Esperar algo que nunca llega

Mother and son (8-10) walking on beach, rear view, close-up

Últimamente me he enganchado a una serie, “Casual”. Un hermano y una hermana que viven en la casa de él, después del divorcio de ella, junto a una hija adolescente. Ambos son un pelín rebuscados (él un genio de la programación que se inventó una existosa web de citas, y ella psiquiatra), con bastantes taras emocionales, que según avanzan los episodios descubres que son consecuencia de unos padres disfuncionales – y tremendamente hostiables -, que los criaron de aquella manera. En mi opinión, bastante centratidos están teniendo en cuenta cómo fue su infancia.

El caso es que en uno de los episodios un personaje secundario y fugaz le dice a Valerie, la prota, que “los hijos esperan toda la vida que sus padres les pidan perdón, y los padres que les den las gracias, y como nunca sucede, ambas partes andan siempre en lucha”.

Tenemos la mala costumbre de recordar solo lo malo de nuestras relaciones, incluidas las familiares, y esto va dejando una especie de roña, de amargura, en nuestra existencia. Deberíamos dar más las gracias por lo bueno vivido, y pedir más veces perdón por los errores, pero lo hacemos al revés. Y ni pedimos perdón ni damos las gracias.

He visto muchas veces a lo largo de mi vida a padres y madres que se han sacrificado hasta extremos inimaginables por sus hijos, que les han salido unos petardos desgraciados y desagradecidos. Como he visto padres a los que habría que quitar la custodia y pedir una orden de alejamiento, porque siendo seres inconscientes, auténticas malas personas, les han salido hijos como soles.

Yo… yo he vivido de todo. En mi caso no sé si tendría que haber dado más las gracias o haber pedido más veces las cuentas. Ya no me importa.

Ahora solo miro por el hoy, como mucho mañana. Entiendo que lo único que puedo hacer como madre es ser honesta, dar lo mejor de mí, y equivocarme, por supuesto.

No sé si mi hijo algún día me dará las gracias, pero lo que no quiero es tener que pedir perdón.

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5 comentarios en “Esperar algo que nunca llega

  1. El gran fracaso de la inteligencia que padecen algunas mujeres, o mejor dicho de la estupidez emocional que les hace sufrir, es debido fundamentalmente a los modelos sentimentales que se marcan a la hora de buscar a un hombre.
    Porque las mujeres muchas de ellas, no son flexibles en el amor, tienen un comportamiento tipo cliché, más o menos igual para todas. Quieren un hombre perfecto, alto, guapo, bien parecido, con el peso y la altura perfecta, y sobre todo que esté bien situado laboralmente, realizando una actividad que le reporte altos beneficios. Buscan un mirlo blanco, que raramente existe. Y cuando creen que lo han encontrado, se dicen a sí mismas… este hombre es para mí para siempre, y se desarman, pierden la razón y el conocimiento de lo que deberían hacer o decir. Y como este tipo de hombres lo saben, se percatan de ello, se aprovechan, las utilizan, las sacan todo lo que pueden a nivel emocional, sexual e incluso material, y las abandonan por otras que están a la espera de que les toque el turno, y van pasando de una a otra con total naturalidad. Se aprovechan de ello y sacan lo máximo posible.
    Así que cuando las mujeres están en general ante un hombre que les gusta y les interesa mucho, no vale solamente con la atracción física, es como si se entorpecieran sus acciones, dejaran de pensar con nitidez, se ponen hasta nerviosas, les delata su ansiedad por tenerlo, y a veces ni son capaces de sostenerle la mirada porque se sonrojan, hasta tal punto que se convierten en la persona que el hombre le gustaría que fueran, y se apartan de lo que son realmente ellas mismas.
    Esto es debido en gran parte a que a las mujeres de valía tanto física como intelectualmente, con buena posición social y económica, el resto de hombres normales, vulgares y por debajo de ellas, no suelen existir, y si alguno de ellos se les acerca con la intención de tener una relación sentimental, se sienten totalmente ofendidas y vejadas, y reaccionan de forma maleducada y a veces hasta agresiva…
    Es como si las mujeres en vez de acostarse con el hombre en sí, lo hicieran con su categoría, con su posición, con su origen social y familiar, a sí como con su aspecto físico agradable y viril, y nunca lo hicieran con el hombre persona. Ese es un gran fallo femenino, que no se paran a conocer, ni se dejan amar e intimar con aquellos varones a los que descartan de partida rápidamente, por considerarles inferiores, y se pierden con ello quizás lo mejor que tiene amor para ser feliz.
    El hombre de hoy lo único que puede hacer es hacerse con la cifra más alta posible que no le deje de caer nunca, porque miserias temporales no le valen, y esperar a que alguna mujer quiera estar con él, ya que a veces ni con esas… con mucha suerte y currándoselo mucho. Porque si vas detrás como un perrito faldero de ellas, no te van a valorar ni querer nunca, y lo más seguro es que te desprecien, te humillen, te pateen el culo, y algunas hasta te denuncien por acoso jajaja.
    ARTURO KORTAZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA ©

    1. Hola, Arturo. Gracias por comentar. Todas las opiniones son bienvenidas en este blog (hasta las negativas).
      Tan solo permíteme que te diga que:
      a) tu comentario no tiene en absoluto que ver con el hilo del post. Quizá deberías haberlo escrito en alguno que tuviera relación con lo que dices.
      b) te quejas de que las mujeres vamos a por un cliché, y nos metes a todas en el mismo saco. Eso es repetir el cliché, pero al revés. No generalices.
      c) el supuesto comportamiento que nos adjudicas cuando nos interesa alguien (“se ponen hasta nerviosas, les delata su ansiedad por tenerlo, y a veces ni son capaces de sostenerle la mirada porque se sonrojan”) se puede aplicar a cualquier persona que se sienta atraída por otra, independientemente de su género, edad y/o preferencia sexual.
      d) el párrafo final me lleva a pensar que has tenido algunos problemas con las mujeres. Está muy bien desfogar en redes. Pero te aconsejo que valores consultarlo con un especialista. A veces hablar con un profesional nos hace ver que nuestra actitud en las relaciones no es la adecuada, de ahí el constante fracaso.
      Un abrazo, y gracias nuevamente por comentar.
      Pepa.

      1. Hola Pepa, muy interesante tu blog. Me he quedado perplejo con el comentario de Arturo, generalizar así lleva a la propia ruina. Por suerte o por desgracia he tenido muchas relaciones, y muchas más podrían haber sido, y creo que nunca conocí a dos chicas que fueran iguales, puede haber ciertos patrones similares en algunos grupos, pero cada persona es un mundo, que cuanto más conoces más te sorprende (para bien o para mal 😖), cuantas más barreras y prejuicios nos imponemos más limitamos nuestra propia felicidad, compartida o en soledad. A pasarlo bien y dadles besos a padres o hijos quien los tenga, y tenga ganas 😜

  2. Hola, Pepa:
    siempre te leo, aunque no suelo comentar. Pero en esta ocasión tu texto me ha provocado muchos pensamientos.
    El primero de ellos, es sobre la ausencia de gratitud hacia los padres. Yo al menos valoro mucho más a mis padres desde que tengo hijos, ahora que soy consciente de todas las renuncias y sacrificios que supone. Y sobre todo, de lo difícil que es decidir qué es lo mejor para que sepan ser felices y, sobre todo, que sean emocionalmente estables, capaces de enfrentarse a los reveses de la vida. Ni sobreprotegidos, ni abandonados. ¿Dónde está el equilibrio?
    Luego he pensado sobre la influencia de la educación que damos en el resto de decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida. Lo difícil que es deshacerse de aquellas cosas que nos inculcaron, consciente o inconscientemente, y que con el paso del tiempo han resultado no ser útiles para el camino que finalmente escogemos en la vida. He reflexionado muchas veces en la falta de coherencia entre la educación que me dio mi madre y su ejemplo. Como creo que es el caso en muchas mujeres de mi generación (40 años), mi madre es una ama de casa que no tuvo oportunidad de estudiar y para la cual lo fundamental era que yo estudiase, tuviese un buen trabajo y no dependiera de ningún hombre. Así que cuando tuve que conjugar mi papel de mujer-madre con el de mujer-“independiente” me vi sin un referente. Me ha costado mucho años ajustar lo que me enseñó de palabra con el ejemplo que vi en casa. Un divorcio y mucho sufrimiento después, creo que ya casi me he encontrado a mí misma.
    Por último, soy aficionada a la escritura y he hecho varios cursos. El último de ellos era un taller de literatura y Getalt. En este taller salieron muchos traumas de asistentes y había varias personas con padres hostiables, como tú les has llamado. Después de la segunda sesión, fui a casa de los míos, les planté un beso a cada uno y les di las gracias por haberme criado razonablemente cuerda. No sé si ellos entendieron bien a qué venía, pero a mí era lo que me pedía el alma ese día.
    Un besazo muy fuerte, Pepa, y muchas gracias por compartir con nosotras tus pensamientos e historias. Yo me siento muy identificada con muchas de ellas.

  3. Querida Pepa, he leído tu post, como siempre y mi imaginación me llevó a mis padres, lógicamente.
    Sabes? en vida nunca pude decirle a mi padre la adoración que yo sentía por él, y a mi madre me cuesta decírselo mucho. Me siento enormemente orgullosa de mis padres, sin ellos ser o tener nada me lo dieron todo…
    Igual y no es aquí donde deba ponerlo pero es mi forma de digamos “darle un respiro a mi alma”, poder decir en público “papá cuánto te quiero y cuánto te echo de menos”…

    Yo perdí dos hijos, dos abortos seguidos que me provocaron una depresión tremenda y muchas veces sabes qué me digo? (en referencia a los padres “hostiables”), Dios no me quiso dar a mis hijos, yo creo que me hubiera dedicado en cuerpo y alma a ellos, y en cambio se los da a parejas que con todos mis respetos, están ellos aun sin educar para saber hacerlo con sus hijos.

    Un abrazo enorme Pepa y como siempre: gracias por tus post, nos hacen creer (al menos a mi sí) que no soy un bicho raro, soy mujer!!!

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