Los tontos y los muertos son los únicos que no cambian de opinión

Este mes de agosto que termina ha sido intenso por muchas razones. Regresé de las vacaciones con un par de kilos de más de los que ya me sobraban antes de irme, me puse las pilas y he perdido cinco solo en este mes (*). Asumí funciones de jefa (sin ser nada de eso y sin llevar “galones”) y resultó que es como lo de andar en bicicleta o follar, no se olvida, o como dice Madame C (mi directora) es algo que me sale de forma natural (sí, ya lo he sido antes). He dejado total y absolutamente de beber, que no es que fuera Jessica Jones, pero la cervecita (las, en plural) al llegar a casa del curro, y las cañas o vinos de los fines de semana han sido fulminados; curiosamente, no lo echo de menos, yo que pensaba que tenía espíritu de Sue Ellen, ya ves… He alterado mi día a día para no consentir que las circunstancias me superen y poner orden.

He organizado mi vida y mis quehaceres diarios de forma tan espartana que no es que me sobre el tiempo, pero ahora tengo tiempo para todo, hasta para leer. Y continuando con la desconexión de las vacaciones, a partir de cierta hora desecho el ipad y el móvil y leo, revistas, libros, y cómics.

En mi colección tengo algunos ejemplares de la serie “Mujeres Alteradas” de Maitena (este en concreto se publicó en España en el año 2000, justo hace 17 años) que me enganchó por deslenguada y por veraz. Le pasa un poco como a Ralph König, que se ríe de su sombra y de la tuya, de los estereotipos de género y los sociales. Ella lo cuenta como lo ve, un poco quizá como yo, aunque en su caso sabe dibujar, un talento que yo no tengo.

“[…] una mujer alterada es una persona que está cambiando.
Si bien es cierto que una cosa es sufrir un cambio y otra muy distinta es hacérselo sufrir a los otros, convengamos que uno cambia cuando no soporta más lo que le pasa, por mucho que le pese a los que no pueden soportarlo”.

Me comentaba la otra noche una amiga cómo es posible que el hombre que se negaba a que publicara fotos de ellos juntos en Instagram, porque no quería que oficializaran lo suyo en las redes, aparece ahora en el IG de “la otra” como si nada. Me preguntaba por qué los tíos cuando terminan una relación se apresuran a hacer con la nueva todo lo que te ha negado a ti.

No creo que sea una cuestión de género, porque las mujeres también lo hacemos, lo que pasa es que creo que nosotras somos más dadas a pequeñas “alteraciones” (un corte de pelo o un tinte, bajar de peso, comenzar a hacer deporte, salir con un hombre mucho más joven), y ellos cuando terminan una historia quieren cambiarlo todo para borrar el recuerdo de la anterior. Por eso dejan los dockers y las camisas de rayas y empiezan a vestir tejanos y chupas de cuero. Y se compran una moto. Y se meten en el gimnasio y se convierten en aspirante a Gianluca Vacchi. Es como si quisieran eliminar su antiguo yo.

Y no me parece mal. Cómo me va a parecer mal si yo misma he mudado de piel unas cuantas veces a lo largo de mi vida. Creo además que es sano. Uno crece y se alimenta con las experiencias, con los fracasos, con los cambios.

Estar “alterado” es cambiar, aunque no siempre sea para mejor. Si ese cambio viene porque hemos aprendido de los errores del pasado, y no queremos repetirlos, bienvenido sea. Pero el cambio debe surgir de forma natural, que sea por nuestro propio bien. Si hacemos algo que antes no hacíamos ni locas solo por complacer “al nuevo” o joder “al ex”, mal, no hemos cambiado, ni hemos aprendido nada. Es fachada, es máscara, y caerá más pronto que tarde.

“Los tontos y los muertos son los únicos que no cambian de opinión”. Pues mira, yo prefiero ser una ALTERADA toda mi vida antes que tonta o muerta.

Para mi Deo Aguilar, mi mujer alterada favorita.

(*) nota aclaratoria: trabajar en revistas femeninas no ha modificado la percepción de mi propia imagen, y no estoy haciendo apología de la delgadez excesiva ni la paranoia con la báscula. Mi peso desde enero sufrió un ascenso inexplicable e incontrolable, y una vez desechadas las causas hormonales – ¿menopausia, eres tú? – había que atajar el despiporre, por una cuestión de salud, sí, pero también práctica: soy demasiado pobre para cambiar de talla, je.

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4 comentarios en “Los tontos y los muertos son los únicos que no cambian de opinión

  1. Es que hay MILES de motivos para querer bajar (o subir) de peso. En mi caso los dolores menstruales se me hacen insufribles cuando subo de peso e intento estar lo más estable posible, sin perder estas curvas tan chachis que tengo!!! XD

  2. Pepa me encanto tu artículo, me identifique en algunos puntos sobre todo el caso de tu amiga y las fotos de instagram u_u pero ni hablar eso ya paso y en algunas ocasiones me hice la misma pregunta sobre los tíos jeje. Un abrazo.

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