Frágiles

Dicen que estamos criando generaciones de niños frágiles, flojitos. No sé, puede que sí y puede que no.

Yo soy la pequeña de siete hermanos. Todo el mundo me decía mimada y blandita, y al final he salido resistente como una vara verde.

Creo que lo que nos hace débiles es no querer enfrentarnos a los problemas, no estar más o menos preparados desde la infancia.

Enseñar que caerse no es motivo de vergüenza, que equivocarse es la única manera de aprender, que decir NO ante lo que nos incomoda es un derecho, que llorar sirve para aliviar tensiones, que no existen los príncipes ni las princesas azules, sino personas que a veces encajan con nosotros y otras veces no, y no pasa nada si no nos enamoramos o no se enamoran de nosotros.

Todas o casi todas las consultas que me enviáis giran en torno a lo mismo: yo quiero, él no quiere, me deja, me hundo, me levanto, él vuelve, caigo otra vez, me vuelve a dejar. Y no tiene que ver con la edad. Sois chicas desde veintipocos a cincuenta, y más. No es una cuestión de generación: es una cuestión de fragilidad.

Hay que levantarse, sacudirse la ropa, ponerse una tirita en el desconchón de la rodilla, y memorizar dónde está el socavón en el patio del recreo, para no volver a caer justo ahí.

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PREGÚNTALE A PEPA
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