Los detalles marcan la diferencia

Este fin de semana pasado ha venido de visita una amiga del alma. Ella vive ahora en Londres. Se llama Pepa como yo y nos adoramos mutuamente desde que nos conocimos.

El viernes quedamos a comer en el Mercado de Antón Martín. Para quien no lo conozca, es un mercado de los de toda la vida que ha renacido gracias a algunas iniciativas gastro, que le dan un punto muy guay (y todavía muy lejos de la “gastromasificación” de otros) y lo hacen candidato ideal para unas cañas improvisadas o un tapeo informal.

Nuestra informalidad nos llevó a un minúsculo restaurante de sushi ubicado en la planta baja del mercado, tan tan pequeño que es imposible mantener una conversación privada. Algo que, por otro lado, no era nuestro objetivo, porque nos importaba tres pitos que se enteraran de lo que hablábamos.

¿Y de qué hablábamos? Pues de hombres, de juguetes sexuales, de sexo, de Tinder, de Badoo, de lo guapos que van los trajeados del metro en Londres, de lo difícil que parece encontrar a gente que sea mínimamente educada… Debía ser una charla de lo más amena, porque a mi lado tenía sentado a uno que pese a que hacía mucho, pero que mucho rato que había terminado de comer, remoloneaba, se hacía el distraído con el móvil… Yo creo que aprendió más escuchándonos que en toda su vida.

El caso es que mi amiga (soltera desde hace pocos meses) me contaba que en la primera cita con un tipo que conoció en una app, este apareció por su casa, se la folló, y salió por la puerta como alma que lleva el Diablo. Unos 20 minutos en total desde que entró hasta que se fue. No dijo ni hasta luego. Cuando volvió su compañera de piso se la encontró ya en pijama en el sofá, con una copa de vino, e intentando asimilar qué coño había pasado.

Vamos a ver, nadie pide amor eterno, ni una serenata, ni una cena romántica… pero un poco de atención al detalle, una conversación, un tratarnos como seres humanos. Chico, que te ha dejado estar dentro de ella, qué mínimo que ver si la experiencia ha resultado agradable. Luego dicen que si las apps para ligar deshumanizan, pero me da a mí que los que son así ya vienen deshumanizados de casa.

Aunque sea solo sexo y no esperes ver nunca más a esa persona, hay que tratarla con respeto y educación. No es obligatorio, por supuesto, pero si alguien te invita a su casa, aunque solo sea para follar, ten un detalle y llévale algo, que te está abriendo las puertas de su casa, joder. Y no salgas corriendo como si dejaras a deber la cuenta ni lo eches enseguida si estáis en tu casa. Es una persona, no la bolsa de la basura. No trates a nadie como no quieres que te traten a ti.

Y habrá a quien estas cosas le parezcan una bobería, pero os aseguro que estos detalles son los que marcan la diferencia.

PD (luego ha tenido mejores citas, no os apuréis por mi Pepa, pero esta la dejó impactada)

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PREGÚNTALE A PEPA
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