De usar y tirar

Woman in a corset

A veces me paso de lista, lo sé, y pido perdón por ello. Se me olvida la diferencia de edad y de vivencias con algunas de las que me escribís para pedirme consejo o, simplemente, desahogaros.

Debería ponerme más veces en vuestro lugar en vez de echaros la bronca o soltaros un discurso de empoderamiento que a lo mejor no os va a llegar, pero no por nada, sino porque aún tenéis un gran trabajo de autoestima que hacer.

Anoche intercambiaba emails con una de vosotras, muy joven, que echaba en falta la ausencia de compromiso que veía en los hombres de su edad. Le contesté (aquí “La Lista” ¿sabes?) que a esa edad lo normal era no tener ganas de compromiso, y que no se dejara arrastrar por la presión de conseguir una pareja, que ya tendría tiempo… Pero no me di cuenta hasta que me respondió al email, de que lo que de verdad le preocupaba era la sensación que tenía de ser “desechable” o intercambiable por cualquier otra. No me había enterado para nada de por dónde iba su consulta, y me había salido por peteneras. Sorry.

Y en vez de ponerlo en el consultorio, creo que esto merece una reflexión más profunda. A ver si entre todos y todas las que me leéis conseguimos ayudar a E y a sus amigas (a las que al parecer les ocurre lo mismo).

Vivimos en una sociedad en la que aún las relaciones están definidas por un modelo que funcionó -aparentemente- bien para generaciones anteriores, pero que resulta pelín anacrónico para los millennials. Esta generación está influenciada por el ideal de amor romántico y parejas para toda la vida de sus padres y abuelos, pero a la vez las formas de comunicación, las redes sociales, las aplicaciones para ligar, y los ideales estéticos de hoy en día les someten a una presión a veces insoportable. Están entre dos mundos que se dan de bofetadas.

Lo bueno del ideal romántico es que apuesta por el compromiso y la estabilidad. Lo malo es que no es capaz de desligar sexo y amor, y si después del sexo no sigue una relación amorosa, genera frustración y esa sensación de ser de usar y tirar.

Lo bueno de la época actual es la facilidad para conocer gente fuera de nuestro círculo. Lo malo es justo eso, que hay quien quiere probar todos los pasteles de la vitrina, y es incapaz de quedarse con ninguno. Corres el riesgo de empacharte y aborrecer el dulce.

¿Cómo sobrevivir en estos tiempos sin frustrarte? Aprendiendo a desligar sexo y amor. Interiorizando que cuando te acuestas con alguien lo haces porque quieres, porque estáis a gusto, porque sentís una conexión física, pero no porque esperes que haya una contraprestación después en forma de noviete estable o semiestable. Siendo clara y diciendo lo que quieres: si quieres volverle a ver, házselo saber, que no es adivino; toma la iniciativa. Trabajando la tolerancia a la frustración: tú puedes querer pero él no, y no tiene nada que ver con que tengas algo malo o alguna tara; no sale, pues no sale. Entendiendo que no son tiempos en los que las relaciones se den así como así (menos aún si os habéis conocido formando parte de esa “vitrina de pastelería”), y si no surge el amor después del polvo, pues no surge, pero qué bien me lo he pasado.

El mensaje que intento daros es que estar sola no es tan terrible y que vuestro cuerpo es vuestro y disfrutáis con él porque os da la gana, que no sois kleenex y que el amor si viene, bien, y si no, pues también.

Y REPITO: NO SOIS DE USAR Y TIRAR.

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PREGÚNTALE A PEPA
¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a amorentinder@gmail.com o por Twitter a @amorentinder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

 

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9 comentarios en “De usar y tirar

  1. Me ha encantado tu post porque justo acabo de pasar por esta situación.
    He probado varias apps similares a Tinder y siempre me quedo con la misma sensación: ¿ya no queda nada que no sea esto?
    Conocí a un chico muy atractivo y quedamos un par de veces. En la segunda cita me propuso sexo ( y a mí, que me gustó más de lo normal) y le dije que no porque prefería conocernos un poco mejor.
    Él divorciado, después de 13 años de relación y con un hijo pequeño en común, me dijo que él sólo quería sexo en estos momentos.
    Entendí su postura pero me quedé chafada. Hasta me plantée echar un polvo sólo porque me gustaba pero sabía que me estaba engañando y que lo que yo busco en estos momentos es una relación estable.
    Al final ya no volvió a dar señales de vida y yo en el fondo me alegré de no haberme acostado con él porque es eso precisamente, no puedo desligar amor y sexo.
    Por supuesto que ha habido noches frívolas pero con alguien que potencialmente no iba a ser mi pareja y ya lo sabía con anterioridad.
    Pero ya no quiero más apps porque se pierde todo encanto, si no hay una, habrá otra y si hay tanto donde elegir y finalmente consigues ese pastelito, tienes muchas papeletas de llevarte muchas bofetadas si buscas algo más.
    En fin, que no me molan nada los tiempos del Tinder. Igual es que no he aprendido a cambiar el chip pero es que tampoco quiero ser un objeto de cambio.
    Gracias por tus artículos, ilustras muy bien la realidad sentimental.

  2. Hola.
    Seguramente les voy a parecer un impertinente, pero quiero comentar que me parece que la señora Ramos no termina de captar cuál es este gordo problema por el que le consultan tantas chicas, y tantas no tan chicas. “¿Cómo sobrevivir en estos tiempos sin frustrarte? Aprendiendo a desligar sexo y amor”. Pues no. Lo siento, pero no. ¿Y por qué no? Porque la causa de un problema no puede ofrecerse como solución al mismo. El problemón de esa chica, de sus amigas, y del 90% de las mujeres occidentales del siglo XXI es precisamente que viven en un mundo en el que los hombres están continuamente obligándolas a desligar sexo y amor, pues así es la sexualidad del varón machista y así se quiere en esta época que sea también la sexualidad femenina. Es una verdadera imposición social que está causando estragos, que va minando en silencio a las mujeres, muchísimo más de lo que parece, por mucho que esa reducción de la sexualidad femenina a la mucho más vulgar sexualidad masculina se quiera vender como algo feminista. Parece como si se quisiera prohibir a la mujer actual que espere ser considerada valiosa, que espere que un varón la considere como algo más que un cuerpo ajeno con el que masturbarse en compañía. La mitad de los pacientes de psicoanálisis a día de hoy son mujeres de entre 20 y 45 años que están hartas de pasar por simple y mero material pornográfico para hombres, hartas de tener que resignarse a que todas sus relaciones sean de sexo ocasional, sin compromiso ninguno, esto es, relaciones en las que amor y sexo están forzosamente desligados.
    Si tienen ustedes 65 minutos, vean esta excelente entrevista con la psicoanalista chilena Constanza Michelson, que explica de maravilla cómo toda esta moda del sexo ocasional no es más que pura violencia machista inconsciente:
    https://www.youtube.com/watch?v=HlH0RxSQIow

    1. Hola, Adrián.
      Gracias por dar tu punto de vista, pero me niego a considerar que todos los hombres son de una manera y todas las mujeres son de otra.
      La mujer es valiosa con y si su sexualidad. Al ponerla en el lugar de “OBJETO PRECIOSO Y DELICADO” le estás negando su derecho a poder DISFRUTAR de su cuerpo. Disfrutar ELLA, no el varón.
      El sexo ocasional es SANO siempre y cuando la mujer esté empoderada, el problema de base es ese: pensar que el sexo es una moneda de cambio que solo se concede únicamente si el varón está dispuesto a comprometerse.
      Me encantaría que me linkaras las fuentes estadísticas que citas, ese porcentaje de mujeres en psicoanálisis. En este enlace que te pongo yo, te cito la prevalencia de trastornos en pacientes ingresados por trastornos mentales en Chile (ya que andamos con chilenos), divididos en hombres y mujeres, y verás que la prevalencia es superior en los hombres -y los casados más aún.
      http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-98872002000600008

      A ver si nos centramos en la sexualidad sana y en igualdad, y nos dejamos de una vez por todas en el cajón de las cosas inútiles los prejuicios, que sobran.

      Mi apellido es Marcos, no Ramos, no me lo cambie por favor, gracias.
      Un saludo y gracias por comentar.
      Pepa.

  3. Hola de nuevo,

    me encantaría que las mujeres disfrutáramos del sexo con total libertad y sin la idea del compromiso rondándonos la cabeza (que no digo que lo hagamos en ciertas ocasiones). Pero mi pregunta es la siguiente: ¿cuántas veces puedes acostarte con el mismo hombre sin llegar a sentir algo más que la idea de sexo ocasional?
    Tengo amigas que han tenido amantes por un tiempo u otras que han conocido a cantidad de hombres por las noches y con los que se han acostado horas más tarde sin volver a verlos nunca más.
    Y a la conclusión que llegan todas es que se sienten de usar y tirar, que adónde les lleva todo esto porque TODAS buscamos el amor e intentamos convencernos que mientras llega o no, debemos tomar estas ocasiones.
    Me encantaría pensar en la igualdad a la hora de tener sexo pero a una mujer casi siempre termina por pasarle factura porque espera algo más en el fondo.
    Hoy no hay compromiso porque GRACIAS a las apps tenemos un mundo de posibilidades y para qué quedarme con uno/a si puedo estar con cien más. De verdad, ¿adónde vamos a llegar?
    A la igualdad en sexualidad aún le queda un buen trecho y yo al menos, no he conocido una mujer que al final se sintiera utilizada teniendo sexo ocasional.
    Podemos ir de modernas o tener la voluntad de que esto cambie pero la realidad es bien distinta.
    Por supuesto que cada una haga lo que quiera con su vida y cuerpo pero yo paso de estos juegos porque emocionalmente me destrozan.

  4. Bajo mi punto de vista considero que lo de separar sexo y amor es de salud mental básicamente pero pregunto yo: existen mujeres (pongo mujeres porque tendemos más hacia la “sensibilidad”) que puedan hacer eso? en serio existen chicas con ese botón de desconexión? jo pues lo que daría yo por tenerlo, bueno, mejor dicho NO, no quiero tenerlo.
    Soy como soy, anticuada y reservada en esos preceptos y no me gustaría cambiar eso de mi porque en mi mentalidad sigo teniendo la idea de que el “sexo” es demasiado íntimo y personal para mi como para compartirlo con unos cuantos con los que no vaya a tener más contacto. Me gusta tener esa parte mía en la que tanto sexo como amor los ligo de forma irremediable a algo llamado sentimientos.
    Siempre digo que está muy bien quien quiera vivir el sexo libremente, pero luego lo que debe tener es ese chip de desconexión para no tener remordimientos y mucho menos luego sentirse defraudada o desilusionada.
    Excelente Pepa como siempre
    un abrazo para todos y todas que lo de que comenten los chicos está fenomenal

  5. Bueno pues yo sí soy de las que puedo tener relaciones durante mucho tiempo con un mismo hombre y sin sentir que debo comprometerme. Por otro lado busco una pareja formal, fiel, y he cortado una relación de 12 meses por no serme fiel. Es decir, lo ideal es ser sinceros, ambos, jugar en la misma liga, y siempre quererse uno mismo. No he sido ni pensado siempre así, supongo que lo da la experiencia, tengo 50 años

  6. Hola de nuevo.
    No es que mujeres y hombres sean todos de una manera, porque afortunadamente hay excepciones, pero sí existen tendencias generales. Hasta los neurocientíficos admiten que los cerebros masculinos y femeninos son diferentes en varios aspectos. En cualquier caso, yo quiero aclarar que no soy ningún religioso de esos que piensan que la mujer tiene que llegar virgen al matrimonio, etc., etc., etc. Lo digo por si le he creado esa impresión, señora Marcos (disculpe por haber confundido su apellido en mi anterior mensaje).
    Lo que quiero expresar es que no es que la mujer se tenga que poner en plan “soy un objeto delicado y precioso”, sino que tiene que hacerse valer. Es lo que dice la chilena: una noche de sexo sin compromiso está bien si es una vez al año, o una vez cada equis años, pero estar continuamente saltando de un sexo ocasional a otro y a otro y a otro es caer en la lógica machista, la cual, a la larga, propicia situaciones de violencia.
    Yo no soy terapeuta de ningún tipo, soy profesor de inglés. Pero sí que fui paciente de psicoanálisis durante dos años y medio; una de las decisiones más inteligentes que he tomado en la vida. Desde entonces, me he medio aficionado a ese tema y veo a menudo vídeos de psicoanálisis en la red, y también, en mis años universitarios, iba a todas las charlas de psicoanalistas que podía, etc., etc. Siempre que ellos (más bien ellas, porque el gremio de psicoanalistas es en su inmensa mayoría femenino) hablan de las dolencias o pesares que están llevando a la gente a sus consultas, siempre, siempre acaban saliendo a relucir las mujeres de entre 20-45 años de las que yo hablaba en mi anterior aportación. No sé si habrá algún artículo con datos estadísticos por internet, la verdad, lo siento.
    Para no alargarme más, solo le digo, señora Marcos, que de su escrito me pareció todo bien salvo lo de la separación sexo-amor. Si usted lo hubiese matizado diciendo por ejemplo: “separar sexo y amor una vez al año, o una vez cada equis años, no mata a ningún gatito”, yo no habría saltado, no habría comentado nada, porque me hubiera parecido perfecto. Pero al echar de menos un matiz como ese, me pareció buena idea avisar o recordar el peligro que entraña que a las mujeres se las invite a imitar lo peor de los hombres.
    Un saludo.

    1. Hola, Adrián. Es que yo creo que ni yo ni nadie esté en el derecho de decidir sobre el cuerpo y los sentimientos de los demás. Habrá a quien le parezca bien y no le afecte en absoluto cuantas relaciones esporádicas quiera tener, y habrá a quien le resulte imprescindible no superar un número. Porque decirle a una mujer o a un hombre cuántas veces está dentro de lo aceptable y cuántas son demasiadas, y si debe o no debe desligar sexo y amor, es ejercer una censura intolerable sobre el libre albedrío de los demás. De ahí vienen muchos problemas psicológicos, de la presión social que se ejerce sobre las personas, tanto hombres como mujeres, enmarcándoles dentro de unas reglas arcaicas, impuestas tanto por la religión como del heteropatriarcado, para medir hasta dónde llega la “respetabilidad” de una persona.
      La promiscuidad, siempre que se ejerza desde la absoluta libertad, no es mala. La represión del deseo sexual, porque no está bien visto desde una parte de la sociedad, sí que lo es.
      Insisto en que aunque haya sido Vd. paciente de psicoanálisis -como tantos otros, perdone- esto no le capacita para arrojar una cifra sobre el porcentaje de mujeres que acuden a psicoanálisis, y si este es o no superior al de los hombres, ni las causas por las que acuden a él. La suya es una apreciación de oyente de múltiples charlas. Convendrá conmigo en que la Psicología, al no ser una ciencia exacta, está sujeta a la subjetividad del profesional que la ejerce. ¿Tendría lógica que creyera a pie juntillas todo lo que cuenta Paulo Coelho en sus libros, solo porque él, desde sus lugares comunes y su psicología barata -más basada en el efecto Forer que en el empirismo-, lo dice?. Le recuerdo que psicólogos torticeros, seguidores de ideologías xenófobas, racistas y homófobas, también los hay, a patadas además.
      Y por eso, amigo mío, hay que leer y escuchar de todo, opiniones a favor y en contra, para poder tener un espíritu crítico.
      Gracias de nuevo por participar, los debates son interesantes, sobre todo para hacer caer vendas de los ojos y cuestionarse si uno lleva razón o se deja llevar por prejuicios ancestrales aprendidos.
      Un saludo.
      Pepa.

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