El monstruo verde

jealous

Iago – O, beware, my lord, of jealousy! / It is the green-eyed monster which doth mock / The meat it feeds on
Yago Oh, mi señor, ¡cuidado con los celos!/ Son el monstruo de ojos verdes que se burla/ de la carne con que se nutre

Otelo (Shakespeare)

Pobre de ti como un día te atrapen los celos. Ningún sentimiento me ha producido tanta desazón, me ha hecho sentir tan miserable, como sentir celos. Son algo irracional, te desquician, y, como bien decía Shakespeare, te consumen la carne.

Hace unos días una lectora me pidió consejo a través de Facebook. Había conocido a su novio a través de Tinder, y todo bien excepto que él estaba todo el tiempo sospechando de ella: cada vez que recibía un mensaje en el móvil, pensaba que era de un tío y que se la estaba pegando. ¡Qué sentimiento tan terrible! Cuánta inseguridad.

No somos dueños de la persona que elige estar con nosotros como pareja. Nunca, en ningún momento, tenemos la propiedad de la vida presente ni futura de esa persona. Menos aún podemos exigirle que borre el pasado antes de conocernos. Sin su pasado no sería la persona que es en este momento, cuando la amamos.

Los celos no manifiestan más que la propia inseguridad. Si esa persona está contigo es porque quiere. ¿Podría estar con otro o con otra? Pues claro, pero ESTÁ CONTIGO. Eso debería bastarte.

Por supuesto que pueden aparecer “fantasmas del pasado” (no olvidemos a mi pajillero -al final del post puedes encontrar la historia completa-, ese que tanto nos ha hecho reír), pero somos mujeres (y hombres) lo suficientemente maduros como para decir “no, gracias, vengahastaluego”. De hecho, siempre aparece algún fantasma por ahí, ya sea un ex compañero de trabajo que te tiraba la caña, un ex rollete de una noche, el amigo de un amigo que se quedó colgado de ti en aquella fiesta… siempre hay alguien, y no tienes ningún control sobre cómo y cuándo van a aparecer, y estar celoso por esos fantasmas es, digámoslo claro, MUY INFANTIL.

Los celos, aún siendo fundados, no hacen más que llevarte a la locura, a convertirte en un detective, en la persona más susceptible del mundo a los detalles, a asfixiar al otro.

Yo he sido celosa, lo reconozco. Me dieron motivos, y además estaba en lo cierto pero ¿me sirvió de algo la angustia que pasé antes de destapar el pastel? No, no me sirvió de nada. Llevar razón no me sirvió más que para prolongar el mal rato que tuve que pasar.

Por eso os animo a que reforcéis la seguridad en vosotras mismas. Si vuestra pareja os la pega y le descubrís, pensad que es un imbécil por jugársela y perder a una maravilla como vosotras. Cerrad capítulo y comenzad a escribir el siguiente. Pero no perdáis el tiempo en sospechar, espiar y controlar al otro. Él (o ella) se lo pierden…

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