Recordatorio

Llevo una temporada baja de ánimo (lo habréis notado quizá al leerme). No sé si es cansancio (hace mucho que no tomo vacaciones), que me asignaron a un nuevo proyecto, que me afecta el calor, que tengo desarreglos hormonales… Mira, yo qué sé. Amante dice que no siempre puedo ser un cascabel, y razón no le falta, pero ¿a quién le gusta estar de bajona? A mí no, desde luego, y hasta me enfado conmigo misma, con mi cuerpo, por no responderme.

A veces escribo en el iPad. Otras en el programa de anotaciones del teléfono (sí, los trayectos al trabajo me inspiran). Y otras más lo hago en el portátil, casi siempre en domingo, como ahora. En el escritorio guardo un archivo, algo que escribí hace algo más de tres años. El nombre del archivo es “Agonía”, y fue donde escribí un grito de socorro, donde puse en palabras la situación que vivía en ese momento. Ese “NO PUEDO NI UN MINUTO MÁS”.

Podría haberlo borrado, y aún puedo hacerlo, pero lo conservo ahí, en el escritorio, como un toque de atención, como un recordatorio de cómo estaba entonces y de cómo estoy ahora. De hasta dónde pude aguantar y de un lugar adonde no pienso volver jamás.

Hace algo más de tres años, cuando tomé la decisión de separarme del padre de mi hijo, no conseguía dormir, y tuve que pedirle a mi médico que me recetara algo para poder hacerlo. Perdí peso (quizá un poco más de lo debido), y estaba frente a una hoja en blanco. No sabía lo que iba a pasar con mi vida, pero estaba decidida a no volver otra vez a esa “agonía” que explicaba en esa carta.

Así que en días, como hoy, en los que estoy con “la bajona”, en los que creo que no puedo con mi coño y me pesan los años, en los que abro el portátil y veo ahí, en el escritorio, ese archivo que pone “Agonía”, pienso que soy muy afortunada por haber aprendido la mejor lección de todas: he aprendido a ser libre (de verdad), independiente (de verdad), a respetarme (de verdad). Con ello llegó todo lo que faltaba antes: autoestima, valor y tener la suerte de encontrar a alguien que te quiere por quien eres, no por lo que puede obtener de ti.

Siempre os digo que no aceptéis a nadie que, como mínimo, os quiera como iguales. Que sea capaz de cruzar la ciudad solo por ir a buscaros. Que os acepte con los días buenos y los días de bajona…

No os conforméis con menos y, si lo encontráis, no deis menos que eso.

Yo ahora voy a cenar, a acostarme temprano porque estoy muy cansada, a darle las buenas noches a quien quiero,  y a dormirme pensando que cada día que pasa está más cerca el momento en el que borre ese puto archivo, que cada vez es más ajeno a mí.

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Por pereza se viene abajo la casa

Hace un par de días me llamaron para participar en un estudio de mercado. Me tenían en una lista y encajaba en el target, y como eran un par de horas y estaba al lado del trabajo, dije que sí. Nunca había participado en uno, y tenía curiosidad.

El grupo era bastante homogéneo, y a simple vista no sabía por qué me habían incluido en él. Me picaba la curiosidad antropológica.

Cuando llegó la hora de las presentaciones, debíamos decir cada uno nuestro nombre de pila, edad, profesión, y si teníamos hijos o no, y ahí ya me di cuenta de por qué estaba en el grupo: edad entre 42 y 48, solteros, divorciados, con o sin hijos. Correcto, pero en lo único que coincidíamos era en eso. Con ninguna de estas personas (excepto con uno que llegó tarde) tenía nada más en común, empezando por el aspecto. Llamadme pija, llamadme snob, llamadme mala persona… pero ¿por qué la gente va tan descuidada, sobre todo a partir de cierta edad? A ver, el verano en cuestiones estéticas es EL MAL, pero no me refiero a eso.

Casi todas las mujeres del grupo andaban entre 42 y 44 años (menos una que tenía 48, como yo en breve), y parecían señoras rondando los 60. Es como si hubieran dicho “total, si ya no puedo esperar nada de la vida, me dejo”. Y ellos no creáis que se conservaban mejor: esos pantalones pirata, esas chanclas, esos polos ajustados a una barriga instalada en medio del tórax cual embarazo de 4 meses…

Y esta gente venía a un sitio donde nadie les conoce, por lo que se supone que iban medio apañaos. No quiero ni pensar cómo van cuando van “cómodos”. Se me eriza el vello de pensarlo.

Todos pasamos por mejores y peores épocas. Engordamos, adelgazamos, hacemos deporte o no. Hay gente guapa por naturaleza y gente que sin ser guapa es atractiva, tiene un punto. ¿Sabéis cómo se consigue el punto? NO descuidando el aspecto. El mayor truco de belleza es ir limpio, arreglado.

Esas uñas de los pies que asoman por las sandalias como garras de águila… Esos talones propios de un masái que camina descalzo… Esos pantalones capri que solo le quedaban bien a Audrey Hepburn. Ay ay ay ay…

Un verano más os repito: las riñoneras y los bolsitos cruzaos de tío son de traficante de drogas al menudeo. Llevar más de dos piezas de Desigual debería estar penado con cárcel (condena permanente revisable si se combina con zapatos de El Naturalista y uñas de diferentes colores). ¿A qué vienen estos despropósitos veraniegos? ¿Es por el calor? Yo también tengo calor, mucho, pero también autoestima, caris, no os hagáis esto, por favor (sobre todo no nos lo hagáis a los demás, tened compasión).

En serio os lo digo, no os descuidéis.

Pd (sí, el titular es una cita del Eclesiastés “Por la pereza se desploman las vigas y por la dejadez se viene abajo la casa”, que vale que soy atea pero leo)

 

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Fast food

Ahora que tantos programas y realitys sobre la cocina y sus artífices hay, parece que todo el mundo quiere ser chef.

El sexo y la cocina tienen mucho en común, pero no creo que estemos (aún) preparados para un programa donde se nos enseñe a follar en condiciones.

¿Os imagináis? Un artículo en un lugar como El Comidista, hablando de los pros y los contras del producto local, de cercanía, frente al importado. La Escudero hablando sobre las bondades de hacerlo con calma y tiempo, y no pim pam y fuera. O expertos rollo Gordom Ramsay (perdonad que cite a un foráneo en vez de a Chicote, pero es que me da como cosica este hombre) metiéndose en el dormitorio de la gente para decir “no, fuera, negao… esto no se hace así… no vales para esto” (====> TRAUMA ASEGURADO).

No lo veo, no.

Bromas aparte, cocinar y follar tienen mucho en común, muchísimo. No ya solo por lo obvio, la estimulación de los sentidos, sino por la parte que a mí más me gusta de ambas actividades: es un acto de entrega y de generosidad.

A Amante no le gusta cocinar, lo hace por obligación, pero lo detesta, sin embargo folla como dios. La paciencia que no tiene para elaborar un menú, la despliega de sobras en la cama. Pero le gusta comer, le gusta comer bien. Su madre es una gran cocinera y ha educado su paladar.

Para mí el sexo y la cocina son dos actos a los que o le pones interés o salen mal.

Por eso suelo decir que “a quien no le gusta comer, no le gusta follar”. Y puedes averiguar mucho de una persona observando cómo come: si se lo toma con calma o engulle; si lo empapa todo con mayonesa o cualquier salsa; si piensa que lo más caro es lo mejor…

Me encanta cocinar y me tomo mi tiempo (lo mismo que en el sexo). Me relaja y me produce placer coger tres o cuatro cosas que por separado podrían parecer insulsas, y convertirlas en algo sabroso. Es una ofrenda para quien lo haces.

El fast food se inventó para cubrir una necesidad momentánea. Te comes una hamburguesa un día que no te ha dado tiempo de comer otra cosa, pero no lo haces a diario. Es malo para la salud.

Con el sexo pasa (o debería pasar) lo mismo: todos podemos echar un polvo rápido, pero si lo haces de continuo ya no tiene emoción ni interés. Y es malo, muy malo, para el espíritu.

Así que alejémonos un poco del fast food y pongámosle interés al guiso, por favor.

 

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Por obligación

“¿Lo opuesto a amar es necesitar?”. Disertaciones nocturnas, justo antes de dormir, después de hablar con una amiga sobre un impresentable que la ha hecho sufrir (espero que ya no) un tiempo.

Lo mejor que te puede pasar es que alguien no te necesite para nada, pero que QUIERA estar contigo. Si te ves obligado a verla, porque te dice que te necesita, que no puede vivir sin ti, que no sabría que hacer si le dejas, que – esto es muy fuerte y tiene menos validez que una promesa de Rajoy – “se muere si le abandonas”, huye: esa persona puede sentir muchas cosas por ti, pero amor no. Probablemente dependencia. O el temor de quedarse sola. Maldito temor, cuántas relaciones basadas en la mentira es capaz de sostener.

El impresentable en cuestión, después de no dejarla en paz, hasta el punto de tener que bloquearle en todas partes, ahora va por ahí diciendo que mi amiga solo piensa en el trabajo, que él se aburría con ella pero que como follaba bien…

A estas alturas de la película una mujer debe disculparse por ser una gran profesional y pensar en su carrera. Supongo que es el tipo de tío (no le conozco, pero podría hacer su retrato robot sin mucha dificultad) que necesita mujeres tipo Melania Trump, mujeres que queden bien en una foto, pero que no hablen, no protesten y, sobre todo, no destaquen profesionalmente por encima de él.

Digo “necesita” porque es una cuestión de ego, de ego más bien débil.

Por cuestiones de trabajo, he conocido a bastantes tipos así: altivos, soberbios, siempre a la caza, y también siempre a la defensiva frente a una mujer inteligente, con recursos, y que no se deja impresionar ni por dinero ni por palabrería.

“Que se aburría con ella”… es que me descojono. Pensará que las mujeres estamos en el mundo para “entretener al señor”. Hay que ser payaso…

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Esperar algo que nunca llega

Mother and son (8-10) walking on beach, rear view, close-up

Últimamente me he enganchado a una serie, “Casual”. Un hermano y una hermana que viven en la casa de él, después del divorcio de ella, junto a una hija adolescente. Ambos son un pelín rebuscados (él un genio de la programación que se inventó una existosa web de citas, y ella psiquiatra), con bastantes taras emocionales, que según avanzan los episodios descubres que son consecuencia de unos padres disfuncionales – y tremendamente hostiables -, que los criaron de aquella manera. En mi opinión, bastante centratidos están teniendo en cuenta cómo fue su infancia.

El caso es que en uno de los episodios un personaje secundario y fugaz le dice a Valerie, la prota, que “los hijos esperan toda la vida que sus padres les pidan perdón, y los padres que les den las gracias, y como nunca sucede, ambas partes andan siempre en lucha”.

Tenemos la mala costumbre de recordar solo lo malo de nuestras relaciones, incluidas las familiares, y esto va dejando una especie de roña, de amargura, en nuestra existencia. Deberíamos dar más las gracias por lo bueno vivido, y pedir más veces perdón por los errores, pero lo hacemos al revés. Y ni pedimos perdón ni damos las gracias.

He visto muchas veces a lo largo de mi vida a padres y madres que se han sacrificado hasta extremos inimaginables por sus hijos, que les han salido unos petardos desgraciados y desagradecidos. Como he visto padres a los que habría que quitar la custodia y pedir una orden de alejamiento, porque siendo seres inconscientes, auténticas malas personas, les han salido hijos como soles.

Yo… yo he vivido de todo. En mi caso no sé si tendría que haber dado más las gracias o haber pedido más veces las cuentas. Ya no me importa.

Ahora solo miro por el hoy, como mucho mañana. Entiendo que lo único que puedo hacer como madre es ser honesta, dar lo mejor de mí, y equivocarme, por supuesto.

No sé si mi hijo algún día me dará las gracias, pero lo que no quiero es tener que pedir perdón.

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Sin ganas de na

Hay días en que lo único que te apetece es llegar a casa y meterte en la cama. Aunque tengas trabajo pendiente (en mi caso, escribir) lo dejas, porque sencillamente no puedes.

Es verdad que tengo facilidad para escribir, que de una palabra o una frase soy capaz de enhebrar una historia. Pero si no agarro el hilo no hay manera. No sé cómo será para los demás, pero yo sin inspiración no puedo.

Y ayer me acosté triste y decepcionada por una discusión familiar, de esas que te deja el alma dolorida. Pocas cosas me duelen ya, pero tengo aún algún que otro punto débil. Son cosas que pasan. Ya se calmarán las aguas.

Y en realidad tenía varias ideas en la cabeza. Como lo del personajazo que buscaba camareras en Benidorm “altas y sin novio para evitar celos y que las esperaran a la salida del trabajo” (y con buenas tragaderas, le faltó decir). O como lo del artículo de esa web supuestamente femenina que recomendaba “Posturas sexuales para cuando él quiera y tú no” (ya lo han retirado, creo, no lo busquéis), que tanto revuelo ha causado -con razón- en las redes. O de la campaña contra una tienda de la cadena Kling en el barrio de Lavapiés, que aúna la gentrificación y la identificación de la marca con la cultura de la violación, por una campaña publicitaria en la que yo, me vais a perdonar, lo único que veo son unas fotos de moda que pretender ser artísticas y se quedan en feas, sin más (es que me suele gustar mucho más la fotografía de moda en la que se ve la ropa y los modelos no parecen a punto de sufrir una lipotimia, llamadme rara).

Había tantas cosas a las que sacar punta hoy… y mira, es que hoy, justo hoy, no tengo el coño pa farolillos. Os ruego me disculpéis.

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Evitar decepciones

Tengo que confesar que hace años me ilusionaba a los dos segundos de empezar una historia. Creía que si no sentía la electricidad recorriendo mi espina dorsal cada vez que le miraba, eso nunca iba a ser amor.

Sí y no. Evidentemente, hay diferentes grados de atracción: te puede gustar solo físicamente (y que, por favor, no hable), te puede encantar su personalidad (y necesitar dos gintonics para irte a la cama con él), te puede gustar un poco como piensa y otro poco cómo es (pero ¡meh!), puedes sentir esa descarga y que cuando le ves sientes que te gusta tanto que te lo comerías…

El caso es que con el tiempo he aprendido que nada nunca es tan bueno como crees que va a ser, y que por eso hay que ser muuuucho más flexible con la idea que tenemos (o que nos han metido) en la cabeza de lo que es el amor.

La intimidad va unida a la insatisfacción, y parece que estamos destinados a ella.

Después de tres años viviendo sola (todo un record para mí), más de uno me ha dicho que no me he ido ya a vivir con Amante porque defiendo mi espacio como una leona. Yo solo me defiendo cuando tratan de invadirme, y no es el caso. Creo que ni siquiera me lo planteo porque sé por experiencia que la convivencia se lo carga todo, que por cómo me trata tendría unas expectativas muy altas (y poco realistas) de cómo sería nuestro día a día, y que no quiero que ese chispazo que me recorre la espalda cuando le veo se transforme en algo tan normal que ya no sea capaz de apreciarlo.

Los años me han enseñado a no esperar nada, porque así todo lo que viene es un regalo. Y si todos los días te dan un regalo, dejarás de apreciarlo.

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Pregúntale a Pepa (XVI)

Woman writing her dairy.

[M, email] Hola Pepa!
Te voy a contar. Llevo un par de meses ligando con uno de mis amigos del trabajo. Hemos hecho un grupo súper guay, y a pesar de que a ninguno nos encanta lo que hacemos, ir a trabajar es un poco menos horrible porque nos reímos a carcajada limpia. ¿Y por qué no hacer peligrar algo de eso?
La verdad es que me la he jugado porque este chico tiene todo el pack, listo, guay, apasionado de cosas, culto, divertido, tenemos mil cosas en común, y oye, guapo de caerte de culo pues también. En el pack también viene una relación tóxica de ir y venir con su ex. Ahí entre todos los atributos. Como los garbanzos en el cocktail de frutos secos. Escondidos al acecho.
Y entonces aparecí yo, y durante un mes, estuvo “convencido” de que no quería más eso, y parecía que iba genial. Nos reíamos muchísimo, teníamos muchísimos planes guays e íbamos a un ritmo normal teniendo en cuenta que nos veíamos todos los días. No era nada serio, pero nos estábamos conociendo. Yo sabía que había salido hacia nada de esta movida y tampoco quería correr porque tampoco estaba segura. Y hombre, sabiendo que nos vamos a ver todos los días, si no ves nada y no te interesa pues casi mejor que te pillas a otra supongo.
Hasta que se enteró ella de que yo existía y volvió con la caballería, con la ganadería y con un par de jirafas que pillo del zoo. Pilló a la vuelta de nuestro primer finde juntos.
Y él decidió que lo nuestro se estaba volviendo demasiado serio, y que yo era demasiado fantástica para marearme, porque se debió dar cuenta de que mi pose de que me la suda todo era más bien fake, porque está hecho un lío. Y no puede estar enamorado de nadie ahora. Vamos, lo que viene siendo agobio de manual. Porque es verdad que yo quería tomármelo con calma, pero me gusta este chico en serio. Y soy una pringada, y se me nota. De mi patatita salen muchos sentimientos y se suelen agobiar. Pero realmente no concibo que alguien se meta en el berenjenal de pillar con una amiga del trabajo a la que ves 24-7, si no ve algo un poco fuera de serie y futurible. Así que lo del agobio supongo que encaja.
Y ella le marea y el se deja marear, o se marean mutuamente. Y realmente está bastante hecho polvo, parece una relación bastante tóxica. Van y vienen a todas horas. Un martes se gritan de todo, tú eres tonta y no sabes escribir. Pues tú eres un hijo de puta que no me merece y me voy a ir con otro. Pues vete. Ay no no no, mejor no te vayas. Te quiero. Te odio. Chimpun. Te bloqueo. Te desbloqueo. Que tal estas? Miércoles deciden que no van a discutir más. Viernes ella se agobia. Domingo ya no siente lo mismo. Martes bronca. El ciclo sin fin que lo envuelve toooodo.
Y como soy un poco gilipollas, pues no he salido corriendo. En parte porque durante este mes parecía que ella era persistente como la sequía y que no entendía un no por respuesta, hasta que vi lo del finde en la playa, que dime tú que clase de falta de dignidad cuando te enteras tu ex novio con otra tia en la playa, y decides que lo mejor es llamarle por teléfono y montarle un pollo y decirle que tu también con otro, que no, que es mentira, que realmente le quieres (y ojo que él también le cogió el teléfono).
Porque tengo una predilección poco sana por los perritos abandonados, pero combinada con una tolerancia a la frustración entre nula e inexistente. O sea, un poquito complejos siempre me gustan, pero claro, esto combinado con que nos vemos todos los días a todas horas y hemos estado quedando dos o tres veces extra por semana. Yo flying on the wings of love. Y el agobiándose. Y la otra yendo y viniendo. Un buen percal. A todo esto, mis amigos se han ido enterando, y todos pensaban que estábamos guay hasta que yo me he ido desmontando con un par.
Y yo ahora, más perdida que un hijueputa el día del padre. ¿Como hago para tomarme las cosas con más calma? ¿Hay una receta para verlo todos los días y que no se me caiga la baba? ¿Qué coño crees que va a pasar? ¿Le vendo los derechos de mi vida a alguna cadena para que hagan una sitcom?
Muchas gracias de antemano,
M

Ay, niña de mi vida y de mi corazón, menudo trajín.
Yo de ti saldría corriendo. Que sí, que te gusta que te vuelve loca, pero loca de “ingreso en la López Ibor” te van a volver estos dos Pimpinela de la vida. No hay hombre tan guapo ni tan maravilloso que se merezca que pierdas la dignidad por él.
Está claro que el ni contigo ni sin ti se va a prolongar hasta que a la loca  le salga de toto, eso es así, y a este muchacho le veo con síndrome de Estocolmo a tope, y esos son los peores, porque te dejan hecha polvo, con el corazón roto, y encima se van con la que les trata como el culo.
Corta esta historia. A él le dices CLARITO que cuando deje de tener novia (y empiece a tener cojones) que te busque, pero que mientras tanto compañeros y fenomenal todo, os lo habéis pasado genial, pero que a marear a tu casa, guapete.
Hazme caso, y no te dejes arrastrar.
Besos mil.

[M, email] Hola Pepa!
Te escribo con la cabeza hecha un lío. Hace un año que estoy saliendo con un hombre. La verdad es que pensaba que todo iba viento en popa. A mi me ha costado confiar, porque soy madre soltera de un peque de 3 años. El padre de mi hijo se largó cuando yo estaba embarazada y hemos tirado los dos solos para delante. Me he sentido muy cerrada y desconfiada ante el amor, hasta que llegó mi pareja actual. Que además aceptó a mi pequeño y todo fluía genial.

Pero en un año de relación me ha dejado 3 veces. Siempre ha sido en el mismo contexto. Por alguna crisis o discusión, ante un malestar coge y me dice que lo deja y huye. Yo me quedó fatal y a la semana o dos él me pide volver.

Te cuento lo que ha pasado este fin de semana y el motivo por el que me ha vuelto a dejar de nuevo.

Este fin de semana yo tenía planes por mi lado y él por el suyo. Él se iba a otro pueblo con unos amigos a una fiesta. Hasta ahí todo perfecto.

Se marcha el sábado por la mañana y hasta el domingo por la tarde no tengo noticias de él. Cuando me escribe le digo que estoy molesta porque estaba preocupada por él, pq no sabía si había cogido el coche o si se quedaba allí a dormir. Me dice que no es para tanto y que no tiene la importancia que yo le doy. Le digo que para mi sí la tiene, q sólo pedía que se comunicara en algún momento conmigo para saber que todo estaba bien.

El lunes habla conmigo y me dice que lo deja, que se ha sentido muy mal pq yo me haya enfadado. Le digo que estas cosas hay que hablarlas, que en las relaciones hay q sentarse a hablar, negociar, llegar a puntos en común y no salir corriendo en cuanto hay un problema. Pero me dice que no, que lo que le sale es dejarlo.

Pues mi orgullo tb está herido y me parece que no se tira por la borda una relación por algo así. Por lo que por mi parte tengo claro que si vuelve como en las otras ocasiones esta vez no le daré más oportunidades.
Tú q crees?

Hola, querida. Gracias por contarme tu historia y confiar en mí.
Siento ser yo quien te lo diga, pero tú no tienes una relación, tienes un chulo que va y viene según le conviene, y que al primer problema, vamos, en cuanto le echas en cara su inmadurez, lo quiere dejar.
Me parece que siendo madre, y tras la experiencia de la espantada del padre de tu hijo, deberías preferir a un hombre como es debido, a una persona que esté por ti.
Mira, yo quería mucho al padre de mi hijo, pero justo cuando tuvimos al niño descubrí que nunca iba a madurar ni a dejar de ser un egoísta.
No te conviene este hombre, nena, déjalo. La gente no cambia, y este tipo va a ir a peor, te lo prometo.
Deja sitio para que aparezca una persona decente, no te agarres a algo que no tiene futuro.
Un beso, reina.

[A, email] Hola Pepa!  antes de nada decirte que me encanta tu blog y los consejitos que das a las personas que te escriben,bueno no me enrollo te expongo mi “cacao” actual y espero que me aconsejes.
Resulta que hace 5 meses conocí a un chico por un una red social,vivimos en países distintos,pero aún asi él me vino a conocer,todo fenomenal hubo chispa desde el principio y  mucha química,desde ese dia ha estado viniendo un fin de semana largo todos los meses,siempre que regresaba a su casa reservaba en seguida para el próximo viaje,pero resulta que esta última vez los días pasan y el no dice nada de regresar,su comportamiento es el mismo conmigo,pero de repente no sé si va a volver,he intentado sutilmente preguntar(para no presionarle) pero sin resultados,la verdad que no sé que pensar,yo por ahora no puedo ir a verle tampoco,asi que no sé que hacer ni que actitud tomar,si después de preguntar sutilmente no sé nada,que hago? si no fuese a volver supongo su actitud hubiese cambiado,pero él sigue cariñoso y atento conmigo,aconsejame Pepa no sé que pensar ni que hacer.  Un saludo y un fuerte abrazo

Hola, A.
Gracias por leerme, y por contarme tus cuitas.
Hummm… no sé qué decirte, sinceramente. Puede ser que esté esperando que alguna vez tú vayas a verle, o que, sencillamente, no pueda viajar tan a menudo.
En todo caso, lo de preguntar “sutilmente” cuando lleváis cinco meses de historia, no lo entiendo. ¿Por qué no se lo dices? “Te echo de menos. ¿Cuándo vas a venir? Iría yo, pero no puedo”, saldrás de dudas, de imaginarte cosas, que estoy SEGURA de que ya andas dándole a la lavadora ¿a que sí?
No seas cobardica, mujer, que no va a ninguna parte.
Un beso grande.

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Confucio creó la confusión

Hace mucho que no leo absolutamente nada de Pérez-Reverte ni Javier Marías, porque me aburre y me da pereza su discurso de protomacho intelectual. Simplemente los ignoro. Lo hago con ellos y con otros personajes (o personajazos, como diría mi querido Alberto Rey). No me interesa lo que dicen, no me parece relevante ni interesante su opinión ni su punto de vista.

En este sentido no soy en absoluto clasista, me molestan por igual cultivados y sin formación. Quizá me decepcione más el exabrupto de quien se supone culto, que de quien probablemente no se lea más que los hashtags de las cuentas de Instagram, pero puestos a utilizar un “cansinómetro”, me parecen igual de pesados el académico que la aspirante a actriz.

El titular del fin de semana parece que ha sido que Paula Echevarría no conoce la definición correcta de la palabra “feminismo”… y a mí me parece que el titular, el de verdad, es que haya dicho “chocho”… en una rueda de prensa… con todo su ídem. Me parece MA-RA-VI-LLO-SO. Tanto cuquismo y perfección, tanta contención que al final estalla en esa palabra (que me parece bien bonita, ojo) tan anacrónica dentro de la imagen que proyecta.

Yo no voy a darle cera aquí por su desconocimiento de lo que es feminismo, ni por su desdén por una lucha que es (desgraciadamente) muy necesaria cada día en todos los ámbitos de la sociedad (si no me crees, Pauli, te mando algunos de los correos que recibo, y que no publico por expreso deseo de quien los envía, que ibas a flipar y mucho, cari).

Quiero que siga soltando perlitas, que se le escapen palabras gordas que no suele usar. Porque cuanto más “la cague” más evidente se hará para quien lo lea o la escuche lo necesaria que es la educación, más que nada para tener criterio a la hora de elegir a quien sigues o admiras.

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La vuelta a la tortilla

Man smoking

Amante tiene un compañero de trabajo que es el típico que engancha una churri con otra, y las solapa a menudo. Ninguna le cuadra del todo, a todas les encuentra un “pero”.

Cuarenta y seis años, dice Amante que un tipo resultón, y muy simpático, pero con ese defecto de no terminar de gustarle ninguna mujer.

Tiene un estándar muy definido: menos de 35 años, cuerpo trabajado en el gimnasio y sin celulitis, que fume, que sea cariñosa pero que no le agobie, y que le guste follar. Tiene tendencia a tratar a las mujeres como objetos, pero le molesta mucho cuando lo hacen con él.

Es animal de Badoo, tanto que deberían hacerle un homenaje o algo los de la página, por cansino constante.

El caso es que de un tiempo a esta parte se lamenta de estar siendo rechazado por mujeres que le dicen que “prefieren tíos más jóvenes para follar, que los de cuarenta y seis ya están muy cascados”, y claro, está dolido el hombre. Él, que donde ponía el ojo ponía la bala. Que se ha trabajado toda la zona Sur de Madrid, hasta el punto que raro es que al ligar con una chica no le comente que ya se ha acostado con su amiga tal.

Es como ese personaje que existe en todas las pandillas de chavales: el guapo, golferas, que se va ligando una por una a todas las niñas de la pandi… hasta que quema todos los cartuchos y ninguna quiere nada con él.

A veces la tortilla se da la vuelta, y donde eras el rey te conviertes en un paria. A lo mejor va a tener que cambiar su radio de acción. Aunque yo le diría que quizá, quizá, lo que debe de cambiar es su forma de tratar a las mujeres. Si además empieza a aceptar que se está haciendo viejo y que para las de 30 él es un señor mayor, pues algo habremos avanzado…

Aunque, sinceramente, no lo veo ¿eh?

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¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a amorentinder@gmail.com o por Twitter a @amorentinder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

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