Por pereza se viene abajo la casa

Hace un par de días me llamaron para participar en un estudio de mercado. Me tenían en una lista y encajaba en el target, y como eran un par de horas y estaba al lado del trabajo, dije que sí. Nunca había participado en uno, y tenía curiosidad.

El grupo era bastante homogéneo, y a simple vista no sabía por qué me habían incluido en él. Me picaba la curiosidad antropológica.

Cuando llegó la hora de las presentaciones, debíamos decir cada uno nuestro nombre de pila, edad, profesión, y si teníamos hijos o no, y ahí ya me di cuenta de por qué estaba en el grupo: edad entre 42 y 48, solteros, divorciados, con o sin hijos. Correcto, pero en lo único que coincidíamos era en eso. Con ninguna de estas personas (excepto con uno que llegó tarde) tenía nada más en común, empezando por el aspecto. Llamadme pija, llamadme snob, llamadme mala persona… pero ¿por qué la gente va tan descuidada, sobre todo a partir de cierta edad? A ver, el verano en cuestiones estéticas es EL MAL, pero no me refiero a eso.

Casi todas las mujeres del grupo andaban entre 42 y 44 años (menos una que tenía 48, como yo en breve), y parecían señoras rondando los 60. Es como si hubieran dicho “total, si ya no puedo esperar nada de la vida, me dejo”. Y ellos no creáis que se conservaban mejor: esos pantalones pirata, esas chanclas, esos polos ajustados a una barriga instalada en medio del tórax cual embarazo de 4 meses…

Y esta gente venía a un sitio donde nadie les conoce, por lo que se supone que iban medio apañaos. No quiero ni pensar cómo van cuando van “cómodos”. Se me eriza el vello de pensarlo.

Todos pasamos por mejores y peores épocas. Engordamos, adelgazamos, hacemos deporte o no. Hay gente guapa por naturaleza y gente que sin ser guapa es atractiva, tiene un punto. ¿Sabéis cómo se consigue el punto? NO descuidando el aspecto. El mayor truco de belleza es ir limpio, arreglado.

Esas uñas de los pies que asoman por las sandalias como garras de águila… Esos talones propios de un masái que camina descalzo… Esos pantalones capri que solo le quedaban bien a Audrey Hepburn. Ay ay ay ay…

Un verano más os repito: las riñoneras y los bolsitos cruzaos de tío son de traficante de drogas al menudeo. Llevar más de dos piezas de Desigual debería estar penado con cárcel (condena permanente revisable si se combina con zapatos de El Naturalista y uñas de diferentes colores). ¿A qué vienen estos despropósitos veraniegos? ¿Es por el calor? Yo también tengo calor, mucho, pero también autoestima, caris, no os hagáis esto, por favor (sobre todo no nos lo hagáis a los demás, tened compasión).

En serio os lo digo, no os descuidéis.

Pd (sí, el titular es una cita del Eclesiastés “Por la pereza se desploman las vigas y por la dejadez se viene abajo la casa”, que vale que soy atea pero leo)

 

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3 comentarios en “Por pereza se viene abajo la casa

  1. Quizás las personas que tu ves horrorosas con ropa Desigual y uñas de colores, tienen el autoestima lo bastante alta como para sentirse atractivas sin usar ropa a la moda y la pedicura de esta temporada… (estoy contigo en cuanto a que tampoco es mi estilo, ojo). En los tiempos en los que vivimos, por suerte la autoestima depende más de la aceptación de uno mismo y no del que dirán los desconocidos en un estudio de mercado…

    1. Hola, Sofi. Gracias por comentar. En primer lugar, me autocito “Llamadme pija, llamadme snob, llamadme mala persona… pero ¿por qué la gente va tan descuidada, sobre todo a partir de cierta edad?”: estoy dejando claro que lo mío es puramente subjetivo y si queréis llamarme clasista, adelante, pero de lo que hablo es del descuido, el descuido en tu propia persona. En segundo lugar, y me vuelvo a citar, “Llevar más de dos piezas de Desigual debería estar penado con cárcel”. “Más de dos piezas de Desigual”. Llevar una ya requiere trabajo. Combinar dos es provocar ataques de epilepsia a quien ose mirarte. Hay prendas y estilos que son feos, sin más
      La reflexión general del post es por qué llegada cierta edad muchas personas se descuidan, como si no importara ya quien les mira ni quien son. Y cuando en un grupo únicamente seleccionado por edad y lugar de residencia, entre el 85% y el 90% de ellos presentan un aspecto descuidado muy similar, no es una cuestión de tener la autoestima muy alta (que sería lo deseable) sino un imperdonable dejarse llevar por la pereza.
      Nuevamente, gracias por comentar y, sobre todo, por tener una opinión contraria y argumentarla.
      Un beso.
      Pepa

  2. Buenas.
    Esta es la primera vez que comento, aunque no la primera vez que te leo… 🙂 Tengo 44 años y una hija de 10. En el cole tengo una pandi de mamis, somos cuatro de edades aproximadas, una tiene 46, otra 42, otra 43 y una quinta, la pequeña, 35. Si nos ves a las cinco juntas parecemos todas de la misma generación. Con nuestros defectillos y nuestros puntos fuertes, sabemos sacarnos partido y disfrutamos aun del ritual de chapa y pintura mañanero!! ja ja ja!
    Estoy muy de acuerdo con lo que expones en tu post. Creo que hay que cuidarse y no dejarse, creo que es fundamental para la autoestima, al igual que es fundamental conocerse y sacarse partido. Nunca es una perdida de tiempo, bajo mi punto de vista, dedicarse 10 minutos cada mañana.
    un beso!

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