Evitar decepciones

Tengo que confesar que hace años me ilusionaba a los dos segundos de empezar una historia. Creía que si no sentía la electricidad recorriendo mi espina dorsal cada vez que le miraba, eso nunca iba a ser amor.

Sí y no. Evidentemente, hay diferentes grados de atracción: te puede gustar solo físicamente (y que, por favor, no hable), te puede encantar su personalidad (y necesitar dos gintonics para irte a la cama con él), te puede gustar un poco como piensa y otro poco cómo es (pero ¡meh!), puedes sentir esa descarga y que cuando le ves sientes que te gusta tanto que te lo comerías…

El caso es que con el tiempo he aprendido que nada nunca es tan bueno como crees que va a ser, y que por eso hay que ser muuuucho más flexible con la idea que tenemos (o que nos han metido) en la cabeza de lo que es el amor.

La intimidad va unida a la insatisfacción, y parece que estamos destinados a ella.

Después de tres años viviendo sola (todo un record para mí), más de uno me ha dicho que no me he ido ya a vivir con Amante porque defiendo mi espacio como una leona. Yo solo me defiendo cuando tratan de invadirme, y no es el caso. Creo que ni siquiera me lo planteo porque sé por experiencia que la convivencia se lo carga todo, que por cómo me trata tendría unas expectativas muy altas (y poco realistas) de cómo sería nuestro día a día, y que no quiero que ese chispazo que me recorre la espalda cuando le veo se transforme en algo tan normal que ya no sea capaz de apreciarlo.

Los años me han enseñado a no esperar nada, porque así todo lo que viene es un regalo. Y si todos los días te dan un regalo, dejarás de apreciarlo.

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

3 comentarios en “Evitar decepciones

  1. A mí últimamente me pasa que creo que me enamora más la idea que yo me hago de la persona que su forma de ser real, suelo ver actitudes que no son ciertas y al final te decepcionas.

    Enhorabuena por el post, me ha encantado.

    1. Querida. Anaïs Nin decía “no vemos las cosas como son, las vemos como somos nosotros”. Siempre nos enamoramos de cómo queremos que sea esa persona, no de cómo es en realidad. Cuando nos desenamoramos, quizá sea porque la vemos como es, y ya no corresponde con nuestro ideal. La madurez consiste en intentar evitar estas actitudes. Pero creo que es parte de nuestra naturaleza, es difícil de erradicar.
      Un beso. Gracias por comentar.
      Pepa.

  2. Querida Pepa,
    Lo primero, y una vez más, enhorabuena por unos posts tan “agradables” de leer y por un trabajo tan bueno… No se leen cosas así ya tan a menudo.
    En cuanto al tema en cuestión, yo creo que ésto es como “la pescadilla que se muerde la cola”: nos volvemos tan exigentes, tan meticulosos que, si no adornamos al que tenemos enfrente con algo, no nos gustaría nadie y a todos les sacaríamos algún fallo. Y por eso mismo, a veces, casi por también algo de desesperación y ganas de “amar y ser amado” (perdón por lo cursi, pero es así) pues, voluntariamente, añadimos y adornamos para que todo vaya bien. Ahora bien, mi pregunta es: ¿dónde está el límite de lo que es idealizar “normal” y lo que no?
    Un beso enorme

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


cinco + = 13