No se daña a quien se quiere

Este post en realidad se iba a titular Sororidad a hostias, que es como mi amigo Alberto Rey quiso titular su artículo de ayer en ElMundo.es, que más que artículo es una carta de amor a la serie Big Little Lies y, concretamente, a una espléndida Nicole Kidman, que interpreta a una mujer (atención spoiler) maltratada por su marido. No lo he titulado así porque me regañan, no por falta de ganas.

El maltrato. Un tema que lleva pegado a mi piel los últimos días, de un modo u otro.

El lunes recibí un correo de una niña jovencísima (tranquila, no voy a revelar nada más que te saque del anonimato), que relataba una relación tóxica, terrible, de abuso físico y psicológico que había sufrido durante varios años por parte de su novio. Ella aún me preguntaba si no se habría equivocado al tomar la decisión de dejarle. Si no sería verdad que es que no se arreglaba lo suficiente para él. Si no sería demasiado sensible con esos comentarios despectivos hacia su cuerpo. Necesitaba que alguien desconocido le dijera que no, que no estaba loca, que eso no era amor ni era nada remotamente parecido. Que ese tipo la trataba como si fuera solo un agujero donde meterla… Tan joven, pero ¡tan joven!, y pasando por algo así.

Ayer me llamó una amiga, una antigua compañera de trabajo, para contarme su martirio: un niño pequeño, aún bebé, y un marido del que se divorcia porque le pega. Sí, no me voy a andar con eufemismos de mierda, LE PEGA. Antes la ha estado humillando, quitándole la independencia económica, dejándola aislada de su familia. A ella no la he tenido que convencer de que está haciendo lo correcto, de lo que se arrepiente es de no haberlo visto antes. De estar tan ciega que no ha visto la escalada del maltrato.

No encuentro las palabras para explicar mi rabia. No puedo entenderlo, no me entra en la cabeza qué puede pasar por la mente de un tipo que le hace esto a una persona que le quiere y confía en él, que le ha entregado su amor, su cuerpo, que se ha embarcado en una vida juntos, que ha llevado dentro a su hijo…

¿Qué pretende? ¿Qué quiere? ¿Qué busca? ¿Acaso la destrucción de otro ser humano les causa placer? ¿Es ausencia de empatía? ¿Son psicópatas?

Y, si es así ¿estamos rodeados de psicópatas o son simplemente hijos de puta? Porque a mí, tal y como me siento ahora, lo único que se me ocurre hacer está íntimamente relacionado con ese título que no me he atrevido a poner… ahí lo dejo.

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6 comentarios en “No se daña a quien se quiere

  1. Yo creo que lo único que pretende esta gentuza es sentir que no son los únicos miserables, que su vida da tanta pena que necesitan hacer penosa la de los demás… que escoria!

  2. Qué les pasa a las generaciones que vienen, tan enseñadas, tan ilustradas, con tanta información, tan al corriente de todo, con tanto a su alcance. Y tan gilipollas. Qué rabia tan enorme.

  3. Cuidado con utilizar términos como “psicópata” es una realidad difícil y complicada la de quien realmente lo es. Es un enfermo mental. Los maltratadores…no sé si además son psicópatas.

  4. Hay que combatirlo, educando a chicos y grandes para evitar a los patanes y a las vulnerables, y es que eso es lo que temo, que le pueda pasar a cualquier chica, que una buena mujer se encuentre con un patán que logre aprovechar su punto débil, es todo un tema.

  5. No puedo darle categoría ni de psicopatía ni de enfermedad mental… Me quedo con el que son gentuza, mierdas que no valen para nada…

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