Fast food

Ahora que tantos programas y realitys sobre la cocina y sus artífices hay, parece que todo el mundo quiere ser chef.

El sexo y la cocina tienen mucho en común, pero no creo que estemos (aún) preparados para un programa donde se nos enseñe a follar en condiciones.

¿Os imagináis? Un artículo en un lugar como El Comidista, hablando de los pros y los contras del producto local, de cercanía, frente al importado. La Escudero hablando sobre las bondades de hacerlo con calma y tiempo, y no pim pam y fuera. O expertos rollo Gordom Ramsay (perdonad que cite a un foráneo en vez de a Chicote, pero es que me da como cosica este hombre) metiéndose en el dormitorio de la gente para decir “no, fuera, negao… esto no se hace así… no vales para esto” (====> TRAUMA ASEGURADO).

No lo veo, no.

Bromas aparte, cocinar y follar tienen mucho en común, muchísimo. No ya solo por lo obvio, la estimulación de los sentidos, sino por la parte que a mí más me gusta de ambas actividades: es un acto de entrega y de generosidad.

A Amante no le gusta cocinar, lo hace por obligación, pero lo detesta, sin embargo folla como dios. La paciencia que no tiene para elaborar un menú, la despliega de sobras en la cama. Pero le gusta comer, le gusta comer bien. Su madre es una gran cocinera y ha educado su paladar.

Para mí el sexo y la cocina son dos actos a los que o le pones interés o salen mal.

Por eso suelo decir que “a quien no le gusta comer, no le gusta follar”. Y puedes averiguar mucho de una persona observando cómo come: si se lo toma con calma o engulle; si lo empapa todo con mayonesa o cualquier salsa; si piensa que lo más caro es lo mejor…

Me encanta cocinar y me tomo mi tiempo (lo mismo que en el sexo). Me relaja y me produce placer coger tres o cuatro cosas que por separado podrían parecer insulsas, y convertirlas en algo sabroso. Es una ofrenda para quien lo haces.

El fast food se inventó para cubrir una necesidad momentánea. Te comes una hamburguesa un día que no te ha dado tiempo de comer otra cosa, pero no lo haces a diario. Es malo para la salud.

Con el sexo pasa (o debería pasar) lo mismo: todos podemos echar un polvo rápido, pero si lo haces de continuo ya no tiene emoción ni interés. Y es malo, muy malo, para el espíritu.

Así que alejémonos un poco del fast food y pongámosle interés al guiso, por favor.

 

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