Soltera feroz (novia a la fuga)

running bride

Las mujeres solteras desarrollamos un feroz instinto de individualidad. Tanto nos reprochan que prefiramos estar solas a “lo normal”, o sea, en pareja, que defendemos a capa y espada nuestro espacio.

A lo mejor a causa de ese instinto jamás he pasado por el trámite del matrimonio.

Sí, he dicho trámite. Nunca me he casado legalmente, ni por la iglesia ni por el juzgado. Y subrayo lo de “legalmente” porque no he necesitado un papel para considerar que estaba casada. Mi compromiso con otra persona jamás ha dependido de un documento, ni he creído que fuera menos válido. De hecho, separarme del padre de mi hijo y mi pareja durante más de una década lo considero un divorcio, porque lo es.

Reconozco que soy “novia a la fuga”: tres veces he estado comprometida (*) y tres veces me he arrepentido antes de hacerlo. No, no ante el juez ni días antes, no soy tan mala persona. Y no ha sido una cuestión de cobardía, porque era infinitamente más sencillo hacerlo que poner la cuestión sobre la mesa: no me quiero casar y no me quiero casar contigo.

* (He de decir que de las tres veces, tan solo una dije claramente que sí, las otras dos no dije sí ni tampoco no, y me vi atrapada sin querer en la historia.)

Conozco parejas que se han casado porque así pillaban más vacaciones, o porque por cuestiones fiscales les resultaba más rentable, o porque si se casaban los padres les “montaban el piso”… motivos súper románticos todos.

Si hago memoria, las tres veces que me han pedido matrimonio ha sido en momentos en los que la relación estaba a punto de romperse. Era como un apaño con cinta aislante antes de que el cable se rompiera del todo. Pero al final se rompía.

Y es que nos pasamos media vida complicándonosla: compromiso tras compromiso, siguiendo el guión, lo establecido, lo que hay que hacer… Y la otra media vida eliminando lastre, obligaciones que en el fondo del corazón nunca escogimos, y nos hacen infelices.

Quizá yo tenga una concepción demasiado purista de lo que es la pareja y el amor: es aquí y ahora y darlo todo mientras dure. Y en esa purista idea no entran los compromisos legales, que me suenan a obligación más que a devoción.

O quizá me ocurra como a Charles (el personaje que interpreta Hugh Grant en Cuatro bodas y un funeral), que en su discurso como padrino confiesa sentir un respeto pavoroso por quien se atreve a dar un paso tan importante, porque él es incapaz.

“La felicidad recupera en altura lo que le falta en longitud”, Robert Frost

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