#yotambién #metoo

A estas alturas todas y todos os habréis enterado de lo que representa el hashtag #metoo o #yotambién. Muchas mujeres, animadas por el coraje de las primeras que han denunciado al productor Harvey Weinstein, han compartido su experiencia con el acoso, en todo tipo de situaciones, pero fundamentalmente en su puesto de trabajo o en el ejercicio de su profesión. Los testimonios aumentan de manera exponencial estos días.

Yo también he sufrido acoso de este tipo, desgraciadamente varias veces en lo que llevo de vida, pero voy a contaros la primera vez que me pasó a causa de un trabajo. Id a por un café, que la historia es larguita.

(He cambiado el nombre de los protagonistas para evitar que mis amigas puedan pensar que las he traicionado contando nuestras andanzas de juventud. Ellas se reconocerán en el relato).

Sicilia, 1936… en realidad, Sevilla, 1988. Conciertos de verano programados por una famosa emisora de radio fórmula. El grupo favorito de mi amiga Nati, que trabajaba los fines de semana conmigo en el bar. No nos lo íbamos a perder. Concierto gratis, en verano, SU grupo. Ni de coña, vaya.

Vimos el concierto y luego Nati se empeñó y empeñó en que quería ver al cantante y pedirle un autógrafo y un beso (no en ese orden), así que nos saltamos la valla de seguridad Nati, Pili y yo. Al parecer a los del grupo les hizo gracia (o más bien al bajista del grupo le hizo gracia Pili, una pelirroja tremenda y descarada), y nos invitaron a tomarnos algo con ellos en el bar del backstage.

Allí estaban los del grupo, algunos VIPS y los locutores de la emisora. Uno de ellos, Lolo, se fijó en mí y empezamos a hablar. Que había llegado hacía poco a la ciudad, que compartía casa con otro recién llegado a la emisora desde Madrid, etc. La típica charla de ligoteo de los 80’s: estudias o trabajas. No es que fuera un bellezón (*), pero era un chico muy agradable y muy educado.

(*) Respecto a la belleza de los locutores de radio, hay un dicho en el mundillo: “si la voz que escuchas te enamora, nunca te pases por la emisora”. Nada que añadir.

Cuando cerraron el evento, Lolo ya me agarraba de la mano, mi amiga Peli y el bajista estaban a un tris de montar un espectáculo erótico delante de todo el mundo, y Nati y yo no sabíamos si irnos y dejarla que se buscara la vida solita, o quedarnos hasta ver qué pasaba con ella.

Total, que sin saber cómo nos vimos montadas en taxis pagados por la emisora en dirección a la casa que compartía Lolo con su compañero, que además era su jefe directo.

Pili y su bajista no dijeron ni “hasta luego”, se subieron inmediatamente a la habitación que Jota, el jefe, les dijo que era la suya. Los demás nos quedamos en el salón tomándonos una copa.

Pero es lo que tiene el alcohol y los 18 años -y lo descerebrado de la edad- porque a los 15 minutos Lolo y yo nos estábamos besando y poniendo en una situación incómoda a los otros dos, que no podían más que hablar entre ellos. Así que sugirió que nos fuéramos a su cuarto.

No os asustéis, no pasó nada aparte de besos y tocamientos mutuos, porque diez minutos más tarde Nati llamaba a la puerta con insistencia:
– “Pepa, yo me voy”
– “Vale, espera que me voy contigo. ¿Y Pili? ¿la dejamos aquí?”
– “A la Pili no la echas de aquí hoy ni con agua caliente”
Pese a las protestas de Lolo, insistiendo en que me quedara, le dije que no podía, que aunque fuera tarde yo siempre llegaba a dormir a casa de mis padres, y que no iba a dejar sola a Nati a esas horas. Me pidió mi número de teléfono, se lo apunté en un papel y me fui.

No volví a saber nada de Lolo, excepto algún comentario en antena de sus compañeros sobre lo bien acompañado que estaba la otra noche, bla bla bla. Bromitas de locutores.

Como a las dos semanas me llama a casa Jota, el jefe de Lolo, invitándome a un concierto. Que aquel día se divirtieron mucho con nosotras, que éramos muy simpáticas. Le había dado mi teléfono Lolo. Añadió que estaban buscando personal para el departamento de ventas (comerciales, vaya), y que había pensado que yo y mi amiga encajábamos en el perfil que andaban buscando. En ese concierto estaría el director de la emisora y el jefe del departamento comercial, y así me podría presentar.

Bueno, por qué no. Yo estudiaba y trabajaba en un bar los fines de semana. No había muchas oportunidades de trabajo para una chica de 18 años, así que acepté a acompañarle al concierto. Me pidió que le recogiera en la emisora, porque andaba justo de tiempo. Serían las 19:00 de la tarde cuando me pasé por la emisora. Jota -un señor de unos cuarenta años y bastante grueso- estaba vestido como si viniera de la playa, con unas bermudas y una camiseta. Se excusó con que tenía tanto trabajo que no le había dado tiempo de cambiarse, pero que no me haría esperar mucho, ya que se habían cambiado de casa Lolo y él, y ahora estaban alojados en un hotel justo al lado de la emisora. Para hacerse perdonar por hacerme esperar me invitó a tomar algo en el bar de al lado. Quería que me tomara una copa para irme entonando, pero le dije que yo apenas bebía y prefería tomar Coca Cola, más aún si iba a conocer a los jefes.

Mientras hablábamos me dijo que tanto yo como mi amiga la rubia éramos unas candidatas perfectas para el puesto de comercial… Un momento: Nati era morena, yo castaña y Pili pelirroja. ¿A qué rubia se refería?. “Pues tu amiga la rubia esa tan espectacular, la que parece Madonna. Os vi hablando a las dos”. “Hummm… creo que estás hablando de Maricarmen”. La conocía del instituto y la saludé en el backstage, pero amiga-amiga tampoco era, aunque sí que tenía su teléfono. Pero tampoco quería meter la pata y no iba a dar el teléfono de una amiga a cualquiera. Entonces me dijo “en la habitación tengo las fotos del concierto del otro día. Puedes echarles un vistazo y decirme si la rubia es tu amiga o no. ¿Te parece?”. En fin, no es que me hiciera mucha gracia ir al hotel de nadie, y no las tenía todas conmigo, pero…

Quise esperarle en el vestíbulo pero me dijo que no, que subiera, que era cosa de un momento, porque eran un montón de fotos y andábamos mal de tiempo… Subí (que sí, que era imbécil, lo sé). En la habitación me dio una carpeta enorme (es verdad que eran muchas fotos y pesaba bastante), con un par de hojas marcadas. Miré las fotos y sí, era Maricarmen, así que le apunté su teléfono en una agenda y le dije que me bajaba al vestíbulo a esperarle mientras se duchaba y arreglaba.

Entonces se acercó más de lo que lo había hecho antes, y me dijo:
– “Ahora un besito de agradecimiento”
– “Oye… mira, no…”
– “Venga… solo uno”, se abalanzó hacia mí para besarme.
Le di un empujón y me fui corriendo a abrir la puerta, pero estaba cerrada con llave. La vi sobre la cómoda como a un metro de mí, la cogí a toda prisa, abrí la puerta y salí corriendo escaleras abajo. Mientras salía aún le oía decir “espérame en el vestíbulo…”. Su puta madre le iba a esperar. En mi vida he corrido tanto.

Cuando llegué a casa llamé por teléfono a mi mejor amiga para contárselo, a la única que  podía. ¿Cómo le iba a decir a mi madre que por una posible oferta de trabajo me había metido yo solita en la boca del lobo? Me costó un tiempo superar el susto y la sensación de tener yo la culpa por haber subido a esa habitación. ¿Y Lolo, por qué le había dado mi teléfono a ese pedazo de mierda? Creo que estaba más furiosa que asustada.

Aún así, saqué valor para llamar a Maricarmen, a ver qué pasó con ella, si la llamaron para un trabajo o si había caído en la misma trampa. Y mira, sí, le ofrecieron el puesto. Quedé con ella un día a comer y le conté la historia de Jota, para que supiera con quién trabajaba. Ella -de momento- no había tenido problemas de ese tipo, pero me dio las gracias por prevenirla.

Pd (para poneros en contexto: en 1988 no teníamos internet, ni móviles, ni WhatsApp, ni redes sociales. Los teléfonos se apuntaban en papeles que muchas veces se perdían, queriendo o sin querer. Quien te llamaba lo hacía al fijo de casa de tus padres. Si quedabas con alguien y no aparecía, no te enterabas del motivo hasta el día siguiente, y eso con suerte. El boom económico de la Expo 92 aún tardaría en llegar. Y los locutores de radio eran como los músicos, famosos).

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THE NEW YORKER
All the Other Harvey Weinsteins

By Molly Ringwald, October 17, 2017

[…] I could go on about other instances in which I have felt demeaned or exploited, but I fear it would get very repetitive. Then again, that’s part of the point. I never talked about these things publicly because, as a woman, it has always felt like I may as well have been talking about the weather. Stories like these have never been taken seriously. Women are shamed, told they are uptight, nasty, bitter, can’t take a joke, are too sensitive. And the men? Well, if they’re lucky, they might get elected President.

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3 comentarios en “#yotambién #metoo

  1. Me ha hecho gracia (bueno gracia, no, ya me entiendes) lo de “que si, era imbécil” porque mirando al pasado yo también lo he pensado de mí misma, que ahora con 35 ni se me ocurriría exponerme a ciertas situaciones. Pero es que no éramos imbéciles, es que no tendría que pasar nada por creer que si te dicen que vas a ver unas fotos, sólo vas a ver unas fotos!!! Los imbéciles, los cerdos, los cabrones, los desgraciados, son ellos, no nosotras.

  2. Metoo
    El hijo de unos amigos de mis padres, respetable él, casado, con dos niñAs!!!!
    Se supone que me iba a echar un cable para aplicar a un trabajo y lo que acabo es echándome la zarpa encima. El trabajo me lo dieron, contrato basura, poco menos que a cambio de un cuenco de arroz, y como yo pasaba del hombre este uno de los directivos de la empresa me llamo a su despacho para decirme que “tenía que estarle muy agradecida al chico este y no lo estaba haciendo “.

    Agarre los tratos y ese mismo día salí por la puerta, eso si, sin poder contar nada ni a mis padres porque el era un respetable hombre casado y yo probablemente sería “una joven fulana con ganas de trepar”.

    Ahora que soy madre lo q siento es lástima de esas pobres dos niñas que van a crecer con un padre que trata a las miners como objeto.

  3. Desgraciadamente la sociedad vive de espaldas a este tipo de situaciones. No son fáciles de demostrar ante la posibilidad de una denuncia, pero lo peor no es eso. Es que tristemente se dejan tocar, manosear, etc, por superiores que saben perfectamente que necesitan de ese trabajo para poder comer.
    Muy triste, pero muy triste este tipo de situaciones.
    Yo, sin embargo, acudiría a tener el mayor de los apoyos entre compañeros y compañeros para efectuar una denuncia que no impida que la mujer sea despedida.
    Que se haga JUSTICIA contra estos violadores en potencia.
    Saludos y gracias por compartir.

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