Visto y no visto

Couple looking toward beach from camper van.

Siempre que hago un viaje, pienso que es ese tipo de cosas que podía hacer sin más a los veinte años, de improviso.

A esa edad podías marcharte a vivir sola (o compartiendo piso), podías irte a trabajar o estudiar a otra ciudad, podías cambiar de trabajo sin demasiada dificultad. No tenías obligaciones. Ahora ya no.

Por eso esta escapada era para mí importante. No solo por el hecho de “esa primera vez” que nos vamos juntos de viaje, sino por lo que tiene de aventura y vivir el momento.

Nos quedaban unas cuatro horas de camino por delante. Viajar es una forma más de conocernos. Puedes ver si es prudente o imprudente conduciendo, si muestra seguridad al volante, si prefiere un tipo de música u otra para viajar, si es de parar varias veces a descansar o tiene prisa por llegar al destino.

Hay un detalle que no os he contado: me dan miedo los coches. Miedo de verdad, del de ir agarrada a la puerta o el asiento.

Mi ex marido corría mucho al volante, paraba poco, y ponía la música excesivamente alta. Los viajes (que hacíamos con mucha frecuencia para visitar a su familia) eran una auténtica tortura para mí.

Amante se descojonaba de risa las primeras veces que me montaba en su coche. Le expliqué el por qué de mi fobia (fobia relativamente controlada y que mi anterior relación no había contribuido precisamente a mejorar), y me aseguró que a él no le gustaba la velocidad, porque no tenía ninguna prisa por llegar.

Aún sabiéndolo, los primeros kilómetros adopté mi postura manos-bajo-los-muslos-porque-no-tengo-otro-sitio-donde-agarrarme, y como a la media hora constaté que no iba de fitipaldi por la vida y que íbamos a tener un viaje tranquilo, me relajé.

Tranquilo y bonito, sobre todo cuando entramos en La Rioja, dejó de llover y salió un sol que no parecía de invierno. Cuando llegamos a San Vicente de la Sonsierra parecía más un día de primavera que invernal.

El plan era el siguiente: mi amiga nos había conseguido reservas en un hotel recoleto y precioso, en pleno centro del pueblo, para no tener que utilizar el coche PARA NADA (esto a mí me venía genial… jejejeje), y en el mismo hotel habían conseguido que una guía nos enseñase lo más interesante del pueblo, y hasta una visita privada a una de las bodegas más importantes de la zona.

San Vicente de la Sonsierra es un pueblo de algo de más de 1.000 habitantes, dedicado casi en exclusividad al vino, donde prácticamente todo el mundo tiene bodega propia (grandes bodegas hay más de 20), y donde “pedir un vino” en un bar se convierte en una clase de cata, ha sido una experiencia increíble.

Yo (flor sureña) pensaba que cuanto más al norte más seco era el carácter de sus habitantes, pero en el caso de San Vicente estaba completamente equivocada. No he conocido gente más amable, hospitalaria, divertida… y juerguista.

Nuestra guía, Lourdes, además de ser una de las personas más eruditas de la zona, tiene un desparpajo y una manera de explicar la Historia, que ya la hubiera querido yo de profesora en el colegio, hubiera sacado puritos dieces todo el tiempo. Nos abrió la iglesia de Santa María La Mayor para explicarnos con todo detalle el magnífico retablo gótico. Nos contó el por qué de tanta casa blasonada (un privilegio de los bautizados en la pila del siglo XIII de la iglesia). Nos hizo reír con el gentilicio de los habitantes de San Vicente, ‘renegados’, porque renegaron del Reino de Castilla y León porque querían ser del Reino de Navarra. Un encanto de mujer, y ¡tan divertida!

Pero no todo iba a ser cultura, en el hotel nos esperaba una suculenta comida: alcachofas, espárragos, cordero (el autóctono, no me preguntéis el nombre porque no lo recuerdo) y vinos de la zona, por supuesto. No soy glotona y Amante tampoco es de mucho comer, pero madre de dios ¡qué bueno estaba todo!. Nuestra anfitriona, Mayang, no reparó en detalles para hacer que nuestra estancia fuera lo más agradable posible. El hotel (La Casona del Boticario) es un tres estrellas, pero por comodidades y equipamiento debería ser un cuatro estrellas, y por el trato que dispensa a sus clientes, yo le daba un las cinco y más.

A estas alturas del día, teniendo en cuenta que nos habíamos levantado a las 6:30 de la mañana, yo estaba un poco cansada. De buena gana me hubiera echado una siesta en esa cama que me estaba llamando a gritos… Quien dice “siesta” dice “un poco de amor y luego siesta”, pero Amante me recordó que teníamos una cita para una visita privada a una bodega, y que no podíamos ser descorteses, que nos estaban tratando fenomenal. A regañadientes (los primeros dos minutos, luego se me pasó), emprendimos el paseo hasta la bodega Contador, donde nos esperaban para enseñarnos todo el proceso de la elaboración sus vinos. Visita y luego cata. Yo no sé si se unieron el madrugón, el cansancio del paseo, los diferentes vinos… pero Amante empezó a encontrarse mal, y yo tampoco me sentía muy en forma, y decidimos volvernos al hotel a descansar un rato antes de continuar.

¿Continuar? No pudimos. En cuanto nos metimos en la cama nos quedamos grogui hasta la mañana siguiente. No estábamos en forma para San Vicente de la Sonsierra. No es fácil seguir el ritmo de los “renegados”.

Quien no tiene noche tiene mañana, y una vez descansamos lo suficiente, Amante no me dejó escapar viva (¡bravo!). A fin de cuentas, era San Valentín o, como yo le llamo, San Calentín, y había que honrar la fecha.

Después de desayunar y de dar un paseo por el pueblo, nos despedimos de Mayang, prometiéndole que volveríamos con más tiempo, porque de tan relámpago que había sido la escapada, nos había sabido a poco.

En el camino de vuelta Amante me dijo que los regalos de San Valentín con frecuencia se olvidan (¿acaso seríais capaces de recordar los regalos que os hicieron vuestras ex parejas este día?), sin embargo, a ninguno de los dos se nos iba a olvidar este viaje, ni San Vicente, ni despertar la mañana de San Valentín contemplando un paisaje de viñedos. Por unas horas fuimos los dos solos, como si tuviéramos veinte años.

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Info:
La Casona del Boticario
Tel: (34) 941 33 42 00
C/ General Varela, 1
26338 San Vicente de la Sonsierra (La Rioja)
info@casonadelboticario.com
www.casonadelboticario.com

San Vicente de la Sonsierra
http://www.sanvicentedelasonsierra.org/

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2 comentarios en “Visto y no visto

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