Recordatorio

Llevo una temporada baja de ánimo (lo habréis notado quizá al leerme). No sé si es cansancio (hace mucho que no tomo vacaciones), que me asignaron a un nuevo proyecto, que me afecta el calor, que tengo desarreglos hormonales… Mira, yo qué sé. Amante dice que no siempre puedo ser un cascabel, y razón no le falta, pero ¿a quién le gusta estar de bajona? A mí no, desde luego, y hasta me enfado conmigo misma, con mi cuerpo, por no responderme.

A veces escribo en el iPad. Otras en el programa de anotaciones del teléfono (sí, los trayectos al trabajo me inspiran). Y otras más lo hago en el portátil, casi siempre en domingo, como ahora. En el escritorio guardo un archivo, algo que escribí hace algo más de tres años. El nombre del archivo es “Agonía”, y fue donde escribí un grito de socorro, donde puse en palabras la situación que vivía en ese momento. Ese “NO PUEDO NI UN MINUTO MÁS”.

Podría haberlo borrado, y aún puedo hacerlo, pero lo conservo ahí, en el escritorio, como un toque de atención, como un recordatorio de cómo estaba entonces y de cómo estoy ahora. De hasta dónde pude aguantar y de un lugar adonde no pienso volver jamás.

Hace algo más de tres años, cuando tomé la decisión de separarme del padre de mi hijo, no conseguía dormir, y tuve que pedirle a mi médico que me recetara algo para poder hacerlo. Perdí peso (quizá un poco más de lo debido), y estaba frente a una hoja en blanco. No sabía lo que iba a pasar con mi vida, pero estaba decidida a no volver otra vez a esa “agonía” que explicaba en esa carta.

Así que en días, como hoy, en los que estoy con “la bajona”, en los que creo que no puedo con mi coño y me pesan los años, en los que abro el portátil y veo ahí, en el escritorio, ese archivo que pone “Agonía”, pienso que soy muy afortunada por haber aprendido la mejor lección de todas: he aprendido a ser libre (de verdad), independiente (de verdad), a respetarme (de verdad). Con ello llegó todo lo que faltaba antes: autoestima, valor y tener la suerte de encontrar a alguien que te quiere por quien eres, no por lo que puede obtener de ti.

Siempre os digo que no aceptéis a nadie que, como mínimo, os quiera como iguales. Que sea capaz de cruzar la ciudad solo por ir a buscaros. Que os acepte con los días buenos y los días de bajona…

No os conforméis con menos y, si lo encontráis, no deis menos que eso.

Yo ahora voy a cenar, a acostarme temprano porque estoy muy cansada, a darle las buenas noches a quien quiero,  y a dormirme pensando que cada día que pasa está más cerca el momento en el que borre ese puto archivo, que cada vez es más ajeno a mí.

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3 comentarios en “Recordatorio

  1. Querida Pepa, antes de nada te mando un abrazo, de esos que aunque no se conozca a la persona trata uno de transmitirle una cosa llamada “comprensión”.
    Pepa, la gente que está acostumbrada a animar a todos a veces se autoempuja a algo llamado “tengo que poder con esto, no me puedo venir abajo”, no Pepa, las personas que animáis debéis decir también cuando estáis mal para que en ese momento entremos en juego las personas que en algún momento nos vimos ayudadas por ti, nos sentimos identificadas con tus vivencia y por otra cosa muuuuy importante: para poder decirte: Pepaaaaaa jonesssssssss que echamos de menos tus post donde ponemos calentiiiitos a los (con perdón) mamarrachos!!!!
    Lo dicho Pepa, te mando un gran abrazo y un: pase lo que pase en tu vida que sepas que tienes a “ciber colegas-amigas” que cuando lo necesites tirarán de ti

  2. Querida Pepa, te leo desde que yo tambien empece mi andadura libre e independiente despues de una relacion que me desgasto diossabecuanto. Yo que tambien estoy de bajon esta temporada, no sabes cuanto agradezco este post. Por que me has recordado que por mucho bajon que tenga, hay que celebrar, a.veces lo olvidamos, salir de estos momentos de agonia y recordar que si valemos, que si podemos con cualquier cosa y aunque en los momentos de bajon no los recordemos, que todo pasa … todo Gracias ,

  3. Un texto tan honesto, tan repleto de sabiduría y tan sincero, debería ocupar un lugar de honor.
    Y lo hace entre aquellas personas que te seguimos.
    Digamos que me he quedado sin palabras. Tan sólo brota una que deseo llegue en su máxima plenitud: Gracias!

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