Corre, Forrest, corre

forrest gump

A veces me gustaría que con esta sola frase vierais la luz, os encontrarais de frente con la persona que me escribe (tan triste, tan asustada, tan sin saber a quién contarle lo que le pasa sin miedo), y espabilarais, cojona.

Corre, Forrest, corre, sálvate.

Anoche intentaba explicarle a Amante por qué creo que en ocasiones nos dejamos arrastrar por relaciones tóxicas. Por qué las justificamos incluso, poniendo en un lado de la balanza todo lo que nos aporta y en el otro lo que nos roba, como si el hecho de que nos humille en privado pudiera ser compensado con los regalos que nos hace (como pago, como justificación, como bula para conseguir el perdón), o con lo bien que se comporta -en público- con nosotros. Vaya mierda de pago, qué barato vendemos la dignidad a veces…

Tu pareja puede joderte la existencia de muchas formas. Ni siquiera hace falta que te pongan una mano encima, o que te llamen puta o inútil o borracha, o tantos preciosos apelativos que surgen en esos momentos de ira. Basta que te vigilen, que te espíen, que te pregunten quién es esa persona con la que llevas tanto rato hablando, o por qué te has hecho amigo de tal en Facebook, o por qué guardas esas fotos de tu ex en el álbum, que por qué no las tiraste a la basura si ahora tienes al amor de tu vida contigo, a tu lado, vigilando, protegiéndote, a ver con quién hablas y lo que dices.

Que yo he estado así, y lo único que me salía era la rebelión, el tira pallá que me asfixias, el si no quieres salir pos mu bien pero yo me piro a la calle… Si a Paco no le gusta que me ponga ese vestido, ay, mira, Paco, qué pena contigo mi amor, pero yo me pongo lo que me da la gana. La rebeldía, eso sí, surgió después de la sumisión: “niña, si tu novio te controla es porque te quiere”, me decían cuando yo era una chiquilla. Y lo que es peor, hasta me lo creí.

Que sí, que yo también me he metido en relaciones que eran UN GRAN ERROR. Que si hubiera sido entonces la mujer que soy ahora, no hubiera consentido ni medio minuto de control… Pero por eso, porque ahora soy perra vieja, y bastante chenoa post-bisbal (cuando tú vas, yo vuelvo de allí), cuando me contáis vuestras cosas veo dónde os estáis metiendo, casi casi como si fuera una zíngara adivina de las de bola de cristal…

¡Corre, Forrest, corre!

///////////////////

PREGÚNTALE A PEPA
¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a amorentinder@gmail.com o por Twitter a @amorentinder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

 

 

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

3 comentarios en “Corre, Forrest, corre

  1. Ay! Que razón tienes!!! La lástima es no poder volver a atrás puntualmente para resarcirte contestando o haciendo lo que en su momento no te atreviste a hacer/decir porque “tú eres un amor señorita”, humillada y pisoteada, “pero una señorita”.
    Ay mamá! Se puede seguir siendo una señorita aún poniendo los puntos sobre las íes.

    Me voy a resarcir contando lo que me pincha en el alma.
    Estaba con mi entonces primer novio de vacaciones, 23 inocentes añitos. Y en nuestra segunda noche en un hotel maravilloso me suelta: “que coñazo todo el Día juntos!”.
    Íbamos con mi coche, conducía yo, como yo tenía tarjetas de crédito y el no yo pagaba y al final de viaje se supone que me daba la mitad (lo hizo).
    ¿Que haría mi yo de ahora? Recoger los trastos disimuladamente y mientras roncara en la habitación coger mi coche en mitad de la noche y largarme a casa, sin pagar la habitación ni dejar nota.
    ¿Que hizo mi yo de entonces? Llorar en silencio y terminar de convencerme de que si, estar conmigo era un coñazo.

    1. O haberle dejado una nota diciendo: “Tienes razón, estar contigo todo el día es un coñazo”.

      Ay….. lastima de una máquina del tiempo!!!!

      1. Bueno, es que de jovencilla te la cuelan por todos lados… Yo dejé a uno que mirara mi extracto bancario, para luego decirme, “¡joder, si no tienes un duro!”. Él tampoco lo tenía, que conste.
        En fin… de todo se aprende, querida

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


ocho − 3 =