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Creo que es necesario

Sí, es miércoles. No publico los miércoles, pero me adelanto por una razón evidente: es 8 de marzo y es el Día de la Mujer.

Sabéis que soy bastante “anti-día-institucionalizado”, pero creo que este día es necesario, y por eso publico este texto hoy.

Creo que es necesario hasta que la igualdad laboral y salarial no sea la norma.

Creo que es necesario mientras no se reconozca que dos terceras partes del trabajo que se realiza en el mundo está desempeñado por mujeres.

Creo que es necesario mientras las que trabajamos y criamos hijos tengamos que seguir negociando la flexibilidad de horarios para poder atenderlos hasta que se valgan por si solos.

Creo que es necesario mientras mi jefe no me ponga mala cara por usar dos horas de asuntos propios (mis derechos) para llevar a mi hijo al médico, y a mi compañero al que se le jode la moto y llega tarde solo le diga “joé, tío, qué putada”, sin más.

Creo que es necesario mientras en muchas empresas tener un hijo y cogerte la baja maternal sea un suicidio profesional, y, en muchas ocasiones, laboral, porque eres fulminantemente despedida.

Creo que es necesario mientras no se tomen los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex-parejas como lo que es: TERRORISMO.

Creo que es necesario mientras el portero de mi edificio me pregunte asombrado si “trabajo fuera de casa” (¿hola, estamos en 2016 o en 1960?).

Creo que es necesario mientras no haya (más) mujeres dirigiendo revistas para el público masculino y un hombre dirigiendo Vogue.

Creo que es necesario mientras siga leyendo artículos sobre cuántas parejas sexuales son demasiadas. A los hombres no se les cuestiona su promiscuidad.

Creo que es necesario mientras que tengamos que explicar (cada puta vez) esto:

Y no solo es una cuestión de dinero y poder. Es que no he oído testimonios de hombres que se hayan sentido en peligro al montar en un taxi y que les acosen sexualmente (algo que está pasando MUCHO en Madrid últimamente). Es que un hombre puede llevar pantalones cortos a 40 grados en verano sin que le digan burradas por la calle. Es que un hombre puede salir a correr solo a las 10 de la noche por un parque sin temer que le asalten y le violen, o que le pase volviendo solo de madrugada a casa.

Es que no somos iguales. Aún no somos iguales. Y por eso es necesario este día.

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Que veinte años no es nada…

young woman dancing

Este fin de semana he visto Trainspotting 2. Veinte años después de la primera.

Veinte años…

Hace veinte años yo era otra persona, ni siquiera trabajaba en lo mismo. Me interesaban otras cosas, las mismas que ahora no me interesan en absoluto.

Hace veinte años escuchaba Born Slippy de Underworld y me entraban unas ganas locas de salir de fiesta. Ahora me dicen “a ver si quedamos y salimos por ahí” y me da sueño. He salido mucho. Y no lo echo de menos. Todo tiene su ciclo. Su principio y su fin.

Quizá mirar hacia atrás veinte años sea demasiado retroceder. La nostalgia mal entendida es peligrosa, y yo soy más de mirar hacia adelante, que lo otro da una tortícolis tremenda.

Pero es que tampoco hay que irse tan lejos. Hace cinco años mi vida también era diferente de ahora. Tenía un marido, un hijo, dos perras y una vida muy estandarizada.

Ahora no tengo marido, tengo novio. Vivo sola dos semanas al mes y otras dos con mi hijo. Mis perras ya nos dejaron, las dos. No planeo nada a más de dos meses vista, ni siquiera las vacaciones, porque sé que la vida cambia en un momento, y lo que no pasa en un año pasa en un rato.

Hace veinte años mi vida no era mejor, quizá con menos responsabilidades, pero no mejor. Hace cinco años mi vida tampoco era mejor, estaba llena de conflictos y era una guerra constante. No echo de menos los eternos fines de semana y encadenar los días y las noches de hace veinte años, como tampoco echo de menos las mismas noches sin dormir por los problemas y las preocupaciones de hace cinco.

Me ha costado mucho llegar a este estado de relativa calma espiritual de no andar pensando demasiado en el futuro, de tomar decisiones sola, de agradecer el hombro que me apoya sin que lo pida, después de haberlo pedido tantas veces y no haberlo tenido.

Ahora, al escuchar Born Slippy no me dan ganas de irme de juerga… pero sí me dan ganas de bailar, con un poco de nostalgia, vale, pero solo la justa.

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Mía, solo mía

Eres mía. De mi propiedad. No tienes opinión, ni vida, ni razón de vivir si no es para mí.

Si no me complaces eres una basura. Eres mi sierva, no eres nada. Da igual que no te muevas, que no respires, que seas una sombra. Siempre habrá un pantalón que no esté planchado como yo quiera. Una tortilla cuajada un poco de más o un poco de menos… Da igual que la semana pasada haya dicho lo contrario. Esta me gusta diferente, y tú eres una inútil por no saberlo. Algo encontraré para descargar contra ti. Un minuto de más, un minuto de menos. Un crío que llora porque está malito y me molesta. Esa cara de nada que pones cuando quiero follar… Y no protestes, y no te rebeles, porque será peor…

Mujeres muertas, cinco en pocas horas, porque alguien cree que son de su propiedad, que son desechables, que puede hacer con ellas lo que quiera. Porque no tienen opción ni oportunidad de defenderse. Porque los psicópatas andan sueltos. Porque no nos enteramos que el terrorismo más abundante se ejerce de puertas para adentro, que los rehenes y los secuestrados muchas veces son los hijos, que son el chantaje definitivo. ¿Para qué sirven los jueces?. Nadie protege REALMENTE a las mujeres y, lo que es aún más sangrante, a los niños. ¿Dónde miran, al titular del periódico, a su deslumbrante toga?

Nadie es propiedad de nadie, ni tu mujer ni tus hijos. Tu propósito es cuidarles y protegerles. Si no eres capaz, si eres tan inútil, desaparece tú.

Pero para eso tendrías que ser valiente… JUSTO LO QUE TE FALTA.

///////////

Os ruego perdonéis el tono pero la ira me consume. Nos están matando y están matando a nuestros hijos y no hay quien le ponga remedio.

///////////

Frente a tanto malnacido quiero creer que la actitud de la mayoría de los hombres es la de esta chirigota gaditana, que mira que dicen que en el Sur somos machistas, pero nos han dado una lección a todos:

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Lo siento

Pedrina y Río

Siento decepcionar a los lectores que lamentan que me haya echado novio, porque mis historias ya no se basan en la cantidad de personajazos que pululan por las apps para ligar. Y lo siento porque NI DE COÑA voy a dejar a Amante para que vuelvan esos momentos. No me compensa, caris.

Estoy de choteo. Yo sé que me queréis y me leéis como soy, que lo mismo un día os cuento una frikada que algo que me ha emocionado. Que igual recuerdo a alguno de mis ex novios (con todas esas mierdas particularidades suyas), que os hago una review sobre el tamaño de los condones. La Pepa es la Pepa, y no hay más.

Si por algo tuvo tanto éxito Bridget Jones en su día fue por todas las cosas que le pasaban hasta que por fin se dio cuenta, la muy mongola, que era Darcy y no Daniel el que de verdad le encajaba. Mira que nos reímos con ella… y bien que se nos hizo el culo coca cola cuando por fin Mark Darcy dejó de ser un témpano de hielo (un sinsal lo siguió siendo, eso sí).

Pero para no decepcionar a esos fans tan caris, he hecho un recopilatorio de cosas que me he ido encontrando por la red sobre mujeres despechadas con los hombres. Frases lapidarias y hasta canciones (os las pongo estilo karaoke) capaces de resumir ESE estado de ánimo.

Muchas vienen de Colombia; me da que tenemos el mismo sentido del humor…

Despechada.com

Despechada.com

Despechada.com

Despechada.com

Despechada.com

Despechada.com

Esta se la dedico especialmente a @coresmc_ : nena, me acordé TANTO de ti cuando la escuché por primera vez…

Y, cómo no, los clásicos del despecho

Una buena selección de risas y despecho, para que “lo goséis”.

Gracias a @despechadabog por la casi infinita fuente de risas, y a los geniales Pedrina y Río por captar tan bien ese momento de “ahí te pudras”.

Pero antes de irme le voy a dedicar otro temita a Amante, porque sé que le jode mucho que se lo diga, pero es lo que hay. 😉

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A su merced

Woman Defending Herself From Attack

Ellos los lobos y nosotras las ovejas, o eso piensan. Pretenden anular nuestra voluntad para no recibir una negativa, un desprecio o una burla.

Es frecuente encontrar en el perfil psicológico del violador una experiencia de rechazo, que le lleva a odiar a las mujeres, a hacerles daño, a humillarlas, a materializar una venganza. Y no lo digo yo, lo dicen expertos como el Dr José Antonio García Andrade, que fue el especialista más reconocido en Medicina Forense de España, fallecido en 2013.

Él distinguía dos tipos de agresores sexuales: el violador ocasional, que en un determinado momento (debido al alcohol o consumo de estupefacientes) es incapaz de dominar sus impulsos y comete la agresión (una agresión que no se suele repetir), y el segundo tipo de agresor, al que catalogaba como “débil mental u oligofrénico, que, por su situación de hambre sexual, busca a la mujer para dar salida a sus impulsos (…) Estos sujetos suelen dotar a sus violaciones de una especial hostilidad ya que en ellos el acto se carga de venganza, pues en no pocas ocasiones la mujer se ha reído de él y le ha llamado tonto, lo que vivencia el débil mental como una espina irritativa, nebulosamente concienciada, que le hace dolerse ante la afrenta de ser despreciado.”

Me pregunto si en el perfil de una manada de violadores existe un historial de rechazo anterior común, si son el típico grupito que una aprende a esquivar nada más verlos desde lejos.

Testimonios que defienden que son chicos “guapos y ligones”, que no necesitan violar a nadie. El entorno cercano, viendo siempre lo que quieren ver, la apostura en “su niño”. Si ellos confesaran que no se comen un rosco sería motivo de chanza y desprecio (esa “hombría” tan mal entendida y tan arraigada en nuestra sociedad). Pero su niño no es guapo, no es apuesto, no tiene modales, va en manada con una panda de gañanes como él, y ha debido encajar muchos noes.

Caprichoso, violento y carente de una educación que le haya enseñado a respetar, el niño se harta de que una vez tras otra le digan que no… se van a enterar, ahora va a hacer con las mujeres lo que quiera. Putas. Lo van a pagar.

¿Habrá más agredidas? Chicas que no se atrevan a contarlo, que en su día decidieron que nadie creería que habían perdido el conocimiento, que en su entorno pensarían “se lo ha buscado, por ir borracha, por hablar con desconocidos, por ir sola…”

Por ir sola… y estar indefensa frente a una manada de frustrados. Tan valientes que tienen que ir en grupo, que aprovechan que una chica haya bebido, que tienen que utilizar burundanga (o Ghb, más fácil de encontrar) para que no pueda decir que no, para hacer con ella “lo que quieran”… Porque el placer no lo obtienen a través del sexo, sino de la humillación.

Preocupa que haya por ahí manadas de animales de este tipo, pero es más preocupante aún que exista el coro que jalea y oculta el delito.

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No es piropo, es acoso

The night is coming after you

Enero de 1986. Mi amiga Margarita y yo cruzábamos por un camino de tierra que unía el barrio en el que vivíamos (ahora le llamarían PAU) con las primeras casas del pueblo más cercano, uno de esos pueblos-ciudad dormitorio de los ochenta. No eran más allá de las seis de la tarde, pero era noche cerrada, y el camino no estaba iluminado. Unos metros atrás caminaban unos chicos, de los mismos quince o dieciséis años que teníamos nosotras. Empezaron a llamarnos guapas, princesas, a preguntarnos dónde íbamos tan solitas… Como no les hacíamos caso, uno de ellos, que iba de valiente, se abalanzó sobre nosotras por detrás y me agarró el culo. Me giré, fue instintivo, y le calcé un puñetazo en todo el mentón que no sé si le haría daño o no, pero al menos lo asusté, el tiempo justo para salir corriendo mientras sus amigos se descojonaban y decían “vaya hostia le ha dao…” Margarita no daba crédito, y me preguntaba de dónde había sacado el valor. No sé, lo hice y ya está. No iba a dejar que me amedrentara así como así sin llevarse su merecido.

Un poco más tarde, en 1988, salía del pub donde trabajaba de camarera. Eran las tres de la mañana y junto a mi compañera nos dirigimos a una parada de taxis, porque habitualmente compartíamos uno para regresar a casa. Nos subimos en el primero que había en la parada, le indicamos que íbamos a dos direcciones, primero dejaría a una y luego a la otra, y empezamos a charlar en el asiento de atrás. Al minuto el taxista intentó meterse en la conversación “Y dónde habéis estado las dos tan guapas ¿eh?”. No le hicimos caso. Seguimos hablando “Y, con esas faldas tan cortitas ¿cómo es que no tenéis novio que os acompañe?”. Ahí ví la luz, sopesé las futuras circunstancias (una de las dos habría de quedarse a solas con él tras dejar a la primera en casa) y le pedí que parara, que habíamos cambiado de opinión. Mi compi estaba entre asustada y estupefacta. Le pagué la bajada de bandera, y como me preguntó de muy malas maneras que por qué nos bajábamos le dije: “porque no me gustan tus comentarios”. Ahí empezó a insultarnos, a llamarnos guarras, que si no queríamos que nos dijeran nada que no nos pusiéramos esas minifaldas de putas… hasta nos pitó y sacó la cabeza por la ventanilla para ofrecernos el desagradable espectáculo de su lengua gesticulando de manera obscena cuando salió derrapando de vuelta a su parada. Tampoco sé de dónde saqué el instinto esta vez, pero creo que nos salvó de nuevo.

Estamos en 2016. Tengo 46 años, y aún pienso cada día qué ponerme por la mañana cuando voy a trabajar. Pero no por indecisión o estética. Pienso si voy a enseñar dos centímetros de piel entre la cintura y el borde de la camiseta, si el escote se mueve, si voy ceñida, si llevo un sujetador en el que se notan los pezones o uno de esos forrados con foam, si puedo o no puedo ponerme un pantalón corto aunque estemos a 38 a la sombra. Pienso en lo que me encuentro cada día en el metro, las miradas y los conflictos. A las siete de la mañana. Sí, en serio.

La enorme Beatriz Serrano lanzó hace unos días una encuesta para cuestionarnos a las mujeres sobre el piropo-acoso en la calle. Yo participé, y mi historia salió reflejada en el artículo, pero no voy a decir cuál es. Una aprende a defenderse, pero cuesta.

Cuando en este post os animaba a piropear a vuestras parejas, era eso, a VUESTRAS PAREJAS. Cualquier comentario de un desconocido es una invasión y muchas muchas veces, una agresión. Y en Tinder, en Badoo, en Facebook, y en casi cualquier red, tienes la opción de bloquear a esa persona. Pero cuando vas por la calle, vas en el metro, estás en el supermercado, en cualquier parte, que un desconocido (o una desconocida) te diga qué buena estás, que si quieres una copa, que si le das tu teléfono, que dónde vas tan sola que te acompaña… ¡¿cómo cojones le bloqueas?! No hay botón, ni tick, ni nada similar. Tienes que echar mano de tu instinto de supervivencia, bajar del taxi o, en el peor de los casos, soltar la hostia que yo solté.

Estamos en el siglo XXI y aún tenemos que tener cuidado de por dónde vamos o de qué ropa llevamos puesta para evitar situaciones peligrosas. Estamos involucionando, en todos los sentidos.

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Cómo afrontar el primer viaje con tu impresentable

Portrait of bearded brunette man gesturing horn sign

Puede que tú no, pero seguro que tienes una hermana, una prima, una amiga, cuyo novio es un jorge cremades, un heteruzo, un cuñado en toda regla.

Que síiii… que es cosa de la edad. Que cuando eres muy joven a veces caes en las redes de ese que es tan chistoso, tan majete, tan divertido… y que es motivo de vergüenza ajena constante.

Ese tipo que se pasa el día contando chistes sobre gays, rubias o negros. Que llama a las lesbianas, “tortilleras”. Al que te avergüenza llevar a las comidas y bodas familiares, porque raro será que no suelte en voz alta que qué tetas se le están poniendo a tu prima de catorce años.

Ese imbécil que no para de mirar descaradamente a las chicas en top less de la toalla de al lado (¡joder, que se tapen si no quieren que las miren ¿no?). Que en el restaurante japonés en el que habéis quedado todos los de la pandilla, no se cortará en comentar que qué puta mierda de comida, con el buen producto que hay aquí en España. Si lo llevas al cumpleaños de tu amigo Luis, que es gay, te dirá que vale, pero que él estará con el culo pegado a la pared por si acaso.

Esos que hablan a voces, los de las risotadas fuertes, los de llegar a un sitio y buscar el bar donde tengan canal plus para ver el partido. Los que cuando la vecina les dice por la ventana que son las tres de la mañana, y que dejen de hablar a gritos, la mandan a fregar los platos… Los fans de “La que se avecina”. Sí, esos.

Te voy a dar el mejor consejo que se puede dar para afrontar un viaje con un tipo así: NO VAYAS. DÉJALE. HUYE, INSENSATA.

“No es para tanto” siempre oigo que lo del Cremades no es para tanto, que es tontaco y ya, pero tiene muchos seguidores, muy jóvenes, que copian su actitud. Y es una actitud de mierda, no solo ante las mujeres, ante la vida, en general.

“Afrontar”. Es que ya en el verbo te está avisando de lo que te vas a encontrar: un señor del siglo XIX, Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte, Chivas, misoginia, café copa y puro. Huele a rancio este muchacho. Huele a rancio que apesta.

Por cierto, que sepáis que Jorge Cremades tiene Tinder.

tontaco

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No te autoboicotees

Frightened Woman's Face

Llega el verano y parece que se abre la veda para perder la dignidad. Lo sé lo sé… hace un calor del copón y todo lo que llevas encima sobra, pero no hay ninguna necesidad de atentar a la estética, que hay días que voy en el metro y se me caen las pupilas del disgusto.

Y no lo digo ya por esa fiebre de ponerse de repente todos los colores encima, cual extra de luces del Circo del Sol (cuánto daño han hecho esos estampados imposibles de la vida es chula… y daltónica), sino por el despliegue de zapatos feos, uñas de gárgola de Notre Dame, pantalones pirata, shorts dos tallas menos de lo que te sentaría bien, looks playeros en la ciudad (*), camisetas imposibles, etc.

(* de esto hablamos en un momentito)

miranda

Empecemos por lo más básico: la higiene. Ropa barata y ajustada significa que al primer sofoco sudas. El olor se pega a esa ropa como la gomilla de un biquini de una talla inadecuada a tu culo, de manera dolorosa (y olorosa). Si no puedes invertir en ropa de buena calidad, al menos hazlo en un buen desodorante, y cómprate una talla adecuada. Ese olor a hamburguesa de fast food le bajaría la libido a un marinero que llevara 8 meses embarcado. No hay mejor truco de belleza que la limpieza. En ese pedazo de bolso veraniego que llevas seguro que cabe un neceser con lo básico para recuperar la frescura. Antes de salir del trabajo practica la buenísima costumbre de asearte un poco. Llevar una camiseta de recambio (por si acaso) tampoco está de más. El chulazo de tu vida puede aparecer entre Callao y Puerta de Toledo.

[Hago un llamamiento a todos los usuarios del transporte público: es PERFECTAMENTE POSIBLE ducharse antes de acostarse y cuando te levantas por la mañana otra vez. No te mandan a la cárcel por ello. Y sienta fenomenal, en serio. Haznos un favor a los demás y practícalo: la limpieza es el principio de la santidad. Sobre todo si anoche te chuzaste en una terraza y además del olor a sudorina tenemos que aguantar el olor a resaca.]

Sigamos con la manía de perder la compostura al vestirnos cuando hace calor, lo que antes llamé “look playero en la ciudad”:

  • chanclas (para ir a currar),
  • pantalones pirata (solo le quedaban bien a Audrey Hepburn, no te hagas daño a ti misma),
  • camisetas con slogans playeros (Miami, Beach, bien de flamencos, etc)
  • sombrerito, caftán/kimono de flecos, shorts (sí, igual que la niña del anuncio ese de cerveza; pero ella tiene veinte años y está en la playa, no en un polígono de oficinas de Alcobendas)

que es que a algunas les falta ir en pareo. Deja esos estilismos para cuando estés en la playa o en la piscina de la urba, en un entorno de daños controlados.

Continuemos con el autobronceador. No lo intentes. De verdad. No queda bien. Por más que te exfolies, sigas los consejos de las revistas, te pases 2 horas en bolas por la casa esperando a que se seque, andando como un robot para no rozar nada… hagas lo que hagas, en alguna parte, saldrá el manchurrón, el churrete o el rayajo antiestético. No pasa nada por estar blanca, de verdad. Si no puedes soportarlo, que te duchen con autobronceador en algún centro especializado, pero no hagas locuras.

Lo que he contado antes va en parte para los chicos, pero esto que digo ahora es específico para ellos: si tenéis una cita con alguien de Tinder (de Badoo lo mismo cuela; ahí puede pasar cualquier cosa), NO SE OS OCURRA aparecer en bermudas y camiseta, con el bolsito-mariconera-guardatodo ese que me lleváis alguno cruzadito de lado a lado (¿vendes cupones o lotería? pues entonces). Es UNA CITA. No sois David Gandy, y ese NO ES un look casual, no juguéis con fuego. Se supone que queréis causar buena impresión, con la sana finalidad de echar un polvo. ¡Ah! y aunque vuestro amigo el gañán os haya dicho que esa camiseta que comprasteis en Ibiza (sí esa de F**K ME I’M FAMOUS) la hará reir, no le hagáis caso. Por algo le llamáis “el gañán”. No os autoboicoteéis, en serio.

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Homofobia

Two women an two men kissing in the rain

“Es raro… y yo no juego en ese equipo”. Solo tiene 7 años, y copia los comentarios de sus compañeros de clase. Lo hace porque él es el “raro”, el que no los entiende demasiado, el que es solitario e introspectivo, y así siente que es como ellos. Este comentario salió de su boca al presentarle a una pareja de amigos que están casados. Sí, hombre y hombre.

No es algo que le hayamos enseñado en casa. Puedo afirmar que de mis amigos al menos el 75% son gays o lesbianas. En mi familia hay lesbianas, gays y transgénero, y siempre hemos aceptado la orientación sexual de los demás. A veces con mucho trabajo y grandes dosis de paciencia, porque no es sencillo explicar a una mujer de 80 años y una educación machista y opresiva, que su nieta está enamorada de otra mujer. Pero con paciencia y sin ocultar ni avergonzarse de nada todo se consigue.

Antes iba cada año al desfile del Orgullo Gay, hasta que se convirtió en un parque de atracciones masificado. De hecho, hasta fui estando embarazadísima y luego al año siguiente con mi hijo. Era mi cita anual con algunos amigos que de otro modo no veía nunca. Siempre vi familias hetero con sus hijos, como una manera de demostrar que todos somos iguales. Porque todos somos iguales.

Cuando salía de fiesta, he ido infinidad de veces a locales en los que la mayoría de la clientela era gay, a veces la única mujer era yo, y siempre fui una más.

La homofobia se instala desde la infancia, con la educación, con el entorno. Yo voy a evitar por todos los medios que mi hijo interiorice esos comentarios de sus amigos, comentarios que esos niños escuchan en casa. Esos niños van todos a catequesis y van a hacer la comunión. Mi hijo es el único de su clase que no va a hacerla, porque tanto su padre como yo somos ateos. No quiero decir que mi hijo sea mejor ni peor que los otros por el hecho de no practicar una religión. Solo digo que la religión, hoy en día, es causa de más odio, dolor e intolerancia que el ateísmo.

Y sí, este año volveré al desfile del Orgullo, y mi hijo vendrá conmigo, porque el racismo se cura viajando y la homofobia conociendo y respetando a tu prójimo. Y eso sí me parece un precepto adecuado para educar a un hijo, independientemente de cualquier religión.

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Cómo se estropean los cuerpos

Senior man sitting on motorcycle

Nacer mujer y estar siempre batallando con la idea estética que la sociedad demanda de ti (bueno, la sociedad, la publicidad más bien), es algo a lo que nos enfrentamos todos los días las mujeres: tienes que estar siempre en forma, joven, guapa, aparentar siempre menos años de los que tienes. Pero ¿es igual la presión para los hombres? Yo diría que mucho menos, al menos para los de mi generación.

Hace unos días me topé en Facebook con el perfil de un rollete de juventud, uno de esos de entre-novios, que me duró un par de vueltas a la noria. Él era muy intenso (músico, ahí lo dejo), yo apenas acababa de terminar con ese primer noviazgo tormentoso, y como no apuntaba maneras de ser mucho mejor que el anterior, lo dejamos en un par de escarceos y cada uno por su lado.

Era del tipo “síndrome de Bécquer”: el día que te conoce se muere de amor por ti y al siguiente casi no sabe ni quién eres. Modo ON/modo OFF. Montaña rusa. Intensito de los cojones.

Cuando estaba en modo OFF (ahora no te quiero) tenía la insana costumbre de compararme con su novia anterior, una suerte de Kelly LeBrock o Kim Bassinger meridional… o al menos así la describía él.

Para fastidiarme (el propósito aún se me escapa) me decía que debería hacer gimnasia pasiva o algo así (soy pequeña y con curvas, pero a los 20 años tenía un culazo que ya lo hubiera querido para ella la Beyoncé, ni un gramo de celulitis), todo siempre comparándome con esa Venus surgiendo de las aguas que al parecer era su ex novia. Si me lo dice ahora me descojono en su cara, pero a los 20 años estas cosas hacen pupa. Él era alto, delgado, moreno, con mucha personalidad. Un tipo muy atractivo, que no guapo, si le sumas que era camarero y músico, era el top de tío que te podías ligar en aquella época. Pero supe verle a tiempo las orejas al lobo y le dije adiós muy buenas.

Hemos coincidido un par de veces en los últimos años. La última en la boda de una amiga común. Seguía siendo alto (obvio), delgado, moreno y atractivo.

Pero de repente, me he topado en FB con un SEÑOR con el pelo blanco y pinta de haberse bebido las existencias completas de Jack Daniel’s, con un look de roquero trasnochado (camiseta negra de vete-a-saber-qué-grupo), chaleco vaquero, coleta (¡oh, dios, COLETA!), y que usa gafas de sol para tocar. Porque sigue tocando (rock, claro, no iba a ser tecno). No recuerdo bien si tenía mi edad o por ahí, pero le ves y no le echas menos de 60… si me lo encuentro en la calle no me saldría otra cosa que “¿pero qué te ha pasao, Paco? ¡has mutao!”

Lo veo mucho a mi alrededor, en amigos de juventud: de repente se les cae la edad encima, de golpe. Vale que no han sido nunca de cuidarse (ni yo tampoco, si me apuras), pero, hijo, hay que mantener un poquito la dignidad ¿no?.

Quizá es que lo da un poco mi tierra, que te quedas anclado en el tiempo. Cuando “bajo” en verano o en Navidad, me doy cuenta de que todo sigue igual, pero más viejo. El chulito de la moto sigue siendo el chulito de la moto (aunque la panza le caiga ahora encima del depósito), la camarera que te odiaba te sigue odiando (y tú sigues sin saber por qué), el roquero es el roquero (las mismas pintas, pero con 3 o 4 tallas más), y si a nosotras nos van saliendo arrugas y alguna lorza desmadrada, a ellos el pelo hace mucho que les dijo adiós.

Pero lo de que a algunos la edad les ha caído encima toa junta es una verdad como un templo. Qué lástima, cómo se estropean los cuerpos.

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