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Recordatorio

Llevo una temporada baja de ánimo (lo habréis notado quizá al leerme). No sé si es cansancio (hace mucho que no tomo vacaciones), que me asignaron a un nuevo proyecto, que me afecta el calor, que tengo desarreglos hormonales… Mira, yo qué sé. Amante dice que no siempre puedo ser un cascabel, y razón no le falta, pero ¿a quién le gusta estar de bajona? A mí no, desde luego, y hasta me enfado conmigo misma, con mi cuerpo, por no responderme.

A veces escribo en el iPad. Otras en el programa de anotaciones del teléfono (sí, los trayectos al trabajo me inspiran). Y otras más lo hago en el portátil, casi siempre en domingo, como ahora. En el escritorio guardo un archivo, algo que escribí hace algo más de tres años. El nombre del archivo es “Agonía”, y fue donde escribí un grito de socorro, donde puse en palabras la situación que vivía en ese momento. Ese “NO PUEDO NI UN MINUTO MÁS”.

Podría haberlo borrado, y aún puedo hacerlo, pero lo conservo ahí, en el escritorio, como un toque de atención, como un recordatorio de cómo estaba entonces y de cómo estoy ahora. De hasta dónde pude aguantar y de un lugar adonde no pienso volver jamás.

Hace algo más de tres años, cuando tomé la decisión de separarme del padre de mi hijo, no conseguía dormir, y tuve que pedirle a mi médico que me recetara algo para poder hacerlo. Perdí peso (quizá un poco más de lo debido), y estaba frente a una hoja en blanco. No sabía lo que iba a pasar con mi vida, pero estaba decidida a no volver otra vez a esa “agonía” que explicaba en esa carta.

Así que en días, como hoy, en los que estoy con “la bajona”, en los que creo que no puedo con mi coño y me pesan los años, en los que abro el portátil y veo ahí, en el escritorio, ese archivo que pone “Agonía”, pienso que soy muy afortunada por haber aprendido la mejor lección de todas: he aprendido a ser libre (de verdad), independiente (de verdad), a respetarme (de verdad). Con ello llegó todo lo que faltaba antes: autoestima, valor y tener la suerte de encontrar a alguien que te quiere por quien eres, no por lo que puede obtener de ti.

Siempre os digo que no aceptéis a nadie que, como mínimo, os quiera como iguales. Que sea capaz de cruzar la ciudad solo por ir a buscaros. Que os acepte con los días buenos y los días de bajona…

No os conforméis con menos y, si lo encontráis, no deis menos que eso.

Yo ahora voy a cenar, a acostarme temprano porque estoy muy cansada, a darle las buenas noches a quien quiero,  y a dormirme pensando que cada día que pasa está más cerca el momento en el que borre ese puto archivo, que cada vez es más ajeno a mí.

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Fast food

Ahora que tantos programas y realitys sobre la cocina y sus artífices hay, parece que todo el mundo quiere ser chef.

El sexo y la cocina tienen mucho en común, pero no creo que estemos (aún) preparados para un programa donde se nos enseñe a follar en condiciones.

¿Os imagináis? Un artículo en un lugar como El Comidista, hablando de los pros y los contras del producto local, de cercanía, frente al importado. La Escudero hablando sobre las bondades de hacerlo con calma y tiempo, y no pim pam y fuera. O expertos rollo Gordom Ramsay (perdonad que cite a un foráneo en vez de a Chicote, pero es que me da como cosica este hombre) metiéndose en el dormitorio de la gente para decir “no, fuera, negao… esto no se hace así… no vales para esto” (====> TRAUMA ASEGURADO).

No lo veo, no.

Bromas aparte, cocinar y follar tienen mucho en común, muchísimo. No ya solo por lo obvio, la estimulación de los sentidos, sino por la parte que a mí más me gusta de ambas actividades: es un acto de entrega y de generosidad.

A Amante no le gusta cocinar, lo hace por obligación, pero lo detesta, sin embargo folla como dios. La paciencia que no tiene para elaborar un menú, la despliega de sobras en la cama. Pero le gusta comer, le gusta comer bien. Su madre es una gran cocinera y ha educado su paladar.

Para mí el sexo y la cocina son dos actos a los que o le pones interés o salen mal.

Por eso suelo decir que “a quien no le gusta comer, no le gusta follar”. Y puedes averiguar mucho de una persona observando cómo come: si se lo toma con calma o engulle; si lo empapa todo con mayonesa o cualquier salsa; si piensa que lo más caro es lo mejor…

Me encanta cocinar y me tomo mi tiempo (lo mismo que en el sexo). Me relaja y me produce placer coger tres o cuatro cosas que por separado podrían parecer insulsas, y convertirlas en algo sabroso. Es una ofrenda para quien lo haces.

El fast food se inventó para cubrir una necesidad momentánea. Te comes una hamburguesa un día que no te ha dado tiempo de comer otra cosa, pero no lo haces a diario. Es malo para la salud.

Con el sexo pasa (o debería pasar) lo mismo: todos podemos echar un polvo rápido, pero si lo haces de continuo ya no tiene emoción ni interés. Y es malo, muy malo, para el espíritu.

Así que alejémonos un poco del fast food y pongámosle interés al guiso, por favor.

 

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Por obligación

“¿Lo opuesto a amar es necesitar?”. Disertaciones nocturnas, justo antes de dormir, después de hablar con una amiga sobre un impresentable que la ha hecho sufrir (espero que ya no) un tiempo.

Lo mejor que te puede pasar es que alguien no te necesite para nada, pero que QUIERA estar contigo. Si te ves obligado a verla, porque te dice que te necesita, que no puede vivir sin ti, que no sabría que hacer si le dejas, que – esto es muy fuerte y tiene menos validez que una promesa de Rajoy – “se muere si le abandonas”, huye: esa persona puede sentir muchas cosas por ti, pero amor no. Probablemente dependencia. O el temor de quedarse sola. Maldito temor, cuántas relaciones basadas en la mentira es capaz de sostener.

El impresentable en cuestión, después de no dejarla en paz, hasta el punto de tener que bloquearle en todas partes, ahora va por ahí diciendo que mi amiga solo piensa en el trabajo, que él se aburría con ella pero que como follaba bien…

A estas alturas de la película una mujer debe disculparse por ser una gran profesional y pensar en su carrera. Supongo que es el tipo de tío (no le conozco, pero podría hacer su retrato robot sin mucha dificultad) que necesita mujeres tipo Melania Trump, mujeres que queden bien en una foto, pero que no hablen, no protesten y, sobre todo, no destaquen profesionalmente por encima de él.

Digo “necesita” porque es una cuestión de ego, de ego más bien débil.

Por cuestiones de trabajo, he conocido a bastantes tipos así: altivos, soberbios, siempre a la caza, y también siempre a la defensiva frente a una mujer inteligente, con recursos, y que no se deja impresionar ni por dinero ni por palabrería.

“Que se aburría con ella”… es que me descojono. Pensará que las mujeres estamos en el mundo para “entretener al señor”. Hay que ser payaso…

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Esperar algo que nunca llega

Mother and son (8-10) walking on beach, rear view, close-up

Últimamente me he enganchado a una serie, “Casual”. Un hermano y una hermana que viven en la casa de él, después del divorcio de ella, junto a una hija adolescente. Ambos son un pelín rebuscados (él un genio de la programación que se inventó una existosa web de citas, y ella psiquiatra), con bastantes taras emocionales, que según avanzan los episodios descubres que son consecuencia de unos padres disfuncionales – y tremendamente hostiables -, que los criaron de aquella manera. En mi opinión, bastante centratidos están teniendo en cuenta cómo fue su infancia.

El caso es que en uno de los episodios un personaje secundario y fugaz le dice a Valerie, la prota, que “los hijos esperan toda la vida que sus padres les pidan perdón, y los padres que les den las gracias, y como nunca sucede, ambas partes andan siempre en lucha”.

Tenemos la mala costumbre de recordar solo lo malo de nuestras relaciones, incluidas las familiares, y esto va dejando una especie de roña, de amargura, en nuestra existencia. Deberíamos dar más las gracias por lo bueno vivido, y pedir más veces perdón por los errores, pero lo hacemos al revés. Y ni pedimos perdón ni damos las gracias.

He visto muchas veces a lo largo de mi vida a padres y madres que se han sacrificado hasta extremos inimaginables por sus hijos, que les han salido unos petardos desgraciados y desagradecidos. Como he visto padres a los que habría que quitar la custodia y pedir una orden de alejamiento, porque siendo seres inconscientes, auténticas malas personas, les han salido hijos como soles.

Yo… yo he vivido de todo. En mi caso no sé si tendría que haber dado más las gracias o haber pedido más veces las cuentas. Ya no me importa.

Ahora solo miro por el hoy, como mucho mañana. Entiendo que lo único que puedo hacer como madre es ser honesta, dar lo mejor de mí, y equivocarme, por supuesto.

No sé si mi hijo algún día me dará las gracias, pero lo que no quiero es tener que pedir perdón.

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Evitar decepciones

Tengo que confesar que hace años me ilusionaba a los dos segundos de empezar una historia. Creía que si no sentía la electricidad recorriendo mi espina dorsal cada vez que le miraba, eso nunca iba a ser amor.

Sí y no. Evidentemente, hay diferentes grados de atracción: te puede gustar solo físicamente (y que, por favor, no hable), te puede encantar su personalidad (y necesitar dos gintonics para irte a la cama con él), te puede gustar un poco como piensa y otro poco cómo es (pero ¡meh!), puedes sentir esa descarga y que cuando le ves sientes que te gusta tanto que te lo comerías…

El caso es que con el tiempo he aprendido que nada nunca es tan bueno como crees que va a ser, y que por eso hay que ser muuuucho más flexible con la idea que tenemos (o que nos han metido) en la cabeza de lo que es el amor.

La intimidad va unida a la insatisfacción, y parece que estamos destinados a ella.

Después de tres años viviendo sola (todo un record para mí), más de uno me ha dicho que no me he ido ya a vivir con Amante porque defiendo mi espacio como una leona. Yo solo me defiendo cuando tratan de invadirme, y no es el caso. Creo que ni siquiera me lo planteo porque sé por experiencia que la convivencia se lo carga todo, que por cómo me trata tendría unas expectativas muy altas (y poco realistas) de cómo sería nuestro día a día, y que no quiero que ese chispazo que me recorre la espalda cuando le veo se transforme en algo tan normal que ya no sea capaz de apreciarlo.

Los años me han enseñado a no esperar nada, porque así todo lo que viene es un regalo. Y si todos los días te dan un regalo, dejarás de apreciarlo.

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Pregúntale a Pepa (XVI)

Woman writing her dairy.

[M, email] Hola Pepa!
Te voy a contar. Llevo un par de meses ligando con uno de mis amigos del trabajo. Hemos hecho un grupo súper guay, y a pesar de que a ninguno nos encanta lo que hacemos, ir a trabajar es un poco menos horrible porque nos reímos a carcajada limpia. ¿Y por qué no hacer peligrar algo de eso?
La verdad es que me la he jugado porque este chico tiene todo el pack, listo, guay, apasionado de cosas, culto, divertido, tenemos mil cosas en común, y oye, guapo de caerte de culo pues también. En el pack también viene una relación tóxica de ir y venir con su ex. Ahí entre todos los atributos. Como los garbanzos en el cocktail de frutos secos. Escondidos al acecho.
Y entonces aparecí yo, y durante un mes, estuvo “convencido” de que no quería más eso, y parecía que iba genial. Nos reíamos muchísimo, teníamos muchísimos planes guays e íbamos a un ritmo normal teniendo en cuenta que nos veíamos todos los días. No era nada serio, pero nos estábamos conociendo. Yo sabía que había salido hacia nada de esta movida y tampoco quería correr porque tampoco estaba segura. Y hombre, sabiendo que nos vamos a ver todos los días, si no ves nada y no te interesa pues casi mejor que te pillas a otra supongo.
Hasta que se enteró ella de que yo existía y volvió con la caballería, con la ganadería y con un par de jirafas que pillo del zoo. Pilló a la vuelta de nuestro primer finde juntos.
Y él decidió que lo nuestro se estaba volviendo demasiado serio, y que yo era demasiado fantástica para marearme, porque se debió dar cuenta de que mi pose de que me la suda todo era más bien fake, porque está hecho un lío. Y no puede estar enamorado de nadie ahora. Vamos, lo que viene siendo agobio de manual. Porque es verdad que yo quería tomármelo con calma, pero me gusta este chico en serio. Y soy una pringada, y se me nota. De mi patatita salen muchos sentimientos y se suelen agobiar. Pero realmente no concibo que alguien se meta en el berenjenal de pillar con una amiga del trabajo a la que ves 24-7, si no ve algo un poco fuera de serie y futurible. Así que lo del agobio supongo que encaja.
Y ella le marea y el se deja marear, o se marean mutuamente. Y realmente está bastante hecho polvo, parece una relación bastante tóxica. Van y vienen a todas horas. Un martes se gritan de todo, tú eres tonta y no sabes escribir. Pues tú eres un hijo de puta que no me merece y me voy a ir con otro. Pues vete. Ay no no no, mejor no te vayas. Te quiero. Te odio. Chimpun. Te bloqueo. Te desbloqueo. Que tal estas? Miércoles deciden que no van a discutir más. Viernes ella se agobia. Domingo ya no siente lo mismo. Martes bronca. El ciclo sin fin que lo envuelve toooodo.
Y como soy un poco gilipollas, pues no he salido corriendo. En parte porque durante este mes parecía que ella era persistente como la sequía y que no entendía un no por respuesta, hasta que vi lo del finde en la playa, que dime tú que clase de falta de dignidad cuando te enteras tu ex novio con otra tia en la playa, y decides que lo mejor es llamarle por teléfono y montarle un pollo y decirle que tu también con otro, que no, que es mentira, que realmente le quieres (y ojo que él también le cogió el teléfono).
Porque tengo una predilección poco sana por los perritos abandonados, pero combinada con una tolerancia a la frustración entre nula e inexistente. O sea, un poquito complejos siempre me gustan, pero claro, esto combinado con que nos vemos todos los días a todas horas y hemos estado quedando dos o tres veces extra por semana. Yo flying on the wings of love. Y el agobiándose. Y la otra yendo y viniendo. Un buen percal. A todo esto, mis amigos se han ido enterando, y todos pensaban que estábamos guay hasta que yo me he ido desmontando con un par.
Y yo ahora, más perdida que un hijueputa el día del padre. ¿Como hago para tomarme las cosas con más calma? ¿Hay una receta para verlo todos los días y que no se me caiga la baba? ¿Qué coño crees que va a pasar? ¿Le vendo los derechos de mi vida a alguna cadena para que hagan una sitcom?
Muchas gracias de antemano,
M

Ay, niña de mi vida y de mi corazón, menudo trajín.
Yo de ti saldría corriendo. Que sí, que te gusta que te vuelve loca, pero loca de “ingreso en la López Ibor” te van a volver estos dos Pimpinela de la vida. No hay hombre tan guapo ni tan maravilloso que se merezca que pierdas la dignidad por él.
Está claro que el ni contigo ni sin ti se va a prolongar hasta que a la loca  le salga de toto, eso es así, y a este muchacho le veo con síndrome de Estocolmo a tope, y esos son los peores, porque te dejan hecha polvo, con el corazón roto, y encima se van con la que les trata como el culo.
Corta esta historia. A él le dices CLARITO que cuando deje de tener novia (y empiece a tener cojones) que te busque, pero que mientras tanto compañeros y fenomenal todo, os lo habéis pasado genial, pero que a marear a tu casa, guapete.
Hazme caso, y no te dejes arrastrar.
Besos mil.

[M, email] Hola Pepa!
Te escribo con la cabeza hecha un lío. Hace un año que estoy saliendo con un hombre. La verdad es que pensaba que todo iba viento en popa. A mi me ha costado confiar, porque soy madre soltera de un peque de 3 años. El padre de mi hijo se largó cuando yo estaba embarazada y hemos tirado los dos solos para delante. Me he sentido muy cerrada y desconfiada ante el amor, hasta que llegó mi pareja actual. Que además aceptó a mi pequeño y todo fluía genial.

Pero en un año de relación me ha dejado 3 veces. Siempre ha sido en el mismo contexto. Por alguna crisis o discusión, ante un malestar coge y me dice que lo deja y huye. Yo me quedó fatal y a la semana o dos él me pide volver.

Te cuento lo que ha pasado este fin de semana y el motivo por el que me ha vuelto a dejar de nuevo.

Este fin de semana yo tenía planes por mi lado y él por el suyo. Él se iba a otro pueblo con unos amigos a una fiesta. Hasta ahí todo perfecto.

Se marcha el sábado por la mañana y hasta el domingo por la tarde no tengo noticias de él. Cuando me escribe le digo que estoy molesta porque estaba preocupada por él, pq no sabía si había cogido el coche o si se quedaba allí a dormir. Me dice que no es para tanto y que no tiene la importancia que yo le doy. Le digo que para mi sí la tiene, q sólo pedía que se comunicara en algún momento conmigo para saber que todo estaba bien.

El lunes habla conmigo y me dice que lo deja, que se ha sentido muy mal pq yo me haya enfadado. Le digo que estas cosas hay que hablarlas, que en las relaciones hay q sentarse a hablar, negociar, llegar a puntos en común y no salir corriendo en cuanto hay un problema. Pero me dice que no, que lo que le sale es dejarlo.

Pues mi orgullo tb está herido y me parece que no se tira por la borda una relación por algo así. Por lo que por mi parte tengo claro que si vuelve como en las otras ocasiones esta vez no le daré más oportunidades.
Tú q crees?

Hola, querida. Gracias por contarme tu historia y confiar en mí.
Siento ser yo quien te lo diga, pero tú no tienes una relación, tienes un chulo que va y viene según le conviene, y que al primer problema, vamos, en cuanto le echas en cara su inmadurez, lo quiere dejar.
Me parece que siendo madre, y tras la experiencia de la espantada del padre de tu hijo, deberías preferir a un hombre como es debido, a una persona que esté por ti.
Mira, yo quería mucho al padre de mi hijo, pero justo cuando tuvimos al niño descubrí que nunca iba a madurar ni a dejar de ser un egoísta.
No te conviene este hombre, nena, déjalo. La gente no cambia, y este tipo va a ir a peor, te lo prometo.
Deja sitio para que aparezca una persona decente, no te agarres a algo que no tiene futuro.
Un beso, reina.

[A, email] Hola Pepa!  antes de nada decirte que me encanta tu blog y los consejitos que das a las personas que te escriben,bueno no me enrollo te expongo mi “cacao” actual y espero que me aconsejes.
Resulta que hace 5 meses conocí a un chico por un una red social,vivimos en países distintos,pero aún asi él me vino a conocer,todo fenomenal hubo chispa desde el principio y  mucha química,desde ese dia ha estado viniendo un fin de semana largo todos los meses,siempre que regresaba a su casa reservaba en seguida para el próximo viaje,pero resulta que esta última vez los días pasan y el no dice nada de regresar,su comportamiento es el mismo conmigo,pero de repente no sé si va a volver,he intentado sutilmente preguntar(para no presionarle) pero sin resultados,la verdad que no sé que pensar,yo por ahora no puedo ir a verle tampoco,asi que no sé que hacer ni que actitud tomar,si después de preguntar sutilmente no sé nada,que hago? si no fuese a volver supongo su actitud hubiese cambiado,pero él sigue cariñoso y atento conmigo,aconsejame Pepa no sé que pensar ni que hacer.  Un saludo y un fuerte abrazo

Hola, A.
Gracias por leerme, y por contarme tus cuitas.
Hummm… no sé qué decirte, sinceramente. Puede ser que esté esperando que alguna vez tú vayas a verle, o que, sencillamente, no pueda viajar tan a menudo.
En todo caso, lo de preguntar “sutilmente” cuando lleváis cinco meses de historia, no lo entiendo. ¿Por qué no se lo dices? “Te echo de menos. ¿Cuándo vas a venir? Iría yo, pero no puedo”, saldrás de dudas, de imaginarte cosas, que estoy SEGURA de que ya andas dándole a la lavadora ¿a que sí?
No seas cobardica, mujer, que no va a ninguna parte.
Un beso grande.

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La vuelta a la tortilla

Man smoking

Amante tiene un compañero de trabajo que es el típico que engancha una churri con otra, y las solapa a menudo. Ninguna le cuadra del todo, a todas les encuentra un “pero”.

Cuarenta y seis años, dice Amante que un tipo resultón, y muy simpático, pero con ese defecto de no terminar de gustarle ninguna mujer.

Tiene un estándar muy definido: menos de 35 años, cuerpo trabajado en el gimnasio y sin celulitis, que fume, que sea cariñosa pero que no le agobie, y que le guste follar. Tiene tendencia a tratar a las mujeres como objetos, pero le molesta mucho cuando lo hacen con él.

Es animal de Badoo, tanto que deberían hacerle un homenaje o algo los de la página, por cansino constante.

El caso es que de un tiempo a esta parte se lamenta de estar siendo rechazado por mujeres que le dicen que “prefieren tíos más jóvenes para follar, que los de cuarenta y seis ya están muy cascados”, y claro, está dolido el hombre. Él, que donde ponía el ojo ponía la bala. Que se ha trabajado toda la zona Sur de Madrid, hasta el punto que raro es que al ligar con una chica no le comente que ya se ha acostado con su amiga tal.

Es como ese personaje que existe en todas las pandillas de chavales: el guapo, golferas, que se va ligando una por una a todas las niñas de la pandi… hasta que quema todos los cartuchos y ninguna quiere nada con él.

A veces la tortilla se da la vuelta, y donde eras el rey te conviertes en un paria. A lo mejor va a tener que cambiar su radio de acción. Aunque yo le diría que quizá, quizá, lo que debe de cambiar es su forma de tratar a las mujeres. Si además empieza a aceptar que se está haciendo viejo y que para las de 30 él es un señor mayor, pues algo habremos avanzado…

Aunque, sinceramente, no lo veo ¿eh?

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No te vistas, que no vas

En esto de ser más o menos generoso con tu pareja, hay dos tipos de personas: los que quieren hacer su santa voluntad, por encima de todo, y los que son felices viendo la felicidad que producen en los demás.

Es similar a aquello de dar o recibir regalos. Muchas veces disfrutas más preparando y dando una sorpresa, que recibiéndola tú.

¿A cuántas parejas conocemos que él o ella ejerzan un férreo control sobre las salidas y entradas del otro? Aquellas en las que uno de los dos controla cuándo y con quien sale al cine, si es o no de su agrado, a la hora que va y a la que vuelve…

Si vives con tu pareja y, sobre todo, si tienes hijos, es normal que el tiempo de asueto se reparta. No puede ser que solo uno tenga derecho a salir o a quedarse de cañas después del trabajo. Entiendo que hay que repartir tareas y responsabilidades. Eso es lo normal.

Lo que no es normal es la inquisición que a veces veo en algunas parejas: uno no deja al otro moverse, ni salirse del plan, ni siquiera ir al cine (con sus propios hermanos) si no es con él o con ella.

Qué espanto.

Personalmente, prefiero mil veces que mi pareja disfrute de estar viendo el fútbol con los amigotes (yo detesto el fútbol), o yendo a un concierto de un grupo que yo no vería ni si de ello dependiera mi vida, que tenerlo pegado a mí, chantajeando emocionalmente con “para lo poco que nos vemos, encima me dejas por el fútbol/el concierto/tus amigos/tu familia”.

Vamos-a-ver-una-cosa: ¿se va a acabar el mundo porque falte un día a vuestra cita? ¿Prefieres tenerle sentado/a a tu lado en el sofá, comiendo pistachos, viendo cualquier peli absurda en la tele, antes de que disfrute de ese partido o de ese concierto?

Es que lo he visto TAAAANTOOO… ese “no te vistas, que no vas”.

Yo es que soy de dejar decidir al otro qué quiere hacer y dónde quiere estar en cada momento. Porque mira, en eso sí que soy egoísta: prefiero que estén conmigo porque quieren estarlo, no porque les presione.

Es que las correas no me gustan ni para pasear al perro, oye… llámame rara.

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Pregúntale a Pepa (XV)

Woman writing her dairy.

[N, email] Hola Pepa: Buenas!
Antes de nada, queria darte la enhorabuena por el blog, ME ENCANTA! Desde que lo descubrí no he dejado de leerlo.
Bueno, más que consultar que hacer, quiero contar lo que me está pasando.
Llevo 6 años con mi novio, mas de 4 hemos estado separados fisicamente, trabajando cada uno en un pais diferente y viendonos una semana cada 3 meses… si cuadraba. Todo iba más o menos bien, hasta que decidimos casarnos… se acrecentaron los problemas, sobre todo por parte de su familia.
A finales de año, la cosa empezó a empeorar bastante. No puedo soportar que lo pisoteen lo tratan como un niño y él esté tan tranquilo y ni alce la voz. Le dije que necesitaba que se portara con un hombre y pusiera a los suyos en su sitio, me lo prometió por que se dió cuenta que lo tenian atado, y que cuando volviera de vacaciones a España trataria de solucionar los problemas.
A la vez que ocurria todo esto, estando mal la relacción, en una cena de empresa…apareció un compañero de trabajo, que lo habia dejado con su novia, pasamos unos dias geniales hasta que me mandaron a trabajar a otro país, en el mismo en el que estaba mi “novio”. Una vez en el nuevo destino,mi novio y yo veiamos más asiduamente, mejoró un poco la situación…hasta que le tocó irse de vacaciones a España y de todo lo prometido nada.
Al mes de llegar al país… también mandaron para el mismo centro de trabajo al compañero de la cena…que a su vez habia vuelto con su novia y se vinieron los 2.
Pues después de 2 meses de tonteos, mensajitos miraditas…ayer, en la oficina, en la sobremesa en la oficina ( estabamos solos) manteniendo una conversacion normal, me acabó besando.
Esta situación me está empezando a desbordar: Mi novio va a anteponer a su familia siempre, y no estoy dispuesta a tener ese lastre durante toda mi vida ( ver como lo bejan, lo desprecian, por descontado a mi también… y el no hace absolutamente nada), lo quiero mucho pero no me veo capaz de aguantar a mi familia política estoicamente, sin abrir la boca el resto de mi vida y por otro lado el compañero me encanta, pero también tiene lo suyo. Intento seguir el consejo de mis amigas y mi familia, HAZ LO QUE TE HAGA FELIZ.
Muchas gracias por “escucharme”.
Querida N.
Menudo partido a cuatro bandas tienes…
Relee el correo que me acabas de mandar y date cuenta tú sola del desastre que hay montado. Para resolver un desastre hay pasos que seguir: limpia, recoge, arregla.
Para limpiar tendrás que sentarte a ver si quieres seguir con ese novio de a ratos y poco implicado que tienes. ¿Lo quieres de veras? Sigue. ¿No lo quieres? Déjalo libre y a también.
Recoge. Estás a dos bandas (o más, si añades el trabajo y los traslados). Chica, repliégate. Tómate un tiempo de introspección y pensar qué es lo que quieres.
Arregla. Todo cambio necesita después de pequeños ajustes. Yo creo (así lo pienso) que a tu novio ya le diste boleto, aunque no oficialmente. Arregla tu vida primero antes de lanzarte a por tu compañero. Pero piensa que aunque tú te tires a la piscina, puede que él no lo haga. Así que sé una mujer madura y acepta los riesgos. Pero el que no arriesga no gana.
En esto estoy con tus amigos: haz lo que te haga feliz (aquí también vale “lo que no te haga infeliz”.
Besos mil, mi niña..

[M, email] Buenos días Pepa.
En primer lugar, darte la enhorabuena por el blog. Para mí tus post son como mandamientos, y se lo recomiendo a mis amigas.

Te escribo porque tengo un importante lío en la cabeza, y ya tengo aburridos a todos mis amigos…

Me presento, me llamo M y tengo 31 años. Tengo novio formal desde hace 9 años y cuatro meses. Llevamos viviendo juntos un año y medio. Nuestra relación ha tenido, como todas, un montón de altibajos, pero la convivencia nos va muy bien.

Empezamos bastante jóvenes, él con 21 y yo con 22. Como hace tres años llegó el dilema sobre si irnos a vivir juntos. Yo quería irme de casa de mis padres pero él compartía piso con su mejor amigo, y estaba cómodo. Me hice la dura y decidí irme a vivir sola con 28 años, a un pisito de una habitación, en mi ciudad. Esto provocó una crisis oculta entre nosotros que, aunque aparentemente estábamos bien, yo no estaba muy a gusto. En el fondo lo que yo quería era vivir con él. Nunca se lo dije abiertamente, puesto que no veía gran interés por su parte en venirse conmigo, y porque además me dijo que creía que me vendría bien vivir sola y que aún no estábamos preparados.

A la par de esto, conocí a otro chico, amigo de una amiga, y que vive en otra ciudad. El chico me encantaba desde el minuto cero, y traté por todos los medios de liarlo con mi mejor amiga, sin éxito (porque a él le gustaba yo). El resultado fue que, a raíz de varios viajes de trabajo a la ciudad donde él vive, acabé yo liándome con él. Estuvimos liándonos en varias ocasiones consecuencia de mis viajes de trabajo o sus viajes de placer a mi ciudad. Esto duró 8 meses en los que hubo 4 encuentros, aunque sí que mantuvimos el contacto mediante mensajes y llamadas. Mientras tanto, yo seguí con mi novio. Quería convencerme de que lo que había con el otro era pasajero, un capricho, de que no pasaba nada y que tenía que acabar con ello, porque al que quería de verdad era a mi novio. Aunque sé que me comporté como una absoluta zorra, lo pasé muy, muy mal. Le conté a varias de mis amigas lo que había pasado y me apoyaron muchísimo, a pesar que adoran a mi novio. Hablé un montón de veces con el otro chico diciéndole que no podíamos volver a vernos, que no llevaba a ninguna parte, blablablá… Él no me decía nada, así que yo pensé que tampoco le importaba mucho.Total que se terminó, aunque de vez en cuando nos mandábamos mensajes. Mi novio andaba con la mosca detrás de la oreja durante varios meses, y me pilló varios mensajes con él. Terminé confesándole que había tenido un lío con el otro, aunque no le conté toda la verdad. Tuvimos, como es de suponer el gran drama, en el que me dijo que me fuera de casa. Cuando estaba con la maleta en la puerta y el hotel reservado, se echó atrás y me dijo que no podía verme marchar. Me perdonó, y le prometí que cortaba con el otro. Le borré del móvil, de las redes sociales, y estuve un año sin hablar con él.

Los primeros meses de reconciliación con mi novio fueron durillos, pero lo fuimos superando. Él empezó a ser mucho más como yo quería que fuera en un principio: más atento, cariñoso… es el novio perfecto y estoy segura que sería un fantástico padre. Se porta muy bien con mi familia y con mis amigos, y me demuestra que me quiere muchísimo.

El caso es que justo un año después de la reconciliación, volví a retomar contacto con el otro chico por mensajes. Éste, durante todo este año, había venido de visita un montón de veces a mi ciudad, no sé muy bien si por mí, si por fastidiar, o porque realmente le gusta mucho venir. Yo no le vi en ninguna de esas ocasiones, aunque él quedaba con algunas de mis amigas de mi ciudad (se conocen y se caen bien). En esas ocasiones, yo desaparecía o no salía para no encontrarme con él.

El caso es que a raíz de su última visita a mi ciudad, volvimos a mandarnos algún mensaje, y llevamos así dos semanas. Me confesó que me quería y que me echaba mucho de menos. Total que cuando yo ya estaba tranquila y pensaba que tenía todo claro, parece que tengo una puta recaída y me estoy volviendo a plantear si estoy enamorada o no de mi novio. Me estoy planteando si realmente me gusta de verdad el otro, porque si no es así, ¿por qué coño hablo con él? Luego me siento fatal, porque aunque NI SE ME PASA POR LA CABEZA volver a liarme con él, joder, por qué le hablo? Sí que es verdad que le echo de menos y me acuerdo muchas veces de él (ahora no tanto como antes, pero al principio tras estallar todo, sí). No puedo seguir así, tengo que tomar una decisión. Ya ni siquiera le cuento este último capítulo a nadie porque mis amigos tienen que estar aburridos de esta historia, y yo también de oírme a mí misma.

¿Tú cómo lo ves? ¿Debo olvidarme de una vez de la otra historia y centrarme en mi vida y madurar? ¿Estaré enamorada del otro y tengo que irme de casa? Por favor, no omitas insultos, sé que soy una auténtica cabrona, infantil y egoísta. Si lo que necesito es terapia de choque, no te cortes.

Muchas gracias, y nunca cambies.

P.D.: disculpa los tacos…

Querida M.
Gracias por leerme y por confiar en mí.
Menudo jardín en el que te has metido, y te has metido tú solita, sin que nadie te haya empujado.

Desde el borde de la piscina se nada muy bien, pero te voy a contar cómo lo veo yo. Tú a tu novio le quieres, eso no lo pongo en duda, pero querer es una cosa y enamorarse es otra. El que te hace saltar las alarmas es “el otro”.

Que tu comportamiento es infantil e inmaduro es obvio, y toda la historia gira en torno de, digámoslo claro, tu necesidad de que todo se desarrolle como tú tienes previsto en tus planes. Me parece que eres alguien que necesita y demanda mucha atención (ojo, que lo mismo me equivoco. Si es así, te pido disculpas).

¿Cómo volviste a contactar con el otro? ¿Le escribiste tú o lo hizo él? Apuesto a que tu novio no tiene ni idea de que volvéis a hablar. Si fuese una relación de amistad honesta, si estuvieras totalmente segura de que no hay nada más, se lo habrías dicho, pero de la que menos segura estás es de ti misma. No sé si porque crees estar colgada del otro o porque crees que te vas a quedar sin novio.

En todo caso, es injusto e inmaduro que estés jugando así. Por dios, que tienes 31 años, no 20, sé valiente y decídete de una puta vez por uno o por otro. Si te quedas, corta con el otro para siempre. Pero si estás enamorada del otro, sé honesta con tu novio y no le engañes más. No creo que se lo merezca, porque nadie se lo merece.

Un beso, nena. Sé una mujer adulta.
Pepa

Pd (los insultos son el recurso de la gente sin argumentos. Y sospecho que ya te autofustigas bastante tú solita).

[A, email] Hola!! Me acabo de topar con tu blog y me ha encantado! Me has alegrado el día de oficina!

Aquí va mi “dilema” sentimental; Me mudé hace 1 año y medio a Inglaterra, al par de semanas conocí a un chico y desde entonces no nos hemos separado, somos como Pili y Mili, nos lo dicen nuestros amigos y familiares, que somos como la pareja perfecta. Y yo estoy SÚPER feliz con él y le quiero más que a nada. Hace unos meses compró una casa y se mudó a ella hará unos 3 meses. Desde que él se interesó por comprar una casa, la idea de que yo me mudara con él siempre ha estado en el aire. No quise mudarme con él inmediatamente porque quería darle su espacio (aún que prácticamente ya vivíamos juntos), pero al final en un mes me mudaré. Yo estoy muy emocionada, porque me encantaría vivir con él y la casa es una pasada y mi vida cambiará al 100%. Él siempre me ha dicho que sí que quiere vivir conmigo pero a veces (y esto es porque él es SÚPER sincero, a veces, demasiado…) me dice que a lo mejor la estamos cagando y que le da miedo que la relación se tuerza por la convivencia. Y yo le digo que no, que ya prácticamente vivimos juntos y que no debería preocuparse porque somos muy acordes, somos dos personas que nunca discuten (lo sé, es raro pero nos gusta hablar las cosas y los dos somos extremadamente tranquilos). Pero mi dilema/problema/preocupación es, que no quiero que se sienta obligado a vivir conmigo porque ese era el plan desde un principio, siento que yo le estuviera forzando y me gustaría verle más emocionado con que yo me mude a allí. No se qué hacer, cómo actuar. Nunca antes he vivido con una pareja y también me da miedo y supongo que este momento que para algunos será una gilipollez, para mi es algo importante y no me lo imaginaba así.. siempre le cuento todo, nosotros lo hablamos todo pero me da miedo preguntarle y que me diga que NO, que no quiere vivir conmigo, que se ha arrepentido, que me quiere pero que no quiere que vivamos juntos. Porque si es así yo me voy a España, no tengo nada que hacer aquí, me encanta mi trabajo y la ciudad y estoy contenta pero echo de menos la familia y amigos y si estoy aquí es por él. No se, estoy acojonada. En todas las relaciones que he tenido anteriores yo era la que cortaba el bacalao, y ahora es él el que tiene la sartén por el mango y yo soy la insegura. Y no es que él me quiera hacer sentir así, todo lo contrario, él siempre me dice lo enamorado que está de mi y lo muchísimo que me quiere y lo preciosa que soy y que no se imagina su vida sin mí pero luego me suelta cosas como “NO SE SI ESTAMOS HACIENDO BIEN EN IRNOS A VIVIR JUNTOS” y me deja K.O. !!!!

Tú que piensas!??? Porque me va a salir una úlcera de tanto comerme el coco!!

Gosh, la que te acabo de soltar. Pero lo llevaba dentro y aún que no contestes yo me he quedado a gusto y no se lo he contado a nadie de mi entorno por no estropear la imagen que tienen de él, de chico mega perfecto. Y a veces también me planteo si me merezco estar con él (lo sé, no debería pensar así..), pero le veo tan perfecto.. que pienso que es una broma y un día va a desaparecer! Desde que le conocí siempre he pensado: pero este chico que ha visto en mi? No es que yo sea un cardo borriquero (la verdad es que estoy bastante bien) pero él es simpático (le cae bien a TODO EL PUTO MUNDO), es asquerosamente guapo, súper divertido, muy inteligente, tiene ese toque British a lo Jude Law que quita el hipo y un trabajo maravilloso. Vamos, que el jodio es perfecto. Y q mi me hace sentir insegura!! Y con ese atisbo que le veo a veces de que no está seguro de este paso que vamos a tomar.. pues me deja hecha mierda hija..

En fin, enhorabuena por el blog, de verdad que me has alegrado el día,

Mil gracias!!! Besitos desde Inglaterra ❤
Hola, A. Qué bien que te guste el blog. Lo cierto es que escribo bastante sin filtros, y aunque al principio me he ganado más de una bronca por deslenguada, con el tiempo parece que es parte del éxito, que escribo como hablo, como hablamos las mujeres, y eso se nota.

Después de este autobombo absurdo, vamos a por tu dilema.

Tu Don Perfecto no puede ser más perfecto, hijamía, si no tuviera dudas no sería una persona normal, lo que dice MUCHO a su favor. Es lógico que piense que la convivencia puede crear roces, porque los va a crear, pero tampoco es el fin del mundo. Al vivir en pareja hay que ajustar muchas cosas, y no siempre es fácil. Por mucho que paséis varios días a la semana en su casa, sigue siendo SU casa, y tú eres su invitada. Cuando te mudes eso cambiará.Por eso es importante tener algunas cosas muy claras de antemano: si es su casa, la paga él, pero compartís el resto de gastos. Parece de perogrullo, pero te sorprenderías la de conflictos que generan los temas económicos. Como él paga la vivienda, ten detalles de vez en cuando (tipo una vez al mes) con él… una cena, un regalo, una escapada de fin de semana. Deja claro que compartís un hogar, que no eres “una visita”, aunque la propiedad sea suya.

Para evitar los roces, también es importante dejar claro los temas más prosaicos, la limpieza y demás. Repartidlos, y si no os da tiempo por trabajo, contratad una asistenta. Tener asistenta ha salvado a muchas parejas de constantes peleas, créeme.Y chica, no te pongas tan tremendista, si sale bien maravilloso, y si sale mal, pues te vuelves y ya está. Pero acojonarse por a ver si la estás cagando… eso no, nena, eso es un error. Hay que echarle valor a la vida. Y a las relaciones aún más.

Un beso para ti y otro para Don Perfecto.

[Anónima, email] Hola Pepa! Antes de nada, enhorabuena por tu blog y por tu forma de escribir tan directa y amena, soy fan de poster! 

Bueno, ahí va mi dilema.
Llevo saliendo con el mismo chico durante 7 años, y tengo 22 (si, uff, lo sé). La gran mayoría del tiempo estamos fenomenal, pásamos mucho tiempo juntos, nos queremos y hay respeto por ambas partes (algo que considero fundamental), y además vivimos en una ciudad pequeña y la relación con la familia es muy cercana por ambos lados. 
El “problema” llega ahora: yo termino la carrera este próximo mes de julio (a él aún le quedan dos años) y mi idea para el año que viene es hacer un máster, y todo lo que me llama la atención se imparte bastente lejos de mi ciudad… supongo que ya sabrás por donde van los tiros, ¿no? Tengo un mess bastante serio entre hacer algo que puede que me guste menos pero me mantenga cerca de él, o lanzárme a la piscina, hacer lo que realmente quiero y no pensar en nadie más que en mí. Si te digo la verdad, la balanza está un 40% quedarme frente a un 60% irme, porque realmente pienso que no debo dejar de hacer nada que yo quiera por nadie en el mundo, pero la relación a distancia no creo que sea una posibilidad (no creo que lo soportaramos ninguno de los dos). Así que bueno, se qué ni tu ni nadie puede darme la solución perfecta, pero al menos tener otra opinión desde un punto de vista más objetivo… ¿Tú qué opinas/harias/aconsejarias?
Muchísimas gracias de ante mano, eres una crack!!
Atte. Anónima :)))).

Hola, Anónima.Cuando mi sobrina mayor se echó novio a los 15 años, como tú, su madre (mi hermana) me pidió que hablara con ella, porque consideraba que era demasiado joven para una relación. Le dije que ni se le ocurriera oponerse, porque a esa edad de rebeldía, cuanto más te dijeran por ahí no, más te ibas a meter, que del novio se cansaría más pronto que tarde. Y así ocurrió, unos 2 años después. Efectivamente, eran demasiado jóvenes para ennoviarse, y cuando maduraron rompieron, pero porque lo vieron ellos solos, no porque nadie les obligara.

Me estás preguntando cuando tú tienes tomada una decisión: no dejar de hacer lo que quieres por mantener todo como está.

Suponte que dejas de hacer el master, y en dos o tres años la relación se rompe, que es algo que entra dentro de las probabilidades porque habéis empezado siendo extremadamente jóvenes, y aún tenéis que cambiar y madurar mucho. Te sentirías frustrada, y le echarías en cara que dejaste lo que deseabas hacer por él.
Sé que las relaciones a distancia son casi insostenibles, pero tu vida no se debe regir solo por tu relación amorosa, o estarás perdida. Si realmente te quiere y te respeta no puede pedirte que renuncies. Ya conoces el refrán “si amas a alguien déjale libre”. ¿Cuánto dura el máster? ¿Un año o dos? Nadie os impide que os veáis cuando podáis, y si la relación resiste eso, será muy sólida. Si no, será un recuerdo precioso, y seguiréis siendo amigos, sin echaros nada en cara y sin frustraciones ni renuncias.
No sé si te he ayudado.
Un beso, niña.

[A, email. Santo Domingo] Hola Pepa, me gusta mucho tu blog, como escribes y te expresas, te encontré porque no hace poco, entre en el mundo de las citas online, Tengo 32, después de dos hijos una ruptura y dos años solas me decidí, empece a hablar con muchos,  pero hasta la fecha solo me anime a salir con uno, el tiene 40,  es  de otra nacionalidad pero trabaja en mi país, aunque vive en otra ciudad no muy lejos de la mía, soltero hasta donde sé, un hijo,  nuestra primera cita fue en un bar el me gusto yo le guste, fue una buena cita, hubo química, en la tercera cita nos acostamos, el sexo fue mas o menos, seguimos por whatsapp, por el messenger de fb el siempre me escribe, aveces llama, me invita a salir, aveces acepto aveces no, no todos los encuentros se han tratado de sexo, no vivimos en la misma ciudad, pero ambos encontramos la forma de vernos ocasionalmente, en eso pasaron unos 5 meses, el me gusta mucho no niego que me estoy enamorando, el se ve muy bien, creo que yo también, nos conectamos de manera intelectual, el sexo ha mejorado bastante y me parece que yo también le gusto, me lo ha hecho saber aunque no tengo muy claro ¿A que nivel?, pero el es un hombre de esos que trata de no involucrarse sentimentalmente, un poco frió,  me ha hecho saber sutilmente que también sale  con “amigas”  y que no busca establecerse exclusivamente, me cuenta historias que le han pasado con otras chicas en otros momentos, compartimos intereses e ideas en común, aveces parecemos mas amigos que otra cosa, excepto cuando nos vemos, por lo que decidí cortar comunicación con él, sin darle explicaciones ya que me gusta para algo mas y no solo sexo así como tampoco me siento conforme al saber que el sale con otras. El punto es, que después de mas de dos semanas sin comunicarnos me envía un link de un articulo de un escritor que compartimos interés en común, como para buscarme el lado y no se si deba contestarle o seguir evitándolo por que soy débil y temo caer en el circulo vicioso de estar con el y luego sentirme mal por que quiero más, quiero exclusividad etc.

Hola, A. En primer lugar, muchas gracias por leerme.
Yo creo que el mayor problema que tienes con esta relación es tu falta de sinceridad, y no me malinterpretes, me refiero a cómo quieres que este hombre sepa lo que tú esperas de él si no se lo dices.

Por otro lado, si él vive en otra ciudad y sale con más mujeres, y eso te incomoda, quizá deberías ponerle final a esta historia.

Yo me sinceraría y le contaría lo que sientes. Puede que te sorprenda y él también sienta lo mismo, y que se “proteja” de implicarse emocionalmente poniendo distancia. O puede ser que solo le intereses como amiga y compañera de cama.
En todo caso, saldrás de dudas, que es lo que necesitas.
Un beso, querida.

///////////////////

PREGÚNTALE A PEPA
¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a amorentinder@gmail.com o por Twitter a @amorentinder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

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Siempre se paga un precio

Una de las consultas más frecuentes que me hacéis es si debéis iros a vivir con vuestra pareja o no. No sé si es un síntoma de que la generación posterior a la mía es más prudente, más lista o más cobarde.

Yo he estado muy loca en ese sentido, lo reconozco, pero es que mi generación llevaba muy metido en el ADN lo de convivir con tu pareja a poco que llevarais un tiempo juntos y la economía lo permitiera. Ahora sé que quizá hubiera sido más conveniente el paso previo: compartir piso con alguien que no fuera tu novio.

Tenía 22 años cuando me fui de casa de mis padres (y sin casarme, que era el paso previo) a vivir con mi novio.

Ni universidad en otra ciudad, ni Erasmus, ni piso compartido, ni ninguna experiencia similar. Me tiré a los leones, sin pensar. Qué loca. Apenas había salido del cascarón y ya tenía una responsabilidad encima. Siempre he sido así: me he echado la carga a la espalda sin sentar las bases de la convivencia, que no son otras que la igualdad y el reparto equitativo de todo.

En parte creo que por eso terminaron en desastre, porque a la vez que aprendía a desenvolverme en la vida adulta, tenía que “educar” al otro, un otro que no era muy receptivo a esa clase de educación.

Esta vida te hace pagar un precio por cada lección que te da. Y yo lo estoy pagando por ser libre e independiente. Me dejo el alma trabajando y tirando del carro yo sola.

A veces me atrapa el desánimo por unas horas, un día máximo, porque luchar así cansa un huevo. Pero otras veces pienso que antes luchaba tanto o más y que me lucía bastante menos, porque a la lucha laboral diaria había que sumar la guerra en casa, una batalla perdida de antemano.

Desgraciadamente (porque SIEMPRE es triste) cada año tengo un amigo o dos (o tres) que se separan. Como si yo fuera el oráculo de Delfos me preguntan qué va a pasar a partir de ahora con su vida. Yo les cuento sin omitir detalle el proceso, lo que van a pensar y sentir, y hasta cuánto tiempo va a pasar hasta que vuelvan a ser ellos mismos. No es cuestión de ser más o menos sabio, sino de haber andado antes ese camino.

A uno en concreto terminé confesándole que incluso ir a comprar al súper, y decidir si ibas a comprar esto o lo otro, sin tener que negociar, ni pedir permiso, era una de las ventajas que iba a tener al separarse. Parece una gilipollez si no lo has vivido, pero os aseguro que ese tipo de mierdas a diario pueden reventar la convivencia.

Así y todo, yo hay cosas que por supuesto echo de menos de no convivir con mi pareja, porque cuidar, que te cuiden, reírte viendo alguna tontería en la tele, dormirte acurrucada, o despertarte y dar gracias a los dioses por ese chulazo que estás contemplando en ese momento, es algo que me gustaría tener más a menudo. Aunque, como dice Amante, si lo tuviera todos los días quizá no lo valoraría tanto…

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