un primer momento verás en ella todo lo que crees que te falta a ti. Pero a ti no te falta nada, criatura, eres perfecta y única, y lo único que necesitas es volver a verlo en el espejo, en TU ESPEJO, no en el de él, y aprender a valorarte tú misma, no tu madre, no tus amigos, no ese señor que compartía tu cama… tú.

Y una vez que recuperes el poder, no lo vuelvas a regalar, aprende la lección, porque te va a servir el resto de tu vida (sobre todo si te abres un perfil en Tinder).

(* ahora es Instagram, antes Fotolog, y mucho mucho antes el patio del insti. La misma mierda, pero evolucionada)

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PREGÚNTALE A PEPA
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Pregúntale a Pepa (VII)

Woman writing her dairy.

Dos caras de la misma moneda. Alguien que quiere y no tiene y alguien a quien le salen a pares. Esto va así, no hay normas, pero una regla tiene que prevalecer sobre todas: piensa que es lo mejor para ti, lo que te hace feliz. Deja atrás lo que te atormenta o consume energía inútilmente. Tú eres lo primero.

(Xtina, a través de Facebook). Hola Pepa! Primero te diré que desde el año pasado que empecé a usar este tipo de apps de ligoteo estoy enganchada a tu blog. Me leí todas tus aventuras desde el principio, me encanta que no tengas pelos en la lengua al hablar de este tipo de temas tan tabúes y mal vistos por algunos. Ya está bien de tanto Mr Wonderful almibarando las cosas.
Después del semi peloteo te cuento mi caso: el pasado agosto quedé con un chico de tinder. Fue un chico que no me entró mucho por los ojos cuando lo vi pero que me ponía mogollón la chuleria que tenía. La siguiente vez que nos vimos fue al viernes siguiente que me invitó a cenar. Y desde entonces nos hemos estado viendo una vez por semana cada semana. Primero empezamos durmiendo juntos, luego quedando para ver una peli y este finde ya solo fue un café de media hora.
Desde el principio me dijo que no quería una relación, y en octubre volvió a sacar el tema e insistir sobre ello. Yo lo tenía muy claro, aunque la verdad es que viendo lo cariñoso que es cuando estamos solos, me hizo empezar a pensar que podría hacerlo cambiar de idea…Aunque conste que tampoco es que yo pida una relación al uso de vernos todos los días y quedar con él a cada hora, con seguir durmiendo con él una vez por semana por ahora me conformaría…
Ahora estoy totalmente colgada por él, y él claramente ha perdido todo su interés por mí. Viene a tomar los cafés conmigo porque soy yo la que lo llama cada semana.

No quiero sufrir por él, pero no sé si prefiero quedarme esperando hasta que ya no me llame más (que será en breve), seguir tirando de la cuerda y ser yo la que lo llame siempre para quedar con él hasta que la cuerda rompa o hacer que la situación explote y vea su silueta saliendo por la puerta contándole mis sentimientos directamente… Cada vez que digo que este finde no lo llamo acabo cediendo siempre porque me muero por verlo!! Tú qué harías querida Pepa?
Y aunque no lo parezca tengo 34 años
Gracias por leerme y aguantar mi tostón
Ay, mi niña, que te has quedao colgadita, madre, y este muchacho está apurando la caña… Porque sí, es lo que está haciendo, no quiero darte falsas esperanzas.
¿Qué haría en tu lugar? Pues hace bien poco que le conoces para estar tan pilladita, la verdad, así que yo, por salud mental, cortaba amarras y empezaba a salir con otros, porque ahí no veo futuro, o él no insistiría tanto en que no hay posibilidad de nada más. Además, según me cuentas la cosa en vez de ir para arriba ha ido para abajo, de dormir juntos a tomar un café… UN CAFÉ ¿pero qué coño de cita es esa?
Haz la prueba, queda con otros, verás como la tontería se te pasa. No esperes a que sea él el que te bloquee en el móvil por aburrimiento, y empieza a pensar que eres joven (MUY JOVEN) y muy estupenda como para estar pendiente de ningún maromo. Decide tú con quién y cuándo.
No me has soltado ningún tostón, y además yo estoy para escucharos y ayudaros en lo que pueda, faltaría más.
Un besazo, reinamora, y gracias por leerme.

(C.) Me llamo C, soy de Buenos Aires, Argentina. Hace un tiempo me volví fan de tu blog y tus historias que espero siempre con ansias que las publiquen en Harpers España (ojalá fueran más frecuentes).
La razón por la que te escribo es la siguiente. Resulta que ahora en Buenos Aires se juega el Abierto de Polo, uno de los torneos más importantes del mundo. (época del año ideal para conocer chicos lindos y vestirse super elegantes). Yo voy siempre con mi familia, y el otro día, mientras estaba con mi hermana tomando una cerveza disfrutando del after, dos chicos muy simpáticos se nos acercan. Charla y birra van y vienen. Pegamos buena onda. La cuestión es que ambos chicos, uno gordito y otro más flaco (yo voy por ese) me empiezan a coquetear por Whatsapp al día siguiente.
Nosotras como mujeres, ¿qué se supone que hagamos? Claramente que si no hay códigos entre amigos, nada puedo esperar de ninguno de los dos. Lo más gracioso fue la forma de empezar el chat. El flaco me saluda “Hola potra” (término argento similar a guapa) y siguió con muchas palabras empalagosas. El gordito me saluda con “Hola diosa”. JAJAJAJA yo estaba estallada de risa.
Amigos, que encaran igual a las mujeres, escriben el mismo día y encima se llaman Martín y Juan Martín. Cortados por el mismo cuchillo. Puede que a los 18 años me hubiera reído pero hoy con 24 y ya con muchas malas experiencias amorosas, no puedo perder ni un minuto con ellos…o me equivoco??
Debería quedarme con el chico bueno o ambos serán malos?? Ojalá puedas darme algún consejo.
Te dejo esta pequeña historia que me parece graciosa y seguro le ha pasado a más de una.
Disculpame la extensión del mail. Es la primera vez que escribo a alguien y no pude controlar la emoción de hacerlo.
Yo soy periodista y algún día sueño con poder trabajar en una revista como Harper´s Bazaar.
Te mando un cariño grande.
Nunca dejes de escribir.
Adiós !!
C
Querida C. Os agradezco infinito que me escribáis, me llena de orgullo que confiéis en mí… bueno, en NOSOTRAS, porque este blog se ha convertido en una cosa coral, por la fidelidad y porque todas y todos comentamos, no solo yo.
De entrada te diré que, puestos a elegir, prefiero que me llamen “diosa” a que me llamen “potra” (que me parece más zafio, como de camionero, que de tipo elegante), la cuestión es ¿quién te gusta a ti, el abnegado o el chulito?
Fíjate que me da por pensar que dos amigos, que conocen a la misma mina a la vez, y a la vez también le escriben… llámame mal pensada, pero ¿no lo ves como un reto entre machos, a ver quién se la banca? Es una idea de señora vieja y con varias peleas de gallos tras de sí. Soy malpensada porque la experiencia me ha hecho así.
Otra cuestión que te planteo: ¿vas por algo serio o te quieres divertir? Porque si vas por algo serio, yo de ti saldría corriendo, porque lo veo color de hormiga.
Pero si te lo tomas a broma, JUEGA. Eres muy pequeña para andar pensando en cosas serias, niña… corre la vida un poco más. Y mira, es una cuestión de training: así vas aprendiendo cómo reaccionan las personas. Puedes seguir hablando con ellos, a ver por dónde te salen, e incluso tener alguna cita, pero no te olvides de comentar que su amigo también te anda hablando, a ver cuál es la reacción.
Siempre digo que el método ensayo-error es el único que sirve, porque por más consejos que os de, por más ejemplos o experiencia que ponga delante de vuestros ojos, cada corazón (y cada coño) es diferente. Eso sí, acordáos de protegeros siempre, física y anímicamente.
Besos, querida.

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Un buen tío

Man with tattoos and snake (Albino Python)

Hará algo más de 20 años hubo un punto de inflexión en mi vida. Hasta entonces los hombres con los que me relacionaba eran del tipo guay: guaperas, camareros, músicos, creativos de publicidad, individuos un poco canallas, y todos bastante golfos.

Es la edad, lo que te atrae es el chico malo. No malo-malo tipo delincuente (bueno, alguno terminó así, aunque esa es otra historia…), pero si un tanto chulo castigador.

Harta de disgustos, decidí darle una oportunidad a ese tipo de chico más normalito, el que no se metía en tantos problemas. Pensaba, ilusa de mí, que la normalidad era garantía de ser buena persona. No podía estar más equivocada… Me topé con niños aburridos y no demasiado guapos, y encima malas personas.

Creí que si a la sosería le añadíamos que, por ejemplo, tenía animales, lo mismo era una señal de bondad. Los cojones. Hay mucha mala persona con perro, os lo aseguro. Eso sí, viendo cómo les trata ya te puedes ir haciendo una idea de cómo te va a tratar a ti. Y el tema mascota dio para un tratado que ni Gerald Durrell: los que tenían peces eran muy freaks; los de los pájaros bastante raros (y no en el buen sentido, en el sentido Norman Bates); capítulo aparte merecen los que tenían por mascota una iguana o una serpiente (grande de cojones, por cierto).

Yo estaba absolutamente desconcertada: no había nada que diferenciara claramente a los buenos de los malos. El único método posible era el ensayo-error. Creo que en aquella época comenzó mi afición a la antropología y a la observación del comportamiento humano… no me quedaba otra…

El caso es que el hecho de ser buena persona, para mí se ha convertido en una condición FUNDAMENTAL en una relación. E insisto en lo de relación, porque para follar cualquiera vale, pero para estar en mi vida no.

No me vale, por ejemplo, que a mí me trate como una reina pero a los que tiene alrededor no. Que sea déspota con quien le sirve. Que sea tacaño con los suyos. Que las palabras buenas sean solo para mí. No me vale porque eso no es ser bueno, y en cualquier momento cambia la historia y me vuelvo la diana de sus dardos.

Los buenos son educados con todos, no solo contigo. Tratan bien a todos, no solo a ti. No faltan al respeto a nadie, ni a los desconocidos. Son tipos honestos. Y lo siguen siendo cuando el tiempo pasa. No es un disfraz.

El problema, amigas, es que por más observación y ensayos que haya tenido en mi vida, no sé deciros la fórmula mágica para distinguir a unos de otros. Hay que besar muchas ranas para encontrar un príncipe (o varios), pero si lo encontráis, tratadlo bien, porque son escasos. Palabra de Pepa.

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PREGÚNTALE A PEPA
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Tu mejor amigo

Couple laughing on bed

Whenever I’m down
I call on you my friend
A helping hand you lend
In my time of need

Cuando alguna amiga me habla de una ruptura sentimental, se queja de que, entre todo el dolor que supone, lo que peor lleva es la pérdida de quien consideraba su mejor amigo.

Al enamorarte, te unes tanto a esa persona que sientes que es tu otro yo, el complemento perfecto, tu amigo, tu amante, tu confidente… y cuando aquello se rompe o se acaba el amor, lo que peor llevas (y en mi caso concreto, lo que más me dolió) es que ese amigo ya no está, la complicidad ya no existe, la persona que te entendía solo con una mirada, se ha marchado.

La convivencia mata el amor y mata la amistad. Cuando la rutina y los problemas entran por la puerta, o se hace un esfuerzo enorme para mantener esa complicidad, o todo se va a la mierda.

Si viviéramos con nuestros mejores amigos, la amistad no sería ni tan buena ni seríamos tan amigos, os lo puedo prometer.

De todas las relaciones (serias) que he tenido, solo he conservado la amistad con un novio. Con el padre de mi hijo me hablo porque no tengo más remedio, pero os aseguro que ya no somos amigos en absoluto.

Siento respeto por los que son capaces de divorciarse o separarse y seguir siendo amigos de su anterior pareja. Yo no he sido capaz. O porque he dejado yo porque me tenían harta o porque me han dejado a mí porque ya no me querían. Entiendo que cuando algo está roto hasta el punto de separarte, es complicado si no imposible mantener el afecto. Probablemente soy yo la que tiene esa tara, o que apuro la historia hasta que ya no tiene solución, que puede ser, no lo niego.

Siento respeto pero, personalmente, no me parece muy sano. Se acabó y se acabó. Tampoco es que te cambies de acera si lo ves por la calle, o no le saludes si te lo encuentras en una fiesta, pero de ahí a ser “amigos”… pues oye…

Por eso creo que cuando algún hombre me preguntaba en Tinder qué era lo que iba buscando, contestaba que aventura, amistad, sexo, un cine, una cena… divertirnos, en suma, pero que no iba buscando otro marido ni un novio, sino un amigo, porque era lo que había perdido.

Luego encontré a Amante y me tocó la lotería (*), porque no iba buscándolo (ni él, creo), pero pasó. Él es amigo, confidente y amante. Insiste en que le llame Amante y no novio, y estoy de acuerdo, en todas las acepciones de la RAE:

Del ant. part. act. de amar; lat. amans, -antis.
1. adj. Que ama. U. t. c. s.
2. adj. Dicho de una cosa: Que manifiesta amor o se refiere a él.
3. adj. Amado o querido. Amantísimo lector.
4. m. y f. Cada una de las dos personas que se aman.
5. m. y f. Persona que mantiene con otra una relación amorosa fuera del matrimonio.

(*) Informo a las fans de Amante que sigue estando igual de buenorro que siempre, si no más, y que lo cuido y lo trato como se merece.

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Benching consciente

Close-up of fishing rod at calm countryside lake at sunset

¿Recordáis cuando Gwyneth Paltrow anunció su divorcio como una “separación consciente”? Lo flipabais, ¿verdad? Sí, yo también. A eso toda la vida de dios se le ha llamado “separarse de buen rollo” que, por otro lado, es algo casi imposible. Bueno, Gwyneth no se destaca por ser muy normalita que digamos… Pero yo me quedo con el término”consciente”.

¿Habéis empezado alguna vez una historia y habéis tenido la sensación de que había más de dos personas en ella? En plan os ligáis a un tipo en Tinder, todo va bien, quedáis dos o tres veces, habláis mucho por guasap… y al mes o así aquello se va enfriando, pero no del todo. Cuando tú ya lo das por perdido, vuelve a aparecer, a hacerte la rosca, aunque poniendo mil excusas para veros, con problemas que le impiden quedar contigo (viajes de negocio, familiares cercanos enfermos, un trabajo comparable con la búsqueda de la vacuna del SIDA, etc). Problemas que no le impidieron PARA NADA quedar las primeras veces, por cierto… ejem…

Y el tema se queda en que cuando tú pasas mucho de él, te da la brasa. Y cuando muestras interés, desaparece. Pero desaparece lo justo, no del todo, que te tiene ahí como si fueras una urta de 15 kilos y te estuviera pescando a caña: que te va dando carrete pero no te suelta.

Amiga, te están haciendo lo que se llama “benching”, vulgo “ni contigo ni sin ti”. Vamos, que eres el repuesto. Y eso está mu feo, hombre, está mu mal. Agua que no has de beber, déjala correr, no la embotelles, desgraciao.

Pero hay gente que es muy agonías, y le gusta saber que si la OPCIÓN Nº 1 no le hace caso, tiene a otra esperando a que le diga “holi”. Que mira que hay que ser mala persona…

Y aquí voy a traer de vuelta el término “consciente” que mencioné al principio: que seáis “conscientes” de que os están haciendo la trece catorce, que el que quiere verte (lo he dicho una y mil veces) saca tiempo de donde no lo tiene, y que no sois ni una urta ni el repuesto de nadie. Que no estamos para perder el tiempo. Yo, por lo menos, no estoy dispuesta a perderlo.

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Tuuuusoooo

Indian Cobra (Naja naja)

¡Ay, la cobra! Voy a escribir esto y prometo no volver a hablar de Chenoa y de Bisbal.

Empezaré por posicionarme: Chenoa me parece una intensa y Bisbal me recuerda a un caniche puesto de speed. Ni personal ni musicalmente me han llamado la atención jamás… aunque el estribillo ese de “cuando tú vas, yo vengo de allí”… ¡¿quién no la ha cantado borracha, eh, quién?!.

Pero hete aquí que han traído a colación un tema: el ex brasas, que es esa o ese ex novio que cada vez que te ve te pone carita de cordero degollado y le faltan dos minutos para tirarse a tus pies y rogarte por favor por favor por favor que vuelvas con él (o ella). Y que cuando os encontráis y amablemente le saludas con dos besos, siempre desliza la cara a ver si pilla beso en la boca por equivocación.

Es la “Cara de Pato” de Charles en Cuatro bodas y un funeral. Es el argentino que me estuvo llamando dos años, a pesar de que ni siquiera me lo trisqué. Es el cansino que te manda guasaps a las 5 de la mañana (tiene el cielo ganao el que inventó la opción de “silenciar 1 año”) porque una vez, en un momento de debilidad, te lo follaste.

Hay que mantener siempre un mínimo de dignidad. Por muy loca que estés por alguien, si te ha dicho que no es que no, no seas cansina. Ve a lamerte las heridas y recuperarte del palo (un grupo de amigas y una botella de tequila obran milagros), pero nunca, jamás, vuelvas a dar el coñazo a ese individuo.

“Pobrecita la Chenoa”. Amigas, que os estáis equivocando. Que sí, que ha estado muy fea la cobra del Bisbi, pero QUE HA SIDO UNA ENCERRONA. Eso sí, Bisbal, qué poquitas tablas, parece mentira que estés en el mundo del espectáculo… tch tch tch… ERROR.

Ella es nuestra Jennifer Aniston patria. La que llora en chándal en la puerta de casa. La única que podía salir en chándal en la tele y seguir siendo La Más Grande era Rocío Jurado, un respeto. Ni Chenoa es la Jenni ni Bisbal se parece ni de lejos a Brad Pitt (bueno, la carita de tejón ya se le está poniendo; cosas de la edad).

Pero yo me pongo en el lugar del chaval. Bueno, es que tampoco hay que irse muy lejos para encontrarse en una situación similar. Tú, tu ex, tu ex suegra, tu ex suegro, tu ex cuñada, la fiesta de graduación de tu hijo (o la Comunión). No tienes más remedio que aguantar el número, y saludar cordialmente a los que han sido tu familia, que ya no lo son tuya pero sí del niño. Tienes que hacer el paripé. De repente tu ex te echa el brazo por encima y te quiere dar un beso. ¿Qué haces? Pues reaccionar: tuuuuussssso pa’llá. Es instintivo. No lo puedes evitar.

Bisbi: has estado torpe ahí, pero te entiendo.
Chenoa: supéralo ya, tía, que le estás sacando más partido al tema que la Adele con sus exes.

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