Archivos de la categoría sexo

Solomillo o nuggets

Antes de que sigáis leyendo, quiero advertir a las lectoras veganas de que yo no lo soy, y por tanto en este post hago uso frecuente del símil relacionándolo con el consumo de carne, así que no os chinéis, cuquis. Prometo que lo he intentado cambiando por tofu y seitán, pero es que no se entiende lo mismo…

A los niños les resulta muy difícil cambiar de menú. Si por ellos fuera, vivirían a base de pizza, macarrones con tomate, nuggets de pollo, y guarrerías varias. Habrá por aquí más de una madre que me entenderá perfectamente. Pero del mismo modo que les educas en hábitos de higiene y relaciones sociales, intentas hacerlo con la comida, aunque te cueste más de un sofocón y un recalentado de comida.

Es por eso que tu criatura preferirá unos nuggets de pollo (o de carne de vete a saber qué), bien prensada y camuflada con rebozado, antes que un solomillo. Pero tranquila, crecerá y aprenderá el valor de la comida bien preparada y de calidad. Bueno, la mayoría lo aprende, pero hay gente que es capaz de comerse cualquier mierda antes que entretenerse en preparar algo rico, mucho más sano, y que le va a sentar mejor.

¿Adónde quiero ir a parar con este símil? Pues a que hay gente que no distingue entre nugget y solomillo en sus relaciones personales. Que, aún peor, no se da cuenta de que está cambiando un producto de calidad por algo que no le conviene.

Todos conocemos a alguien que después de haber roto una relación larga y, aparentemente, buena, comienza otra con una persona horrible, que no le trata bien, que le engaña o que, simplemente, no le hace feliz, pero así y todo continúa con ella. Y nos preguntamos por qué. Tengo la teoría de que es por miedo a estar solo, como si estar en una mala relación no fuera mil veces peor que la soledad.

Como lo de aprender a comer, todo es cuestión de tiempo. Tiempo para aprender a aguantarnos a nosotros mismos, sin el ruido de fondo que produce la convivencia con otra persona. Tiempo para escucharnos y conocernos. Tiempo para conocer a otras personas, e ir dejando pasar de largo el desfile de nuggets para poder ver bien al solomillo. Tiempo, al fin, para cocinar nuestro espacio personal y disfrutarlo. Y justo es lo que no nos damos, tiempo.

Pd (no, no estoy a dieta otra vez.. jajajajajajaja)

///////////////////

PREGÚNTALE A PEPA
¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a amorentinder@gmail.com o por Twitter a @amorentinder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

 

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Renunciar a los ídolos

No soy mucho de mitificar a nadie. Cuando era pequeña mi madre era mi ídolo. La tenía por modelo de esfuerzo, abnegación y valentía, pero a medida que fui creciendo vi todos los errores que fue cometiendo, errores gravísimos que afectaron la vida de sus hijos. La convertí en humana, y pese a admirar su ingente capacidad de trabajo, ya no la tuve nunca más por valiente, sino todo lo contrario, y si hay algo que no soporto es la cobardía.

Pero no os confundáis, yo a mi madre la quiero mucho a pesar de todas sus cagadas. Probablemente sea un amor más sincero que el que niega los fallos de su ídolo. Entender que alguien a quien amas ha cometido errores (por ignorancia, por miedo) es una cosa, y adorar a alguien aún conociendo su comportamiento sistemático de depredación y abuso, otra muy diferente.

Con todo esto del movimiento #METOO, veo que a muchos les cuesta renunciar a sus ídolos. Bruce Weber, Harvey Weinstein, Kevin Spacey, Woody Allen, Terry Richardson… o, si nos retrotraemos un poco, Klaus Kinsky o Picasso, grandísimos hijos de puta escudados detrás de su arte, como si les diera carta blanca para andar cazando criaturitas incautas por el mundo.

Ahora me cuesta ver una peli de Spacey o Allen, vamos, que paso. A Allen hace mucho que dejé de verlo, siempre me ha parecido un pesado que perdió la gracia hace años, pero desde que se supo lo de la denuncia de abuso a su hija Dylan, me repugna. Una historia que aún no le ha pasado factura, porque la maquinaria publicitaria que usa es tanto o más poderosa que la que mantuvo libre a Weinstein tantos años.

A Bruce Weber le acusan dos modelos de abusar de ellos, de manosearles, de obligarles a besarle en una sesión, de presionarles comentando que “con la actitud correcta llegarían lejos”. Bruce Weber, el gran fotógrafo, el mago que hizo arte de la mano de la Sozzani… ¿Qué necesidad? ¿Por qué alguien con tanto poder lo utiliza para conseguir doblegar a su víctima? Una vez más, no es cuestión de sexo, sino de poder y de dominación. Lo hace PORQUE PUEDE.

Me permito citar a Lola Garrido Armendáriz, gran coleccionista de fotografía (ex-comisaria de exposiciones, crítica y muchas cosas más, pero ante todo un ser tremendamente lúcido): “se había bajado la guardia demasiado”. Y tiene razón. Estábamos -aún estamos- vendidos e indefensos ante el abuso. Desde el momento en que la víctima es siempre cuestionada y puesta en duda. Agentes, editores de publicaciones, agencias, managers… aquí todo el mundo mira para otro lado y sigue enviando “carne fresca” al matadero.

Tenemos la obligación de revisar nuestros códigos morales, de tirar del pedestal a los ídolos que no lo son, de no perdonar al abusador solo porque tenga un talento extraordinario, porque si no lo hacemos, si no creemos a las víctimas y actuamos en consecuencia, nadie, nunca, estará a salvo.

///////////////////

PREGÚNTALE A PEPA
¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a amorentinder@gmail.com o por Twitter a @amorentinder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

 

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Los detalles marcan la diferencia

Este fin de semana pasado ha venido de visita una amiga del alma. Ella vive ahora en Londres. Se llama Pepa como yo y nos adoramos mutuamente desde que nos conocimos.

El viernes quedamos a comer en el Mercado de Antón Martín. Para quien no lo conozca, es un mercado de los de toda la vida que ha renacido gracias a algunas iniciativas gastro, que le dan un punto muy guay (y todavía muy lejos de la “gastromasificación” de otros) y lo hacen candidato ideal para unas cañas improvisadas o un tapeo informal.

Nuestra informalidad nos llevó a un minúsculo restaurante de sushi ubicado en la planta baja del mercado, tan tan pequeño que es imposible mantener una conversación privada. Algo que, por otro lado, no era nuestro objetivo, porque nos importaba tres pitos que se enteraran de lo que hablábamos.

¿Y de qué hablábamos? Pues de hombres, de juguetes sexuales, de sexo, de Tinder, de Badoo, de lo guapos que van los trajeados del metro en Londres, de lo difícil que parece encontrar a gente que sea mínimamente educada… Debía ser una charla de lo más amena, porque a mi lado tenía sentado a uno que pese a que hacía mucho, pero que mucho rato que había terminado de comer, remoloneaba, se hacía el distraído con el móvil… Yo creo que aprendió más escuchándonos que en toda su vida.

El caso es que mi amiga (soltera desde hace pocos meses) me contaba que en la primera cita con un tipo que conoció en una app, este apareció por su casa, se la folló, y salió por la puerta como alma que lleva el Diablo. Unos 20 minutos en total desde que entró hasta que se fue. No dijo ni hasta luego. Cuando volvió su compañera de piso se la encontró ya en pijama en el sofá, con una copa de vino, e intentando asimilar qué coño había pasado.

Vamos a ver, nadie pide amor eterno, ni una serenata, ni una cena romántica… pero un poco de atención al detalle, una conversación, un tratarnos como seres humanos. Chico, que te ha dejado estar dentro de ella, qué mínimo que ver si la experiencia ha resultado agradable. Luego dicen que si las apps para ligar deshumanizan, pero me da a mí que los que son así ya vienen deshumanizados de casa.

Aunque sea solo sexo y no esperes ver nunca más a esa persona, hay que tratarla con respeto y educación. No es obligatorio, por supuesto, pero si alguien te invita a su casa, aunque solo sea para follar, ten un detalle y llévale algo, que te está abriendo las puertas de su casa, joder. Y no salgas corriendo como si dejaras a deber la cuenta ni lo eches enseguida si estáis en tu casa. Es una persona, no la bolsa de la basura. No trates a nadie como no quieres que te traten a ti.

Y habrá a quien estas cosas le parezcan una bobería, pero os aseguro que estos detalles son los que marcan la diferencia.

PD (luego ha tenido mejores citas, no os apuréis por mi Pepa, pero esta la dejó impactada)

///////////////////

PREGÚNTALE A PEPA
¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a o por Twitter a @amorentinamorentinder@gmail.comder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Amante, el mito

Woman near by window

Sé de uno que se va a partir de risa nada más leer el título de este post. Sí, justo ese, el protagonista.

El lunes pasado me dijo “tienes a Amante abandonaíto”… A Amante como personaje que aparece de vez en cuando por aquí, no a él como persona (a él no tengo LA MÁS MÍNIMA INTENCIÓN de dejar que se aleje de mi vera), pero todo tiene su explicación: no me gustan las parejas empalagosas-instagrameras que tienen que estar demostrando a cada segundo lo felices que son y lo enamorados que están. Postear situaciones divertidas y curiosas, bien. Postear cuánto quiero a mi cuqui tol’rato, mal, error.

No obstante, y para dorarle un poco la píldora (comprendedme, queridas, maromos así no se encuentran habitualmente), voy a contar una anécdota.

Al principio de nuestra relación, ambos íbamos explorando qué movimientos, posturas, frecuencias, etc, en el sexo oral le gustaban más al otro. Yo le tenía más o menos pillado el punto, pero él, a pesar de ponerle MUCHO interés, y en su afán de encontrar lo que me gustaba, digamos que se “dispersaba” un poco. Hasta que me preguntó cómo podía hacerlo mejor (chicos, esto tiene que ir directamente a los apuntes para hacerlo bien), y le dije que todo era mucho más sencillo de lo que se imaginaba. La clave es la CONSTANCIA. Palabra mágica. Alumno aplicado. No tuve que decírselo más. Bingo. Jackpot. El Gordo de la Lotería.

Tanta soltura y maestría ha desarrollado en el tema que me ha lesionado. ¡¿Cómo?! Os preguntaréis. Pues una que es una exagerada con esto de los orgasmos y por un movimiento estúpido me he provocado una contractura cervical. Y a ver cómo le cuentas tú al traumatólogo de Urgencias cómo te has jodido así el cuello… Pues mintiendo… a medias. Que te lo has hecho porque ya tienes una edad, y trabajas mucho, y has cogido a tu hijo en brazos…. Excusas todas perfectamente razonables, claro.

Pero ahora estamos los dos con la coña, porque la verdad es que lo estoy pasando mal con el tema. Tanto que llevo varias visitas al médico. Uno me dice que son las cervicales. Otro que si es del oído… Me estoy planteando seriamente contarles la verdad, puede que sea más habitual de lo que pensamos (si es así, me alegraría por las afortunadas, mucho). O lo mismo Amante ha desarrollado un súper poder… vete a saber.

Yo es que no me veo siendo un caso de estudio por culpa de un orgasmo, ¡cuánta responsabilidad!

(Y no, no os pienso dar su teléfono, que os veo venir…)

///////////////////

PREGÚNTALE A PEPA
¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a o por Twitter a @amorentinamorentinder@gmail.comder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

A tu nivel

ladygrantham

No soporto a los snobs, ni a los nuevos ricos obsesionados por mostrar todas las marcas que llevan, ni a los que de repente se ven con una cuenta abultada en el banco y solo por eso se creen mejores. Ni a los consejeros, concejales, asesores, etc, que siempre han vestido -como mucho- de ropa de cadena fast fashion, y te sueltan en una comida que “todo el mundo debería vestir de Loro Piana”. Ay, los billetes, cómo ciegan…

Me da también mucho asco la gente que según donde trabaje te saluda normal o estúpidamente te ignora si coincide contigo en un evento, como si no supiéramos todos de dónde ha salido… es tan absurdo.

Es que a mí esto de los “niveles” o “estar o no a mi altura” me la ha refanfinflado toda la vida, pero en todos los aspectos.

Por ejemplo, nunca he entendido lo del “tipo”: “Es que Menganito no es mi tipo”. Podría entenderlo si todos tus novios son clavaditos a Thor, que ya es difícil, pero bueno, eso sí es un “tipo”. Pero resulta que es que Menganito es carretillero o reponedor o dependiente del Corte Inglés, y no te parece suficiente, te da como pobre… Y esto lo he escuchado yo en un baño de garito.

Tengo dos amigos, Carlos y Antonio, que fueron novios varios años. A Antonio lo conocí un poco antes. Carlos es más joven que nosotros. De hecho, le llamábamos “El Niño”. Antonio tiene un puestazo en una empresa estatal. Ambos son MARAVILLOSOS, adorables, divertidísimos. Durante todos los años que estuvieron juntos, no había vez, ni una, que estando juntos por ahí de fiesta no hubiera alguien que me susurrara, así, como quien no quería la cosa, que Antonio valía mucho más que Carlos, y que no entendía cómo podían estar juntos… Si algo habéis aprendido de cómo soy, adivinaréis que a esa persona se le caía accidentalmente encima una copa o la dejaba con la palabra en la boca.

Me da que voy a ser una rara, una outsider toda mi vida, pero de veras creo que lo único que tiene que importarte para estar con alguien es: que sea feliz estando contigo, que os compenetréis, que podáis hablar de cualquier cosa, que gocéis tocándoos, en el sexo, que os alegréis en los éxitos del otro, que dejéis que sea libre y viceversa, que da igual si palomitas y litrona en el sofá o restaurante caro y vinazo… que DA IGUAL. Que no hay niveles. Que solo hay “niveles” para las personas que no tienen calidad de personas.

Lo otro… lo otro no son más que trepas… y qué asco me dan los trepas… lo he dicho ya ¿no?

///////////////////

PREGÚNTALE A PEPA
¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a amorentinder@gmail.com o por Twitter a @amorentinder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Cuidado con el síndrome del Patito Feo

Sad girl sobbing Continue reading

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

#NoSeViola #NoSeMata #NoSePega #NoSeAbusa

Woman Defending Herself From Attack

Antes de que alguien pierda el tiempo apelando a mi ética periodística, recuerdo que esto que estáis leyendo, el blog, es pura opinión personal. Que aquí dejo a un lado la base de cualquier artículo -la información y el análisis objetivo- y digo lo que pienso, y hasta me atrevo a opinar cuando me pedís consejo. Siempre desde MI punto de vista.

Una vez aclarado esto, me tiro de cabeza a la piscina: el juicio por presunta violación a una chica de 18 años a cinco integrantes de La Manada.

Repito lo de “cinco integrantes” porque La Manada eran ellos y todos los que les jaleaban en el grupo de WhatsApp, los que siguen defendiendo que ESO era sexo consentido, y los que nunca tuvieron el coraje de decirles que eran unos depredadores y unos delincuentes. Ellos también son parte del problema, pero no están sentados en un banquillo, acusados de un gravísimo delito. Qué pena que no se les pueda obligar a responder por ello…

No creo que a nadie le haya sorprendido que se esté intentando desacreditar a la víctima, apelando a que en apariencia está llevando una vida “normal” después de la violación. A mí desde luego no me sorprende en absoluto: vivimos en una sociedad que cree (en serio se lo cree) que una chica de 18 años consiente que cinco desconocidos la usen como un pedazo de carne en un portal, porque a ella “le va la marcha”. Porque todo el mundo sabe que a esa edad te dejas hacer de todo, por cualquiera, sin condón… por el coño, por el culo, por la boca, cinco tíos uno detrás de otro, sin piedad y sin, como dice Luz Sánchez-Mellado, ni rastro de humanidad, es normalísimo, vaya. El tipo de gente que cree de verdad que eso es lo que le gusta a una mujer, es la que ve cómo se veja a mujeres en su canal porno de referencia y no vomita del asco.

Dejemos claro una cosa: se llama “sexo” cuando es consentido, cuando no lo es es violación. La violación no es un acto sexual, es un delito violento que cambia la vida de la víctima y puede dejarle secuelas para siempre.

Nadie con un mínimo de sentido común puede creer que esta chica se ha dejado hacer esto por propia voluntad y que luego ha ido a denunciar. En serio ¿qué necesidad podría tener de sufrir el escarnio público? ¿Las mujeres somos todas unas locas y taimadas, que vamos a destrozarle la vida a cinco tipos a los que no conocemos de nada? ¿Qué beneficio podría haber en ello?

Quiero creer que en Derecho habrá razones legales para que esos jueces admitan unas pruebas y otras no. Que se admita una foto en el IG de esta chica (en la que aparece una famosa con una camiseta y no ella, por cierto) como prueba, y se consideren los mensajes del chat en los que se habla claramente de preparativos para violaciones como “humor” y se desestimen como prueba. Tengo que creer que existen razones legales porque no tengo más remedio, aunque me repugna hasta la náusea. Lo único que consiguen con esto es que las mujeres desconfiemos de la Ley que supuestamente nos protege, y que nos lo pensemos muy mucho antes de denunciar un abuso, una violación o un maltrato. Siempre vamos a ser cuestionadas y tomadas por mentirosas. En vez de enseñar a nuestros hijos que NO SE VIOLA, NO SE PEGA, NO SE MATA, tenemos que enseñar a nuestras hijas a esconderse y protegerse, porque somos INCAPACES de defenderlas.

A esta niña me gustaría decirle que esto pasará y podrá seguir con su vida. Que mi deseo y el de cualquiera con un poco de humanidad es que estos seres pasen el mayor tiempo posible encerrados (ojalá tiraran la llave). Que pase lo que pase ellos SIEMPRE serán unos violadores, pero que ella no va a ser más una víctima, va a ser una superviviente.

#HermanaYoSíTeCreo

Pd (el nivel de enfermedad de esta sociedad se mide por lo abyecto de sus descubrimientos. No somos capaces de erradicar el Hambre, acabar con la contaminación que nos está matando o encontrar la cura del SIDA, el cáncer o el Alzheimer, y somos capaces de inventarnos esta basura: un robot sexual para fingir una violación).

///////////////////

PREGÚNTALE A PEPA
¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a amorentinder@gmail.com o por Twitter a @amorentinder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

 

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Pregúntale a Pepa (XXII)

Woman writing her dairy.

Hoy transcribo una sola carta, porque no es para mí, es para todas las que leéis este blog. La he redactado en consenso con su protagonista, después de intercambiar varios correos, porque así me lo ha pedido, ya que cree que lo contaré con más clarida. Ella la ha leído y está conforme con lo escrito. A vosotras va dirigida y merece todo el espacio.

/////////////////

Me llamo Ángela y te escribo para contar mi historia, no para pedir consejo. A lo mejor alguna mujer se ve reflejada en ella y toma el valor para acabar con una relación tóxica.

Tengo 35 años, estoy separada hace tres y tengo una hija que acaba de cumplir seis.

Conocí a mi ex hace 10 años. Éramos de la misma pandilla. Nos gustaba ir a festivales de música electrónica y a sesiones en discotecas. En esa época salíamos prácticamente todos los fines de semana y sí, tomábamos drogas, pastillas, cocaína y alcohol. No en exceso ni que nos impidiera tener trabajo ni una vida “normales”. Si te mueves en este ambiente nadie te obliga a consumir, pero como dice Dave Gahan “si todos los días acompañas a tus amigos al barbero, al final un día te cortas el pelo”. No es excusa, pero es una explicación.

El caso es que un tiempo después de irnos a vivir juntos, más o menos a los dos años, me quedé embarazada. Hacía rato que habíamos bajado el ritmo de salir, así que para mí no fue ningún trauma dejar todo lo tóxico. Solo lo dejé yo, porque él siguió saliendo de juerga. Pensé que se calmaría cuando naciera el bebé, pero no.

Sé que es un cliché, pero nació mi hija y las cosas fueron a peor. Le pasa a muchas parejas, no sé por qué, y la mía no fue una excepción.

No he contado que al poco de empezar a salir me diagnosticaron una ETS. Algo muy común, del mismo tipo que sale en el labio, eso me dijeron, pero por algún motivo, una bajada de defensas, había pasado a la vulva. Estaba devastada. Era muy doloroso y además me sentía poco menos que una apestada. Tuve varias parejas antes de conocer a mi novio y era muy activa sexualmente, aunque siempre tomé precauciones, no era una loca. Él había estado solo con tres chicas. Creí -idiota de mí- que mi promiscuidad era la causa de haber pillado algo así, y por más que me dijeran ginecólogos y dermatólogos que no tenía que ver, que una sola vez podía producir un contagio, que era un virus que una vez lo pillabas quedaba en el organismo, y podía saltar en cualquier momento y cualquier mucosa (hasta en los ojos), yo me echaba la culpa. Y mi novio no hizo nada por quitarme esa idea de la cabeza. Era MI problema y yo la que las pasaba putas cada vez que tenía un brote. Pero no había tenido ningún problema de ese tipo hasta que le conocí a él…

Viví desde el diagnóstico con cuidado de que no me bajaran las defensas, y absteniéndome de tener relaciones sexuales cada vez que me pasaba.

Después de nacer mi hija, y con la tensión de los problemas en la pareja, los brotes aumentaron. Y cuando estos pasaban, tenía dificultades en las relaciones sexuales, que eran muy dolorosas, horribles, me hacía mucho daño. Así que, sencillamente, dejé de tener sexo. Esto multiplicó las broncas por mil. Me trataba fatal. Me hablaba a gritos o no me hablaba.

Como yo estaba molesta con que me dejara sola en casa y él se fuera por ahí, mi novio empezó a consumir en casa. Una vez que la niña dormía, sacaba los trastos y se ponía a beber y a meterse rayas. Era para relajarse de la tensión del trabajo, decía. “Tómate una copa tú también”, “venga, que por un tirito no pasa nada”… ¿Recuerdas lo que he dicho antes de la barbería y el barbero? Pues eso, Pepa, que me arrepiento lo más grande de haber sido débil y una irresponsable, pero caí. Las veces que pasaba yo me quería morir al día siguiente, pero no por la resaca física, sino por la mental, el arrepentimiento y el saber que me estaba machacando y tenía una hija de la que era responsable.

Junto con las drogas comenzó a pedirme que le hiciera algunas cosas sexuales (poco habituales y hasta aquí puedo leer), que a él le daban mucho placer pero que a mí me convertían poco menos que en un consolador humano. No me gustaba nada y solo accedía a hacerlo cuando estaba colocada, así que cada vez insistía más en que me drogara con él para conseguirlo. Hasta que me negué. Entonces me dijo que no le quería, que no era capaz de tocarle si no era drogada, que nuestra vida sexual era inexistente, que si yo no podía follar porque tenía “el coño roto” al menos “le debía eso”.

Ese día me hizo -por fin- click la cabeza, y decidí separarme. De eso hace tres años. Ahora comparto piso con una amiga que es madre soltera y nos ayudamos la una a la otra con los críos.

Hace un año conocí a un chico. Venía mucho a mi trabajo y un día me pidió el teléfono para invitarme al cine. Yo no había vuelto a estar con nadie, pero era muy amable y simpático, y me convenció. Empezamos a salir, y al mes o así me propuso que nos fuéramos un fin de semana a un hotel rural, los dos solos. Yo estaba muerta de miedo, por mi problema y por su reacción cuando se lo explicara, pero no quería empezar algo con una mentira, así que le conté toda la historia, y que tenía que tomar ciertas precauciones, y todo el tiempo que llevaba sin tener relaciones. Me escuchó sin interrumpirme ni una sola vez. Me dijo que siempre que yo estuviera bien, él no tenía ningún problema, que no me sintiera presionada, y que el fin de semana era para estar solos, lo que surgiera o no ya se vería, pero que no me preocupara.

Fue un fin de semana maravilloso. Estuvimos la mar de a gusto. Hablamos sin parar todo el tiempo. Por la noche todo fluyó de la manera más natural. Yo, que pensaba que ya no volvería a tener un orgasmo, disfruté por primera vez en años… ¡en años!.

A día de hoy seguimos saliendo, aunque yo de momento no quiero volver a vivir en pareja, ese trauma aún no lo he superado, pero estamos bien.

Si cuento mi historia es porque quiero mostrar que en algunas relaciones nos dejamos llevar al lado oscuro solo porque creemos que así mantenemos a nuestra pareja. Pero alguien que no te respeta y solo te tiene en consideración para su propio placer, ignorando quién eres, no es tu pareja, es tu explotador sexual. Si algo no te gusta tienes que decir NO, con firmeza. No cedas al chantaje emocional, al “es que no me quieres y por eso no te gusta hacerlo”.

También quiero decir que aunque las mujeres seamos más vulnerables a sufrir un contagio de ETS, por nuestra propia morfología, hay muchos tíos que van por ahí transmitiendo mierdas sin ser conscientes de lo que van propagando, porque no tienen los síntomas, ni tienen el más mínimo interés en hacerse pruebas. Si te pasa algo a ti, tu pareja TAMBIÉN tiene que hacerse pruebas, y asumir la prevención, no dejarlo solo en tus manos. El condón, aunque es una protección muy eficaz, no evita el contagio de algunas enfermedades. Y no “te libras” por ser más o menos promiscua: una sola vez es suficiente.

Siento si es un poco largo. Es la primera vez que pongo todo junto y no quería dejarme nada fuera.

Gracias por dejarme contarlo.
Ángela.

///////////////////

PREGÚNTALE A PEPA
¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a amorentinder@gmail.com o por Twitter a @amorentinder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Convertir a una dama en una fulana

Well, some feel that to court a woman in one’s employ, is nothing more than a serpentine effort to transform a lady to a whore.

Bueno, algunos creen que cortejar a una mujer que trabaja para ti, es un intento serpenteante de transformar a una dama en una fulana.

Premio para quien sea capaz de decirme en qué película romántica de los 90 suelta esta maravillosa parrafada el protagonista.

Rumores de oficina. Cotilleos delante de la máquina de vending. ¿Quién no ha escuchado alguna vez entre susurros Fulanita se tira al jefe? Sea o no verdad, en nuestra cabeza ya le hemos perdido el respeto a Fulanita. Da igual que sea maja, buena compañera, trabajadora, solidaria, que tenga tres masters o que sea una crack en lo suyo, ahora ya Fulanita es La que se tira al jefe.

Parece que las mujeres tenemos que defendernos en todos los frentes. No podemos bajar la guardia nunca. No resultar demasiado atractivas en el trabajo, para no suscitar envidias o provocar el deseo. Mantener siempre las distancias, olvidando herramientas tan necesarias para el trabajo en equipo como la confianza y la camaradería. Estando siempre atentas por si el lobo acecha…

Porque basta con que el lobo se fije en nosotras y nos suelte un piropo o una mirada fuera de lugar, para que perdamos nuestro estatus de dama y nos convirtamos ipso facto en una fulana. “Si es que claro, las miraditas… el jaja jeje… que le sonríe y ya se pone berraco… si es que lo va buscando… le pone el trapo delante”.

Hay tipos que no conocen otro tipo de comportamiento más que el de depredador. Creen que las mujeres estamos para regalarles la vista. Que estamos ahí para hacer bonito. Que no nos podemos enfadar si nos dicen 15 veces lo guapa que estamos y ninguna lo bien que hemos resuelto ese problema. Que del mismo modo que nos dicen guapa sin que nadie se lo pida, se creen con derecho a llamarnos fea si le llevamos la contraria o les desairamos.

Os pido que hagáis un ejercicio mental: coged a ese energúmeno que constantemente flirtea con vosotras e imagináos que hace lo mismo con un hombre, con un compañero vuestro, ese con el que anda siempre haciendo planes o yendo a conciertos. Visualizad cómo le dice lo impresionante que está ese día, o el culito que le hacen esos pantalones; que le pide que cambie la cara y sonría un poco, que así está mucho más guapo… ¿A que lo veis ridículo?

Pues recordad eso mismo la próxima vez que alguien en la máquina de café os cuente en voz baja aquello de Fulanita se tira al jefe. Desacreditar a una mujer es asquerosamente fácil, y una forma rápida y eficaz de impedir su ascenso profesional. No alimentéis el rumor. No les ayudéis en el empezo de convertir a una dama en una fulana.

///////////////////

PREGÚNTALE A PEPA
¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a amorentinder@gmail.com o por Twitter a @amorentinder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest

Da miedito

Viernes. Dos y media de la tarde. Vagón de metro bastante lleno. Dos “canis” de unos 19 o 20 años sentados en el suelo entre vagones. Uno de ellos hace una llamada telefónica: “Hooolaaaa… ¿sabes quién soy?” -con voz melosa- “te llamo para ver si nos vemos hoy… ¿hasta las 18:3‪0?… ya… Bueno, si quieres te llamo mañana para vernos, que tengo ganas de verte, princesa‬.‪ ¿Sí? Oook… hasta mañana, guapísima… muá muá”.  Cuelga el teléfono y cambiando radicalmente el tono de voz se dirige a su colega, que estaba sentado frente a él: “MAÑANA FOLLO, CHAVAL… mira mira lo que me dice por guasap”.  Y lee en voz alta los mensajes de e‬l‪la, algo muy naif sobre labios y besos, pero que culmina con un arriesgado “podrás hacerme lo que quieras…”, que exalta al elemento y exclama, triunfal: “buah, tío… la voy a sujetar así del cuello, apretando y la voy a dar to duro”‬.

Es en estos momentos cuando a mí me gustaría ser un bigardo/a de metro ochenta y 100 kilos, con dos manos como dos roperos abiertos, para enfrentarme a este energúmeno y enseñarle cuatro cosas sobre el respeto a las personas, a la intimidad de la personas‬ ‪y a la libertad sexual de las personas. Me hubiera gustado‬ ‪poder quitarle el teléfono para llamar a esta chica y advertirle‬ ‪que a no ser que le guste mucho‬ ‪el sexo duro y la dominación, va a pasar un mal rato, y que el tipejo que debería estar agradecido por dejarle acceder a su cuerpo, va por ahí publicando a voz en grito lo que va o no va a hacerle.‬

Pero como soy un escuerzo que no llega al metro sesenta y pesa 52 kilos (además de que desde que ‬f‪ui madre me lo pienso mucho antes de meterme en jaleos donde puede que me lleve un guantazo), me quedé con la mala hostia metida en el cuerpo.‬

‪No, esto no es una actitud propia de los millennials y la Generación Z. Bocazas y fantasmas ‬l‪os ha habido y los habrá en todas las épocas mientras sigamos adoleciendo de una educación completa, a todos los niveles. Lo que me preocupa es el concepto de SEXO que están adquiriendo los que nos siguen. Me preocupa que confundan PORNO con SEXO, y trasladen esa manera de follar que ven en las pelis a la vida real.‬

Ese “agarrar por el cuello”, la dominación, la humillación y la degradación de las mujeres -principalmente‬-‪ es lo que aparece cada vez con más frecuencia en el porno. ‬

Uno de sus grandes iconos, Rocco Siffredi, ha basado prácticamente toda su carrera en este tipo de cine‬.‪ Basta con echar un vistazo al documental “Rocco‬” (al documental, no a los súper estéticos trailers de promoción)‪, para que se te revuelva el estómago. Y para ‬d‪arte cuenta de que sí, el hombre tiene un rabo como el cerrojo‬ ‪un penal, pero su ‬r‪elación con el sexo y su actitud con las mujeres en las películas que protagoniza, es enfermiza.‬

Me da mucho miedito el futuro de mi hijo‬,‪ la verdad.‬

 

///////////////////

PREGÚNTALE A PEPA
¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a amorentinder@gmail.com o por Twitter a @amorentinder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

  • Share on Facebook
  • Tweet about this on Twitter
  • Share on Google+
  • Pin on Pinterest