Con la verdad por delante

margaritas

En la vida hay dos tipos de amantes, los románticos y los realistas.

A menudo me dicen que los portales y aplicaciones para ligar no son más que un vulgar “mercado de la carne”, que interactuar con otra persona, ver cómo habla, cómo se comporta, es lo que te hace sentir o no atracción. Tienen razón en lo de la interacción (que se produce después, os recuerdo, una vez establecido el vínculo. La app es solo el medio).

En lo que no estoy de acuerdo es en lo de “mercado de la carne”. Quizá sea porque por mi profesión tengo el ojo entrenado, pero una foto puede decir mucho más de lo que se piensa de una persona. Pero no todo el mundo tiene esta habilidad, y entiendo que se puedan sentir discriminados injustamente, porque en persona son mucho más atractivos que en foto.

Desgraciadamente, somos así, decidimos si nos sentamos o no al lado de una u otra persona en el metro o en el bus por lo que su aspecto nos dice. Es algo totalmente involuntario y subconsciente, pero lo hacemos. O cuando escogemos a quien va a cuidar a nuestro hijo, juzgamos por el aspecto, sin que nos de tiempo a conocerla realmente. Es la cruda realidad.

Si nos retrotraemos al inicio de este blog (allende los tiempos), explicaba que estos sitios y aplicaciones no están hechos para gente que sea enamoradiza, porque al principio te sientes abrumada por tantos “pretendientes”. Pero son eso, pretendientes… que pretenden tener sexo contigo. En principio solo es eso. Si luego surge algo más o no depende de vosotros, pero hay que ser realista y tener la cabeza fría.

No obstante, y viendo la cantidad de parejas estables que han comenzado a través de apps para ligar (la mía con Amante, sin ir más lejos), entiendo que todos y todas entramos en la red buscando sexo, sí, pero dejando una puerta abierta al “¿Y si…?”. Realistas pero no desalmados… Algún capullo y capulla hay, pero como en todas partes.

Me dice la becaria que hay una nueva app que se llama XCasual, que, esta sí, establece contactos entre gente que lo único que quiere es follar, nada más. Creo que es la ideal para ese compañero de trabajo de Amante, el que de verdad utiliza las apps como si fuera al mercado.

La nena también me dice que existe otra, en la que lo que te enlaza es tu perfil de LinkedIn, para comprobar que esa persona casa con tus intereses (económicos). Buena app para los y las gold diggers.

Creo que aunque no tuviera pareja ahora mismo, tampoco sería usuaria de estas aplicaciones. ¿Por qué? Porque creo que la primera de ellas peca de ser excesivamente sórdida, que es lo que temía cuando comencé hace años en esto del ligoteo online. Personalmente, necesito un poco de “¿y si…?” en la ecuación. Y en cuanto a la segunda, enlazar con alguien por su estatus laboral o económico, no es mi rollo. Nunca he ido buscando el dinero de nadie. Cuestión de principios.

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PREGÚNTALE A PEPA
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Pregúntale a Pepa (XVII)

Woman writing her dairy.

[M, email] Hola Pepa, te escribo para pedirte consejo y, a la vez, desahogarme. La semana pasada tuve un encuentro con un hombre bastante más mayor que yo, casi 20 años para ser exactos.
Hace como tres meses que le conocí por primera vez en un trabajo temporal que realice en su empresa. Él es el jefe, me pareció un hombre atractivo y con muchísima labia. Un cazador en potencia, de esos que te dejan tonta sin tú darte cuenta. El caso es que durante esos días no paso nada, pero yo notaba como me tiraba la caña cuando podía. Además los otros compañeros ya me avisaron de que era un “depredador”.
Pasado un tiempo, me lo encontré de fiesta, yo llevaba más de una copa encima, hablemos bastante y no sé como acabe en la habitación de su hotel. Decir que él a mi me ponía y mucho, me deje llevar y quise estar con él. No obstante, el problema viene porque él está casado y tiene hijos. Una de las cosas que más me ronda la cabeza es que lo que hice va en contra de mi ética y que cuando bebo pierdo el control de mis actos. Se que soy responsable de lo que hago, pero mentiría si dijese que no disfrute estando junto a él.
Espero que tus consejos me ayuden a dejar mis tormentos y que si vuelvo a tenerlo cerca saber decir no ¡Un beso grande y enhorabuena por tu blog!

Querida M, tan solo una pregunta ¿cuál es el problema?
Queríais acostaros y lo habéis hecho (no pongas el alcohol como excusa)… ya está.
El problema viene si quieres algo más. ¿Vas a seguir viéndole? Porque ahí sí que puedes tener problemas de mala conciencia, por aquello de que está casado.
Si es un golfo, como me cuentas, no vas a ser más que un escarceo, otra muesca en su revolver, por lo que yo ni me planteaba repetir y mucho menos una continuidad.
Si lo dejas en lo que es, un polvo, tampoco tienes que comerte más la cabeza, porque no eres tú la que tiene el compromiso, sino él.
Lo que sí me precupa es que me digas que si bebes pierdes el control. Por experiencia creo que el alcohol no nos convierte en alguien diferente, sino que refuerza lo que somos. Quizá ese yo que sale cuando bebes es una parte que reprimes y sale disparada cuando tomas una copa. Sé que es prácticamente imposible dejar de beber y tener relaciones sociales, pero cuéntaselo a un amigo o amiga de confianza, y que sea tu botón de parar cuando sea necesario. Ponte un límite: no más de una o no más de dos, y que no te deje beber más a partir de ahí.
Siempre será mejor que te corten el rollo que arrepentirte de algo que hayas hecho.
Un beso, querida.

[A, email] Hola Pepa:
Mi pregunta es muy simple. Últimamente todos los tíos con los que me acuesto carecen de algo tan básico como una erección completa. He llegado a pensar si seré yo. He salido de un divorcio y creo que quizá en este tiempo las cosas han cambiado y ahora se llevan las morcillonas.
No logro entenderlo porque las edades varían, las condiciones físicas…pero no he vuelto a tener una polla dura dura, no sé si me entiendes. Con todo lo que ello implica.
¿Estoy haciéndolo yo mal?
Ahora llevo un tiempo con un chico y lo mismo. Y no sé si decírselo…Como es un tema tan delicado…
Saludos

Hola, A.
Pues chica, no sé qué decirte. Con “todas” ¿a cuántas te refieres? ¿dos, tres?.
A los tíos hay varias cosas que les afectan en ese sentido: el alcohol, las drogas y la edad. También está el tipo que la tiene tan tan grande que no hay manera de que eso se ponga duro en la vida.
Me falta información, te digo, pero en el caso del chico con el que estás, yo eliminaría cualquier interferencia posible, es decir, no sé si se droga o si bebe, pero intentaría hacerlo sin aditivos de ningún tipo. También intentaría prolongar el juego. Los que no consiguen una erección normalmente, suelen estar más estimulados con las felaciones, aunque tampoco es una garantía de nada.
No desesperes, amiga. Esto son rachas. A mí también me ha pasado, pero reconozco que era porque me juntaba con deejays, y eso nunca dio buen resultado.
Un besazo.

[S, email] Hola Pepa,
Te escribo porque me encanta tu blog y necesito una opinión imparcial
Conocí hace unos meses a un chico en tinder (estábamos los dos) y hemos empezado a vernos y la verdad es que cada encuentro es genial y es muy detallista. Lo malo es que nos vemos poco por culpa del trabajo aunque mantenemos el contacto casi a diario
Yo me había dado de baja en tinder y pensé que el también, pero lo cierto es que el otro día me conecte y seguía ahi..
Así que una amiga le escribió por tinder y sorpresa…le dijo que estaba conociendo gente y que quizás en algún momento trataría con alguien pero que de momento no había nadie con el que le gustaría estar… sin embargo sigue ahí.. .
No se que hacer…tu que opinas? Es el.problema de meterse en estas paginas….
Un besazo y gracias

Hola, S.
Hay veces en que es mejor no saber, la verdad. Yo creo que en esto de seguir o no dentro de Tinder cuando se conecta con alguien, no hay que meterse. Es decir, que si tú creíste que lo más lógico era darte de baja, es tu decisión, pero no puedes pretender que el otro haga lo mismo.
Muchos siguen conectados después de iniciar una historia, por tontear, porque no están seguros, porque no saben hasta dónde va a llegar esa relación y no tienen ningún compromiso… Todas las razones son perfectamente plausibles.
¿No quieres estar con alguien que sabes que sigue conectado en la app? Corta la historia. Pero yo creo que en lo que deberías centrarte es en el día a día y en cómo estáis juntos.
Lo de mandar a tu amiga a “hacer la araña” solo te ha hecho daño a ti, porque ¿tú le contarías tus intenciones reales a un desconocido con el que hicieras match? ¿O quizá, como todos, soltarías el discurso de no buscar nada serio de momento?
Plantéate qué intenciones son las que tienes tú con él, y si te interesa tanto, pregúntale cuáles son las suyas. Nos pasamos la vida haciendo suposiciones, y es todo más sencillo si preguntamos directamente.
Un beso, nena.

 

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PREGÚNTALE A PEPA
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Haciendo nada

beach scene

Nada de fotos, nada de escribir, nada de pensar, nada de llamadas… nada. Nuestra única tarea va a consistir en llenar la nevera de cervezas y algo para picar, agarrar las sillas, la sombrilla y nuestro cuerpo serrano y plantarnos en la orilla del mar. Sin horarios y sin teléfonos.

Me he propuesto bajar las revoluciones de mi cerebro al mínimo consumo. Por no llevar, no voy a llevar libros, ni revistas… ni un simple cuaderno donde anotar. ¿Lo conseguiré?

Creo que este es el año en el que más estoy exprimiendo mi imaginación, mi capacidad de contar historias, que no son solo las que cuento aquí, también escribo para otros sites de la editorial (atención, SPAM, en Cosmopolitan), y entre la preadolescencia de mi retoño, y la bajada cuesta abajo, sin frenos y sin remisión de mi señora madre (son muchos muchos años los que tiene), siento que o me autolobotomizo (¿existe esa palabra o me la he sacado de la manga?) o voy a petar muy malamente… Y a ver quién me levanta a mí si yo caigo.

Lo necesito.

Amante cree que no voy a poder. No soy capaz de estar sin pensar en nada, sin recordar nada, sin inventar nada… ni un momento.

Pero yo no siempre he sido así. Creo que he perdido la capacidad de desconectarme. Que ahora le llaman mindfulness, pero para mí no es otra cosa que quedarte torrija y no pensar en nada.

Y sí, la manera de llegar al mindfulness (o #torrijamode, como mejor os venga) es prescindir de cualquier tipo de distracción que no sea el mar, el sol, la birra, el churri al ladito y NADA MÁS.

“Este verano me voy a leer el libraco ese de 400 páginas que tengo aparcado”. MENTIRA. No vas a pasar de la página 80. No te sientas culpable. Es lo CORRECTO.

Un verano sin #torrijamode ni es verano ni es na.

pd (venga, va: a las que estáis sin pareja os doy permiso para que cojáis el móvil para chafardear en Tinder, en Meetic y en donde os de la gana… Eso no es trabajo, eso es tonteo sano… Y tampoco os va a hacer pensar mucho)

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To palante

Si tenéis alguna amiga que es madre, y en verano dice que sus vacaciones comienzan cuando sus hijos y su pareja se van a la playa, y ella se queda sola porque tiene que trabajar, no la toméis por loca o una psicópata del trabajo, es que a veces nuestro descanso consiste en ocuparnos solo de una persona y una tarea.

Así es posible que, si vais a visitarla a casa, lo único que haya en la nevera sea cerveza y gazpacho, que se haya pintado las uñas de los pies, y que esta semana ya se haya exfoliado dos veces.

No somos conscientes de la carga física y mental que asumimos durante todo el año. Lo llevamos to palante, lo tenemos interiorizado. De hecho, la mayoría de las veces preferimos asumir la carga antes que tener otra discusión más.

Ayer fui a visitar a una amiga. La amiga que decidió ser madre en solitario. Está feliz, nunca la había visto tan guapa. Su niño es una preciosidad. Dice, no obstante, que a veces echa de menos no un hombre al lado, sino el concepto de tener a alguien en el que apoyarse, porque es MUCHO lo que exige un bebé.

Le explico que, aunque te venden la moto de que los niños se tienen en pareja, la realidad (la mía y la de muchas mujeres; no de todas, afortunadamente, pero sí de una gran mayoría) es que si antes asumías muchas de las tareas que suponen vivir en pareja, con un niño las sigues asumiendo y encima te sientes desbordada, porque además de ocuparte del bebé, te tienes que preocupar de planificar y darle instrucciones a tu marido para que haga cosas, y si no las hace, cabrearte como una mona. (en este cómic lo explican de maravilla).

“Pues va a ser verdad”, me dice, “tengo un montón de amigas que se están separando de sus parejas, y hace poco que tuvieron un hijo. Y mis compañeras de Pilates, la que más y la que menos tiene broncas con su pareja por lo mismo”. Esto es real.

Yo veo el fregadero de la cocina lleno de platos, y muy cansada tengo que estar para no tomarme 10 minutos en vaciar el lavavajillas y ponerlos a lavar. Mi ex marido, hasta que no había ni un puto vaso no se acordaba de ponerlo. O, si iba al súper, compraba cervezas, helado y dulces… ¿eso vamos a comer? Aún a día de hoy, que cada uno vive por su lado, tengo que recordarle entre tres y cinco veces las fechas de vacaciones de su hijo, CADA UNA DE ELLAS (Navidad, Semana Santa y Verano) según van acercándose las fechas, porque nunca las anota. O la dosis de cortisona que hay que suministrarle si le pica un insecto (porque es súper alérgico). Soy yo la que hace pagos, transferencias, pide citas médicas, reserva de libros, etc etc etc.

Y es que pasan, ya estás tú para acordarte de fechas, hacer la lista de la compra o mantener el espacio en orden. Ay de ti si te declaras en huelga de brazos caídos, porque la mierda llegará al techo y comeréis de burryking todo el rato. Y encima discutiendo todo el día.

Mi amiga echa de menos un brazo en el que apoyarse. Cómo hacerle entender que es mucho peor buscar el brazo en el que apoyarte y encontrar que no está. Eso hay que vivirlo para entenderlo.

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Un pelín torcido

Este año mi “mes de soltera total” comienza un poco antes. Hace unas horas que mi cachorro se fue de vacaciones con su padre. No volveré a verle hasta agosto.

Ay, el verano. Siempre ha sido la época más extraña y desasosegante de mi vida. Las cosas más extravagantes siempre me han pasado en estos meses… Hasta trabajé un verano de camarera en un garito de un pueblo de Cádiz (al que juré no volver y he cumplido mi palabra). La de cosas que me pasaron… para no olvidarlas (y no repetirlas).

Como las aventuras que poco más tarde vivíamos mi amiga Consu y yo, que hartas de la canícula mortal sevillana agarrábamos el coche el viernes y nos íbamos de camping a Caños de Meca, a lo que surgiera. Nos pasó de todo ese verano, madre de dios.

Una de las cosas más extrañas que me pasaron (y no sé si es propio de contar un lunes, así, de sopetón), fue ligar con un muchacho, que nos liáramos en el sitio que nos pillaba más a mano (la playa), y tras mucha mucha arena donde no debía estar, y algo “raro” que notaba pero no sabía identificar (calentón, alcohol, etc), al sugerirle que nos fuéramos a mi tienda en el camping (un saludo a los propietarios, seguro que me recuerdan), y encender la lamparita, me encontré con la cosa más rara del mundo: un pene que “miraba de lao” (!!!).

Con razón notaba algo raro, que me estaba jodiendo, pero joder en el sentido de molestar, no de placer. Decidí no darme por aludida (chicas, es un error: si veis algo que NO MOLA, decidlo, os evitaréis problemas) y continuar con el tema. Pero no hubo manera. La Naturaleza ha diseñado el pene humano con una curvatura específica, y lo ha dotado de cierta flexibilidad. Cuando te encuentras con uno así (que tiene nombre, ojo, se llama Síndrome de Peyronie), no solo se curva hacia donde no debe, sino que lo que provoca esa curvatura lo hace tan rígido que es incómodo y hasta doloroso.

Y eso es lo que pasó: lo intentamos, pero viendo que me estaba haciendo daño, le dije que lo dejábamos, que lo sentía mucho, pero que estaba tan torcida que no podía continuar. Se enfadó, mucho, pero ¿qué podía hacer?

No he vuelto a encontrarme con algo así. Todas son diferentes, en forma, color y tamaño. Pero mirando pa Huelva, palabrita que no me he encontrado más.

Pd (aunque este síndrome se debe a una lesión del tejido interno, y es de difícil tratamiento, cuanto antes se reconozca y se trate el problema, mejor pronóstico tiene)

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El deseo

Rear View Of Passionate Couple On Bed At Home

Sin ser psicóloga ni nada por el estilo, tengo mis propias teorías sobre el sexo y las relaciones amorosas, fruto todas ellas de la (mucha) experiencia y sobre todo de la observación (la antropóloga frustrada que vive dentro de mí).

Cuando te gusta mucho alguien (sexualmente, me refiero) estás pensando todo el rato en esa persona, en tenerle a mano (a solas), en darle placer. Subrayo “dar”, porque esa es la diferencia entre que te guste de verdad o solo para un rato. Si es cosa solo de un momento, lo que buscas es que te de placer a ti, en plan egoísta, y te aburres enseguida.

Las parejas que mantienen vivo el deseo sexual lo hacen porque mantienen las ganas de darle placer al otro, ambos. Si uno está por la labor y el otro pasa, empieza a pinchar la historia.

Por eso creo (como siempre, es solo mi opinión) que cuando tu pareja ya no te provoca ganas de hacerle de todo, mal va la cosa.

A estas alturas del año, por ejemplo, yo solo tengo un objetivo a la vista, un plan: las vacaciones. Es la primera vez en casi tres años que Amante y yo nos vamos completamente solos de vacaciones. Sin niño y sin horarios. A nuestro caé.

Y se me ponen los dientes largos solo de pensar que lo voy a tener para mi solita… Mejor no cuento lo que se me pasa por la cabeza, que me cierran el blog por pornográfico…

 

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Recordatorio

Llevo una temporada baja de ánimo (lo habréis notado quizá al leerme). No sé si es cansancio (hace mucho que no tomo vacaciones), que me asignaron a un nuevo proyecto, que me afecta el calor, que tengo desarreglos hormonales… Mira, yo qué sé. Amante dice que no siempre puedo ser un cascabel, y razón no le falta, pero ¿a quién le gusta estar de bajona? A mí no, desde luego, y hasta me enfado conmigo misma, con mi cuerpo, por no responderme.

A veces escribo en el iPad. Otras en el programa de anotaciones del teléfono (sí, los trayectos al trabajo me inspiran). Y otras más lo hago en el portátil, casi siempre en domingo, como ahora. En el escritorio guardo un archivo, algo que escribí hace algo más de tres años. El nombre del archivo es “Agonía”, y fue donde escribí un grito de socorro, donde puse en palabras la situación que vivía en ese momento. Ese “NO PUEDO NI UN MINUTO MÁS”.

Podría haberlo borrado, y aún puedo hacerlo, pero lo conservo ahí, en el escritorio, como un toque de atención, como un recordatorio de cómo estaba entonces y de cómo estoy ahora. De hasta dónde pude aguantar y de un lugar adonde no pienso volver jamás.

Hace algo más de tres años, cuando tomé la decisión de separarme del padre de mi hijo, no conseguía dormir, y tuve que pedirle a mi médico que me recetara algo para poder hacerlo. Perdí peso (quizá un poco más de lo debido), y estaba frente a una hoja en blanco. No sabía lo que iba a pasar con mi vida, pero estaba decidida a no volver otra vez a esa “agonía” que explicaba en esa carta.

Así que en días, como hoy, en los que estoy con “la bajona”, en los que creo que no puedo con mi coño y me pesan los años, en los que abro el portátil y veo ahí, en el escritorio, ese archivo que pone “Agonía”, pienso que soy muy afortunada por haber aprendido la mejor lección de todas: he aprendido a ser libre (de verdad), independiente (de verdad), a respetarme (de verdad). Con ello llegó todo lo que faltaba antes: autoestima, valor y tener la suerte de encontrar a alguien que te quiere por quien eres, no por lo que puede obtener de ti.

Siempre os digo que no aceptéis a nadie que, como mínimo, os quiera como iguales. Que sea capaz de cruzar la ciudad solo por ir a buscaros. Que os acepte con los días buenos y los días de bajona…

No os conforméis con menos y, si lo encontráis, no deis menos que eso.

Yo ahora voy a cenar, a acostarme temprano porque estoy muy cansada, a darle las buenas noches a quien quiero,  y a dormirme pensando que cada día que pasa está más cerca el momento en el que borre ese puto archivo, que cada vez es más ajeno a mí.

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Por pereza se viene abajo la casa

Hace un par de días me llamaron para participar en un estudio de mercado. Me tenían en una lista y encajaba en el target, y como eran un par de horas y estaba al lado del trabajo, dije que sí. Nunca había participado en uno, y tenía curiosidad.

El grupo era bastante homogéneo, y a simple vista no sabía por qué me habían incluido en él. Me picaba la curiosidad antropológica.

Cuando llegó la hora de las presentaciones, debíamos decir cada uno nuestro nombre de pila, edad, profesión, y si teníamos hijos o no, y ahí ya me di cuenta de por qué estaba en el grupo: edad entre 42 y 48, solteros, divorciados, con o sin hijos. Correcto, pero en lo único que coincidíamos era en eso. Con ninguna de estas personas (excepto con uno que llegó tarde) tenía nada más en común, empezando por el aspecto. Llamadme pija, llamadme snob, llamadme mala persona… pero ¿por qué la gente va tan descuidada, sobre todo a partir de cierta edad? A ver, el verano en cuestiones estéticas es EL MAL, pero no me refiero a eso.

Casi todas las mujeres del grupo andaban entre 42 y 44 años (menos una que tenía 48, como yo en breve), y parecían señoras rondando los 60. Es como si hubieran dicho “total, si ya no puedo esperar nada de la vida, me dejo”. Y ellos no creáis que se conservaban mejor: esos pantalones pirata, esas chanclas, esos polos ajustados a una barriga instalada en medio del tórax cual embarazo de 4 meses…

Y esta gente venía a un sitio donde nadie les conoce, por lo que se supone que iban medio apañaos. No quiero ni pensar cómo van cuando van “cómodos”. Se me eriza el vello de pensarlo.

Todos pasamos por mejores y peores épocas. Engordamos, adelgazamos, hacemos deporte o no. Hay gente guapa por naturaleza y gente que sin ser guapa es atractiva, tiene un punto. ¿Sabéis cómo se consigue el punto? NO descuidando el aspecto. El mayor truco de belleza es ir limpio, arreglado.

Esas uñas de los pies que asoman por las sandalias como garras de águila… Esos talones propios de un masái que camina descalzo… Esos pantalones capri que solo le quedaban bien a Audrey Hepburn. Ay ay ay ay…

Un verano más os repito: las riñoneras y los bolsitos cruzaos de tío son de traficante de drogas al menudeo. Llevar más de dos piezas de Desigual debería estar penado con cárcel (condena permanente revisable si se combina con zapatos de El Naturalista y uñas de diferentes colores). ¿A qué vienen estos despropósitos veraniegos? ¿Es por el calor? Yo también tengo calor, mucho, pero también autoestima, caris, no os hagáis esto, por favor (sobre todo no nos lo hagáis a los demás, tened compasión).

En serio os lo digo, no os descuidéis.

Pd (sí, el titular es una cita del Eclesiastés “Por la pereza se desploman las vigas y por la dejadez se viene abajo la casa”, que vale que soy atea pero leo)

 

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Fast food

Ahora que tantos programas y realitys sobre la cocina y sus artífices hay, parece que todo el mundo quiere ser chef.

El sexo y la cocina tienen mucho en común, pero no creo que estemos (aún) preparados para un programa donde se nos enseñe a follar en condiciones.

¿Os imagináis? Un artículo en un lugar como El Comidista, hablando de los pros y los contras del producto local, de cercanía, frente al importado. La Escudero hablando sobre las bondades de hacerlo con calma y tiempo, y no pim pam y fuera. O expertos rollo Gordom Ramsay (perdonad que cite a un foráneo en vez de a Chicote, pero es que me da como cosica este hombre) metiéndose en el dormitorio de la gente para decir “no, fuera, negao… esto no se hace así… no vales para esto” (====> TRAUMA ASEGURADO).

No lo veo, no.

Bromas aparte, cocinar y follar tienen mucho en común, muchísimo. No ya solo por lo obvio, la estimulación de los sentidos, sino por la parte que a mí más me gusta de ambas actividades: es un acto de entrega y de generosidad.

A Amante no le gusta cocinar, lo hace por obligación, pero lo detesta, sin embargo folla como dios. La paciencia que no tiene para elaborar un menú, la despliega de sobras en la cama. Pero le gusta comer, le gusta comer bien. Su madre es una gran cocinera y ha educado su paladar.

Para mí el sexo y la cocina son dos actos a los que o le pones interés o salen mal.

Por eso suelo decir que “a quien no le gusta comer, no le gusta follar”. Y puedes averiguar mucho de una persona observando cómo come: si se lo toma con calma o engulle; si lo empapa todo con mayonesa o cualquier salsa; si piensa que lo más caro es lo mejor…

Me encanta cocinar y me tomo mi tiempo (lo mismo que en el sexo). Me relaja y me produce placer coger tres o cuatro cosas que por separado podrían parecer insulsas, y convertirlas en algo sabroso. Es una ofrenda para quien lo haces.

El fast food se inventó para cubrir una necesidad momentánea. Te comes una hamburguesa un día que no te ha dado tiempo de comer otra cosa, pero no lo haces a diario. Es malo para la salud.

Con el sexo pasa (o debería pasar) lo mismo: todos podemos echar un polvo rápido, pero si lo haces de continuo ya no tiene emoción ni interés. Y es malo, muy malo, para el espíritu.

Así que alejémonos un poco del fast food y pongámosle interés al guiso, por favor.

 

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Por obligación

“¿Lo opuesto a amar es necesitar?”. Disertaciones nocturnas, justo antes de dormir, después de hablar con una amiga sobre un impresentable que la ha hecho sufrir (espero que ya no) un tiempo.

Lo mejor que te puede pasar es que alguien no te necesite para nada, pero que QUIERA estar contigo. Si te ves obligado a verla, porque te dice que te necesita, que no puede vivir sin ti, que no sabría que hacer si le dejas, que – esto es muy fuerte y tiene menos validez que una promesa de Rajoy – “se muere si le abandonas”, huye: esa persona puede sentir muchas cosas por ti, pero amor no. Probablemente dependencia. O el temor de quedarse sola. Maldito temor, cuántas relaciones basadas en la mentira es capaz de sostener.

El impresentable en cuestión, después de no dejarla en paz, hasta el punto de tener que bloquearle en todas partes, ahora va por ahí diciendo que mi amiga solo piensa en el trabajo, que él se aburría con ella pero que como follaba bien…

A estas alturas de la película una mujer debe disculparse por ser una gran profesional y pensar en su carrera. Supongo que es el tipo de tío (no le conozco, pero podría hacer su retrato robot sin mucha dificultad) que necesita mujeres tipo Melania Trump, mujeres que queden bien en una foto, pero que no hablen, no protesten y, sobre todo, no destaquen profesionalmente por encima de él.

Digo “necesita” porque es una cuestión de ego, de ego más bien débil.

Por cuestiones de trabajo, he conocido a bastantes tipos así: altivos, soberbios, siempre a la caza, y también siempre a la defensiva frente a una mujer inteligente, con recursos, y que no se deja impresionar ni por dinero ni por palabrería.

“Que se aburría con ella”… es que me descojono. Pensará que las mujeres estamos en el mundo para “entretener al señor”. Hay que ser payaso…

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