Cuestión de admiración

Cuando era apenas una niña me decía mi madre: “busca un muchacho bueno y trabajador. Da igual que no sea muy guapo o que no te guste mucho. El cariño se hace con el tiempo”. Entendedla, se educó en una época en que las mujeres tenían que pasar del paraguas paterno al paraguas del matrimonio, aunque ese paraguas estuviera lleno de agujeros y te dejara más desprotegida que otra cosa.

Las buenas cualidades para ella se resumían en eso: que no te pegara, que trajera el jornal a casa. Vivió una guerra y una posguerra. Sufrió un padre más inclinado a dejarse la fortuna en la mesa de juego que en alimentar a su familia. Y casándose con “el guapo” no acertó, repitió la jugada pero a peor… Así que la pobre creía que feo y trabajador eran un seguro para no sufrir.

Pero yo nunca fui dada a escoger a mis novios por esas cualidades. Que conste, eso sí, que no he sido clasista y la belleza y proporción áureas no siempre han casado con la mayoría de mis parejas (aunque algunos eran francamente guapos). Así los ha habido altos y bajos. Gordos y flacos. Querubines y feos con ganas. Todos tenían algo, o al menos algo para mí en ese momento de mi vida.

Con los años sí que he ido “puliendo” mis preferencias: ahora soy completamente incapaz de enamorarme de alguien a quien no admire. Y para admirar a alguien necesito unos cuantos requisitos:
– que sea buena persona, y no solo conmigo o por aparentar. Que lo sea de verdad.
– que tenga sus propias ideas, aunque no coincidan a veces con las mías, pero que no se deje mangonear y no me intente mangonear a mí
– que trabaje. Nadie trabaja por gusto, está claro, pero ya no me veo con ganas de soportar ni un solo vago más en mi vida
– que folle bien. Que me folle bien. Que le guste hacerlo y se lo pase casi mejor viéndome disfrutar a mí que a él mismo. El que actúa así os aseguro que recibe su recompensa (esta debería ir más arriba, pero no os fijéis en el orden).
– que no se sienta abrumado, atacado o disminuido porque en algunas cuestiones sea más experta. Los acomplejados intelectuales son dañinos: en menos de un año yo he pasado del “qué inteligente eres” al “ya está la lista de los cojones”. Huyo de ellos como de la peste.
– que le guste verme, joder, que se le iluminen los ojillos. No hay nada más descorazonador que que tu marido te mire al entrar en casa como si fueras un mueble más (algunos -y algunas, ojo- miran con más pasión al sofá que a su pareja)
– que sea limpio. Esto, que puede parecer una obviedad, no lo es en absoluto. Y tampoco tiene que ver con defectillos de la edad. Sé de cuarentones que no se cambian los calcetines hasta que no se les marcan los dedos de los pies, y que su idea de “camiseta limpia” es esa que “solo se han puesto dos veces”, seguidas y sin haber pasado por la lavadora. El mayor truco de belleza es la limpieza.

Y si además está tan bueno como Amante, que podría pasar por uno de los de “300”, pues mira, tampoco te voy a decir que me disguste, je. Ya os he anticipado que tengo que sentir admiración, y ese culo es para ponerle una calle, palabra.

¿Que soy una exigente? Pues puede, pero es que de feos, chulitos guaperas, vagos, guarros, incompetentes sexuales, acomplejados intelectuales y malas personas, ya he tenido no para una, sino para varias vidas. Llené el cupo.

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Convertir a una dama en una fulana

Well, some feel that to court a woman in one’s employ, is nothing more than a serpentine effort to transform a lady to a whore.

Bueno, algunos creen que cortejar a una mujer que trabaja para ti, es un intento serpenteante de transformar a una dama en una fulana.

Premio para quien sea capaz de decirme en qué película romántica de los 90 suelta esta maravillosa parrafada el protagonista.

Rumores de oficina. Cotilleos delante de la máquina de vending. ¿Quién no ha escuchado alguna vez entre susurros Fulanita se tira al jefe? Sea o no verdad, en nuestra cabeza ya le hemos perdido el respeto a Fulanita. Da igual que sea maja, buena compañera, trabajadora, solidaria, que tenga tres masters o que sea una crack en lo suyo, ahora ya Fulanita es La que se tira al jefe.

Parece que las mujeres tenemos que defendernos en todos los frentes. No podemos bajar la guardia nunca. No resultar demasiado atractivas en el trabajo, para no suscitar envidias o provocar el deseo. Mantener siempre las distancias, olvidando herramientas tan necesarias para el trabajo en equipo como la confianza y la camaradería. Estando siempre atentas por si el lobo acecha…

Porque basta con que el lobo se fije en nosotras y nos suelte un piropo o una mirada fuera de lugar, para que perdamos nuestro estatus de dama y nos convirtamos ipso facto en una fulana. “Si es que claro, las miraditas… el jaja jeje… que le sonríe y ya se pone berraco… si es que lo va buscando… le pone el trapo delante”.

Hay tipos que no conocen otro tipo de comportamiento más que el de depredador. Creen que las mujeres estamos para regalarles la vista. Que estamos ahí para hacer bonito. Que no nos podemos enfadar si nos dicen 15 veces lo guapa que estamos y ninguna lo bien que hemos resuelto ese problema. Que del mismo modo que nos dicen guapa sin que nadie se lo pida, se creen con derecho a llamarnos fea si le llevamos la contraria o les desairamos.

Os pido que hagáis un ejercicio mental: coged a ese energúmeno que constantemente flirtea con vosotras e imagináos que hace lo mismo con un hombre, con un compañero vuestro, ese con el que anda siempre haciendo planes o yendo a conciertos. Visualizad cómo le dice lo impresionante que está ese día, o el culito que le hacen esos pantalones; que le pide que cambie la cara y sonría un poco, que así está mucho más guapo… ¿A que lo veis ridículo?

Pues recordad eso mismo la próxima vez que alguien en la máquina de café os cuente en voz baja aquello de Fulanita se tira al jefe. Desacreditar a una mujer es asquerosamente fácil, y una forma rápida y eficaz de impedir su ascenso profesional. No alimentéis el rumor. No les ayudéis en el empezo de convertir a una dama en una fulana.

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Da miedito

Viernes. Dos y media de la tarde. Vagón de metro bastante lleno. Dos “canis” de unos 19 o 20 años sentados en el suelo entre vagones. Uno de ellos hace una llamada telefónica: “Hooolaaaa… ¿sabes quién soy?” -con voz melosa- “te llamo para ver si nos vemos hoy… ¿hasta las 18:3‪0?… ya… Bueno, si quieres te llamo mañana para vernos, que tengo ganas de verte, princesa‬.‪ ¿Sí? Oook… hasta mañana, guapísima… muá muá”.  Cuelga el teléfono y cambiando radicalmente el tono de voz se dirige a su colega, que estaba sentado frente a él: “MAÑANA FOLLO, CHAVAL… mira mira lo que me dice por guasap”.  Y lee en voz alta los mensajes de e‬l‪la, algo muy naif sobre labios y besos, pero que culmina con un arriesgado “podrás hacerme lo que quieras…”, que exalta al elemento y exclama, triunfal: “buah, tío… la voy a sujetar así del cuello, apretando y la voy a dar to duro”‬.

Es en estos momentos cuando a mí me gustaría ser un bigardo/a de metro ochenta y 100 kilos, con dos manos como dos roperos abiertos, para enfrentarme a este energúmeno y enseñarle cuatro cosas sobre el respeto a las personas, a la intimidad de la personas‬ ‪y a la libertad sexual de las personas. Me hubiera gustado‬ ‪poder quitarle el teléfono para llamar a esta chica y advertirle‬ ‪que a no ser que le guste mucho‬ ‪el sexo duro y la dominación, va a pasar un mal rato, y que el tipejo que debería estar agradecido por dejarle acceder a su cuerpo, va por ahí publicando a voz en grito lo que va o no va a hacerle.‬

Pero como soy un escuerzo que no llega al metro sesenta y pesa 52 kilos (además de que desde que ‬f‪ui madre me lo pienso mucho antes de meterme en jaleos donde puede que me lleve un guantazo), me quedé con la mala hostia metida en el cuerpo.‬

‪No, esto no es una actitud propia de los millennials y la Generación Z. Bocazas y fantasmas ‬l‪os ha habido y los habrá en todas las épocas mientras sigamos adoleciendo de una educación completa, a todos los niveles. Lo que me preocupa es el concepto de SEXO que están adquiriendo los que nos siguen. Me preocupa que confundan PORNO con SEXO, y trasladen esa manera de follar que ven en las pelis a la vida real.‬

Ese “agarrar por el cuello”, la dominación, la humillación y la degradación de las mujeres -principalmente‬-‪ es lo que aparece cada vez con más frecuencia en el porno. ‬

Uno de sus grandes iconos, Rocco Siffredi, ha basado prácticamente toda su carrera en este tipo de cine‬.‪ Basta con echar un vistazo al documental “Rocco‬” (al documental, no a los súper estéticos trailers de promoción)‪, para que se te revuelva el estómago. Y para ‬d‪arte cuenta de que sí, el hombre tiene un rabo como el cerrojo‬ ‪un penal, pero su ‬r‪elación con el sexo y su actitud con las mujeres en las películas que protagoniza, es enfermiza.‬

Me da mucho miedito el futuro de mi hijo‬,‪ la verdad.‬

 

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Colaboradores necesarios

Tenía más o menos una idea de lo que me iba a encontrar al pediros que me contarais vuestras historias de acoso, pero nunca pensé que me enfadaría e incluso pasaría miedo con vuestros relatos.

Es asquerosamente normal el abuso, ahora ya no me cabe ninguna duda. Lo más asqueroso de todo es que el 99’9% de las veces la víctima se siente culpable, porque piensa que de algún modo ha provocado la situación.

¿Cómo no pensarlo?. Leo con estupefacción a algunos de mis contactos comentar en las redes que las víctimas de Weinsten ya podían haberlo denunciado en su día, y no ahora. Las que lo hicieron fueron baneadas, y nadie las creía. Entre arruinar del todo tu futuro (eran veinteañeras, sin el temple que da la edad) o guardarlo en un cajón del cerebro y seguir adelante, es comprensible que optaran por lo segundo.

¿Puedes juzgar esta decisión si tú nunca has pasado por esto? Por lo visto, sí: se abre la veda para decidir -una vez más- sobre el bien y el mal.

A estos guardianes de la verdad, la honradez y la sororidad, les dejaría echar un vistazo a todos los correos que me habéis mandado, para que descubrieran hasta qué punto es traumática una experiencia de este tipo. Para que vieran que pasa a todos los niveles de la sociedad, con un vecino, un jefe, un desconocido con el que te cruzas y mete la mano bajo tu falda solo porque eres una niña incapaz de defenderte.

Me gustaría que vieran que en todos los casos las víctimas se creen culpables de provocarlo, por algo que han dicho o hecho, y se avergüenzan y castigan por ello. Un trauma tan interiorizado que algunas no lo han verbalizado hasta que lo han puesto en el correo que me han mandado… Así está el tema, señores. Como para hablar de sororidad y de que si no lo contaste en su día ahora tu denuncia carece de validez.

Que el ya llamado “efecto Weistein” haya desencadenado toda una serie de testimonios de abusos (no sólo en el cine, también en la moda, y en otros muchos ámbitos) es lo mejor que podría pasar.

Extraoficialmente -ya que la editorial no se ha manifestado- y a través de la filtración de un correo electrónico, se ha sabido que el fotógrafo Terry Richardson ha sido vetado para trabajar en el futuro con Conde Nast, a cuenta de las numerosas denuncias por abuso sexual hacia algunas modelos que tuvieron la mala suerte de posar para él. Un tema viejo, se defiende el interesado, pero no por ello prescrito. El abuso es un trauma que no caduca.

#MeToo es necesario para que comprendamos que los abusadores lo son simplemente porque pueden, PORQUE SE LO PERMITIMOS, porque están en una situación de poder e impunidad, porque no se les señala, porque no se les combate, porque a ellos no se les aparta ni margina, que es justo lo que hacemos con las que se atreven a denunciarlo.

Lo positivo de esta ola de sinceridad, es que está destapando hasta qué punto estamos infestados por este mal. Es NECESARIO que la cultura del “se dice el pecado pero no el pecador” desaparezca. Es IMPRESCINDIBLE acabar con la impunidad.

Y lo primero que debe desaparecer es esa visión tan machista, tan de proteger al abusador, que aún mantenemos: siempre ponemos en duda la veracidad del testimonio de la víctima. Si tiene un pasado promiscuo. Si por qué va por ese camino por el que nadie pasa en vez de por el otro. Si se pone una falda o un escote. Si es amable y sonríe. Si ha acudido a una cita de trabajo en algún lugar no habitual, como un hotel. Si por qué volvió sola a casa tras salir de juerga… Descargamos la responsabilidad en la víctima, y no en el violador o el abusador, que es el ÚNICO culpable.

En cierto modo, somos todos colaboradores necesarios en esta cultura del abuso y el silencio. ¿Por qué voy a contar lo que me ha pasado, si no me van a creer, si me van a poner de puta irresponsable para arriba, si van a justificar lo que me ha pasado porque yo sola me lo he buscado? Me callo y apechugo como puedo con mi trauma.

Publico a continuación una selección de testimonios anónimos. Esta mierda está en todas partes.

1 /////////////

En 2010, yo tenía 17 años recién cumplidos y nos acabábamos de mudar a una casa adosada en una urbanización en una colina. A nuestro alrededor solo había bosque, campo, y más urbanizaciones… Ni tiendas, ni ultramarinos, ni tan siquiera chinos. La mayoría de las casas, recién construidas, todavía estaban desocupadas, pero pronto llegó a la casa de enfrente (en otra urbanización distinta a la mía) una nueva familia. Un matrimonio, de unos treinta y tantos, con dos niñas pequeñas (de unos 2 y 4 años). Pronto, mi madre y yo nos dimos cuenta de que el hombre estaba de muy buen ver y acabamos llamándolo “el vecino buenorro”. Él era agradable, y como con cualquier otro vecino, lo saludaba, a veces sonriendo, otras con la mano… Un acto insignificante e inocente que a mí me traía ilusión. Yo era joven, una romántica, y había idealizado historias como Lolita y El Amante… No buscaba nada con un hombre mayor, pero me gustaba la sensación de no pasar inadvertida a alguien mayor.

Nunca hablábamos, solo nos saludábamos… No era nada prohibido ni malo, pues mi madre o su mujer también saludaban. Sin embargo, pronto los saludos no eran nuestra única interacción. Recuerdo que la primera vez que me habló fue cuando iba a tirar la basura con mi perra. Se paró a mi lado, me dijo su nombre y me dio dos besos. En ese momento yo estaba flipando (me había dado dos besos, “el vecino buenorro”!). Estuvimos hablando como 5 minutos sobre mi perra y luego él volvió a su casa y yo con mi paseo… Creo que fue entonces o más tarde, cuando quizá yo le di mi nombre, que me agregó a Tuenti (la versión española de Facebook).

En verano solía hacer calor, y por las tardes yo me ponía en la terraza a tocar la guitarra, o por las noches con las ventanas del salón abiertas de par en par para que entrase el fresquito… Era entonces, cuando él se ponía a mirarme; desde su jardín por la tarde o su azotea de noche. Por las tardes, a lo mejor llegaba, aparcaba su coche, entraba a la casa y volvía a salir de ella sin camiseta – a lo que yo pensaba “eh… ok” y seguía tocando mi guitarra. Pero fue una noche cuando mis alertas se dispararon. La primera vez que lo vi allí fue cuando estaba viendo una peli en el salón. El canal hizo una pausa para publicidad y aburrida miré hacia afuera. Tumbada en el sofá tenía un ángulo diagonal perfecto hacia su azotea, y allí estaba él. Sin camiseta. Mirándome. Supongo que me distinguiría perfectamente por la oscuridad de la habitación siendo la luz de la tele la única que me iluminaba. Me pareció muy raro… Demasiado. Moví mi cabeza en su dirección como diciendo “ey”, pero esa vez no me ilusioné. Me pareció bastante siniestro y raro que estuviese ahí mirándome. Escurrí el culo hacia adelante en el sofá y acabé por desaparecer de su vista.

Fue desde entonces que todo cambió. Desde entonces, sentí que siempre que salía a pasear a mi perra o tirar la basura coincidíamos… Sus primeros mensajes a Tuenti eran inocentes, pero pronto empezó a enviarme mensajes del tipo “eres muy guapa”, o “me gustas mucho”. A medida que la cosa iba a más yo me sentía cada vez peor… Ya no me gustaba que me saludara, por la noche veía las películas con las cortinas echadas, miraba por la ventana para asegurarme que él no estaba ahí antes de salir a tirar la basura…
Empecé a tener miedo de encontrarme con él. Y mientras tanto, sus mensajes no paraban. Me preguntaba que si él había hecho algo malo, que qué me pasaba…

Yo me sentía sola y estaba asustada. Pensé que eso era lo que me merecía; que esa situación era mi culpa…
Pensé en su mujer. Pensé en mi madre. Pensé en la vergüenza. Y como resultado o salida, pensé que lo mejor era hacerme daño a mí misma…
Sin embargo, por cobardía o valentía, no sé qué es lo que realmente me impulsó a hacerlo, hablé con mi madre y se lo conté todo.

No la había visto, ni hasta la fecha la he visto tan enfadada. En resumidas cuentas me dijo que no era mi culpa.

Lo borré de Tuenti, aunque eso no evitó que me siguiera escribiendo. Me acuerdo del color de su coche, verde aceituna, y de la matrícula acabada en AJ. Cada vez que lo veía se me paraba el corazón. De hecho, ya habían pasado algunas semanas cuando, paseando a mi perra mientras escuchaba música, vi por el rabillo del ojo un coche verde que se me acercaba. Poco a poco iba desacelerando, hasta que finalmente paró a mi lado. Vi que, en efecto, se trataba de él, y temblando de miedo, tiré de la correa de mi perra y me metí en el campo donde no podría seguirme con el coche – decisión tonta, ahora que lo pienso, porque podría haberme seguido andando…

Supongo que acabó por cansarse y al final dejó de acosarme. No se lo dije a nadie más. Tampoco denuncié, porque pensé que podría hacerle daño a su familia y que quizá yo exageré. Los mensajes ya no existen y la experiencia ya no es fresca después de tantos años, por lo que no puedo estar segura. Lo único que sé con certeza es el sentimiento de querer hacerme daño a mí misma; de castigarme. Puede que desde su punto de vista la situación no fuera tan descabellada, pero desde el mío sí.

Nunca he contando esta historia con tanto detalle. De hecho, me he sorprendido de cuantas cosas recuerdo con tanta claridad… Espero que esto ayude a concienciar a jóvenes en mi misma situación. No tienen la culpa y deben de ser fuertes y pedir ayuda porque no están solas.

2 /////////////

Seré breve con mi experiencia, ocurrió hace 19 años: con trece años había dos caminos para ir al instituto, uno mucho más transitado pero que daba mucho rodeo y uno menos transitado pero más directo. No es que fuera especialmente peligroso pero es cierto que pasaba menos gente. Yo tenía trece años y a pesar de que mis padres me recomendaron ir siempre por el camino largo, a veces, por aligerar, acaba eligiendo la otra alternativa.

Un día, volviendo a casa, un hombre que venía caminando hacia mi, se plantó sin más delante y me metió mano. Me hizo un comentario que omitiré pero solo pude correr y alejarme mientras él se reía sin parecer que hubiera hecho algo malo.

Durante mucho tiempo me sentí exactamente cómo has relatado. Culpable porque pensaba que al haber desobedecido a mis padres había provocado esa situación…por lo tanto quizás me lo merecía. De hecho nunca se lo conté a nadie.

Con 32 años puedo decir que he vivido muchos más momentos pero quizás ese es el que más me marcó. Evidentemente tengo superado todo esto pero estoy de acuerdo con lo que has expresado muchas veces en tus textos, no podemos acostumbrarnos a estos momentos, dejarlos pasar como condición inherente de ser mujer. Y creo también que es importante transmitir a las mujeres otros valores que hagan desaparecer la responsabilidad y la culpa achacadas a nuestra condición.

En fin, muchas gracias por habilitar este email, tras haberte contado ésto me siento mucho más ligera. Un saludo.

3 /////////////

Hola, Pepa. Intentaré resumir. En mi primer trabajo serio tras terminar la carrera y un máster (Ingeniería), me animaron desde RRHH a ser colaborativa y trabajar en equipo. El director fomentaba el trato no formal con el resto de los compañeros (todo hombres) incluido él. A menudo coincidíamos en la terraza fumando un piti, hasta el punto que ya cuando uno de los dos iba a fumar le hacía una seña al otro y bajábamos juntos…

Ese fue mi error, creer que ese buen rollo y esa actitud eran lo normal.

El cotilleo en la empresa era que él y yo estábamos liados. Hubo quien dejó de hablarme. Me boicoteaban mis compañeros. Me pasaba el día arreglando problemas que, qué casualidad, empezaron a surgir. De repente todo lo que yo hacía lo hacía mal, cuando antes estaba bien.

Mi supervisor a ratos me hostigaba a ratos me decía que a ver si me arreglaba, que cada vez venía más descuidada (apenas me maquillaba desde que comenzaron los rumores, en un intento de afearme para que me dejaran en paz). Una vez me dijo, acercando la cara y bajando la voz, para que solo yo pudiera oírle, que las tías con abrir las piernas ya lo teníamos todo resuelto, pero que a él que tuviera coño no le importaba nada. ¿Cómo reaccionas a eso? Nadie excepto yo lo había oído. No tenía cómo demostrarlo.

Ya no salía a fumar. Pretesté que lo había dejado.

Entonces llegó la fiesta de Navidad de la empresa, la gente bebe, a la gente se le suelta la lengua, me entero de que me llaman “la concubina”, y que me follo al director, por eso conseguí el trabajo. Cuando escucho esto, son las tres de la mañana, yo ya no podía más y decido marcharme. Voy al guardarropa y cuando estaba en la calle esperando un taxi aparece el director, que también se iba ya, que si quería me acercaba a casa. Le digo que no, que bastantes problemas tenía ya por su culpa (me consta que estaba al tanto y que no había movido un dedo por defenderme), y me monto en el taxi que acababa de parar.

Estuve en ese trabajo dos meses más. En ese tiempo el director apenas se dirigió a mí ni contó conmigo para los proyectos. Mis compañeros ya no me llamaban “la concubina”, sino “la repudiada”. Y un trabajo que me encantaba se fue a la mierda.

Lo único bueno que saqué es que dejé de fumar, porque no podía en horas de trabajo, por el miedo a coincidir y que volviera el rumor.

¿Sabes lo que más me jode, Pepa? Que esto no me hubiera pasado de ser un tío, porque a un tío rara vez le dirán que ha conseguido el puesto por follarse a su jefe, ni levantará sospechas por fumarse un cigarro con él.

4 /////////////

Más o menos una vez al mes mi hermano me dice que soy lesbiana porque nunca me han dado un buen pollazo, y nadie de mi familia protesta ni me defiende.

5 /////////////

Hola Pepa, somos dos hermanas de 13 y 15 años, que estamos hartas de decirle a nuestra madre que nuestro tío-abuelo “Ricardo” nos agarra el culo o las tetas disimuladamente cada vez que nos obligan a darle un beso cuando viene de visita. Ella dice que pobre, que está medio ciego y por eso se equivoca, pero nunca nos agarra una mano o un codo, siempre echa mano donde puede. También gira la cara para que en vez del beso en la cara se lo demos en la boca. Ah… y cuando nos da el aguinaldo en Navidad distingue perfectamente en la cartera un billete de 20 de uno de 50… tan ciego no debe estar. A nosotras nos da mucho asco y desaparecemos siempre que sabemos que va a venir. Mamá no nos hace caso. Te escribimos porque sabemos que a veces te lee, y a ver si se entera.

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La comodidad es la enemiga del deseo

Llegamos a casa, cansados, nos ponemos el pijama. Me desmaquillo. Cenamos cualquier cosa. Hace sueño, ha sido un día muy largo. ¿Vamos a dormir?, me dice. Ok, le contesto. Nos lavamos los dientes. Maquinalmente nos ponemos la férula (sí, ambos tenemos que usarla, apretamos los dientes demasiado). Me meto en la cama y pienso “Esto… esto no puede ser. Parecemos un matrimonio, y tenemos un status”. Me quito el aparato de los dientes, el pijama y le digo desde la cama: “cari, no te pongas la férula y vente para acá”. Estaremos cansados, pero no tanto como para no tener sexo…

En toda relación de pareja hay un componente de rutina importante. Pero no hay que dejar que domine todas las situaciones de la convivencia, porque termina por adueñarse de todo.

¿Recuerdas esas primeras noches juntos, lo poco que dormíais? ¿Acaso te importaba la falta de sueño? No, ibas a trabajar con una sonrisa de oreja a oreja.

Ahora te metes en la cama y te da pereza hasta pensarlo. Y hay un punto de no retorno: cuando prefieres la cinta en el pelo, el calcetín por fuera del pijama, y ver Juego de Tronos metida en la cama, con el edredón hasta la nariz, a desnudarte, apagar la tele y tener sexo.

La mierda’la tele… Te digo una cosa: saca la tele de la habitación, que es malísimo. Si vas a trasnochar, que al menos sea por algo satisfactorio para ti. Y mira, hasta Cersei me daría la razón: entre follar y ver la tele, no hay color.

Pd (quien dice tele, dice tablet, móvil, redes sociales o lo que sea que te tenga abducida por las noches)

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Sigo recopilando vuestras historias de acoso. Prometo que se publicarán de manera anónima y, si enviáis datos que considero sensibles, que pueden afectar a vuestro anonimato, los modificaré.

¿QUIERES CONTAR TU HISTORIA DE ACOSO AQUÍ?
Comenta este post o, si quieres mantener el anonimato, escríbeme a amorentinder@gmail.com o por Twitter a @amorentinder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

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#yotambién #metoo

A estas alturas todas y todos os habréis enterado de lo que representa el hashtag #metoo o #yotambién. Muchas mujeres, animadas por el coraje de las primeras que han denunciado al productor Harvey Weinstein, han compartido su experiencia con el acoso, en todo tipo de situaciones, pero fundamentalmente en su puesto de trabajo o en el ejercicio de su profesión. Los testimonios aumentan de manera exponencial estos días.

Yo también he sufrido acoso de este tipo, desgraciadamente varias veces en lo que llevo de vida, pero voy a contaros la primera vez que me pasó a causa de un trabajo. Id a por un café, que la historia es larguita.

(He cambiado el nombre de los protagonistas para evitar que mis amigas puedan pensar que las he traicionado contando nuestras andanzas de juventud. Ellas se reconocerán en el relato).

Sicilia, 1936… en realidad, Sevilla, 1988. Conciertos de verano programados por una famosa emisora de radio fórmula. El grupo favorito de mi amiga Nati, que trabajaba los fines de semana conmigo en el bar. No nos lo íbamos a perder. Concierto gratis, en verano, SU grupo. Ni de coña, vaya.

Vimos el concierto y luego Nati se empeñó y empeñó en que quería ver al cantante y pedirle un autógrafo y un beso (no en ese orden), así que nos saltamos la valla de seguridad Nati, Pili y yo. Al parecer a los del grupo les hizo gracia (o más bien al bajista del grupo le hizo gracia Pili, una pelirroja tremenda y descarada), y nos invitaron a tomarnos algo con ellos en el bar del backstage.

Allí estaban los del grupo, algunos VIPS y los locutores de la emisora. Uno de ellos, Lolo, se fijó en mí y empezamos a hablar. Que había llegado hacía poco a la ciudad, que compartía casa con otro recién llegado a la emisora desde Madrid, etc. La típica charla de ligoteo de los 80’s: estudias o trabajas. No es que fuera un bellezón (*), pero era un chico muy agradable y muy educado.

(*) Respecto a la belleza de los locutores de radio, hay un dicho en el mundillo: “si la voz que escuchas te enamora, nunca te pases por la emisora”. Nada que añadir.

Cuando cerraron el evento, Lolo ya me agarraba de la mano, mi amiga Peli y el bajista estaban a un tris de montar un espectáculo erótico delante de todo el mundo, y Nati y yo no sabíamos si irnos y dejarla que se buscara la vida solita, o quedarnos hasta ver qué pasaba con ella.

Total, que sin saber cómo nos vimos montadas en taxis pagados por la emisora en dirección a la casa que compartía Lolo con su compañero, que además era su jefe directo.

Pili y su bajista no dijeron ni “hasta luego”, se subieron inmediatamente a la habitación que Jota, el jefe, les dijo que era la suya. Los demás nos quedamos en el salón tomándonos una copa.

Pero es lo que tiene el alcohol y los 18 años -y lo descerebrado de la edad- porque a los 15 minutos Lolo y yo nos estábamos besando y poniendo en una situación incómoda a los otros dos, que no podían más que hablar entre ellos. Así que sugirió que nos fuéramos a su cuarto.

No os asustéis, no pasó nada aparte de besos y tocamientos mutuos, porque diez minutos más tarde Nati llamaba a la puerta con insistencia:
– “Pepa, yo me voy”
– “Vale, espera que me voy contigo. ¿Y Pili? ¿la dejamos aquí?”
– “A la Pili no la echas de aquí hoy ni con agua caliente”
Pese a las protestas de Lolo, insistiendo en que me quedara, le dije que no podía, que aunque fuera tarde yo siempre llegaba a dormir a casa de mis padres, y que no iba a dejar sola a Nati a esas horas. Me pidió mi número de teléfono, se lo apunté en un papel y me fui.

No volví a saber nada de Lolo, excepto algún comentario en antena de sus compañeros sobre lo bien acompañado que estaba la otra noche, bla bla bla. Bromitas de locutores.

Como a las dos semanas me llama a casa Jota, el jefe de Lolo, invitándome a un concierto. Que aquel día se divirtieron mucho con nosotras, que éramos muy simpáticas. Le había dado mi teléfono Lolo. Añadió que estaban buscando personal para el departamento de ventas (comerciales, vaya), y que había pensado que yo y mi amiga encajábamos en el perfil que andaban buscando. En ese concierto estaría el director de la emisora y el jefe del departamento comercial, y así me podría presentar.

Bueno, por qué no. Yo estudiaba y trabajaba en un bar los fines de semana. No había muchas oportunidades de trabajo para una chica de 18 años, así que acepté a acompañarle al concierto. Me pidió que le recogiera en la emisora, porque andaba justo de tiempo. Serían las 19:00 de la tarde cuando me pasé por la emisora. Jota -un señor de unos cuarenta años y bastante grueso- estaba vestido como si viniera de la playa, con unas bermudas y una camiseta. Se excusó con que tenía tanto trabajo que no le había dado tiempo de cambiarse, pero que no me haría esperar mucho, ya que se habían cambiado de casa Lolo y él, y ahora estaban alojados en un hotel justo al lado de la emisora. Para hacerse perdonar por hacerme esperar me invitó a tomar algo en el bar de al lado. Quería que me tomara una copa para irme entonando, pero le dije que yo apenas bebía y prefería tomar Coca Cola, más aún si iba a conocer a los jefes.

Mientras hablábamos me dijo que tanto yo como mi amiga la rubia éramos unas candidatas perfectas para el puesto de comercial… Un momento: Nati era morena, yo castaña y Pili pelirroja. ¿A qué rubia se refería?. “Pues tu amiga la rubia esa tan espectacular, la que parece Madonna. Os vi hablando a las dos”. “Hummm… creo que estás hablando de Maricarmen”. La conocía del instituto y la saludé en el backstage, pero amiga-amiga tampoco era, aunque sí que tenía su teléfono. Pero tampoco quería meter la pata y no iba a dar el teléfono de una amiga a cualquiera. Entonces me dijo “en la habitación tengo las fotos del concierto del otro día. Puedes echarles un vistazo y decirme si la rubia es tu amiga o no. ¿Te parece?”. En fin, no es que me hiciera mucha gracia ir al hotel de nadie, y no las tenía todas conmigo, pero…

Quise esperarle en el vestíbulo pero me dijo que no, que subiera, que era cosa de un momento, porque eran un montón de fotos y andábamos mal de tiempo… Subí (que sí, que era imbécil, lo sé). En la habitación me dio una carpeta enorme (es verdad que eran muchas fotos y pesaba bastante), con un par de hojas marcadas. Miré las fotos y sí, era Maricarmen, así que le apunté su teléfono en una agenda y le dije que me bajaba al vestíbulo a esperarle mientras se duchaba y arreglaba.

Entonces se acercó más de lo que lo había hecho antes, y me dijo:
– “Ahora un besito de agradecimiento”
– “Oye… mira, no…”
– “Venga… solo uno”, se abalanzó hacia mí para besarme.
Le di un empujón y me fui corriendo a abrir la puerta, pero estaba cerrada con llave. La vi sobre la cómoda como a un metro de mí, la cogí a toda prisa, abrí la puerta y salí corriendo escaleras abajo. Mientras salía aún le oía decir “espérame en el vestíbulo…”. Su puta madre le iba a esperar. En mi vida he corrido tanto.

Cuando llegué a casa llamé por teléfono a mi mejor amiga para contárselo, a la única que  podía. ¿Cómo le iba a decir a mi madre que por una posible oferta de trabajo me había metido yo solita en la boca del lobo? Me costó un tiempo superar el susto y la sensación de tener yo la culpa por haber subido a esa habitación. ¿Y Lolo, por qué le había dado mi teléfono a ese pedazo de mierda? Creo que estaba más furiosa que asustada.

Aún así, saqué valor para llamar a Maricarmen, a ver qué pasó con ella, si la llamaron para un trabajo o si había caído en la misma trampa. Y mira, sí, le ofrecieron el puesto. Quedé con ella un día a comer y le conté la historia de Jota, para que supiera con quién trabajaba. Ella -de momento- no había tenido problemas de ese tipo, pero me dio las gracias por prevenirla.

Pd (para poneros en contexto: en 1988 no teníamos internet, ni móviles, ni WhatsApp, ni redes sociales. Los teléfonos se apuntaban en papeles que muchas veces se perdían, queriendo o sin querer. Quien te llamaba lo hacía al fijo de casa de tus padres. Si quedabas con alguien y no aparecía, no te enterabas del motivo hasta el día siguiente, y eso con suerte. El boom económico de la Expo 92 aún tardaría en llegar. Y los locutores de radio eran como los músicos, famosos).

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THE NEW YORKER
All the Other Harvey Weinsteins

By Molly Ringwald, October 17, 2017

[…] I could go on about other instances in which I have felt demeaned or exploited, but I fear it would get very repetitive. Then again, that’s part of the point. I never talked about these things publicly because, as a woman, it has always felt like I may as well have been talking about the weather. Stories like these have never been taken seriously. Women are shamed, told they are uptight, nasty, bitter, can’t take a joke, are too sensitive. And the men? Well, if they’re lucky, they might get elected President.

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Pregúntale a Pepa (XXI)

Woman writing her dairy.

[J, email] Buenos días Pepa. Te hice caso, hará una semana me abrí una cuenta en Tinder y la verdad, super divertido..pensé, ésto es un catálogo de hombres! El tema es que coincidí con un chico al que yo ya había bicheado por la calle, ya que es, se puede decir, de mi mismo “entorno”.
El caso es que quedamos a los días de empezar a hablar, fuimos a cenar y la verdad es que genial, a él se le veía que le gusté, no paramos de hablar en toda la noche, de reir, etc… a la hora de la despedida, tú sabes, besos apasionados, vamos que veía su calentura, yo tenía claro que no me iba a acostar esa noche con él. Contínamos hablando por wasap los días posteriores, y me invitó a montar en bicicleta. Yo accedí encantada. 

Despues del paseo, a la hora de guardar las bicicletas, se me abalanzó (en el buen sentido) y empezó a meterme mano, besos, culo, pechos, me dijo que lo tenía muy caliente.. 

A mí me apetecía, pero para mí no era el momento, y le dije que yo necesitaba algo más de tiempo. El caso es me ha dejado prácticamente de escribir… Después de 4 días sin dar señales, me escribe como si fuese yo la que no me acuerdo de él y pregúntandome si le he olvidado, le contesto que no, le hago yo la misma pregunta, me contesta que él tampoco se ha olvidado de mi y ya, fin de la conversación. O la cosa es rara o yo realmente voy por un camino distinto a de él.

Mis amigas me dicen que no le intereso y que vi cosas donde no las hay…. pero yo necesito ver las cosas de forma racional, o no…. No sé Pepa, me cuesta entender ese cambio de actitud tan radical.

En fin, guapa, espero que me ayudes tener pasar o no página. Gracias de corazón.
Un beso muy fuerte.

J.

Hola otra vez, J.
Veamos. Este chico ha pensado “la primera vez es normal que no nos acostemos, pero la segunda, sí”. Y oye, que es completamente normal, lo que ocurre es que tú vas a otro ritmo, y también es normal necesitar más tiempo. Aunque siendo realistas, Tinder es para ligar y tener sexo, no para echarse novio. A veces surgen parejas y a veces no, pero lo de la “bonita amistad” es para otras apps. Ya somos mayorcitos para no saber de qué va la historia.
¿Por qué ahora actúa de una manera rara? Porque aunque le gustas mucho, no está para perder el tiempo hasta que te decidas, así que tira la caña de vez en cuando a ver por dónde sopla, y si sigue habiendo una posibilidad.
Tienes que ser consciente de que en Tinder no haces un único match, así que no pienses que solo ha tenido citas contigo.
Pero de lo que se trata aquí no es de lo que él quiera o piense, sino de lo que quieras y pienses tú, si quieres seguir hablando con él o apartarlo porque va demasiado deprisa para tu gusto. Pero haz las cosas porque sea lo que TÚ quieres, no porque te veas forzada a ello o porque pienses que es lo que espera de ti. Las reglas de este juego las pones tú, que no se te olvide.
Un beso, reina, ya me contarás.
Pepa.

[E, email] Hola Pepa. Decirte que pocas cosas en internet he visto más constructivas que tu blog. Jamás pensé que te escribiría, y aunque intuyo lo que me vas a decir, necesito tu ayuda.
Desde hace tres años estoy con un chico que me encanta. Vivimos juntos, nos gustamos y nos queremos. El problema está en que el primer año él se pasaba el día revisando mi móvil, mis correos, mis redes sociales, mis discos duros y todo lo que yo llamo “intimidad”. Es algo que jamás me ha pasado con otras parejas y que nunca pense que me pudiera ocurrir. Después de muchas broncas, él entendió que no podía ser, y supuestamente ya no lo hace. La cosa es que no me fío y tengo ansiedad constante porque en casa está mi ordenador a la vista, y aunque he borrado todo su contenido y no tengo redes sociales, me da miedo que pueda acceder a alguna de mis cuentas. También me ha encantado siempre escribir diarios, pero con el miedo a que los encuentre apenas lo hago. Hace un año me mudé a su ciudad, y por el miedo a sus comentarios y enfados cuando me leía el móvil (yo no sabía explicar mejor que solo eran amigos o por que había dicho esto o aquello a alguna amiga) he dejado de relacionarme y no he hecho ni una sola amistad. No se por qué sigo pensando que lee mis cosas cuando dice que no lo hace, pero me da tanto miedo tener que dejar una relación estupenda en todo lo demás, que soy incapaz de actuar con normalidad asumiendo el riesgo de que me lo vuelva a hacer y tenga que acabar cortando.
¡Ojalá sepas ayudarme! Mil gracias, Pepa

Hola, E.
Sabes lo que te voy a decir ¿verdad?, huye.
No te das cuenta, querida, pero el control que está ejerciendo sobre ti es maltrato.
Tú misma dices que por miedo a que se enfade o sospeche no has hecho amigos en la ciudad. ¿Qué vida te espera con este hombre? ¿No te das cuenta de que no le hace falta espiarte, porque te tiene tan acojonada que no eres capaz ni de escribir un puto diario? ¿Una relación estupenda dónde? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que descubra tus claves y se meta en tus redes?
¿Has hablado esto con alguien más aparte de mí? ¿Lo sabe tu familia o tus amigos, los de tu ciudad?
¿Qué crees que va a pasar si se entera de que me has escrito? Si temes su reacción, tú sola te estás contestando.
Esta situación que me estás contando es solo la punta del iceberg, querida. No me estás contando todo, y ese “nos gustamos y nos queremos” no me parece del todo sincero, es como para salir del paso.
Si no quieres cortar la relación (porque estás todavía en esa fase de creer que ha cambiado, y nadie cambia su forma de ser, aún menos los celosos), te sugiero que vayáis los dos juntos a ver a un psicólogo, que abras tus redes sociales con o sin él delante, y que hagas amigos, y le hagas saber que todo eso lo vas a hacer porque eres libre, que estás con él libremente, y si no lo acepta y te deja de controlar, se acaba la historia. Así no puedes vivir, niña. Eso no es amor.
Besos grandes.
Pepa.

[N, email] Hola Pepa,
Bien, darte las gracias por todo lo que escribes. Eres de gran ayuda para mi y supongo que para otras muchas chicas que no encuentran su lugar. Leyendo una de tus últimas publicaciones he leído la frase de: “Siendo clara y diciendo lo que quieres: si quieres volverle a ver, házselo saber, que no es adivino; toma la iniciativa”. Vale, hasta aquí todo guay, admiro a la gente que tiene iniciativa, pero ¿y si no la tienes? ¿y si la has tenido en algún momento de tu vida pero la has dejado de tener?. La pequeña historia que te voy a contar va más o menos de eso.
Bueno, te pongo un poco en situación. Soy una chica, joven, que en estos momentos estudia y trabaja. El caso es que me gusta/me hace gracia/me chifla uno de los chicos que trabaja conmigo. Hasta entonces no me había percatado de que él estaba ahí, era un compañero más de trabajo al que le podía pedir ayuda sin más, un buen compañero, vaya, pero en la cena de empresa, que transcurrió genial, terminamos 3 compañeras y yo en su casa charlando y riéndonos, así sin más, a la mañana siguiente nos despertamos y cada unos a su casa. El caso es que esa noche empecé a observar su forma de expresarse, su lenguaje corporal, su risa… no sé, algunos aspectos de él que me llamaron realmente la atención. La cosa es que desde ese día, como te he dicho al principio, me gusta y no sé como afrontarlo. Es como que le miro y se me cruzan los cables, todo me sale mal, no doy pie con bola y solo pasa cuando está él. Es acojonante, hablando mal y pronto. Soy una chica con un problema de nervios y claro, se me encoge todo cuando este chico anda cerca y lo paso fatal.
El consejo de mis amigas es: “díselo, que eres muy mona”, “el “no” ya lo tienes”, “si no quiere tomar nada contigo no merece la pena”… cosas muy básicas, pero yo creo que esto vas más allá y no es un físico lo que me gusta, si no otras cualidades que otro con un cuerpo 10 no me podría dar y creo que si me diese largas, me hundiría bastante. Se que es un pensamiento MUY NEGATIVO, pero no puedo evitar pensarlo. Bueno, creo que ya he liado bastante el asunto.
¿Cómo se puede afrontar una situación así?
Eso de: “¿te tomarías algo conmigo?” ¿Crees que es una buena opción?
Así en conclusión, creo que lo que necesito para canalizar la pesadez que llevo encima es decirle algo, pero no sé ni cómo, ni cuándo, ni nada… ah, a todo eso sin querer pasar vergüenza, claro, porque imagina que se entera todo cristo de esta situación. Me coge algo.
Gracias por leerme 🙂

Hola, N.
Mira se me ocurre que quizá le debas “un favor laboral” a este chico, que te haya ayudado a solucionar una duda o te haya arreglado algún desastre. En ese caso, puedes darle las gracias invitándole a un café o una caña o una copa, lo que quieras. Es una manera fácil para quedar los dos solos.
Y oye, si la magnitud del problema solucionado es grande, puede ser un almuerzo o una cena.
Aunque yo soy de la opinión que con la vergüenza no se come, y hay que dejar esa actitud en el cajón si una quiere sobrevivir en esta selva.
Un beso grande.
Pepa.

[E, email] Hola pepa, soy E, tengo 20 años y resulta que he estado conociendo a un chico de mi entorno, que somos amigos desde hace años, pero el se echo novia y nos distanciados un poco, porque Ella no me soporta, desde julio hemos estado viéndonos y hablando, pero hace una semana, estuvimos juntos y después me mandó un mensaje comentandome que no está siento lo que debería después de 2 meses y medio juntos, yo Le comento teste diciendo que vale que yo igual, que sin problemas, pero me he dado cuenta que lo nuestro no ha funciona porque yo no me he entregado, el si, todas las mañanas iba a verme, me regalo una piruleta delante de todas mis amigas en la fiesta del pueblo, cuando llegaba al trabajo me hablado para saber si había llegado bien en fin muy atento todo, pero yo muchos días no quedaba con el porque tenía miedo de que nos pillaran juntos y la liasemos, el siempre me dijo desde un principio que sí estaba bien conmigo lo dejaría todo y estábamos juntos y ahora que me he dado cuenta que he tenido yo más culpa, quiero hablarle pero no se si es adecuada, por cierto un matiz importante todo esto ha sido estando con la novia.Ayudame pepa, eres la leche.
Besos 😘😘😘😘

Hola, E.
A ver, no creo que hayas actuado mal, solamente te has estado protegiendo. Este chico te gustará mucho, él habrá hecho muchas cosas para demostrarte que está por ti… todas menos una: terminar la relación con su novia. No es muy honrado por su parte perseguirte a ti mientras sigue con ella, menos aún decirte que si os iba bien la dejaba y se iba contigo.
Solo tienes 20 años, tienes todo por hacer, pero empieza por establecer unas normas básicas y te irá mucho mejor: no hacerle a nadie lo que no quieres que te hagan, respetarte a ti misma y a los demás, no consentir engaños ni abusos, protegerte física y anímicamente. Puede resumirse en una palabra: respeto.
Espero haberte ayudado.
Un beso grande

[M, email] Hola, Pepa! Siempre te leido aunque nunca te he escrito… hasta hoy…
La cuestiòn es que hace unos años conocí un chico con el que me llevaba genial. Teniamos citas, cenas y momentos de intimidad. Todo iba genial; pero al mes desapareció.
Hoy hace dos semanas que me escribio en el facebook disculpandose por ser tan cabrón (si lo publicas, te dejo cambiar el adjetivo) y pidiendome otra oportunidad. Esa oportunidad se la di. Y ahora vuelve a pasar de mi, no me habla y no se preocupa.
¿Qué harías en mi situación? Necesito opiniones imparciales. Mil gracias por el apoyo, y si no me llegas a contestar, quiero decirte que has ayudado a muchisimas personas. Un besazo

Querida M:
Cabrón me parece un adjetivo muy adecuado al personaje, no lo pienso cambiar.
Te voy a decir una cosa que no te va a gustar: te la ha colao dos veces y te la va a colar tres si no le mandas a la mierda de una vez por todas. Chica, que ve que contigo lo tiene fácil, lo sabe él, lo sé yo y lo sabe toda España. La única que no lo sabe eres tú, por lo que se ve.
No pasa nada, de errores se aprende. Olvídate de él.
Te aseguro que va a volver a aparecer, porque no hay dos sin tres, querida, pero como vuelvas a darle otra oportunidad él será el rey de los cabrones y tú la reina de las tontas del culo, porque puedes pecar de buena, ahora bien, de tonta ya no más ¿eh?.
Hay muchos tíos estupendos por ahí como para preocuparse por uno que pasa de nosotras.
Venga, un beso.

[M, email] Querida Pepa
Primero de todo decirte que me encanta tu blog, sobre todo la parte de consejos y que eres una fuente de inspiración. Intentaré ser breve, soy una mujer de 39 años. Durante 13 años tuve una relación que empecé relativamente joven, los primeros años fueron bien pero después de un tiempo por el trabajo de los dos que era muy intenso yo me distancie bastante de mi pareja y acabe teniendo una aventura que duró demasiado tiempo. A pesar de que mi ex pareja es muy buen hombre yo solo le veía defectos y deje de tener interés sexual por él. Me arrepiento muchísimo de esta aventura puesto que solo sirvió para alejarme más de mi pareja, que además es un hombre estupendo, y para nada mas, ya que evidentemente la aventura no acabo bien. Hace dos años me reencontré con un antiguo amor de la universidad y acabe dejando esa larga relación por él, sin embargo el proceso de ruptura fue muy duro puesto que yo no tenía las cosas nada claras y además empecé a tener problemas de discusiones con mi nueva pareja.
El caso es que para complicar más las cosas de forma no planificada me acabo de quedar embarazada. Total que estoy embarazada, con mi nueva pareja y no dejo de pensar en mi larga relación anterior y en lo que podía haber hecho para que las cosas no salieran como salieron (vamos que la jodí liándome con otro en lugar de o luchar por mi relación o dejar a mi pareja). Estoy hecha un lio. Que me aconsejas que haga? Necesito ayuda. Sé que me vas a echar bronca por haber hecho mal las cosas pero no me importa… seguramente es lo que hubiera necesitado de alguna amiga hace mucho tiempo. Un beso Pepa.

Querida M: aunque te mereces la bronca en este momento creo que es lo que menos necesitas ¿verdad?
Vayamos por partes: estás embarazada y en una relación inestable. Llámame cínica si quieres, pero ¿seguro que quieres tenerlo? Porque créeme que todos estos vaivenes de tu vida van a ser un paseo por el parque comparado con lo que te espera, más aún si no estás muy segura de tu nueva relación.
Es posible que sea porque soy madre y he visto a muchas sobrepasadas por el tema, en conflicto con su pareja, y encima una criatura que no tiene culpa de nada por en medio, pero en estos casos pienso siempre en el futuro que le espera al niño o niña, y en que lo que necesita es una madre fuerte, que sepa tirar p’alante. Tener un hijo no soluciona los problemas, los aumenta de manera exponencial. Así que piénsalo, porque no viene con ticket para descambiarlo…
No obstante, si quieres seguir adelante con tu embarazo (porque sé que me vas a decir que tienes 39 y es ahora o nunca), vas a tener que dejar atrás lo que hiciste, los errores que cometiste, si no deberías haber dejado a tu primera pareja, etc. Esa relación terminó. La aventura también está muerta y olvidada. Tienes que centrarte en lo que tienes ahora, que es tu barriga y tu pareja. Y te prometo que la pareja puede que se acabe, pero el hijo ya es para siempre, y se te van a olvidar todas las gilipolleces por las que te preocupas ahora.
Olvídate del pasado, porque eso ya no tiene remedio, y mira hacia adelante: con o sin hijo, con o sin pareja, lo que importa es lo que hagas desde AHORA. Vamos, p’alante. P’atrás ni pa coger impulso.
Un beso mu grande.

[E, email] Hola Pepa:
He empezado a leer tu blog y me ha gustado mucho, quizá porque me encuentro en un momento de mi vida en que lo necesito.
Te comento mi caso: tengo 47 años y me divorcié hace 2 del que fue mi pareja durante 24 años. Creo que está casi superado y a principios de año me suscribí a una web de citas para salir con hombres y encontrar pareja, pero lo cierto es que se me está haciendo muy difícil. Si para mí ya es difícil ligar en persona, esto me parece mucho más complicado. He tenido varias citas y me he encontrado de todo: desde el que solo quiere sexting y ni siquiera quiere quedar en persona, hasta los que quieren una relación sin mucha implicación sentimental. Ahora estoy charlando con un hombre con el que he hablado un par de veces. Me gusta mucho, muchísimo, pero hasta ahora en cada conversación ha intentado dirigirla hacia el sexo (sin conocernos) y cuando hablo de otras cosas intenta acabar la conversación con la excusa de que esas cosas prefiere hablarlas en persona. Él nunca toma la iniciativa para hablar, siempre empiezo yo. Y cuando hablamos de quedar habla sin concretar nada. Pero siempre contesta y creo que le gusto. No sé si debo insistir o dejar que lo poco que hay se muera. Por un lado, como ya te he dicho, me gusta mucho (me llamó la atención desde que lo vi por primera vez) y además creo que es muy pronto para sacar conclusiones. Pero por otro, no veo mucho interés por su parte (aunque puede ser desconfianza, o que tenga los pies en el suelo, o que sea cauto).
El caso es que acabo de terminar con un hombre con el que he estado saliendo 3 meses y al que he dejado porque vi cómo perdió interés por mi y por la relación apenas un mes y medio después de empezar. No sé qué les pasa a los hombres, estoy muy desconcertada porque parece que no tienen esperanza, que están muy cansados y huyen de todo lo que les pueda provocar algún sentimiento.
Bueno, me gustaría que me dieras tu opinión sobre el último chico y si crees que debo seguir insistiendo.
Muchas gracias y un saludo.

Hola, E.
¡Tenemos la misma edad! ¿Puedo preguntarte qué web de citas es? Porque por mi experiencia y las de algunas amigas, Meetic está llena de feos desesperados y Adopta un tío reúne a los personajes más estrafalarios del mundo.
Déjame que te diga una de las grandes verdades de las relaciones a nuestra edad (y más si vienen a través de apps y portales para ligar): las relaciones no se buscan, se encuentran, y muchas veces sin pretenderlo.
¿Has estado 24 años con pareja y quieres volver a tener otra? No te entiendo. Deberías estar disfrutando de estar sola y bien. Te encontrarás hombres con los que solo tendrás (y solo querrás) tener sexo y otros con los que quieras algo más.
Te quejas de que ese tipo que te gusta quiere llevar siempre la conversación hacia el sexo. ¿Qué esperabas, que te hablara de Proust? Otra cosa será la forma en que lo haga (ordinaria o elegante), pero ni en estos sitios ni a nuestras edades estamos para poemas de Neruda, me parece.
Que no es que te conformes con el primero que te haga caso, pero chica, hay que ser un poco abierta de mente para jugar en estos sitios, y no asustarse porque claramente quieran tener sexo contigo.
No seas enamoradiza, ten la cabeza fría, diviértete. No tenemos edad para pensar que el príncipe azul está ahí esperándonos.
El príncipe azul es un coñazo de tío, tan perfecto. Yo prefiero un hombre real, con sus cosas, que le guste como soy y que, por supuesto, me quiera follar. ¿Que después resulta que nos enamoramos? Pues fenomenal, pero el que busca amor en estos sitios normalmente no lo encuentra. El amor llega después, si llega. Y si no llega, pues a disfrutar mientras tanto, querida.
Si estos sitios te abruman (he dicho mil veces que no son para todos), siempre puedes apuntarte a jugar al pádel, que se conoce mucha gente y te lo pasas genial (eso dicen).
Venga, guapa, no te agobies, y tómate estas cosas como lo que son, un juego.
Besos

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PREGÚNTALE A PEPA
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A toro pasado

Lo de Harvey Weinstein era un secreto a voces. Toda la industria lo sabía y miraba para otro lado o, simplemente, evitaba las situaciones en las que sabía que podía haber peligro.

Se sabe que tenía toda una corte de conseguidores -mamporreros- que tendían trampas a actrices, secretarias, ayudantes, o cualquier mujer mínimamente vulnerable.

Esto es violencia sexual, de esa que vemos a diario y no solo en el cine o en los periódicos.

¿Quién no ha tenido una experiencia de este tipo o muy parecida? Ese jefe que se toma dos copas y te echa el brazo por encima como si fuera tu primo, del que sabes que tienes que evitar cualquier situación de mínima confianza porque se le escapan las manos. O el que se ofrece a llevarte en coche a casa tras un evento y te pide un beso de buenas noches como agradecimiento. El que se roza siempre que puede contigo en los cruces o pasillos. O el que tiene las manos largas y os rifáis cuál es la infeliz que tiene que sentarse a su lado en una cena…

Estos depredadores sexuales (tío asqueroso les llamamos en mi tierra) son escoria, y a veces reciben la recompensa que merecen por sus actos en forma de patada en los huevos, denuncia y pena por agresión, u otras formas de castigo bastante más agresivas, pero por lo general se van de rositas porque todos, principalmente las agredidas, miramos para otro lado por miedo, a perder el trabajo o a que nos arruine la existencia, como al parecer hacía este sapo de Weinstein.

Ashley Judd arrastra aún la fama de desequilibrada desde que tuvo la desgracia de toparse con él. Rose McGowan lleva muchos años denunciando la situación. Varias mujeres han recibido indemnizaciones para evitar las denuncias.

Y ahora que por fin ha saltado la liebre, resulta que hablan las que callaron en su día, y medio Hollywood se rasga las vestiduras con el escándalo. A toro pasado…

Está muy bien que esto se haga público y que -aunque tarde- todos se sientan asqueados por este comportamiento, porque seguir ignorándolo solo propicia que se sigan cometiendo estos abusos, pero me gustaría que alguno de los actores y directores que lo sabían y callaban (Matt Damon, Ben Affleck, Quentin Tarantino, Robert Rodríguez, según afirma McGowan), hicieran un VERDADERO acto de contrición y reconocieran que, pese a saberlo, callaron y miraron para otro lado, por miedo a perder sus preciosas carreras, y contribuyeron a que este tío asqueroso siguiera campando a sus anchas.

Ellas ya han hablado. A ver si conseguimos ver o leer de ellos un “este tío me da puto asco, pero más asco doy yo que lo sabía y me he callado”.

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De usar y tirar

Woman in a corset

A veces me paso de lista, lo sé, y pido perdón por ello. Se me olvida la diferencia de edad y de vivencias con algunas de las que me escribís para pedirme consejo o, simplemente, desahogaros.

Debería ponerme más veces en vuestro lugar en vez de echaros la bronca o soltaros un discurso de empoderamiento que a lo mejor no os va a llegar, pero no por nada, sino porque aún tenéis un gran trabajo de autoestima que hacer.

Anoche intercambiaba emails con una de vosotras, muy joven, que echaba en falta la ausencia de compromiso que veía en los hombres de su edad. Le contesté (aquí “La Lista” ¿sabes?) que a esa edad lo normal era no tener ganas de compromiso, y que no se dejara arrastrar por la presión de conseguir una pareja, que ya tendría tiempo… Pero no me di cuenta hasta que me respondió al email, de que lo que de verdad le preocupaba era la sensación que tenía de ser “desechable” o intercambiable por cualquier otra. No me había enterado para nada de por dónde iba su consulta, y me había salido por peteneras. Sorry.

Y en vez de ponerlo en el consultorio, creo que esto merece una reflexión más profunda. A ver si entre todos y todas las que me leéis conseguimos ayudar a E y a sus amigas (a las que al parecer les ocurre lo mismo).

Vivimos en una sociedad en la que aún las relaciones están definidas por un modelo que funcionó -aparentemente- bien para generaciones anteriores, pero que resulta pelín anacrónico para los millennials. Esta generación está influenciada por el ideal de amor romántico y parejas para toda la vida de sus padres y abuelos, pero a la vez las formas de comunicación, las redes sociales, las aplicaciones para ligar, y los ideales estéticos de hoy en día les someten a una presión a veces insoportable. Están entre dos mundos que se dan de bofetadas.

Lo bueno del ideal romántico es que apuesta por el compromiso y la estabilidad. Lo malo es que no es capaz de desligar sexo y amor, y si después del sexo no sigue una relación amorosa, genera frustración y esa sensación de ser de usar y tirar.

Lo bueno de la época actual es la facilidad para conocer gente fuera de nuestro círculo. Lo malo es justo eso, que hay quien quiere probar todos los pasteles de la vitrina, y es incapaz de quedarse con ninguno. Corres el riesgo de empacharte y aborrecer el dulce.

¿Cómo sobrevivir en estos tiempos sin frustrarte? Aprendiendo a desligar sexo y amor. Interiorizando que cuando te acuestas con alguien lo haces porque quieres, porque estáis a gusto, porque sentís una conexión física, pero no porque esperes que haya una contraprestación después en forma de noviete estable o semiestable. Siendo clara y diciendo lo que quieres: si quieres volverle a ver, házselo saber, que no es adivino; toma la iniciativa. Trabajando la tolerancia a la frustración: tú puedes querer pero él no, y no tiene nada que ver con que tengas algo malo o alguna tara; no sale, pues no sale. Entendiendo que no son tiempos en los que las relaciones se den así como así (menos aún si os habéis conocido formando parte de esa “vitrina de pastelería”), y si no surge el amor después del polvo, pues no surge, pero qué bien me lo he pasado.

El mensaje que intento daros es que estar sola no es tan terrible y que vuestro cuerpo es vuestro y disfrutáis con él porque os da la gana, que no sois kleenex y que el amor si viene, bien, y si no, pues también.

Y REPITO: NO SOIS DE USAR Y TIRAR.

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PREGÚNTALE A PEPA
¿Tienes un dilema sentimental que no puedes contar en tu entorno? ¿Necesitas compartir tu historia? ¿No tienes ni idea de cómo empezar a utilizar una app para citas y quieres consejo? ¿Te apetece ponerme a caer de un burro? No te cortes, escríbeme a amorentinder@gmail.com o por Twitter a @amorentinder o en Facebook a Pepa Marcos – El amor en tiempos de Tinder

 

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Las décadas

woman chair beach

En la redacción tenemos veinteañeras (y veinteañero, que tenemos becario también), treintañeras y algunas cuarentonas.

Siempre me ha molestado la absurdez de “cuarentañera”. Toda la vida deseando ser cuarentona y me quieren cambiar el sufijo. Me niego, me encanta lo de cuarentona.

Pero algunas de las que me rodean lo llevan fatal. No ya lo del sufijo, sino el hecho en sí de entrar en la década de los cuarenta, y me preguntan que qué tal lo llevo yo, como si lo de cumplir años fuera una enfermedad o una condena.

Bueno, a ver, que se te empiecen a joder algunas partes del cuerpo inexplicablemente, o tengas menos resistencia a los excesos no es que sea una maravilla, pero yo creo que este culto absurdo a ser/parecer/mantenerse siempre en una edad indeterminada –ageless generation o perennials nos llaman, adjetivos para vender más productos-, es causa de mucho sufrimiento inútil.

Me preguntan si volvería a los veinte. No mira, ni loca. No me importaría tener el culo prieto de entonces, pero el peaje a pagar sería demasiado alto.

“¿Y a los treinta? A los treinta sí volverías, ¿no?”. Los treinta fueron buenos, cojonudos, maravillosos, me lo pasé muy bien, y al final de la década fui madre. Pero bien está lo que bien acaba. Los despedí con agradecimiento, pero sin ganas de repetir.

Ahora que veo asomar el cinco por la esquinita, me dicen que estoy estupenda, que es increíble que vaya a cumplir 48, que parezco más joven. Pues mira, no lo sé, ¿más joven comparada con quién? No creo que sea mérito mío, sino de mi genética.

¿Y sabéis en lo que me doy cuenta, de verdad, de que he madurado? Pues que una vez que descubres que lo de llevarse la silla plegable a la playa no es de señora mayor, es de señora inteligente, ya no hay vuelta atrás. Cómo es posible que haya hecho el gilipollas durante tantos años…

Pd (y fue Amante, otra vez, quien me abrió los ojos. Si es que este hombre es sabio…)

 

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